martes, 21 de septiembre de 2010

Qhapaq Ñan: Rastros en el Cañar

Paraderos. A 4 mil metros de altura sobre el nivel del mar están
 las  ruinas de Culebrillas, de vital importancia, según los expertos.

Redacción Semana - semana@granasa.com.ec
Firmes. Muchos de los asentamientos preincaicos e incas del país se mantienen en Cañar como rastro del Qhapaq Ñan.
Los vestigios del pasado se revalorizan y nuevamente cobran vigencia con la ruta emblemática del Qhapaq Ñan. Un camino antiguo, con miles de kilómetros -se estiman 23 mil- que atraviesa gran parte de la cordillera Andina Sudamericana y todo el territorio del Ecuador, donde 471 km. han sido catalogados hábiles para la visita, y de ellos 100,5 km. están siendo postulados para la nominación como Patrimonio Mundial. Dentro de esta ruta, más de 100 sitios arqueológicos y 45 comunidades han sido registrados como parte del Qhapaq Ñan, pero solo 37 "sitios arqueológicos' irán a concurso. Hoy, expondremos 2 de los 4 sitios prehispánicos conexos a esta red vial que les damos a conocer, los que tuvieron diferentes funciones: astronómicas, administrativas, militares y religiosas, ubicados específicamente en la provincia del Cañar, como una pequeña muestra de la gran riqueza arqueológica, natural e histórica que esconde este ancestral camino.


Restos. Uno de los once cadáveres de las doncellas vírgenes
está en exhibición en el museo de las ruinas de Ingapirca. 
Ruinas de Ingapirca. Son símbolo emblema del país, ubicadas
en la población de Ingapirca (Cañar), a 10 minutos del cantón El Tambo. 

INGAPIRCA: PALPANDO LA REALIDAD

A 3.160 metros sobre el nivel del mar, donde el termómetro oscila entre los 2 y 5 grados centígrados, el insoportable frío entumece el cuerpo; el viento y la llovizna se turnan en un vaivén constante durante el día. Estamos en la provincia del Cañar.

Allí, el sol se filtra a ratos por el nuboso cielo que, cual esponja, mantiene atrapada el agua, que a gota fina chispea la ropa.

Son las 15:00 de un sábado "veranero ecuatoriano' y en el exterior de las ruinas, las "huellas' del pasado se desvanecen en el lodazal que se forma en las calles huérfanas de asfalto o adoquín. Kevin, un pequeño de 12 años, de baja estatura, rasgos indígenas, avispado y entusiasta, desafía el frío, y se ofrece como guía en un recorrido de 45 minutos a una hora.

Él es uno de los más de 30 niños del colegio nacional Ingapirca, que acude cada tarde, después de clases, a realizar prácticas de guía para completar sus créditos en el colegio, como parte de un proyecto comunitario local.

El objetivo es prepararlos para que sean los futuros guías de este tramo del Qhapaq Ñan, que por varios años se vio envuelto en una pugna, debido a que durante el gobierno del ex presidente Gustavo Noboa, por decreto ejecutivo, se adjudicó la administración de Ingapirca a una de las instituciones cañaris, dejando fuera al Municipio y demás asociaciones locales.

Al aumentar los desacuerdos, "se entregó el tramo al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, Dirección Regional de Cuenca", asegura María Fernanda Espinosa, ministra coordinadora de Patrimonio, quien reconoce un problema, pero señala que está en vía de solución, la cual estaría en firmar un nuevo decreto que considere la visión e intereses de todos los actores", dice.
Museo
Kevin, muy profesional y sin perder tiempo, empieza la narración en el museo, que en realidad es autoguiado. La muestra concentra vasijas, armamentos, vestimentas, entre otros objetos, de culturas como la Tacalshapa y Cashaloma, de procedencia Cañari, previo al dominio inca. En una urna de vidrio se exhibe uno de los 11 restos óseos encontrados en el sector de Pila Loma (que forma parte del complejo arqueológico). "Debió ser alguien importante, ya que estaban junto al templo", afirma con seguridad el púber, mientras continúa con la breve explicación.

El colorido de las vasijas y artefactos utilitarios de la cultura Tacalshapa, muestra los avances en las técnicas alfareras. Más adelante, uno de los testigos infalibles que ratifican que por el Qhapaq Ñan se conectaron Costa, Sierra y Oriente: la concha spondylus. Varias piezas en joyas y monedas han sido halladas en la zona, evidencia del intercambio comercial entre los pueblos prehispánicos.

A continuación, un pedazo de vestimenta muestra los avances en la elaboración de coloridos textiles con formas geométricas, de animales y personas. Pero, la artesanía no fue la única fortaleza cañari, "se dice que eran tan avanzados que efectuaban operaciones de corazón abierto", relata orgulloso de sus raíces.

Las diferencias entre cañaris e incas es un tema recurrente en su diálogo y, en general, en toda la provincia del Cañar. Es que, para ellos y según estudios arqueológicos, los incas solo aportaron con una parte del avance, ya que casi todo estaba hecho.

Al dejar el museo y recorrer las ruinas, resaltan constantemente las diferencias entre las construcciones de ambas culturas. "Las incas son distintas de las cañaris, porque los primeros elaboraban los edificios con piedra tallada o pulida, mientras que los cañaris hacían sus construcciones con piedra natural. Los incas las construían en forma cuadrada, rectangular o trapezoide, los segundos en forma circular o elíptica.

Los cañaris, pueblo dominado por mujeres, adoraban a la Luna. Los incas, que eran gobernados por varones, adoraban al Sol", afirma.

Según Kevin, ambas culturas aprovechaban eficientemente los derivados de las plantas. Para ejemplo un botón, de la planta del penco se extraía más de 150 variedades de productos como la cabuya, jabón, tequila, puro, bebidas, medicinas, etc.

Al recorrido se unen Willian Pérez y Lourdes Diez, dos guayaquileños que viajaron en familia a Cuenca y aprovecharon la cercanía (a 1 hora u hora y media) para conocer las ruinas, creaciones arquitectónicas indígenas que armonizan perfectamente con un paisaje que la neblina se empaña en no revelarlas en todo su esplendor.

En el trayecto, un monolito señala la intrigante tumba de la sacerdotisa cañari, una mujer devota de la Luna, quien dio su vida por esta, enterrándose junto a sus 10 doncellas, como ofrenda de sacrificio al que consideraba su "creador'.
Artesanías. Los recuerdos de la visita en Ingapirca se pueden
adquirir en la parte exterior del museo, a precios módicos. 
Seguidamente, las colcas, especie de "agujeros' utilizados para guardar los granos secos como la cebada y el trigo, típicos de la región, revelan el espíritu recolector de los aborígenes, quienes además reponían sus fuerzas en una de las secciones del "campamento', donde se evidencian los restos de dos habitaciones, probablemente utilizadas por los líderes de la tribu cañari, que a la llegada de los incas fueron destruidas y readecuadas con la técnica cuadrada y rectangular típica de la arquitectura inca.

Uno de los aspectos dignos de resaltar en Ingapirca son los diversos ángulos que los turistas tenemos para apreciar las estructuras de los altares, habitaciones, bodegas, baños y templos erigidos, lo cual nos trasmite la idea completa de sus amplios conocimientos en ingeniería, debido al detalle, previsión y estrategia concebidos por los antepasados para el deleite de la mirada a través de sus estructuras.

Más arriba, Kevin muestra las evidencias de una de las piedras "sagradas', consideradas por los expertos como un antiguo calendario lunar cañari, provista de 28 agujeros principales y 3 secundarios que multiplicados dan 364 días. Otro pequeño agujero, que al sumarlo a los anteriores, cierra el ciclo de 365 días del año. Sin embargo, se nos avizora un detalle, "para los cañaris, el mes tiene 28 días y el año 13 meses", aclara el bien informado guía.

En otra sección, según datos de Carlos María de la Condamine, quien hizo una de las primeras expediciones a las ruinas, se hallaron armas, por lo que toma el nombre de descanso militar.

Cuando han transcurrido más de 30 minutos de caminata, cercana al templo principal, en el sitio cumbre de las ruinas, se levanta una habitación donde, se dice, dormía el líder inca con sus doce mujeres, siendo las más protegidas e importantes para él su madre y hermana. En el interior del templo y en las habitaciones se observan varios nichos o aberturas, donde se colocaban de espaldas, las imágenes de dioses e inclusive reyes y sacerdotes, para establecer diálogos importantes y secretos, debido a la acústica de las paredes.

En la zona lateral del templo, en una de las laderas, se observan las escalinatas consideradas principales, que conducen al camino del Qhapaq Ñan, rumbo al sur, utilizadas solo por los líderes incas y cañaris. Al bajar y caminar varios kilómetros, ya alejados de las ruinas, se observa la gran cara del inca y la tortuga talladas en roca natural, el Ingachungana (juego del inca) y el Intiguayna. Se piensa que el rostro fue tallado en honor a Atahualpa, antes de la llegada de los españoles.

Experiencias únicas que se viven en Ingapirca, uno de los sitios emblema del Qhapaq Ñan en el Ecuador, que cuenta con hospedajes cercanos en el pueblo o ciudades aledañas, a precios que van de 10 a 45 dólares la noche. La entrada al museo y a las ruinas cuesta 2 dólares por persona.
Lago Culebrillas. Años atrás, en una de las expediciones arqueológicas
se encontraron evidencias de concha spondylus en las profundidades. 
 CULEBRILLAS

Cerca de la población El Tambo se encuentra Culebrillas, de escasas ruinas en roca, pero de vital importancia para entender la cosmovisión andina. Allí la naturaleza y los paisajes se roban el espectáculo, y a ellas se accede por una carretera interna, que conduce a la zona de páramo, a 4.000 metros sobre el nivel del mar, donde la temperatura oscila entre los 2°C y 4°C.

La escasa señalización obliga a detenerse en "la nada' y adivinar el camino a seguir. En el trayecto solo se divisan poquísimas casas de aquellos valientes hombres y mujeres de "montaña', acostumbrados a temperaturas extremadamente bajas durante todo el año, sobre todo en "verano'. Un campesino, con vista al suelo y cargamento a la espalda, a paso lento desciende por los empinados caminos, advierte que vamos en buena dirección. El lodo acumulado en el camino de tierra dificulta el ascenso. Sin duda, el trayecto es más conveniente hacerlo en un vehículo 4x4. Sin embargo, a decir de los pobladores, la situación era peor hace poco. "Ahora al menos han pasado la máquina para aplanar la vía".

Ya en lo alto, está el Parque Nacional Sangay, una de las 3 áreas protegidas atravesadas por el Qhapaq Ñan en Ecuador. Allí, la vegetación se transforma radicalmente y cientos de hectáreas de "pasto' y "césped' natural de pequeña altura, grueso y resistente, adaptado a la región, se abren ante los ojos del turista.

Tras una hora y cuarto de ajetreado y duro viaje, ingresamos a la zona de la laguna Culebrillas. Allí, la carretera desaparece y el acceso en automotor se dificulta, incluso para un "todo terreno'. Era tiempo de ir a pie, y empezar la verdadera aventura extrema. Aún mediaba mucha distancia entre nosotros y la orilla de la fuente natural, con 20 metros de profundidad, y más aún de las ruinas ubicadas al otro extremo, montaña arriba.

Sus aguas esconden misterios sagrados como los hallados a inicios de 2009 por un equipo del INPC, quienes bucearon en la helada fuente para recabar evidencia ancestral, de donde rescataron piezas de concha spondylus, comprobando el paso comercial en el sitio.

Los vientos helados y fuertes, con sus soplidos estremecedores, "arrancan' de la cabeza y rostro los gorros de lana y bufandas mal sujetas de los aventureros, quienes solos y sin guía, nos arriesgamos a vivir la experiencia, debido a que nadie pudo acompañarnos. ¡Grave error! Es que, a diferencia de lo que se llegaría a pensar, como bien dijo la ministra coordinadora de Patrimonio, María Fernanda Espinosa, en algunas zonas del camino aún no hay centros de información, adecuaciones turísticas, ni hoteles para llegar.

Culebrillas es el "ejemplo' de la nula infraestructura turística y señalización en varios tramos del Qhapaq Ñan. Para acceder a las ruinas es necesario prepararse, sobre todo, físicamente, ir bien equipado para vivir las más variadas aventuras naturales extremas, y dispuestos a dormitar en el pueblo más cercano, que en este caso es El Tambo.

Rumbo a la laguna, los charcos de agua inevitablemente nos mojan los zapatos. Aquí se generan los reservorios naturales de agua purificada que luego bajan en forma de ríos para saciar la sed de los pueblos. Es uno de los milagros de la naturaleza.

La meta es conocer la laguna, labrashcarumi, que en kichwa significa lugar para labrar la piedra, y el Tambo de Paredones o Pacarina de Culebrillas. Más adelante nos esperan las ruinas que, a decir de Mónica Bolaños, experta del INPC, son un baluarte preincaico e incaico de extrema importancia e interés arqueológico conexo al Qhapaq Ñan, pero que deben seguir sometiéndose a investigaciones para determinar su función real.

La caminata, pese a todas las dificultades, se convierte en una experiencia agradable, pues va acompañada de impresionantes y cautivadores encantos naturales, entre los que destacan cerros como el Yanahurco y Mama Culebrillas, que imponentes se levantan mostrando su belleza.

El tacto debía disfrutar de este entorno. Así, los guantes de lana saltaron de las manos y disfrutamos de las distintas texturas de la flora: El grueso y resistente "césped'; el agua helada y cristalina que desciende de las cimas de las montañas, revitalizan y mojan las sedientas gargantas.

Más adelante, cerca de la orilla, pequeños vestigios de roca esparcidos se divisan en algunas secciones del suelo. Son los rastros del Qhapaq Ñan que conducen a la "estación arqueológica' de Culebrillas.

Seguimos la pista. El camino tortuoso y disperso empieza a desaparecer, y se corta por completo con el aumento del caudal del río. Un obstáculo natural difícil de superar. Abandonamos la misión que restaba una hora más de camino, aproximadamente. Hay frustración, pero esta se desvanece ante la visita de una peculiar ave negra (especie no identificada), que nos regala su canto y "baile' de vuelo bajo. El espectáculo nos muestra la importancia que los aborígenes le daban a la naturaleza. Ellos construían sus edificaciones en zonas altas y anegadizas como Culebrillas, para sentirse más cerca del cielo y la divinidad. Y en realidad estar allí es sentirse, si no en el cielo, sí en un edén del cual resulta difícil desprenderse. Esta es una parte de los recorridos ancestrales que nos regala el Qhapaq Ñan, dignos de visitar.

La próxima semana, conozca dos sitios arqueológicos más de vital importancia en una pequeña provincia, donde los asentamientos persisten en el tiempo (C.C.C.).

Agradecimientos: Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC). Ministerio de Coordinación de Patrimonios. Para mayor informes comunicarse con las municipalidades de Ingapirca y Cañar. 

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