lunes, 25 de abril de 2011

Yasuní sorprende con un nuevo género vegetal en sus territorios

El nuevo género se denominó Yasunia, por encontrarse dentro del Parque Nacional Yasuní.
“Encontrar una nueva especie es relativamente fácil, encontrar un nuevo género es un fenómeno poco frecuente”, asegura Henk van der Werff, científico del Jardín Botánico de Missouri, Estados Unidos, que se encargó de realizar la descripción y publicación del nuevo género vegetal identificado dentro del Parque Nacional Yasuní (PNY), ubicado en la Amazonía, entre las provincias de Orellana y Pastaza

Yasunia, el nuevo género, es un árbol que puede medir entre 25 y 30 metros de altura, con flores muy pequeñas en grupos de hasta cuatro, explica el ecólogo Renato Valencia, director del proyecto Dinámica del Bosque Yasuní, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), que trabaja en la investigación de una parcela dentro del Parque, donde se halló el árbol del ahora ya identificado género Yasunia. 

Los investigadores del proyecto Dinámica del Bosque Yasuní, iniciado en 1995, se encargan de monitorear, explorar y recolectar muestras de árboles y arbustos de una parcela asignada de 50 hectáreas, al noroccidente del PNY. Valencia comenta que desde que comenzaron el proyecto se encontraron vestigios de este nuevo género; sin embargo, no se conseguía una muestra completa porque el árbol es muy raro de hallar (uno por cada hectárea, aproximadamente) y no siempre mostraba sus flores.

Cada nueva muestra se envió al Jardín Botánico de Missouri, pero fue en noviembre del 2010 cuando se logró comprobar y oficializar el hallazgo, publicando la descripción del género, con dos especies, una en Ecuador y otra en Perú, en el volumen 20 de la revista científica Novon. 

Henk van der Werff, responsable de la publicación científica, explica la diferencia entre género y especie con un ejemplo: Si decimos que el género es balón, las especies serían balón de fútbol, balón de básquet... Por eso la importancia y rareza de confirmar que Yasunia es un nuevo género”, asegura. 
Bocetos elaborados por el Jardín Botánico de Missouri (EE.UU) describiendo a Yasunia.

A esta explicación, Valencia añade que es más raro aún el hallazgo en árboles medianos o grandes. “En la naturaleza hay mucho por descubrir todavía, deben existir cientos de especies de insectos por identificar, pero encontrar un nuevo género del tamaño de Yasunia es realmente raro”, resalta.

El proyecto Dinámica del Bosque Yasuní se inició monitoreando la mitad de las 50 hectáreas que forman la parcela, pero actualmente abarca todo el territorio designado, donde hasta la fecha se han censado 298 mil individuos, entre árboles y arbustos, cuyos troncos miden al menos un centímetro de diámetro.

El proyecto de la PUCE es parte de la red de grandes parcelas permanentes en todo el mundo (unas 20), cuyo objetivo principal es describir la demografía de miles de especies de plantas a largo plazo y explicar esta dinámica mediante teorías ecológicas. Las parcelas están establecidas en el Centro de Estudios de los Bosques Tropicales, el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales y la Universidad de Aarhus, de Dinamarca. 

En la parcela del PNY, los 298 mil individuos de árboles y arbustos censados corresponden a 1.200 especies, 28 de ellas identificadas por el proyecto de la PUCE. 

Estas cifras confirman y resaltan las decenas de reconocimientos que ha recibido el PNY: es la región de mayor diversidad biológica del mundo y reserva mundial de biosfera, tiene el récord mundial para tierras bajas en el número de epífitas (plantas que crecen sobre otro vegetal usándolo como soporte) por parcela estudiada, donde por lo menos el 10% de las especies es endémico de la región alta de la provincia de Napo, y más. 
Pero la biodiversidad del Yasuní no solo es vegetal, este Parque Nacional protege cerca del 40% de todas las especies de mamíferos de la cuenca amazónica, un alto porcentaje considerando que los 9.820 kilómetros cuadrados de extensión de esta área protegida son una miniatura frente a los 6’683.926 kilómetros cuadrados que tiene esta zona, según el sitio web amazoniaporlavida.com.

El mismo portal añade que el PNY es también el área con el número de herpetofauna (anfibios y reptiles) más alto registrado en Sudamérica, con 105 especies de anfibios y 83 clases de reptiles documentadas, así como también posee una inmensa diversidad de peces de agua dulce, 382 especies, y alberga más de 100 mil tipos de insectos por cada hectárea.

Biodiversidad ejemplificada en las 50 hectáreas estudiadas por la PUCE, señala Valencia, quien además dice que el terreno estudiado en la Amazonía ecuatoriana puede ser considerado la parcela con más biodiversidad de los bosques tropicales del planeta. Pues, por ejemplo, en la isla Barro Colorado, Panamá, donde existe otra parcela parecida, se han identificado apenas 300 especies, una gran diferencia con las cifras de la fracción cerca del río Tiputini. 

“Probablemente en otras parcelas que se están estableciendo en la Amazonía se encuentre un número de especies vegetales similar a la que ahora estudiamos en el PNY, pero hasta el momento hemos comprobado una vez más la biodiversidad de esta área”, dice el director del proyecto Dinámica del Bosque Yasuní.

Ante los datos, Henk van der Werff destaca la importancia de preservar bosques amazónicos como el comprendido dentro del Parque Nacional Yasuní. Él afirma que cada vez es más difícil encontrar grandes áreas de bosque no perturbado o modificado por los seres humanos. “La importancia de conservar la vegetación radica en que los árboles de la selva tropical solo germinan en la sombra; es decir, si los árboles de mayor tamaño son talados, los medianos ya no podrán reproducirse y el deterioro se incrementará, o incluso aunque los árboles continúen produciendo semillas, estas no podrán germinar a la luz del sol”, explica.

A esto, Valencia añade que el PNY es un gran reservorio de carbono y que si se lo destruye devolvería a la atmósfera gases contaminantes, además de ser un área que no deja de sorprender a la ciencia.
Fuente:  Diario eluniverso.com

jueves, 21 de abril de 2011

Seis para explorar

El Salto del Armadillo  (30 m) atrae a los visitantes al cantón El Empalme. La cascada está en el límite de las provincias Guayas, Manabí y Los Ríos.

El Gobierno Provincial del Guayas promociona seis recorridos por sus 25 cantones. Tal iniciativa incluyó la actualización del inventario de atractivos salpicados en toda la provincia.

Ruta de la Aventura
El punto de inicio de este corredor turístico es la parroquia Virgen de Fátima, en el cantón Yaguachi, a 26 kilómetros de Guayaquil, donde los viajeros pueden tomar la carretera que lleva al cantón El Triunfo, que cautiva con sus verdes paisajes y plantaciones bananeras. 
Por el desvío a la población de Huigra se encuentra el sector de Dos Bocas, cuyo bosque permite la realización de paseos de ecoturismo en senderos naturales que invitan al visitante, entre otras actividades, a conocer el proceso de elaboración del tradicional licor ‘puro’ en viejos trapiches. 

Otra opción en esta ruta parte desde El Triunfo hasta el cantón Bucay (a una hora y 45 minutos de Guayaquil), destacado destino de naturaleza para los viajeros aventureros. Állí opera Mundo San Rafael, emprendimiento turístico que invita a disfrutar del campo, los deportes de aventura y los animales en un ambiente acogedor y con instalaciones de primer orden para servicio de restaurante y actividades recreativas, como cabalgatas y ciclismo de montaña.

En las proximidades está el bosque húmedo tropical La Esperanza, el cual es hábitat de variedad de especies de flora y fauna, dibujando el escenario ideal para la práctica de deportes de aventura. 

Otro punto destacado está en el cantón El Empalme, cuya principal atracción es la presa Daule-Peripa, lago artificial formado por la unión de los ríos Daule y Peripa. En esa zona el recinto El Paraíso le ofrece un hermoso paisaje natural que invita a tomar un baño en las bellas cascadas llamadas El Salto del Armadillo y La Chorrera del Pintado.
Cristo Negro de Daule.
Ruta de la Fe
Este corredor turístico posee dos extremos: el sector norte comienza en Guayaquil por la vía a Daule, pasando por sitios, como el zoológico El Pantanal, hasta llegar al cantón Nobol, cuna de la santa Narcisa de Jesús. En Nobol se puede visitar la hacienda San José (donde se crió Narcisa), el santuario de Narcisa de Jesús y el museo, además de disfrutar de variedad de comida típica. Luego llegamos a Daule, ciudad de actividad agrocomercial y en la que se venera al Cristo Negro, especialmente los días 13 y 14 de septiembre, con una procesión, misas campales, bailes y juegos artificiales.

El sector este de la ruta lleva a Durán, cantón donde se destaca el santuario del Divino Niño. Cada 25 de diciembre ese templo realiza una importante procesión que congrega a fieles de todo el país. 

Avanzando por la vía se llega al cantón Yaguachi, en donde está la segunda catedral de la provincia, en honor a San Jacinto de Yaguachi. La ciudad celebra sus fiestas patronales todos los 15 de agosto. Este destino ha cobrado nueva vida con la reciente apertura de la ruta férrea desde Durán.
Daule, capital arrocera del país
Tres rutas alimentarias
La extensa gama de productos agrícolas del Guayas dibujan hermosos paisajes para viajes de aprendizaje cultural y diversión.

Ruta del Arroz
Sale desde Guayaquil por la vía a Samborondón en una carretera flanqueada por los matices de las plantaciones arroceras. El cantón Samborondón permite observar sus típicas labores de alfarería, construcción de canoas y producción de rosquitas artesanales a leña. 
Salitre, capital montubia del Ecuador, ofrece manifestaciones de la cultura local, como los amorfinos, los bailes típicos y su gastronomía criolla. Siguiendo con la ruta están Santa Lucía y más allá Palestina, cantones privilegiados por sus balnearios de río y su variada cocina tradicional. 

Continuando hacia el norte están los cantones Colimes y Balzar, lugares de producción pecuaria ideales para degustar productos lácteos como la chucula y la cuajada con patacones. 

Al sur de esas jurisdicciones, Daule, capital arrocera del Ecuador, deslumbra con sus haciendas a lo largo del camino. Finalmente, el tramo hacia el oeste lleva a los cantones Pedro Carbo, Isidro Ayora y Lomas de Sargentillo, sectores donde se puede apreciar la industria arrocera, comprar artesanías de paja mocora y toquilla y degustar exóticos platillos como el arroz con gandul.

Ruta del Cacao
Comienza en Guayaquil por la vía Durán-Tambo, hacia la parroquia Virgen de Fátima (Yaguachi), donde existen paraderos de venta de comidas típicas y frutas tropicales. Siguiendo hacia el sur por la vía a Machala se ubica la Reserva Ecológica Manglares Churute, que deslumbra con sus paseos a canoa, manglares, cerros y monos aulladores. 

Los cultivos de cacao comienzan a asomarse rumbo a la parroquia Puerto Inca, donde la hacienda Las Cañas ofrece servicios turísticos. Al llegar al cantón Naranjal un desvío se dirige hacia el Camino Real del Inca, sitio histórico en cuyas cercanías se disfruta de la atención de una comunidad shuar y de baños con aguas termales abrigados por bosques húmedos. 

La ruta lleva luego al cantón Balao. Recomendable realizar una escala en la hacienda agroturística Jambelí y, en la población, disfrutar de sus playas de agua dulce y de una variada gama de platillos a base de cangrejo.

Ruta del Azúcar
Por la vía Durán-Boliche se llega al desvío que apunta a la ciudad de Milagro, en un recorrido embellecido por las grandes extensiones de cultivos de caña de azúcar. Milagro, hogar del tradicional Ingenio Azucarero Valdez, es el punto de partida hacia el noreste para llegar a los cantones Simón Bolívar y Jujan con su exquisita fritada y atractivas haciendas.

Desde Milagro, la vía a Naranjito está repleta de viveros de flores. Naranjito es tierra de la panela y la melcocha (derivados del azúcar). Al sureste está el camino a Marcelino Maridueña, pequeño poblado relacionado con la empresa azucarera San Carlos. Allí es posible aprender sobre el cultivo de caña de azúcar desde su siembra hasta su cosecha.

Finalmente, el paseo llega a Bucay, destino en donde, además de realizar actividades de ecoturismo, se pueden visitar los trapiches, en donde procesan artesanalmente la caña de azúcar para transformarla en aguardiente, panela, confites, entre otros productos.
Los delfines nariz de botella se asoman en los paseos náuticos.
Ruta del Pescador
Saliendo desde Guayaquil, la vía a la costa es abundante en lugares turísticos, como Puerto Hondo, Bosque protector Cerro Blanco, Parque El Lago, Club del Valle y Finca La Gloria, hasta llegar a la parroquia Progreso, en donde opera el paradero gastronómico de la Prefectura. 

Siguiendo por la ruta se llega al cantón General Villamil, Playas, y sus 14 kilómetros de arena y océano para realizar diversos deportes acuáticos. 

La vía a Data pasa por la playa Varadero rumbo a Posorja, en cuyo muelle se toman botes a motor hacia la isla Puná, en un paseo náutico de media hora que incluye observación de delfines y aves marinas. Esta hermosa isla brinda kilómetros de playas, manglares, ecocampamentos, bosques y pueblos encantadores, como Bellavista, Estero de Boca, Cauchiche y Subida Alta.

Otra visita partiendo de General Villamil lleva al turista a Puerto del Morro, desde cuyo muelle salen tours para observar delfines y aves marinas en la isla Manglecito.

Otro ramal de esta ruta lleva al norte de General Villamil, siguiendo por el perfil costero hacia Puerto Engabao, destino de surf en sus extensas playas.

Fuente e informes: Gobierno Provincial del Guayas, Dirección de Turismo, 228-3258, www.guayas.gob.ec/turismo. Estas rutas están disponibles para viajeros independientes, aunque la entidad invita a las operadoras de turismo a crear programas para tales zonas.

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

lunes, 18 de abril de 2011

Padrinos de tortugas

Don Michui junto a su horno de lava donde prepara delicias que hacen agua la boca.

Desde Las Encantadas 
Paula Tagle 
nalutagle@eluniverso.com

Campo Duro

“Apenas llego me transformo en niña y pienso en las mil posibilidades que el sitio ofrece para volar con la imaginación a escondrijos encantados, y también para la interpretación de la naturaleza...”.


Diez años atrás el Parque Nacional inauguró el programa piloto Padrinos de las Tortugas en la isla Isabela. Hacendados de la parte alta podían encargarse de la crianza de pequeños galápagos hasta que fueran repatriados a sus sitios respectivos. Uno de los objetivos de esta iniciativa era probar a los habitantes de la isla el valor de las tortugas vivas, como atractivo turístico.

El único que se adhirió a la idea fue Wilfrido Michui, quien con entusiasmo recibió 44 tortugas de tres subespecies diferentes, creando alrededor de ellas un fabuloso complejo que cuenta con varias opciones de visita y que me ha impresionado sobremanera.

De las 44, quedan 12, justamente las que pertenecen al sector de Cazuela, donde se teme por su seguridad a manos de cazadores esporádicos que todavía se reportan en la isla; las demás tortugas ya fueron repatriadas a sus lugares respectivos. Las adolecentes de Cazuela vivirán entonces en Campo Duro por tiempo indefinido. Ahora cuentan con la compañía de un macho que llegó desde Cerro Azul en 1998, cuando varias tortugas fueron evacuadas en helicóptero durante la erupción del volcán.

Campo Duro es un lugar que invita a explorar. No se trata solamente de las tortugas galápagos, hay un ceibo gigante donde habitan un par de lechuzas de campanario que por años han elegido una cavidad en su tronco como hogar. Son varias hectáreas que albergan sorpresas en cada rincón, y todo construido con un gusto exquisito, combinando vegetación nativa, con la lava maravillosa y joven de Isabela, campos de césped perfecto, plantas frutales y vegetales para consumo humano.

Apenas llego me transformo en niña y pienso en las mil posibilidades que el sitio ofrece para volar con la imaginación a escondrijos encantados, y también para la interpretación de la naturaleza y algo muy importante, de la vida humana en una isla de Galápagos.

El huerto orgánico está hecho con senderos muy asequibles; las plantas están bien cuidadas, y de allí mismo don Michui obtiene los ingredientes para los manjares de su cocina. Los pasajeros pueden ver cómo crecen café, piña, plátanos, especies que no viven naturalmente en otras latitudes y los sorprenden por sus formas “exóticas” y su abundancia. Hay un criadero de gallinas, con la casa principal de la que pende un letrero que dice “peligro”, porque la habita un gallo grande y pretencioso.

Rodeadas por jardines, con entraditas casi imperceptibles se encuentran varias duchas a la intemperie, cavadas en la lava unas, rodeadas de helechos otras. El agua cae de la roca, como cascada, o de troncos de madera, y es calentada por paneles solares.

La comida se prepara en un horno de lava y con madera de guayabo. Así don Michui cocina pollo, pescado, carne, y algo que me hace agua la boca, dulce de tres leches.

Este lugar no apareció de la noche a la mañana. Don Michui, originario de Guaranda, llegó a las islas hace 18 años, para laborar en barcos de turismo. Su actividad siempre estuvo relacionada con dar servicio, porque ya trabajaba en turismo en el continente. Esa experiencia de años, junto con un buen gusto en el diseño, su mente creadora y además, el empeño de colaborar con la restauración de las poblaciones de tortugas galápagos, han hecho de Campo Duro un sitio mágico en las islas, que hay que visitar.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

sábado, 9 de abril de 2011

Austro profundo


La laguna de Culebrillas, llamada así por la forma de su afluente, es considerada sagrada para los cañaris.

La Red de Turismo Comunitario Pakariñán, con sede en Cuenca y miembro de la Federación Plurinacional de Turismo Comunitario del Ecuador (Feptce), brinda interesantes recorridos pedestres o a caballo hacia destinos profundos junto con los descendientes de la etnia cañari.

Campamento en Paredones
Este recorrido, que se desarrolla en alturas que van de 2.500 a 4.200 metros sobre el nivel del mar (msnm), sale de Cuenca en vehículo hacia el centro de turismo comunitario del poblado de Zhud (provincia de Cañar). Allí se inicia la ruta a pie o a caballo siguiendo los chaquiñanes cañaris (antiguos caminos pedestres) a través de paisajes únicos, como el bosque primario de quinua en Dikin, con rumbo hacia la laguna sagrada de Culebrillas, considerada un antiguo adoratorio de los cañaris, pero antes de llegar compartirán las tradiciones indígenas mientras disfrutan de una deliciosa pampamesa, una especie de bufé rústico con productos de la zona.

Los excursionistas seguirán hacia el tambo de la fortaleza militar denominada Paredones, donde levantarán las tiendas de campaña y celebrarán una cena comunitaria acompañada de relatos y leyendas.

El segundo día, la caminata por el Qhapaq Ñan (camino andino principal, en quichua) los llevará al poblado azuayo de Chacapamba, para disfrutar de un almuerzo antes de un paseo por los atractivos del lugar. La cena será a las 18:00 y luego un ritual para agradecerle a la Luna por la producción del maíz.
El antiguo tambo Paredones acogerá el campamento en la ruta por los antiguos caminos cañaris.
En la jornada final, el grupo camina hacia los cerros de Ñawpan y Yanaurku, miradores naturales de la laguna de Culebrillas, para disfrutar de los paisajes de los Andes en una ruta que los llevará a la cantera incaica de Labrashcarumi (lugar para labrar la tierra, en quichua), donde yacen centenares de grandes bloques de piedra, muchos de los cuales lucen en proceso de labra.

Después del almuerzo comunitario y un recorrido por la zona, los excursionistas retornarán en carro al centro de turismo comunitario Zhud y luego a Cuenca.

Recomendaciones: llevar ropa abrigada y liviana, guantes de lana, calzado adecuado para caminatas y botas de caucho, sleeping bag, refrigerio, bebidas hidratantes, cámara fotográfica, binoculares, gorras para el sol y gorros de lana, protector solar y poncho de aguas.

Tarifa individual desde $ 223 (más de diez personas). Incluye alimentación, transporte desde Cuenca, guía comunitario, recorridos, carpas con capacidad para tres personas. No incluye alquiler de caballo (solicitarlo con anticipación).

Parroquias tradicionales
Este segundo tour sale desde Cuenca hacia el Centro Ambiental Aguarongo, en la comunidad de El Carmen, que pertenece a la parroquia Jadán, cantón Gualaceo, provincia del Azuay. La ruta de una hora pasa por las parroquias de El Valle y Zhidmad, para observar paisajes de la serranía y el estilo de vida tradicional de las parroquias. 

Hay un refrigerio antes de iniciar, desde Aguarongo, una caminata de una hora y quince minutos a través del bosque húmedo montano, a 3.160 msnm, tras lo cual se disfruta de un almuerzo tradicional. En la tarde se dirigen hacia la ciudad de Gualaceo, pasando por la comunidad de Caguazhum, para luego disfrutar de un recorrido por los alrededores del río Santa Bárbara y una visita a los tejedores de Ikat, en la comunidad de Bulzhum, donde los turistas podrán aprender sobre esta compleja técnica de tejido con hilos teñidos de colores, con la que se elaboran los paños y chales que caracterizan la vestimenta de la chola cuencana. Luego una caminata nocturna por el bosque y hospedaje en el Centro Aguarongo.
Al día siguiente se cumple desde las 06:00 una caminata de dos horas para observación de aves, luego el desayuno y otra caminata de tres horas y media (refrigerio incluido) para observar las fuentes hídricas en el bosque. El regreso a Cuenca es a las 15:00, después del almuerzo en el Centro Aguarongo, en un paseo que incluye visitas al santuario mirador de Uzho y la parroquia de Jadán (cantón Gualaceo, Azuay).

Precios por persona: $ 90 (grupo mínimo de ocho visitantes). Incluye: hospedaje en el Centro Aguarongo, guía nativo, refrigerios (tres), desayuno (uno), almuerzos (dos) y cena (uno). Los paseos de un solo día, sin pernoctación, cuestan $ 60.

Pakariñán también brinda programas de un día hacia la comunidad de Chobshi para conocer la milenaria cultura del Azuay, con visitas a Gualaceo y Chordeleg. 

Precios desde $ 34 (más de diez personas). Otra ruta los lleva al Centro Turístico Kushiwaira, en el cantón azuayo de Tarqui, para conocer senderos naturales y tradiciones cañaris. Precio: $ 51.

Contacto: Red de Turismo Comunitario Pakariñán: calle Sucre 14-96 y Coronel Tálbot (diagonal al Museo de Arte Moderno), Cuenca. (07) 282-0529, 09-578-0027, redpakariaustro@yahoo.com ,gerencia.operaciones@turismocomunitario.ec , www.redpakarinan.com.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

viernes, 1 de abril de 2011

Maravillas que ver


Los gavilanes de Galápagos son en su mayoría de las islas, poliándricos, es decir, la hembra se aparea con varios machos.

Desde Las Encantadas 
Paula Tagle 
nalutagle@eluniverso.com

Fauna juvenil

“Creo que volvemos a ser niños cuando nos topamos con una criatura ‘inmadura’, es decir, que no ha alcanzado la madurez sexual, y que en muchos casos depende todavía de sus progenitores, o de uno de ellos”.

¿Por qué será que siempre nos cautivan los bebés, no importa del animal que se trate? Tal vez nos reconocemos en esos primeros pasos, aleteos o chapuzones, dependiendo de la especie. Sea un lobito marino, o una pequeña tortuga gigante, nos quedamos hipnotizados observando cada movimiento, a veces torpe, a ratos gracioso; sin embargo, sabemos que es inaugural, un primer andar en una vida que empieza.

Creo que volvemos a ser niños cuando nos topamos con una criatura “inmadura”, es decir, que no ha alcanzado la madurez sexual, y que en muchos casos depende todavía de sus progenitores, o de uno de ellos. Reconocemos la ingenuidad al explorar el mundo por primera vez, esa curiosidad por probar hasta dónde llegan las propias fuerzas y destrezas, y de conocer, palpar, descubrir lo que existe alrededor.

Me he quedado extasiada contemplando a cuatro gavilanes juveniles sobrevolando Bahía Gardner, en la isla Española. Primero daban vueltas en círculo, como queriendo rivalizar en majestuosidad, cuando eran ya notables con sus alas de 120 centímetros de envergadura. Pero al momento de la caza, se notaba todavía su inexperiencia. Por eso estaban allí, en viaje de entrenamiento, acompañados de un par de adultos machos, seguramente padres de al menos dos de ellos.

Porque los gavilanes de Galápagos son en la mayoría de las islas, poliándricos, es decir, la hembra se aparea con varios machos, que en la isla Pinta puede llegar a ser incluso con siete. Ella pone hasta tres huevos, por tanto, no todos los machos serán necesariamente progenitores de estos pequeños. Pero como no hay forma de saberlo, igual colaboran en la alimentación y crianza de los polluelos, entonces el éxito de supervivencia será casi del 100%.

Así estos adultos posiblemente estaban pendientes de su entrenamiento como cazadores; sirviendo de ejemplo hasta que se conviertan en buenos representantes de un ave de presa que está al tope de la cadena alimenticia de Galápagos.

Un juvenil se clava entre los arbustos salados, va detrás de un cucuve, pero la pequeña avecilla sale airosa, escabulléndose entre las ramas y armando un barullo que se incrementa con el ruido de sus compañeros de playa. Otro gavilán se posa sobre la lava, escudriña entre las fisuras, parece estar tras una iguana pequeña, que ni loca se atrevería a salir de su escondite, no con aquel jovencito afuera. Sobre un arbusto se posa el juvenil más bello de todos. Este no hace intentos de mostrar ninguna pericia. Con tan solo su presencia, estática y escultural, ave de garras fuertes, pico ganchudo y listo, todos los pinzones y canarios salen ya despavoridos.

Los adultos únicamente contemplan desde las alturas. Sobrevuelan el sitio, advierten, tal vez con orgullo, tal vez con aprobación o cierta decepción los intentos de sus jovencitos. Tal vez los observan con nostalgia, un poco como los miro yo. Nostalgia de la ingenuidad propia a los que recién empiezan, de ese sentirse invencible, conquistador de cualquier empresa, capaz de emprender en innumerables aventuras. Los gavilanes continúan su vuelo, y a mis pies, un lobito de meses empieza a coquetear con la gente. Otra vez me embeleso, ahora más bien con el andar patuleco de este pequeño. Tan vulnerable, y sin embargo, seguro que se siente inmune al peligro, por la gracia que otorga la inocencia.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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