martes, 7 de septiembre de 2010

Una planeadora en mares ecuatorianos

Las mantarrayas se alimentan de plancton y de pequeños peces, estos últimos son importantes en su limpieza, pues se comen los microbios que ellas acumulan sobre sus cuerpos.
Neptalí Palma | PUERTO LÓPEZ, Manabí
Científicos estudian el comportamiento de mantarrayas en costas ecuatorianas.
Son las 18:05 del pasado jueves, y tras diez horas de buceo descienden de la lancha de exploración, de la empresa Exploramar Diving, doce personas, la mayoría científicos interesados en conocer el comportamiento de las mantarrayas de la especie birostris en el fondo submarino ecuatoriano e indagar si existe la Mantarraya alfredi, un nuevo grupo dentro de la familia de los elasmobranquios que circundan los mares del mundo.

Entre ese grupo de científicos se encuentra Andrea Marshall, quien en el 2009 descubrió la nueva variedad de mantarrayas en el mundo (la alfredi) y fue la primera en realizar una tesis sobre esta especie marina que derivó en reconocer los peligros a los que está expuesta por la pesca indiscriminada, lo que provocó que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la ubicara dentro de la lista de las especies casi amenazadas.

En el segundo día buceando frente a la Isla de la Plata, Andrea Marshall, la Reina de las Mantarrayas, nombrada así por la cadena de televisión inglesa BBC, por su interés para preservar la especie, dio un nuevo paso dentro de su investigación: ubicó el primer dispositivo satelital en el Océano Pacífico Oriental a una Mantarraya birostris, con lo cual se analizará su comportamiento, si es una especie endémica de la zona o es migratoria y qué tan profundo circunda.

Esta investigación forma parte del proyecto sobre el estudio de los movimientos migratorios de la población de Manta birostris y Manta alfredi, en las aguas costeras de la Isla de la Plata, un programa que cuenta con el apoyo de Project Elasmo, Fundación Internacional Save our Seas y el Instituto Ecuatoriano de Investigaciones Marinas, más el respaldo de la Embajada británica en Ecuador, en un programa que tiene un costo aproximado a los $ 50 mil y que durará quince días.

Andrea Marshall (i) junto a Mishell Guerrero, Mark Harding y Ronald Zambrano, colaboradores en la investigación.
Con ella se encuentra el fotógrafo Mark Harding, quien desde el 2005 ha fotografiado a 101 mantarrayas distintas, las cuales son reconocidas por sus pigmentaciones en el vientre, al igual que las manchas en las aletas de los tiburones, lo cual le produjo conocer por qué esta especie en riesgo busca el Ecuador.

Para Marshall, quien ha dedicado 9 de sus 31 años al estudio de mantarrayas, la costa ecuatoriana es uno de los 15 santuarios marinos en el mundo reconocido como el mejor sitio donde se encuentra a la Mantarraya birostris e incluso se sospecha que la alfredi también circundaría estos mares. A más de la ubicación de cuatro dispositivos satelitales (cada uno cuesta $ 5 mil), se tomarán muestras de ADN de la especie.

“Queremos tratar de determinar hacia dónde se mueven, si hacia la Costa o a Galápagos; o si hay grupos definidos, para así iniciar un plan de conservación y protección a las especies ante la pesca directa que sufren”, dijo Marshall. Por lo pronto, ella deduce que la Mantarraya birostris llega a la costa manabita para alimentarse por el afloramiento de plancton que hay en la zona y a dejar que peces menores le retiren parásitos que se le adjuntan a la piel.

Una de las dudas que se busca despejar es si las mantarrayas, al igual que las ballenas jorobadas, llegan a estas costas a aparearse y reproducirse, ante lo cual se definiría qué influencias antropogénicas, como la contaminación, el desarrollo poblacional en las urbes y las presiones del ecoturismo, estarían limitando su hábitat. Se conoce que las poblaciones flotantes de las mantas no superan las mil, pero se reconoce que en ciertos países se capturan hasta quinientas en un año, lo que provocaría que esas poblaciones disminuyan drásticamente.

Estos estudios también se efectúan en Brasil, lugar reconocido como sitio de agregación de esta especie, igual que en Tailandia, Mozambique, Filipinas, México e Indonesia.

Los esfuerzos tienen un solo sentido: reducir en parte las afectaciones a las mantarrayas, ya que en pocos meses la UICN emitirá un nuevo informe sobre las listas rojas de las especies que están amenazadas. Marshall cree que este grupo pasaría de “casi amenazada”, a la lista de riesgo inminente, debido a varios factores, entre ellos, la pesca incidental y porque el desarrollo poblacional en las costas entorpecen las anidaciones que efectúan.

Actualmente, lo más preciado que busca el mercado negro de exportación de partes del cuerpo de las mantarrayas son los filamentos branquiales, que desde el punto de vista de comerciantes asiáticos son útiles para la elaboración de pócimas que estarían dirigidas a combatir dolores musculares y mejorar la circulación de la sangre en las personas, pero según el grupo de científicos y voluntarios que se encuentran en Puerto López, esto no ha sido comprobado. A esto se suma que su piel es utilizada para la elaboración de zapatos y billeteras, y su carne es considerada carnada para tiburones.

“Este (zona de la Isla de la Plata) es un sitio demasiado importante, posiblemente único para hacer investigaciones, debido a la agregación y cantidad de mantas que hay, y deben estar orgullosos por ello, pero hay que cuidarlo. La gente no sabe el valor real que tienen estas especies, el cual puede ser mayor al de las ballenas jorobadas”, expresó Marshall, quien expondrá su investigación el próximo jueves en el Parque Nacional Machalilla, Manabí.

La Reina de las Mantarrayas dejará el país a mediados de septiembre, pero continuará monitoreando estas planeadoras desde cualquier lugar del mundo.

Científicos investigan la presencia de una nueva especie en mares ecuatorianos.
En Ecuador se prohíbe la pesca y comercio de las mantarrayas
Desde el 26 de agosto pasado, en Ecuador está prohibida la pesca dirigida, venta y almacenamiento (vivas o muertas) de mantarrayas, como consta en el Acuerdo Ministerial 093. Quienes atrapen durante sus faenas una mantarraya, de manera incidental, deberán devolverla al mar de inmediato, ordena el documento.

La decisión se tomó con base en un reciente estudio sobre la especie, realizado por la Subsecretaría de Recursos Pesqueros, apoyada por Fundación Equilibrio Azul y la organización Conservación Internacional.

Este breve informe indica que desde la década del ochenta se ha tenido conocimiento de una pesca dirigida de rayas en la zona de Puerto Bolívar, El Oro, y cuya carne, bastante grasosa, se ha comercializado hacia Perú.

Sin embargo, es en los controles del 2009 donde se detecta un incremento significativo de mantarrayas en los desembarques pesqueros, y a partir de entonces se monitorea esta especie altamente migratoria.

Luis Arriaga, subsecretario de Pesca, expresa que esta es una medida preventiva para evitar lamentaciones futuras. “No esperamos a tener varios estudios científicos para tomar una decisión”, manifiesta el funcionario, y añade que con este acuerdo y los controles continuos esperan no afectar a la población de las mantas.

El mismo documento indica que por referencia de los pescadores artesanales se conoce que las mantas están valoradas entre $ 5 y $20 cada una, dependiendo del tamaño; pero los compradores mayoristas comercian cada libra entre $ 0,25 y $ 0,40.

Las mantas llegan a medir 7 metros de ancho (M. birostris), tienen la cola en forma de látigo, la cabeza ancha y la piel desnuda, rugosa, con dentículos y pequeños tubérculos. Generalmente son grisáceas, rojizas, cafés o negras, en su cara frontal, pero en la parte interna son amarillentas o blancas, cada una con cierta tonalidad irrepetible que permite a los científicos identificarlas, como sucede con las aletas de tiburones.

Los estudios científicos sobre la especie son escasos, pero la Fundación Equilibrio Azul, que explica que viven sobre las plataformas continentales e insulares de todos los mares tropicales, tienen poca fecundidad y largos periodos de gestación. A esto se suma su lento ritmo de crecimiento y gran longevidad, que determina las bajas tasas de crecimiento poblacional.

Las mantarrayas son especies indicadoras de la salud de los mares, controlan la población de especies menores y son admiradas por la industria del buceo. Arriaga asegura que las medidas de control y vigilancia se mantendrán, y contarán con el apoyo de la Policía Ambiental y la Dirección Nacional de los Espacios Acuáticos. También se distribuirá material de concienciación y sensibilización sobre estas nadadoras.

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