miércoles, 3 de noviembre de 2010

‘El jardín de América’ tiene enemigos: la tala y la minería

Áreas protegidas
Es un espacio de contrastes naturales y contradicciones administrativas. Empezando por su nombre, Podocarpus, que hace referencia a un árbol representativo de la zona, más conocido como romerillo, cuya altura sobrepasa los 30 metros y es la única especie conífera (con semillas en forma de cono, como las del abeto y el pino) que crece en los Andes ecuatorianos.


El Parque Nacional Podocarpus (PNP) es la zona núcleo de Reserva de Biósfera Podocarpus-El Cóndor (1’140.080 hectáreas), declarada así por la Organización de las Naciones Unidades para la Ciencia y la Cultura (Unesco) en septiembre del 2007, y por ende forma parte de la Red Mundial de Reservas de la Biósfera, que integran los principales espacios naturales del planeta.


Su especial biodiversidad responde a su ubicación, pues está en la convergencia de corrientes bioclimáticas cálidas húmedas de la Amazonía, cálidas secas de las vertientes del Pacífico, el aire seco del desierto peruano y la influencia de la corriente de Humboldt. 


El PNP distribuye sus bellezas naturales en una accidentada geografía plagada de colinas, montañas agrestes y un gran número de depresiones que dan origen a varios microclimas, nichos y hábitats, donde la diversidad y el endemismo son la norma.


El Libro Rojo de las Plantas Endémicas del Ecuador 2000 resalta un alto endemismo en el Parque Nacional Podocarpus con 211 especies registradas dentro de las 146.280 hectáreas que forman el Parque, también considerado por informes internacionales como el Jardín Botánico de América. Aunque no existen estudios recientes sobre la flora, en 1993 se registraron ocho especies de orquídeas en un solo tronco de seis metros de altura. 


Además, el PNP es el área más diversa en avifauna con 629 especies, acogiendo entre su vegetación al 37,5% de plumíferos del país. Mientras, entre los mamíferos se destacan el oso de anteojos, el puma, el tigrillo y la danta, y otros.

El río Bombuscaro, en el lado oriental del Parque Nacional Podocarpus,
 es uno de los atractivos turísticos más visitados.

Se calcula que dentro del PNP, creado hace 28 años y ubicado entre las provincias de Loja y Zamora Chinchipe, existen entre 3.000 y 4.000 especies de plantas vasculares, entre las que se destaca el romerillo.

Dentro del área nacen cuatro cuencas: la del río Catamayo, que vierte sus aguas en el océano Pacífico y es alimentado por seis pequeños afluentes; el río Chinchipe, que recibe las aguas de cinco vertientes; el Zamora, que incrementa su flujo gracias a cuatro semejantes, entre ellos, el río Bombuscaro, que es uno de los mayores atractivos del área por la abundante vegetación que lo rodea; y la última cuenca es el Nangaritza, formado por tres afluentes.

Pero las aguas cristalinas encuentran una suerte fatal en el transcurso de su camino, pues el río Malacatos, en su parte baja (fuera del área protegida, pero dentro de su zona de influencia) está contaminado por los residuos de la extracción minera. Al igual que el río San Luis, que al pasar a territorio peruano se convierte en Chira y donde los efectos del mercurio ya están afectando a las poblaciones aledañas, según las mismas autoridades del Parque. 

Luis Tambo, responsable del PNP en el sector de Loja, donde se encuentra el 20% del total del área protegida, reconoce que estos problemas responden a la falta de recursos y control. “En Loja tenemos cinco guardaparques, y no somos suficientes para controlar a los depredadores”, refiriéndose a taladores de madera, cazadores de aves y mineros artesanales. 

“Los mineros están armados, incluso nos han agredido, y nosotros no tenemos cómo defendernos. Solo cuando la Policía del Ambiente nos apoya podemos hacer algo”, añade.

El trabajo se dificulta aún más porque en el campamento de guardaparques no hay señal para celular y no pueden ocupar la oficina técnica, ubicada dentro del área, porque no cuentan con energía eléctrica. “Con esas dificultades de comunicación ni siquiera podemos dar aviso a tiempo si es que vemos alguna amenaza”, refiere Tambo.
Por el suroccidente del Parque se está construyendo,
desde el 2008, una carretera de 11 kilómetros, que atraviesa el área.
Los desechos de la construcción se están arrojando dentro de la zona
.
Sin embargo, los problemas del Podocarpus en esta zona no se comparan con los de Zamora. Mediante un recorrido realizado por este Diario, a inicios de este mes, se evidenció, por marcas en la vegetación, que los mineros estaban ingresando nuevamente al sector de San Carlos, una de las áreas más conflictivas en cuanto a minería ilegal.

En Loja, los planes de manejo del área protegida han sido difundidos con los habitantes y propietarios de terrenos colindantes de forma positiva, asegura Tambo, mientras en la provincia amazónica hay resistencia. 

“Lastimosamente, la población zamorana no entiende la importancia de proteger el ambiente y sobre todo las microcuencas de los ríos, como ya lo han hecho en Loja. Incluso hemos tenido enfrentamientos con algunos colonos de las partes altas del Bombuscaro”, refiere Frank Rojas, guardaparques de Zamora.

Este Diario intentó comunicarse con Byron Medina, representante del PNP en Zamora, pero el acceso a él no es posible en el área donde se encuentra. Sin embargo, en el recorrido se evidenció que en esta provincia el Parque no está delimitado físicamente, pues, según los guías, los finqueros de las zonas colindantes destruyen los hitos, letreros y placas que colocan las autoridades. 

Según estimaciones de los funcionarios, actualmente existen cerca de 250 propietarios de terrenos dentro del Parque. “En Loja hay 54 propietarios, pero hemos llegado a un acuerdo: nosotros respetamos sus propiedades, pero ellos no pueden hacer uso del terreno que esté dentro del área protegida”, asegura José Villa, técnico forestal y guardabosques guía del la parte lojana del Parque. 

“La gente aquí nos ha colaborado porque ha tomado conciencia de que sin los páramos no hay agua, que es lo que más hace falta del lado occidental del Parque”, añade.
El PNP alberga decenas de cuencas y microcuencas de aguas cristalinas.
Además de los conflictos con los habitantes, los terrenos irregulares del área complican los procesos de vigilancia, aunque con respecto a la tala de árboles madereros, como el cedro, nogal, laurel, entre otros, Rojas ironiza y dice que ese problema ha sido superado, “lastimosamente, porque ya no tienen madera que cortar”, refiriéndose al sector de Curintza, donde habitan cerca de 30 familias originarias del cantón Saraguro, Loja, quienes han convertido los bosques en pastizales. 

La Ley impone multas que van de $ 800 a $ 2.230 y el decomiso de producto y maquinaria utilizada para la tala madera dentro de los bosques protegidos. Pero ubicar a los infractores es una tarea casi imposible cuando, desde hace casi dos años, ninguno de los guardaparques de Zamora cuenta con un equipo de comunicación dentro de los campamentos. 

“Somos pocos guardaparques para vigilar toda el área. A veces hacemos nuestros recorridos de control sin más seguridad que nuestros celulares, y eso donde hay cobertura, que no es muy amplia. Por eso, en las partes más conflictivas, como el sector de San Luis, siempre vamos con apoyo de la fuerza pública”, asevera José Villa, guardaparque.

Pero el convenio entre la Policía y el Ministerio del Ambiente no se renovó y los uniformados se retiraron de San Luis, un sector minero ilegal ubicado a doce horas de caminata desde el refugio de Romerillos Alto, al sur de Zamora. 

Durante la entrevista ingresó una llamada al refugio. Al parecer, varios mineros artesanales habrían entrado nuevamente al sector de donde, según los mineros, se obtienen ganancias de hasta 10.000 dólares en una semana, por la extracción de oro, cifra que representa el 38,5% del presupuesto anual de toda el área protegida, sumando tres partidas: turismo sostenible, áreas protegidas y ecosistemas frágiles.

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