martes, 22 de junio de 2010

El enmascarado de los Andes compite por tierra y comida

Las hembras de esta especie tienen, generalmente, una o dos crías, y en casos especiales cuatro. Los cachorros permanecen junto con sus madres hasta los 14 meses, aproximadamente.
Nuestras especies
El oso andino tiene manchas alrededor de los ojos que contrastan con el resto de su pelaje. Los anteojos son solo parte de su tímido estilo, porque su olfato y visión son sus dos sentidos más desarrollados.

Entre su pelaje se esconden las orejas, su sentido medianamente efectivo; y sus dientes afilados le sirven para llegar a los sabores dulces de los palmitos, el blando interior del suco (especie de bambú), entre otros vegetales y frutas.

Los biólogos dicen que es un “animal oportunista”, pero no como un insulto, sino como la característica que le ha permitido sobrevivir ante la fragmentación de su hábitat.

Las oportunidades que el oso andino aprovecha son alimentarias. De preferencia vegetariano, pero no rechaza otros mamíferos más pequeños, como los conejos, e incluso, cuando ya no encuentra alimento en el bosque natural, se acerca a los poblados en busca de ganado para mantener sus 200 kilogramos, el peso de un macho adulto. Entonces empieza su conflicto con la especie humana.

El Libro rojo de los mamíferos del Ecuador, editado en el 2001, inicia con la división de las especies por: extintas, amenazadas, casi amenazadas y con datos insuficientes. El oso andino está amenazado, y los nuevos datos que recogen investigaciones particulares reafirman su condición.

El oso de anteojos es un animal solitario, pero en época de apareamiento marca los árboles.
Entre los principales peligros para la conservación de la especie que se mencionan está la expansión agrícola y ganadera en los páramos y bosques andinos, dicho crecimiento provoca la fragmentación del bosque natural y en consecuencia el aislamiento de los individuos.

La cadena de peligro continúa cuando el enmascarado del bosque tiene que caminar más hectáreas para encontrar alimento. Busca frutas, pero ya las recolectaron; busca palmito, pero las plantaciones han sido reemplazadas por maíz. Desarrolla gusto por el maíz y los dueños de los sembríos le disparan. Encuentra ganado y no desaprovecha la oportunidad, pero también es agredido.

La cacería es otro factor que ha colocado al oso de anteojos en la categoría “peligro”. Las creencias locales mencionan que diferentes partes de la especie son curativas, especialmente su grasa, y por eso son cazados con fines comerciales.

Quien también los caza, pero con propósitos investigativos, es Armando Castellanos, biólogo especializado en osos andinos y representante en Ecuador de la organización no gubernamental Andean Bear, dedicada a la protección de la especie. Él explica que en los más de 15 años que lleva estudiando a este tipo de osos, ha registrado que las crías abren los ojos alrededor de los 42 días de nacidos, en tres meses son capaces de seguir a su madre, y en momentos de peligro o de cansancio extremo del cachorro, este se sube a la espalda de su madre y continúan la caminata.

Los informes de esta organización estiman que alrededor del mes 14 los pequeños ya se quedan solos para encontrar su territorio en el bosque.

Pueden levantarse sobre sus patas traseras. Es la postura de defensa frente a otros machos.
El biólogo explica que observarlos de cerca o el tiempo suficiente para aprender sobre su comportamiento es difícil, porque son animales tímidos que al primer contacto con el ser humano corren y se sujetan a la rama del árbol más cercano y con sorprendente agilidad ascienden hasta sus ramas.

Las ramas que soportan el peso del único oso que se encuentra en Sudamérica son, mayoritariamente, de árboles cedrillos, que pueden llegar a medir 40 metros de altura y 1 de diámetro, y crecen a lo largo de la cordillera de los Andes.

Desde Venezuela, pasando por Colombia, Ecuador, Perú y hasta el norte de Argentina, este peludo recorre los bosques secos espinosos, montanos, páramos y los bosques húmedos, siendo estos últimos los más recomendables para su especie, excelente en natación.

En Ecuador está a ambos lados de la cordillera, desde bosques subtropicales hasta templados y altoandinos.

Sebastián Molina, biólogo, está desarrollando la investigación denominada Evaluación ecológica de un potencial corredor biológico usado por el oso de anteojos en el noroccidente de Pichincha, como trabajo de titulación de su maestría en la Universidad San Francisco de Quito; para esto ubicó desde hace nueve meses cuarenta cámaras en diferentes puntos de las 10.000 hectáreas que comprende su área de estudio. Registró 21 osos diferentes, identificados por las manchas únicas que se presentan en el rostro de cada individuo. Él destaca la timidez de la especie, que ante la mínima posibilidad de peligro huye.

El enmascarado escapa, pese a que las leyes lo protegen. En Ecuador se prohíbe la cacería del oso de anteojos desde 1970, ley ratificada en enero del 2000, y en marzo pasado el Ministerio de Ambiente publicó, aunque aún no se distribuye, la Estrategia Nacional para la Conservación del Oso Andino, donde se destaca a la especie como mamífero emblemático del ecosistema andino, pero solo cerca de la quinta parte de su hábitat es área protegida.

El número actual de osos andinos no se registra en las investigaciones. Los últimos datos estimados se dieron en el 2001: menos de 2.500 individuos.

En el documento se cita a la IUCN, siglas en inglés de Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, institución que apoya académicamente investigaciones científicas ambientales en más de 160 países. Esta informa que el oso andino podría extinguirse en los próximos treinta años, si la pérdida de su hábitat y la cacería continúan como hasta el momento de su presentación, el 2008.

Mientras la Estrategia Nacional para la Conservación del Oso Andino se da a conocer, la población de osos de anteojos reduce su trabajo en la cadena ecológica del bosque. Un trabajo milenario, según la investigación del Ministerio de Ambiente, pues describen que de las ocho especies de osos que hay en el mundo, el andino y el panda son los más antiguos.

El de anteojos es conocido por romper la corteza de los árboles, incluso hasta hacerlos caer, y eso significa el paso de la luz hacia nuevos arbustos que sin esta acción no crecerían. Al comer frutas, los osos se convierten en dispersadores de semillas y precursores de la regeneración de la fauna.

El enmascarado del Ecuador continúa su paso por los Andes, mientras organizaciones particulares buscan formas de preservarlo. Una de ellas es la campaña Adoptemos un oso, iniciada por el Colegio Menor San Francisco de Quito, que tiene como objetivo financiar proyectos de investigación y educación sobre el único oso que habita en América del Sur. El enmascarado del bosque.

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