jueves, 18 de marzo de 2010

Al cóndor le quedan cinco años de vuelo

Cóndor macho en estado silvestre. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
Redacción Sociedad

Un censo de fotoidentificación detectó solo 20 individuos; otro seguimiento registró a siete más. Aquello revela el estado crítico de esta especie en el país.

Ya no encuentra suficiente alimento con facilidad y el páramo, su hábitat natural, se reduce. Eso hace que el cóndor andino en Ecuador se reproduzca cada vez en menor cantidad y su existencia esté en grave peligro.

Apenas 20 individuos, cuatro de ellos juveniles, fueron detectados durante ocho meses -a partir de enero de 2008- de un censo de fotoidentificación en las áreas de reserva del centro y norte de la Sierra ecuatoriana.

Otro censo reciente -registro simultáneo, efectuado del 3 al 7 de febrero de este año en los mismos sitios- llegó a registrar 27 ejemplares, de ellos cuatro o cinco serían juveniles.

“Así, en unos cinco años desaparecerá”, sentencia Paúl Tufiño, miembro de la Sociedad para la Investigación y Monitoreo de la Biodiversidad Ecuatoriana (Simbioe). Esta corporación estudia a las aves de rapiña.

Cóndor hembra. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
El zoólogo Friedemann Koester considera que no todos los cóndores en estado silvestre estarían registrados. Pero “así el número se duplique, igual la situación es muy crítica”.

Además apenas hay 18 ejemplares en cautiverio: tres en el zoológico de Guayllabamba e igual número en el de Baños, ocho en el comedero de Zuleta y cuatro en el Parque Cóndor.

Según los expertos, para que estas aves tengan una población en estado viable, la proporción debe ser de un juvenil por cada adulto. Pero con su situación actual -asegura Tufiño- es como una población humana adulta sin bebés que garanticen la continuidad de las generaciones.

Un censo hecho en 2002 por Aves&Conservación ya anticipó la reducción de cóndores en los Andes ecuatorianos. En ese entonces se calculó la presencia de apenas 60 ó 70 individuos.

Cóndor macho en estado silvestre. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
Esa alerta hizo que el año pasado Simbioe inicie un monitoreo. Los biólogos Patricio Meza y Andrea Calispa recorrieron durante ocho meses las reservas naturales desde el Parque Nacional Llanganates, en el centro del país, hasta El Ángel, en Carchi. Alrededor de 1 000 fotografías de cóndores, páramos y más parajes andinos son la principal evidencia de esa travesía.

Con el apoyo de guardaparques y campesinos de cada zona, armaron refugios en los páramos para realizar monitoreos por 15 días seguidos cada mes. Usaron cámaras, teleobjetivos y brújulas satelitales para el rastreo.

A eso se sumó el censo simultáneo emprendido junto con el Ministerio del Ambiente (MAE). En febrero pasado, 108 personas se adentraron en los páramos tras las huellas del ave voladora más grande del planeta. Participaron biólogos, guardaparques y estudiantes de biología y ecoturismo de las universidades Central, de Cuenca, Cristiana Latinoamericana, PUCE y Politécnica Salesiana.

Para esta misión se establecieron 30 estaciones de campo y cada detalle observado fue anotado en un registro especial. El objetivo fue recopilar la mayor cantidad de datos para que sean la base en la preparación de programas de conservación.

Cóndor macho en estado silvestre. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
Al mismo tiempo Simbioe, Parque Cóndor, Hacienda Zuleta, Zoológico de Guayllabamba y Koester iniciaron una cruzada. Su primer pedido es que el MAE declare al cóndor como prioridad nacional para la conservación. En respuesta, esa Cartera de Estado prevé lanzar una estrategia de conservación que venía preparando desde 2003.

Tufiño cree que una acción inmediata es iniciar un programa para la crianza en cautiverio y posterior reintroducción. “Debiera ser para al menos 10 años y se requerirá al menos de USD 100 000 anuales. EE.UU., por ejemplo, ha invertido más de USD 20 millones desde 1987 en su afán de conservar al cóndor californiano en estado silvestre”.

Se incluirá una campaña de concienciación para evitar la cacería. Esto, la escasez de alimentos y la reducción del hábitat son las causas para el exterminio del cóndor en estado silvestre.

Cóndor macho en estado silvestre. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
Testimonio. Andrea Calispa / Bióloga

‘No verlos causa frustración’

Cuando uno va al campo en busca de cóndores debe ser muy paciente. Aunque también hay veces que se corre con suerte.

La primera vez que yo vi a estas aves fue después de caminar apenas cinco horas en los páramos en El Morro, Cotopaxi. Vimos a tres ejemplares que comían juntos y un cuarto, un juvenil, se acercó a alimentarse. Son imponentes por su tamaño.

Resulta hermoso verlos, pero también es frustrante cuando no se vuelve a mirarlos por varios días. Uno se da cuenta que algo ocurre con esta especie y empieza a hacer hipótesis: no hay suficiente alimento y el hábitat tampoco es el adecuado para su existencia. Se siente impotencia frente a su situación.

Investigar la realidad de estas aves demandó mucho sacrificio físico. Subir al páramo no es cosa fácil, ya que es un hábitat superespecial, al que se debe respetar. Si no se está con alguien que conozca la zona, se puede perder entre tantas montañas parecidas. Además, hay que estar siempre con buen estado de ánimo para resistir las largas caminatas y estar mojado casi todo el tiempo.

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