lunes, 30 de noviembre de 2009

Fausto y el solitario George

Desde Las Encantadas
Paula Tagle
Los esfuerzos de un grupo de personas han hecho posible que una solitaria tortuga pueda dejar descendientes en las islas Galápagos.

El mundo entero habla del solitario George. Amigos y conocidos envían correos electrónicos para compartir las buenas nuevas. Mi padre fue el primero en comunicarme la noticia: “Hija, a ti que te alegran estas cosas, George va a ser papá”.

Y para ser franca, inicialmente tomé el anuncio con bastante escepticismo. Es cierto que la hembra ha puesto huevos, que por los últimos 15 años esta señorita no ha tenido otro contacto que con George, pero precisamos esperar al menos 120 días para saber si los huevos han sido fecundados. Además, George nunca fue mi personaje favorito.

Puede deberse a que he tenido que escuchar chistes de todo tipo, chovinistas, homofóbicos, incluso racistas. Cuando se trata de una simple y triste historia: las tortugas de Pinta desaparecieron, los balleneros de los 1800 se llevaron miles, los chivos competían con las pocas que quedaban, y al final, un buen día, fue George solamente, el último sobreviviente de su subespecie*.

Cada vez que topaba el tema George temía los comentarios escabrosos o que hirieran sensibilidades de la gente en mi grupo. Además, en mi lista muy personal de prioridades, una tortuga de Pinta no tiene más importancia que los cientos de tiburones que se asesinan ilegalmente en la Reserva Marina o el petrel de Galápagos en riesgo por las ratas introducidas. Pero no niego que George es un símbolo de lo que no debería pasar a ninguna especie, que es un medio para recordarnos de lo que somos capaces. Gracias a él, el planeta conoce los problemas que enfrentan las tortugas gigantes de Galápagos, y también, los magníficos programas para rescatarlas y restaurar su hábitat.

Fausto
Porque en el Centro de Reproducción y Crianza Fausto Llerena, del Parque Nacional Galápagos, hay un total de 75 tortugas adultas, (incluyendo a George y a las dos hembras que cohabitan con él), y 806 tortuguitas. El caso de Pinta es el más dramático. No obstante, en Española ocurrió algo similar; hasta 1972 quedaban solamente doce hembras y dos machos. Un tercer macho de la misma subespecie vivía ya por muchos años en el Zoológico de San Diego. ‘El gringo Diego’ fue gentilmente enviado de vuelta, y de estas quince tortugas adultas han nacido cerca de mil quinientas repatriadas a su lugar de origen. Este programa puede considerarse un éxito rotundo porque en 1978 se erradicaron por completo los chivos de la isla.

Sea para el caso de Española,   Pinzón, o de San Salvador, también libre de chivos y con más de quinientos galapaguitos de vuelta, ha existido un hombre detrás de cada tortuga nacida y cuidada en el Centro de Crianza. Es Fausto Llerena, 35 años dedicado a los reptiles gigantes.

Fausto fue uno de los primeros en advertir un comportamiento distinto en George: “Ya no era el mismo, empezó a mostrar mayor aprecio por sus compañeras del corral”.

Cuando le pregunto si tiene alguna tortuga favorita, Fausto responde que no, que a todas las quiere y trata por igual.

Muy disciplinado en su trabajo de cada día, incluyendo los domingos, Fausto se encarga de la alimentación, limpieza, observación y mediciones de las tortugas en el centro. Presenta un informe mensual al Parque donde registra tasa de natalidad, mortandad, éxito de nacimientos, entre otras cosas.

Fausto comenta: “me gusta hacer lo que hago, porque todos los días se aprende algo. Siempre espero la época de anidación de tortugas para comprobar el éxito de nacimientos. Durante la incubación de julio a marzo hay que estar pendiente, especialmente de los incubadores, controlando la temperatura. Porque si los huevos están a menos de 28ºC eclosionan machos y a más de 29,5ºC hembras”.

Justamente los 3 huevos de la pareja de George se desarrollan con este procedimiento. Dos están siendo incubados para que produzcan hembras, y el tercero para que sea un macho. Esa es la norma en el centro de crianza, dos hembras a uno, porque gracias a ellas, las ponedoras, las poblaciones se incrementan a mayor velocidad; cabe anotar que en el caso de las tortugas gigantes, de larga vida y lenta reproducción, el concepto velocidad tiene otro ritmo.

Fausto es un hombre parco, de semblante serio aunque de dulce sonrisa. Es difícil sacarle un comentario, pero cuando se expresa, lo hace en forma concisa, utilizando vocabulario técnico y directo.

Fausto es originario de la provincia de Tungurahua, llegó con sus padres a las islas Galápagos en 1954. “Yo he sido criado y envejecido aquí en Santa Cruz”. Tal como las aproximadamente cinco mil tortuguitas, criadas en el centro que hoy lleva su nombre.

Cuando le pregunto qué sintió ante la iniciativa de que el centro se llamara Fausto Llerena, él responde “hacen estas cosas con las personas que ya no existen. Al principio pensé que era una broma”.


Números por nombres
A Fausto lo conozco desde 1992, es decir, un año antes de que las señoritas tortugas del volcán Wolf fueran “invitadas” al corral de George. Ellas tienen número, no nombre propio, y al principio se mantenían distantes y temerosas del Solitario. Fausto debía formar dos montículos de hoja elefante, o taro (el alimento de las tortugas en el Centro de Crianza), porque George se negaba a compartir su comida con las hembras. Las tortugas de Wolf no son de la misma subespecie de George. Se asumió que eran las más cercanas genéticamente hablando, debido a que el volcán Wolf es, geográficamente, lo más próximo a Pinta. Por estudios de ADN ahora sabemos que son las hembras de Española las que comparten en mayor porcentaje el material genético de George. 

Sin embargo, es ya muy tarde para probar con Española; una señorita de Wolf, la 107, se ha adelantado, y un 21 de julio del 2008 escarbó su nido para depositar nueve huevos, de los que quedan tres intactos. Si efectivamente eclosionan pequeños descendientes de George, estos no serán 100% subespecie de Pinta; habría que esperar muchísimas generaciones, de cruces y selecciones, para obtener un espécimen heredero del ADN de George. Varias generaciones en lenguaje de tortuga gigante significa, siglos. Sin embargo, este es ya un primer paso. Una historia alegre, y definitivamente, mucho más constructiva y simpática que las múltiples que he escuchado del ex Solitario.

Fausto comenta:

“El que la compañera de George pusiera huevos fue una sorpresa para mí, porque ya había pasado bastante tiempo. Es muy posible que los huevos estén fertilizados, porque todo parece normal, el peso, el tamaño. Si nacen los hijos de George, se completa lo que siempre se ha esperado: el 100% de lo que siempre quisimos”.

Entonces, a esperar, que habrá mucho por contar. Mientras tanto, celebremos con el Parque Nacional Galápagos, con la Estación Científica Charles Darwin, que proporciona asesoramiento al Parque, con Fausto y con Galápagos entero la posibilidad de que George se convierta finalmente en padre.

Al cierre de esta edición la hembra numero 106 (la otra compañera de George) hizo un nido perfecto donde se encontraron ocho huevos. Tres están siendo incubados para producir machos, y los otros cinco, hembras.

*Varios herpetólogos consideran que las diferencias entre poblaciones son suficientes como para considerarlas distintas a nivel de especies.

Pintura de: Graciela Legarda Brückmann, tomada del blog Colofón

Fuente: La Revista

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