jueves, 1 de abril de 2010

Lista la estrategia para conservar al oso andino

María Augusta Sandoval
msandoval@telegrafo.com.ec
Reportera Sociedad

El número de estos animales se reduce por la expansión de la actividad agrícola y la caza ilegal

En los próximos días, el Ministerio del Ambiente lanzará la estrategia de conservación de los osos andinos o de anteojos, especie propia del callejón interandino y de países como Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, que se encuentra en peligro de extinción.

Dicha propuesta se basará en cinco lineamientos específicos: análisis en el sitio y fuera del mismo, educación, capacitación, políticas y fortalecimiento institucional, explica la directora nacional de Biodiversidad de esa cartera de Estado, Isabel Endara.

A pesar de que por su característica migratoria no es posible censar al oso andino, se estima que en la región existen 20 mil animales, mientras que en nuestro país esa cifra es de apenas 2.000, dice Armando Castellanos, director del proyecto Oso Andino en Ecuador.

En ese sentido, la propuesta de conservación apunta, específicamente, a concienciar a la gente. “Se plantea una meta de que luego de 15 años de trabajar con los osos, los ecuatorianos reconozcan la importancia de cuidarlo”, señala Castellanos.

Entre las principales amenazas de esta especie están el avance de la actividad agrícola en la zona, la deforestación y la caza ilegal a consecuencia del desconocimiento de la población.

FOTO: ARCHIVO / El Telégrafo

La preservación del oso de anteojos en los bosques andinos del país es una de las metas del Ministerio de Ambiente.

“La gente de las zonas aledañas donde habita el oso, generalmente, lo ven como un animal peligroso”, explica Mario García, director ejecutivo de la Fundación Zoológica del Ecuador.

En ese aspecto, añade que aproximadamente se cazan al año entre cuatro y ocho de estos animales, ya que el problema es que entran a las chacras, a las plantaciones de maíz o comen del ganado que encuentran a su paso.

Pero también muchos cazadores buscan tener su piel o grasa, que son cotizadas.

Este animal, cuya característica principal es la mancha blanca en su cara que se extiende desde sus ojos hasta el hocico y cumple la misma función que la huella digital en los humanos, necesita para vivir un espacio de entre cinco y siete mil hectáreas de páramo.

Otra de las amenazas es el avance de la frontera agrícola, es decir que se reduce el espacio de bosque y se lo destina al cultivo, a esto se suma la extracción de madera. “Si continúa la tala indiscriminada de bosque andino, en 30 años ya no habrá osos de anteojos”, advierte Castellanos.

En ese sentido, la propuesta de conservación de esta especie también apunta al trabajo con la comunidad en áreas protegidas, como la reserva ecológica Cayambe-Coca, por ser una de las zonas con más problemas de conservación porque los osos dañan los cultivos y la gente los mata, explica Endara.

Para evitar que, tanto el oso como las comunidades se vean afectados, se trabajará en la reubicación de la especie en reservas ecológicas en donde no haya contacto con el ser humano y se iniciarán jornadas de capacitación a la población acerca de cómo proteger sus sembríos.

Adicionalmente se plantea una propuesta para trabajar con el Ministerio de Educación para abrir un espacio de charlas sobre las especies en peligro de extinción y de esta manera incluir el tema en las escuelas, manifiesta.

Pero también hay factores externos. Otro que podría representar un problema es la capacidad reproductiva del animal, señala Gabriela Montoya, técnica de Biodiversidad del Ministerio del Ambiente.

Esto es porque la hembra no puede tener más de tres crías en un parto, o hasta cuatro en casos excepcionales.

Sin embargo este proceso se repetiría en un tiempo mínimo de dos años o hasta tres, ya que es cuando el osezno se independiza totalmente de su madre, luego de esperar hasta 45 días para abrir sus ojos y tres meses para empezar a caminar.

Pese a que la estrategia ya tiene definidas sus líneas de acción, aún no se ha podido determinar un monto total de inversión.

“Solamente la investigación in situ (en el sitio) de las siete comunidades de Quijos y de los problemas que se dan allí costaría casi 50 mil dólares”, dice Montoya.

En el Ecuador, la quinta parte de la población de osos andinos habita fuera de las áreas protegidas, por lo que es importante trabajar en la conservación de los senderos ecológicos, que son los que conectan a estas zonas y sirven para que varias especies circulen. Para esto se incluirá a los gobiernos seccionales.


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