martes, 22 de diciembre de 2009

Bioluminiscencia en Galápagos

Desde Las Encantadas
Paula Tagle

Estos organismos, que viven en un mundo oscuro, crean su propia luz para varios propósitos: comunicarse, aparearse, iluminar su entorno, protegerse, atraer presas, y otros desconocidos que quedan en el misterio”.

He preguntado a mis amigos cuándo fue la primera vez que lo vieron y qué interpretación dieron a semejante fenómeno. Uno me cuenta que cuando tenía 8 años, vacacionando en Salinas, observó que el mar se llenaba de incontables puntitos de luz; como buen futuro biólogo, dedujo que debía tratarse de algún tipo de animalillo extraño. Otro amigo, de los Andes, lo vio por primera vez en Galápagos, y pensó que alguien debía estar apuntando reflectores sobre el agua.

Yo tuve conciencia del fenómeno una vez que acampaba en Data. Caminaba por la playa con mis amigos, luego de una fogata maravillosa, y vi de pronto cómo esas olas largas traían en su cresta esferitas verdes fosforescentes. Corrimos hasta la orilla a ver si era cierto. Entonces tocamos la luz que se adhería con facilidad a nuestras manos. ¡Era real! Nos decoramos la cara, unos toques de luminosidad en la nariz, otros bajo los ojos, bigotes de gato, cejas de payaso. Como buenos politécnicos, ninguno tenía idea de lo que era la bioluminiscencia, y sin intentar dar explicación al prodigio disfrutamos de la luz.

Ahora entiendo que se trata de un fenómeno normal, nada de otro planeta, ni resultado de alucinaciones o ávida imaginación. Bioluminiscencia es, como su nombre lo indica, luz producida por seres vivientes, y cuando ocurre en los océanos, por vida marina.

Marea roja formando olas brillantes en una playa de Carlsbad, California. La bioluminiscencia de estas olas se debe a los miles de millones de ingulodinium polyedrum (dinoflagellata) presentes en el agua.

Pequeños organismos
En la protección que brinda la noche, cientos de criaturas que habitan en la capa profunda de dispersión (a trescientos metros de profundidad) ascienden a la superficie del mar para alimentarse. En la noche tienen menos depredadores, y la zona fótica es rica en alimento: fitoplancton y zooplancton.

Estos organismos, que viven en un mundo oscuro, crean su propia luz para varios propósitos: comunicarse, aparearse, iluminar su entorno, protegerse, atraer presas, y otros desconocidos que quedan en el misterio.

La bioluminiscencia es en mayor porcentaje luz fría producida a través de un proceso químico en que la oxidación de un sustrato de proteína luciferina es catalizado por la enzima luciferasa, liberando fotones (partículas del fenómeno electromagnético) de luz. La luciferina cambia según el organismo, por lo que el color de la luz que se produce es diferente según la especie.

Puede hablarse de tres tipos principales de bioluminiscencia (www.wikipedia.org): la intracelular, la extracelular y la de bacterias simbióticas. La bioluminiscencia intracelular es generada por células especializadas del propio cuerpo de algunas especies y cuya luz se emite al exterior a través de la piel. Este tipo de luminiscencia es propia de muchos tipos de calamar y de dinoflagelados. La bioluminiscencia extracelular se da a partir de la reacción entre la luciferina y la luciferasa fuera del organismo.

Una vez sintetizados, ambos componentes se almacenan en glándulas diferentes en la piel o bajo esta. La expulsión y mezcla de ambos reactivos en el exterior produce nubes luminosas. Este tipo de luminiscencia es común a bastantes crustáceos y algunos cefalópodos abisales. El que parece ser el fenómeno más extendido en el océano es la bioluminiscencia por bacterias simbióticas.

En diversos lugares del cuerpo, los animales disponen de pequeñas vejigas, comúnmente llamadas fotóforos, donde guardan bacterias luminiscentes. Normalmente estos órganos luminosos están conectados al sistema nervioso, lo que permite al animal controlar la emisión lumínica a voluntad, este es el caso para celentéreos, gusanos, moluscos, equinodermos y muchos peces, menciona la página web en mención.

Fenómeno natural
Entonces, no hay misterio. O lo hay, tanto en cuanto queramos maravillarnos de la magia que la vida en sí misma representa. El cielo lleno de estrellas, y en el mar, el agua verde y azul de astros con cilios, flagelos, ocho patas, sistema nervioso, criaturas que al desplazarse dejan un halo de luz. Puedo decir que he nadado entre luceros, que me he sumergido en colores centelleantes, y he retornado del mar al cielo sin pasar por la tierra, en un espacio uniforme de cuerpos refulgentes; me he asustado también, sin saber dónde era arriba, o dónde abajo, confundida y atrapada por la luz. Muchos la han visto desde la orilla, otros colgados de un barco, una panga, navegando en noches sin luna, estelas radiantes en el agua, cascadas luminosas escarchando el mar al levantar un ancla.

Imagino que habrá cientos de historias fantásticas, de sirenas fluorescentes, delfines con aureolas sobrenaturales en tiempos de equinoccio. Sin embargo, lo más increíble de todo es que se trata de un fenómeno natural, es luz de vida en los océanos de la tierra, de la que sabemos tan poco y que, sin embargo, representa el mayor porcentaje de vida en el planeta.

Fuente: La Revista

2 comentarios:

Wilfrido dijo...

En que parte existen estas playas.. me encantaría conocerlas

Huagra Ñaupa dijo...

Las playas están ubicadas en Ecuador. América del Sur

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