domingo, 22 de agosto de 2010

Mundo San Rafael: Pedales, caballos y escenarios

Los visitantes pueden servirse aquí platillos típicos para luego continuar con las actividades.
Por Moisés Pinchevsky
El cantón Bucay comienza a posicionarse como destino de aventura oficial del Guayas. El Consorcio Nobis apuesta por sus atractivos.
Una araña toro en su telaraña salpicada de rocío.
Una araña toro prendida en su red salpicada de gotas de rocío nos anuncia que esta animada aventura turística comienza, minuto a minuto, kilómetro a kilómetro, escenario a escenario, a transformarse en una colorida cacería de imágenes y personajes para regocijo de los ojos (y de las cámaras fotográficas).

El arácnido nos recibe al ingreso del bosque de La Esperanza, en el cantón General Elizalde, mejor conocido como Bucay, recinto silvestre a 170 metros de altura cuyas posibilidades turísticas son poco conocidas por los habitantes de Guayaquil, quienes menos aún saben que allí respira un saludable bosque protegido atravesado por las vertientes que nacen de las siete cascadas que agitan la zona con su tierno estruendo.

Daniel Villamarín (3 años) vive en la pequeña finca del trapiche.
El Consorcio Nobis, dirigido por Isabel Noboa Pontón, apuesta por esta zona para que poco a poco, año a año, turista a turista, compita con los balnearios de Santa Elena y Guayas por la preferencia de los viajeros de Guayaquil. Luis Avellán, ejecutivo de Nobis que desde hace dos años desarrolla este producto, es el guía en esta visita que nos eleva 1.100 metros en la montaña con la potente tracción de un vehículo 4x4, para media hora después transitar por el mismo camino lastrado, pero descendiendo con las dos llantas de modernas bicicletas de montaña valoradas en más de 600 dólares cada una.
Paseo en mansos caballos.
¡Cuesta abajo!
Tras una charla instructiva de seguridad, el descenso comienza junto a una de las cristalinas vertientes para diez metros después enfrentar una curva que intimida al inicio a dos de las ciclistas, pero que luego se recuperan para adentrarse alegremente en un camino de tierra que descubre escenarios sembrados de montañas de verde intenso, tímidas neblinas y erguidas plantaciones de plátano.

Bosque de bambú.

Una hora y media dura este recorrido que cumple estaciones en una finquita con un trapiche para moler caña de azúcar y otras en las límpidas vertientes para probar moras silvestres, aunque también cumplimos improvisadas paradas para atender a dos ciclistas que resbalaron en la ruta (el botiquín estuvo listo para aliviar pequeños raspones en las rodillas).

Con el entusiasmo intacto nos dirigimos luego a la hacienda San Rafael (2.420 hectáreas), en donde los turistas suelen disfrutar del almuerzo para luego cumplir un paseo que me permitió cambiar las dos ruedas de la bicicleta por las cuatro largas patas de Caponero, un caballo color caoba mezcla de paso peruano y criollo que parecía más bueno que el pan y más tranquilo que una fotografía, claro que también demostró obediencia para enrumbar sin ningún reparo hacia una cercana plantación de bambú.

Tal escenario misterioso estilo Señor de los Anillos bien merece varios disparos de cualquier cámara de fotos, la cual seguramente también debería utilizarse sin descanso durante esa cabalgata por los caminos lastrados que atraviesan esta finca que antes era propiedad de la azucarera Valdez, hoy también parte del Consorcio Nobis.

Los caballos permiten un acercamiento emotivo al ambiente rural que se respira en el Mundo San Rafael, que posee además un lago asediado por garzas color nieve.

La ruta está atravesada por siete vertientes naturales.
Ellas son también habitantes de este destino que nace para espíritus aventureros en la rústica Bucay.

Tarifas sin IVA: Bicicleta, $ 25; caballos, $ 17 y $ 5 niños; descenso de cascadas (canyoning), $ 20; transporte desde Guayaquil, $ 120 (once personas). Mundo San Rafael abre los sábados y domingos, y opera de lunes a viernes solo con reserva previa.

Sin embargo, siempre se recomienda reservar al 228-8006, 09-875- 1587,
lavellan@pronobis.com.ec.
Texto y fotos: Moisés Pinchevsky
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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