martes, 27 de abril de 2010

Refugio natural de vida silvestre

Redacción Guayaquil - Herrera Gallego Diego Rodrigo
El morro: Santuario para el descanso

El avistamiento de delfines “nariz de botella” y el Santuario de Aves, una isla donde anidan más de 3 mil fragatas, convierten a este paradisiaco lugar en un destino turístico de temporada inolvidable


A quince minutos del cantón Playas y a hora y media de Guayaquil se levanta la parroquia El Morro, considerada refugio natural de vida silvestre.

Sus apacibles y cristalinas aguas la convierten en un sendero natural donde el manglar (10.000 hectáreas de bosque), las aves y los delfines, forman parte de los últimos oasis de vida silvestre en el país.

Bonifacio Consuegra, uno de los habitantes más antiguos del pueblo, comenta que El Morro era ganadero por excelencia. Recuerda que aquí se fabricaba la mantequilla morreña, “muy solicitada en toda la Península”.

Sin embargo, la tala indiscriminada de los bosques, la volvieron seca y la gente abandonó la actividad (ganadería).


La gruta. Aquí está asentada la Virgen de la Roca, fue colocada por las madres salesianas hace más de 40 años y hoy es un gran atractivo turístico.

Miles de sus habitantes migraron a Guayaquil, en especial, y se asentaron en lo que hoy es la calle Rumichaca, que en principio se llamó de El Morro, justamente porque era poblada por personas nativas de esta zona.

Hoy, gracias a la muerte de la ganadería, el encanto de su naturaleza ha vuelto. El Morro quiere recuperar su potencial ecológico para convertirlo en el puntal que le permita un sitial dentro de las paradas del turismo ecológico.

El camino está despejado. La aventura empieza a un km de esta parroquia, desde donde se puede observar la colina de El Muerto, bautizada así por los nativos de ese lugar por la apariencia de un hombre acostado, panzón y cabezón. Aquí se encuentra La Virgen de la Roca, imagen que fue colocada por las madres salesianas, hace más de 40 años, y que hoy se ha convertido en lugar de peregrinación. Se puede acceder a pie, caballo o bicicleta, sorteando 40 escalones de piedra.

La gerenta de la operadora de turismo Travesías, Janina Vega German, comenta que el padre Vicente Agila, gustaba visitar este cerro y hacer una peregrinación anual a la gruta, la cual era muy concurrida. Ahora las peregrinaciones son organizadas por los sacerdotes de Playas en los meses de agosto y septiembre.

Otro de los atractivos es la iglesia de San Jacinto, considerada Patrimonio Cultural del Ecuador. Actualmente, esta construcción de corte ecléctico está siendo restaurada por el Municipio de Guayaquil. Con sus toques de republicanismo (ventanas) y de barroco (las torres), la iglesia de chanul y moral es considerada la puerta de ingreso a este pueblo de 5.000 habitantes.


Variedad. La gran variedad de aves concita la atención de los turistas que llegan a esta parroquia que cuenta con 5 mil habitantes.

Construida en 1856, la ermita en poco tiempo se convertirá en otro referente turístico, pues en la parte alta de sus torres contará con un mirador panorámico habilitado para el visitante.

Y aunque hay muchas razones para emprender camino a este paradisiaco lugar en vacaciones, el atractivo tanto para viajeros del exterior como nacionales, continúa siendo el inolvidable viaje por el canal marino.

Como una especie de Venecia tropical, El Morro ofrece un espectáculo de decenas de góndolas ancladas a orillas del Malecón, prestas a la espera de los viajeros que desean conocer la declarada área protegida por el Ministerio del Ambiente en 2007, siendo una de las 40 existentes.

El ruido de los motores se opaca ante el canto de los cientos de aves que sobrevuelan las copas de los árboles. El cielo se impregna de colores con el gris, azul, blanco y rosado de las garzas, que alzan vuelo al sentir la presencia humana al pasar por la Boca de Lagarto, El Caballito, la Punta Hayalan, entre otros pintorescos brazos de mar.

Después de hora y media de recorrido, los motores se apagan al llegar al Santuario de Aves, una Isla donde anidan más de 3 mil fragatas, según estudios de 2005, pero que se estima en la actualidad ascienden a 9 mil, colocándose como la reserva de aves más grande del país.

El avistamiento de los delfines bufeos o nariz de botella es el colofón del recorrido. Aquí estos animales acompañan las embarcaciones ofreciendo un espectáculo que hace crispar la piel.


La iglesia. Construida en 1856, es considerada Patrimonio Cultural de la Nación. Hoy está siendo remodelada.
Una travesía, mezcla de naturaleza y de aventura

Puerto El Morro con su ecoclub Los Delfines por 6 dólares (corto) y 8 (largo) por persona, ofrece recorridos únicos, que culminan con la degustación de deliciosos platillos elaborados por las comuneras, sobre la base de productos de mar. Uno de los platos típicos de la zona, además de los mariscos es el seco de chivo. El presidente de la Junta Parroquial, Luis Aragonés, hizo una invitación para que los guayasenses y visitantes de otras provincias se deleiten con la gastronomía local, hecha a base de mariscos, en especial del “cangrejo criminal”.

Aquí, en este pueblo, aún se conservan ciertas tradiciones como la elaboración del pan en grandes hornos de barro. Bonifacio Consuegra aún utiliza leña para preparar el pan que luego se distribuye en todo el pueblo.

Fotos Jimmy Negrete.

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