sábado, 30 de enero de 2010

Destrucción del hábitat y cacería amenazan al jaguar en el Yasuní

Los jaguares cada vez son menos en el Parque Nacional Yasuní (PNY), uno de los sitios de mayor diversidad biológica en el mundo y declarada zona intangible para proteger el área. La cacería de especies que constituyen su alimento, como guatusas y pecaríes, la captura para el tráfico de animales o la venta de pieles han reducido su número. Deben quedar unos 500 individuos que ahora enfrentan una amenaza mayor si se explota el petróleo del bloque ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini).

Convivir en su hábitat ayuda a entender mejor el futuro de la especie. En ese hogar de felinos estuve casi tres años, sumido en la espesura de la selva, abriendo senderos, rastreando sus huellas, buscando pistas del animal de pelaje amarillo con manchas negras en forma de anillos.

Desde niño me llamaron la atención estos animales, de ahí el interés para estudiar al jaguar (Panthera onca). Es el más grande de América y el tercer gato más grande en el mundo, después del tigre y el león.
Una gráfica captada por una de las trampa-cámaras permite registrar a uno de los jaguares dentro del PNY.
Los bosques tropicales de la Amazonía ecuatoriana son los últimos refugios seguros para la conservación de esta especie que podría desaparecer si es que no se realizan esfuerzos para conservar su hábitat.

Como candidato a Ph.D. en la Universidad de la Florida presenté un proyecto para determinar cuántos jaguares quedan en el Ecuador, en qué lugares y cuáles son las principales amenazas para la conservación, considerando que su presencia es muy importante para mantener el equilibrio entre las especies animales y vegetales que componen la biodiversidad de los bosques tropicales.

Cristalizar esa investigación fue un reto por los altos costos que demanda, y conseguir el financiamiento de alrededor de 80 mil dólares, a los que asciende el estudio, fue una tarea que tomó todo el año 2006.
El jaguar (Panthera onca), una de las especies amenazadas en el Parque Nacional Yasuní por la intervención del hombre.
Como candidato a un doctorado tuve la posibilidad de presentar propuestas de investigación a organizaciones internacionales y de las diez a las que propuse tres aceptaron mi proyecto: el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF), la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS) y la Corporación Panthera.

La investigación se centró en tres frentes: ubicación de trampas-cámara (cámaras fotográficas que se activan automáticamente cuando un animal pasa frente a ellas) en áreas donde hay poblaciones humanas y mucha cacería, y en zonas remotas donde la cacería es mínima, para comparar la abundancia de jaguares y las especies de las que se alimenta.

Para el efecto se trabajó en cuatro sitios diferentes en el área del Yasuní. El primero fue en los alrededores de una carretera dentro del PNY, construida hace unos 20 años por compañías petroleras, y donde la cacería de especies presa de los jaguares por parte de comunidades locales (quichua y huaorani) es muy intensa.
El segundo sitio se ubicó al sur del PNY, junto al río Curaray, un lugar muy remoto, donde existe poca cacería de subsistencia y el acceso solo es posible por aire. Un tercer sitio en el área del río Tiputini, dentro del PNY, y un cuarto dentro del territorio huaorani, junto al río Shiripuno, un lugar accesible solo por río, donde existe cacería de subsistencia.

En cada sitio se cubrió un área de estudio de 100 kilómetros cuadrados dividida en 25 puntos, donde se colocaron dos trampas-cámara por cada uno durante 90 días.

Los resultados fueron desalentadores. En el primer sitio se encontraron solo tres jaguares, lo que demuestra la fragilidad del ecosistema. Paradójicamente, en el segundo que estuvo fuera del PNY se registraron trece, lo cual no fue sorpresa porque este lugar es más remoto con escasa población humana y actividades de cacería muy reducidas.

En el tercer sitio se encontraron seis jaguares, en este lugar se pudo ver que
muchos cazadores entran ilegalmente por la desembocadura del Tiputini en el río Napo para cazar animales en abundancia dentro del PNY, cuya carne se vende en ciudades como Coca o recintos como Pompeya. En el último lugar se hallaron nueve jaguares.
Lamentablemente, actividades como la tala ilegal, la apertura de carreteras y la extracción petrolera con tecnología poco adecuada amenazan la integridad de los bosques en el Oriente. El escenario para la conservación del jaguar en el occidente del país es catastrófico. En esta región se han perdido más del 80% de los bosques usados por los jaguares y lo poco que queda está en forma de pequeños remanentes rodeados por zonas agrícolas.

Hay pozos de exploración por todo lado. No sé para qué se declaró Parque Nacional y zona intangible si lo vamos a destruir, ¿de qué estamos hablando, a qué estamos jugando? Esto es tierra de nadie y si se abre la carretera para la explotación del ITT, nos quedamos sin Yasuní de aquí a unos pocos años.

La explotación excesiva de las especies de animales que constituyen el alimento natural del jaguar es otra de las amenazas. La Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre ha reportado que en un solo mercado a las afueras del PNY se venden de 13.000 a 14.000 kilogramos de carne de monte al año, que proviene casi en su totalidad del área protegida.

A ello se suma la persecución y exterminio de esta especie por ganaderos que buscan proteger a sus animales, mientras otros son cazados por personas que buscan obtener su piel, colmillos o garras.

De no tomarse medidas adecuadas para proteger a este felino, es muy probable que en pocos años el jaguar desaparezca totalmente de esta zona.

En el trabajo se logró la participación de las comunidades huaorani y el contacto con ellos ayudó a recolectar información de cuánta carne de monte se extrae del bosque y el uso que se le da.

Pero lograr involucrar a todos en la necesidad de conservar la selva resulta una tarea difícil por la división provocada por las empresas petroleras que regalan casas, carros o dinero a cambio de ingresar a la zona para abrir trochas y excavar pozos en busca de petróleo.

Pese a todo se logró formar un grupo de seis jóvenes huaoranis a quienes se capacitó en técnicas para monitorear la fauna silvestre y despertar el interés por la conservación en las comunidades locales”.
El biólogo Santiago Espinoza inspecciona una de las trampas-cámaras utilizadas para rastrear a los jaguares.
Más datos: Estudio
Fotografías
Recolectar las fotografías del jaguar no fue tarea fácil en el clima húmedo y caliente de la Amazonía, sin electricidad, comunicación, ni agua potable. Con lluvias frecuentes en el día o la noche en medio de gran variedad de mosquitos, hormigas y garrapatas. De las 80 trampa-cámaras, más de la mitad se dañaron.

Cita en México
La alarmante situación del jaguar convocó a especialistas de trece países a una reunión en México, en noviembre pasado, donde se resolvió hacer un llamado a los gobiernos de los diferentes países de Latinoamérica para que se comprometan a invertir esfuerzos para conservar a este animal.

Cifras: Espacio
1’700.000
Hectáreas. Es el total de la extensión del Parque Nacional Yasuní y el adyacente territorio huaorani parte del ecosistema de los jaguares. Por ello es el área protegida del país con mayor potencial para conservar esta especie.

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