jueves, 24 de diciembre de 2009

El Espíritu de la Navidad existe, pero no lo vemos

Myriam Mora Alvarado / alquimistam@yahoo.com

Es un ser espiritual que impregna la atmósfera de alegría y buenos sentimientos.

Cuando llega diciembre, quién no se siente más dispuesto a la reconciliación, la alegría, la paz. Si no todos, la mayoría lo ha experimentado. Pero ¿es solo producto de un contagio psicológico por la proximidad de la Navidad?

Según las enseñanzas esotéricas, no hay nada psicológico, sino la poderosa influencia de amor y alegría que derrama sobre la tierra, un ser cósmico al que se denomina Espíritu de la Navidad, que tiene su representación en Santa Claus. Es un ser que surge de la conciencia cósmica de Dios, es un aspecto de ella.

Aquel ser tiene un cargo específico: llevar alegría y felicidad. Él llena los corazones de la gente con la anticipación del regalo más grande de todos: el de la cristeidad personal, de allí su relación con la alegría.
La energía del Espíritu de la Navidad ya se la percibe en los días previos a la magna celebración del nacimiento de Jesús. Hace su aparición en el día más oscuro del año (21 de diciembre). Él es gran misterio; este ser viene para enseñarnos que en esa hora aparece la estrella de la esperanza y del nacimiento del Salvador.

Al acercarse Navidad, todos se contagian del tiempo mágico que está en la atmósfera, en las luces multicolores, en los acordes de los villancicos. Todos se visten de ilusión en torno a la figura entrañable de Papá Noel. Momento de dar y recibir regalos.

Las aglomeraciones en los centros comerciales, aún poco antes de la cena de Nochebuena, parecería indicar que Santa Claus aunque generoso es poco previsor, que lo deja todo para el final, pero no, lo que sucede en realidad es que no puede dar abasto a tanto derroche de paquetes, buenas intenciones y deseos de felicidad.

Sean felices

Diríase que su saco se llama consumismo desenfrenado, pero él no lo denomina así, ni de otra forma, solo sonríe y guiña un ojo "Sean felices ¡ho! ¡ho! ¡ho!" desea. Pero piensen en los regalos que se hacen, algunos de ellos asisten al individuo en un mayor sentido de identidad, otros adornan la persona exterior. Por eso, enseñe a los niños a mantener la ilusión de este momento como la oportunidad de entrar en el corazón del ser conocido como el Espíritu de la Navidad.
Detrás de los regalos está el trajín de imaginar, buscar y empaquetar los obsequios, un esfuerzo que recompensan, los que hicieron lo mismo, intercambiados entonces entre besos, abrazos, buenos deseos, especialmente si sus destinatarios son niños.

Escriba una carta
Si quiere vivir la ilusión de su alma de niño, escriba una carta de su puño y letra al Espíritu de la Navidad, con peticiones tanto espirituales como de salud y materiales, prométale algo a cambio, queme su carta, confiando en que sus peticiones se cumplan en el nuevo año. Escribirle marca un principio y un final, oportunidad para renacer y para volver a empezar.

Hacerse regalos por estas fechas, no es una costumbre encumbrada por la sociedad moderna consumista; desde la más remota antigüedad, durante el solsticio de invierno y el cambio de año fueron considerados como tiempo de ofrecer obsequios a dioses y monarcas e intercambiar objetos entre amigos.

Al regalar el corazón del emisor y el receptor late con más o menos intensidad, desde que percibe el envoltorio. Es porque Navidad es la eterna maravilla del Niño Jesús nacido en el pesebre de sus corazones.

Pintura de: Pilar Martínez, tomado del blog El rincón de mis obras

Fuente Semana Holística: Diario Expreso

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