lunes, 27 de septiembre de 2010

Para un chapuzón manabita

El océano del norte de Manabí (y de Esmeraldas) mantiene una agradable temperatura todo el año. Estos balnearios resultan muy adecuados para disfrutarlos en pareja, familia o amigos.
Por Moisés Pinchevsky
Cojimíes del amor
El mundo tiene maravillas. Muchas están en el Ecuador. Una de ellas es una perla que brinda orgullo a Cojimíes. Esa afirmación es parte del interesante monólogo del guía Amado Baeza mientras conduce su bote desde el malecón hacia una de las playas más hermosas del país, en la llamada Isla del Amor.
Amado Baeza
Veinte minutos atravesando el estuario del río Cojimíes, cuyas aguas son muy apreciadas para la pesca, nos llevan a lo que comienza a asomarse como un inmenso banco de arena blanca y fina en cuyo interior anida una laguna de baja profundidad y habitada por pequeñas lisas que saltan como dándonos la bienvenida. “Le dicen la Isla del Amor porque a menudo llegan parejas, aunque también vienen familias”, indica Baeza sobre este destino que recibe los botes con los turistas en las horas de la mañana, mientras que en la tarde las embarcaciones llegan a recogerlos.
El estuario posee una abundante vida marina aprovechada por los
 pescadores, quienes además ofrecen ese tipo de experiencia a turistas.
La marea alta renueva a diario el agua de la laguna, por lo que “está viva, en constante comunicación con el mar”, señala el guía. Otra ventaja: posee un pozo de agua dulce. Nadie se explica de dónde sale esa agua, porque el sitio está rodeado de agua salada, explica.

También hay quienes han llegado para acampar por una noche, aunque no resulta lo recomendable porque no existe seguridad. “Nunca ha pasado nada malo, es un lugar muy tranquilo, pero es mejor evitar el riesgo”, recomienda Baeza sobre este atractivo de la parroquia del cantón Pedernales, ubicada a 36 kilómetros al norte de la cabecera cantonal. (M.P.)

La cascada de Chindul  brinda entretenimiento a los visitantes.
Pedernales de día y de noche
El malecón de la cabecera cantonal de Pedernales parece una versión manabita de la esmeraldeña Atacames, debido principalmente a la variedad de bares-cabañas, restaurantes y hoteles que agitan el ambiente turístico. Durante la mañana, la actividad recreativa apunta hacia los 53 kilómetros de playa que orgullosamente posee el cantón, entre ellas, La Chorrera, cuya forma de ensenada se encuentra a 1,5 kilómetros de la cabecera cantonal (10 minutos caminando por la playa), y Los Frailes (Machalilla tiene otra playa famosa de igual nombre), que está situada a 4,1 kilómetros del pueblo (cinco minutos en carro) para exhibirse solo con la marea baja, ya que así se puede caminar en una zona de playa frente a un peñasco que sobresale hacia el océano.

Los recorridos diurnos pueden dirigirse hacia una variedad de sitios, como la reserva Mache Chindul, que contiene uno de los últimos remanentes de bosque muy húmedo tropical de la Costa ecuatoriana, caracterizado por su altísima biodiversidad y sorprendentes niveles de endemismo. La zona provee de agua a los ríos Muisne, Atacames y Teaone, en Esmeraldas, y Coaque, Cojimíes y Cheve, en Manabí, a la vez que ha sembrado una serie de hermosas caídas de agua que le brindan especial atractivo a la reserva natural, siendo una de las más visitadas la cascada Chindul.

La vida nocturna se vuelve intensa en los bares con look de rústicas cabañas de caña y paja que pueblan el malecón, en los cuales los turistas beben cocteles y bailan al ritmo de todo tipo de música junto a la playa y bajo las estrellas.

En la playa de Tasaste hay inmensas rocas que han caído de la montaña.
Tasaste: monumentos en la arena
Inmensas rocas enclavadas en la arena le brindan un ambiente especial a esta playa que no es muy extensa, por lo que resulta especialmente apropiada para fotografías y disfrutar de largas horas de descanso frente al mar.
Una de las más curiosas formaciones rocosas es el denominado Arco del Amor, que se levanta unos diez metros sobre la arena.

Esta playa, que está a unos 16,5 kilómetros de la cabecera cantonal de Jama, posee rústicas cabañas donde se expende comida típica manabita, además existe un estero que le brinda al visitante la posibilidad de zambullirse en el agua dulce.

La zona es hábitat de aves marinas que revolotean ante los visitantes que llegan para disfrutar de hermosos atardeceres que pintan de tonos rojizos el cielo despejado, mientras los pescadores artesanales buscan arrebatarle su sustento al mar.

La playa de Punta Prieta, a poca distancia al sur, también es un lugar recomendable por su amplitud y tranquilidad.
Rodeado por un bosque tropical, este balneario es un destino apropiado para acampar o disfrutar de los servicios de una agradable hostería que opera en este escenario, asaltado por acantilados que funcionan como impresionantes miradores naturales frente al océano.

Estas playas resultan muy atractivas y cercanas para excursiones de los turistas que llegan al poblado de Canoa, algo más al sur, conocido por su ambiente rústico (estilo Montañita) y olas para el surf.

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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