sábado, 28 de noviembre de 2009

Especies únicas, otras evoluciones en Galápagos

Desde Las Encantadas
Paula Tagle
Érase una vez un cormorán macho y un cormorán hembra que llegaron a una isla lejana, de fuego y lava. Asustados y cansados de la larga travesía, 600 millas de mar inacabable, buscaron refugio en lo alto de un mangle rojo. 

No tenían idea de lo que les esperaba en estas nuevas tierras; corría un viento de cambio y novedad, mientras se acurrucaban uno junto al otro para pasar la noche sin luna, iluminada por flujos rojizos de lava provenientes de La Cumbre.

Así podría empezar la historia de los primeros cormoranes de Galápagos, de los ancestros del actual cormorán no volador, la única especie de cormorán en el mundo incapaz de volar.

No se trata de un ave particularmente llamativa. De plumaje café, patas palmípedas gigantes y alas ridículamente pequeñas, el único color que resalta es el turquesa verdoso de los ojos; un tono similar al del agua de las pozas de la isla Fernandina, rodeadas de mangles.

Sin embargo, no es por lindo que es famoso, es por único. ¿Cómo fue que llegamos a tener esta especie incapaz de volar, cuando las otras 29 del planeta vuelan? No ocurrió de un día para el otro. Fue un proceso largo, de millones de años de cambios, adaptaciones y selección natural. Los cormoranes son, por tanto, un ejemplo maravilloso de evolución.

Pudo haber sido tal como al principio de esta nota. Una pareja, o tal vez diez individuos o quince, en general, una población pequeña arribó por casualidad a una isla de Galápagos. Normalmente los cormoranes, conocidos como “pato cuervos” en la Costa, no cubren con facilidad largas distancias. Y entre el Ecuador continental y Galápagos existen nada más y nada menos que 600 millas. Tal vez gracias a una tormenta, o empujados por vientos fuertes, unos pocos, obviaron el obstáculo del espacio y arribaron a la isla. 

Pero una vez ahí debían encontrar alimento, refugio, un hábitat similar y, además, una pareja para reproducirse. Solo después de que un grupo logra  tener crías viables se puede hablar de que la población se ha establecido.

Un sitio ajeno implica retos; había que adaptarse a las distintas circunstancias. Tal vez el alimento se hallaba más profundo que en su remota zona de origen, por lo que debían esforzarse mayormente al bucear. Puede ser que un cormorán naciera más pesado que los otros, o con alas atrofiadas, características con las que estaría mejor adaptado a las nuevas circunstancias.

En todo caso, la naturaleza se encarga siempre de elegir, y si con las nuevas características los individuos están mejor adaptados, sobreviven, se reproducen y transmiten el cambio a las siguientes generaciones, hasta que, miles de años, o millones de años después, se convierten en una nueva especie distinta de sus ancestros.

El cómo haya ocurrido exactamente, lo desconocemos. No creo que exista un estudio que determine con certeza cuál fue el ancestro del cormorán áptero de Galápagos, pero en todo caso, así es como se origina una nueva especie: arribo, poblaciones pequeñas, tal vez una mutación que se dispersa más rápidamente en poblaciones pequeñas, luego selección natural, es decir, si con la nueva característica están mejor adaptados, sobreviven y se reproducen, de no estarlo, perecen.

El requisito principal para que esto ocurra es  aislamiento. Aislamiento es la clave para el cambio. Y Galápagos es un archipiélago bastante aislado del resto de continentes.

Entonces podemos seguir jugando con nuestra imaginación, y terminar con el cuento... El cormorán macho y el cormorán hembra  tuvieron polluelos. Uno nació con alas pequeñitas, patas demasiado grandes y bastante pesado. ¡No podía volar! Pero en la isla no había depredadores, así que el no volar nunca representó un problema.

Y siendo más pesado que los otros podía bucear más profundo, ayudado por sus grandes patas... Este cormorán áptero un día también tuvo polluelos, que nacieron tal como el padre, incapaces de volar, pero excelentes buceadores. Luego de muchos, muchos años, Fernandina e Isabela contaban con una población de criaturas únicas en el mundo: los cormoranes no voladores.

Fuente: La Revista

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