lunes, 23 de noviembre de 2009

Un nuevo hábitat de aves acuáticas se crea en el islote El Palmar

No son cientos, son millares de aves acuáticas. Garzas, Cigüeñuelas, gaviotas, fragatas, cientos de pequeños pájaros residentes y migratorios, pero sobre todo patos silbadores. La superficie grisácea, cobriza o achocolatada de unas 60 hectáreas del islote El Palmar está repleta de ellos. 

La isla pequeña, ubicada en la desembocadura del río Daule, donde se une con el Babahoyo y forma el Guayas, lejos y cerca al mismo tiempo de centros poblados, en medio del bullicio de miles de vehículos que circulan por los puentes entre Guayaquil y La Puntilla y del ruido de aviones que decolan o aterrizan en el aeropuerto José Joaquín de Olmedo resulta ideal para el descanso, conseguir alimentos y para la anidación.

Saber qué especies hay, qué atrae a estas aves a escoger este sitio como hábitat y cuáles son las características de ese montón de arena y sedimentos acumulados a lo largo de decenas de años movilizó a un equipo de estudiantes y técnicos de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo a realizar un primer estudio de acercamiento. 

Pequeñas canoas llegan al islote cubierto en gran parte de vegetación, sobre todo de totorales. El suelo, aunque se ve seco, es inseguro, pantanoso e inestable donde abundan grandes y pequeños charcos de los que brotan burbujas con agua lodosa. Una pisada en el lugar equivocado puede sumergir a una persona hasta la cintura.

Hacia el centro del islote el terreno se vuelve más pantanoso. Con la llegada del grupo de investigación, liderado por la bióloga Nancy Hilgert, directora de la Escuela de Ciencias Ambientales de la UEES, cientos de patos se alborotan, salen asustados entre la vegetación y cubren el cielo de una masa oscura en medio de un ensordecedor derroche de silbidos. Son patos migratorios o residentes como el pato silbador ventrinegro (Dendrocygna autumnalis), pato silbador canelo (Dendrocygna bicolor), dice Hilgert.  

Más distantes, otros se secan, descansan y acicalan. Alimentándose entre los patos también hay cigüeñuelas de cuello negro (Himantopus mexicanus).

El sitio lo comparten con varias especies de chorlitos y playeros, aves migratorias del norte de tonos grises, castaños, y cafés que se mimetizan en la arena. Cerca se asolean gaviotas reidores (Larus atricilla), así como especies de la fragata magnífica (Fregata magnifiscens).

Al parecer el apacible lugar con extensos playones de arena y el suelo con esa mezcla de lodo, limo y arcilla natural que se va formando con la sedimentación rica en nutrientes y en varias  especies de invertebrados  que sirven de alimento para las aves, se convierte en un hábitat para ellos, refiere la bióloga.

En una próxima visita, la escuela de Ciencias Ambientales de la UEES prevé el estudio de plantas y la investigación de posibles sitios de anidación.

En el lugar se extrajeron muestras de suelos para la investigación de la composición de los sedimentos que arrastran los ríos Daule y Babahoyo que al llegar a la isla se mezclan para formar un nuevo suelo.

Aunque en la Dirección de Medio Ambiente del Municipio no existen estudios al respecto, esa oficina planea una visita al lugar. El interés también se manifiesta desde el Ministerio del Ambiente que ha ofrecido analizar el tema para planes de conservación. “El objetivo es que se declare zona protegida”, agrega la bióloga.

Pero la lucha por la conservación de ese nuevo hábitat se enfrenta a un problema tan viejo como el mismo islote: el elevado nivel de sedimentación que afecta la navegación del río Guayas y amenaza con inundaciones en el futuro, lo que ha motivado la preocupación de autoridades entre quienes se analizan estudios de dragado.

En la cuenca del Guayas se produce un promedio de 3 milímetros de sedimentación interanual, unos 102 millones de metros cúbicos, que se distribuyen en toda esta área, según el Departamento de Estudios y Supervisión de Cedegé.

Con el trabajo no se busca desaparecer al islote, sino ejecutarlo técnicamente para conservarlo, dice Israel Bastidas, funcionario de Cedegé. Posición que los biólogos respaldan y piden que  se cumpla.

Más datos: Registro
Aves observadas
Chorlito semipalmado (Charadrius semipalmatus), Chorlito Níveo (Charadrius alexandrinus), Chorlo silbador (Charadrius melodus ), Chorlo Tildío (Charadrius vociferus ), Playero Arenero (Calidris  alba), playero rojo (Calidris canutus ), playero occidental (Calidris mauri), Playero pectoral (Calidris melanotos) especies migratorias boreales que vienen de Norteamérica, así como el Cola de Bote mayor (Quiscalus mexicanus) fueron parte de las aves registradas.

Flora
Totora o junco (Schoenoplectus californicus). Plantas flotantes como: lechuga de río (Pistia stratiotes) nativa y jacinto de agua (Eichornia crassipes).

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