domingo, 15 de agosto de 2010

Tras las huellas de una ciudad ancestral

PICOAZÁ, Manabí. Miguel Rodríguez alza una estela con una figura atlante en el centro, que se halló en el cerro de Jaboncillo.
En los cerros de Hojas y Jaboncillo, en Manabí, se analizan ruinas, cuyas dimensiones son de 3.500 hectáreas.

Ciento dos años después de que el arqueólogo estadounidense Marshall Saville realizara las primeras investigaciones sobre los cerros de Hojas y de Jaboncillo (en Manabí) sobre otros asentamientos de la civilización manteño-huancavilca, un equipo liderado por el arqueólogo ecuatoriano Jorge Marcos Pino ha iniciado estudios científicos en el sitio, el cual desde mediados del 2009 junto con los cerros Negrita, Bravo y Guayabal, que se extienden desde Portoviejo hasta Montecristi, cerca de Picoazá, son parte del Patrimonio Cultural del país.

Marcos ha tenido varios acercamientos previos con esta elevación. El primero fue en 1998 cuando empezó la escritura del libro Pueblos navegantes de la Costa del Ecuador, en el que narró el proceso histórico del desarrollo prehispánico de la zona Litoral del país y el cual publicó hace cinco años.

El arqueólogo ecuatoriano, quien es coordinador de investigación y patrimonio de la Corporación Ciudad Alfaro (institución pública encargada de promover el desarrollo cultural, educativo, académico, tecnológico, social y turístico de Manabí), sostiene que es esta la que ejecuta el proyecto de investigación en los cerros de Hojas y de Jaboncillo. “Estamos coordinados por el Ministerio Coordinador de Patrimonio y, por supuesto, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) es el que tiene la competencia general sobre todos los yacimientos”, agrega.

PICOAZÁ, Manabí. En la ladera este del cerro de Jaboncillo, entre Portoviejo y Montecristi, se hallaron yacimientos que están siendo estudiados por un equipo a cargo del arqueólogo Jorge Marcos.
Tatiana Hidrovo, presidenta de Ciudad Alfaro, indica que la primera fase posee un presupuesto de 302.000 dólares. En la parte inicial de esta etapa en el bloque A o Camino del Puma (porque estos animales aún habitan en el lugar) y que comprende 57 hectáreas, arrancó en enero pasado y concluyó en julio.

Durante ese tiempo se reunió la documentación que produjeron en el sitio arqueológico especialistas como el estadounidense Saville, el inglés Richard Lunniss (quien vive en Ecuador desde hace 30 años y también forma parte del equipo liderado por Marcos) y los ecuatorianos Emilio Estrada (en los años cincuenta) y Jacinto Jijón y Caamaño (en los años veinte) y Florencio Delgado. Este último fue quien realizó en el 2008 el inventario básico para poder declarar Patrimonio Cultural a la zona de cerros situados entre Portoviejo y Montecristi.

La segunda parte de la primera fase comenzó este mes y culminará en diciembre próximo. En octubre se prevé inaugurar en el sitio tres centros de interpretación, que ayuden a comprender el modo de vida de los manteño-huancavilcas.

Los avances de este mes involucran la limpieza de la maleza en los cerros de Hojas y de Jaboncillo, donde se han descubierto conjuntos de estructuras rectangulares de piedra, cuyos perímetros se delinean con sogas. También se han hallado senderos empedrados que conectan a los conjuntos.

Marcos señala que “son 500 años del ocultamiento de estos yacimientos y eso se da porque la naturaleza se ha encargado de lograrlo”. En el bloque A, las estructuras de piedras alineadas entre sí “pueden pertenecer a viviendas”, dice el arqueólogo inglés Lunniss, mientras que atrás de estas y separadas por montículos de tierra constan terrazas agrícolas, donde se encontraron silos (recipientes para almacenar granos y otros comestibles).

PICOAZÁ, Manabí. El arqueólogo inglés Richard Lunniss revisa varios objetos arqueológicos.
Lunniss, quien trabajó en la zona de Salango, dice que en la ladera Este del cerro Jaboncillo, lugar que él y otros investigadores llaman Zona A, se descubrió una estructura muy grande, de 14 metros de largo por 7 metros de ancho y que está formada por tres muros de piedras y posee una rampa de piedra.

Marcos, Lunniss e Hidrovo coinciden en que es muy pronto para determinar el sistema de vida sociopolítico, religioso y la actividad laboral que tenían los habitantes de estos yacimientos, porque “falta el proceso de excavaciones en el que se logra conocer estos detalles”.

Admiten que puede demorar cien años en establecerse una tesis de cómo se desarrolló la comunidad que allí habitó, “pero hay datos que pueden conocerse antes”, asegura Hidrovo.

Por su experiencia, Marcos explica que se hablaría de un “estado prehispánico”, y Lunniss agrega que “por las grandes dimensiones de algunas estructuras en el centro de cada conjunto se puede determinar que desde ellas se dominaba al resto”.

Entre las piezas halladas constan pedazos de figuras esculpidas, una estela con un atlante (figura de hombre mitológica) en su centro, metates y fragmentos de columnas. El total de las ruinas alcanzan las 3.500 hectáreas, refiere Marcos. Esta dimensión supera a Ingapirca (Cañar), que tiene siete hectáreas; Cochasquí (Pichincha), 83,9 hectáreas; y Agua Blanca (Manabí) 900 hectáreas.

Estudio trata sobre nativos manabitas
Los arqueólogos Jorge Marcos Pino y Richard Lunniss han establecido sus hipótesis sobre los asentamientos encontrados en los cerros de Hojas y Jaboncillo. El primero señala que la razón por la que habitaron esos lugares, situados entre los 200 y 500 metros sobre el nivel del mar, fue “porque con las garúas constantes en esta época del año (verano) se pueden sembrar unas 2 y hasta 3 veces en la parte alta de los cerros y obtienes cosechas a corto plazo”.

Marcos menciona que esto evidencia “una gran planificación para trabajar y controlar los cerros. Los manteños lo que estaban haciendo en este sector era integrarse políticamente; como en ningún otro sitio se ve claramente que las estructuras responden mucho más a un plan de trabajo urbano”.

Considera también que ante ese sistema de planificación urbana cuando llegan los españoles “ya existía una formación estatal interesante en la Costa”.

Explica que “probablemente la capital de ese estado prehispánico formado donde se reunían los diferentes jefes de cada una de las regiones o zonas, estaba aquí”.

En tanto, Lunniss cree que los habitantes de la cultura manteño-huancavilca se trasladaron hasta las elevaciones por razones “ceremoniales, religiosas y cosmológicas. Por estar más cerca de los dioses pueden haber determinado que el lugar era sagrado. Además, desde acá arriba podían controlar mejor el sector, eso les daba poder”.

Sobre estas y otras hipótesis trabajan las 24 personas del equipo que lidera Marcos. Entre ellas constan ciudadanos de Picoazá, entre civiles, arquitectos, conductores y topógrafos. El arqueólogo ecuatoriano afirma que el proyecto, que contendrá una segunda fase el próximo año, comprende también un trabajo etnográfico, ecológico y antropológico.

Miguel Rodríguez, habitante de Picoazá, comanda a los ayudantes de esa localidad en la investigación del sector. A él se lo conoce como el guardián de los cerros, porque desde hace 26 años, cuando sembraba con su padre en las faldas del lugar, se interesó por la historia de la cultura manteño-huancavilca, así que decidió cuidar el sector que ahora es Patrimonio Cultural del país. Dice que ha aprendido mucho de los arqueólogos que llegan al lugar, pero ellos también aprenden de él.

Marcos sostiene que es necesario que se cree una institución que pueda gestionar el manejo del yacimiento arqueológico encontrado. Esa entidad, enfatiza, debe estar adscrita a los ministerios del Ambiente, de Turismo y de Coordinación de Patrimonio.

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