miércoles, 8 de diciembre de 2010

Turismo pone en peligro la diversidad entre Costa y Sierra

La laguna de Piñán es, además de la laguna de Cuicocha, uno de los principales atractivos de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas. Sus alrededores representan la vegetación propia de los páramos, suelos muy sensibles a las actividades humanas.
Áreas protegidas
Una laguna en la cima de un volcán, lagos de hasta 2,5 kilómetros de largo a 4.000 metros sobre el nivel del mar y aguas termales de origen volcánico son solo algunos de los atractivos de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas (RECC), en el norte del país, entre Esmeraldas e Imbabura. 

Las 243.638 hectáreas de la Reserva se encuentran en las eco-regiones terrestres Tumbes-Chocó-Magdalena y Andes Tropicales, 2 de las 34 regiones de mayor endemismo y más amenazadas del planeta, según el Plan de Manejo (2007), además de estar reconocida internacionalmente, desde el 2005, como uno de los 34 principales hotspots o área crítica para la biodiversidad por la Usaid (siglas en inglés de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional).
Dentro del área se encuentran dos puntos volcánicos: el Cotacachi (foto), a 4.939 msnm, el punto más alto de la reserva; y el cerro Yanahúrco, un volcán apagado de 4.538 metros.
Según el Plan de Manejo de esta Reserva, el 34% de la vegetación existente está intacto, mientras que el resto es una zona altamente fragmentada, pero aun así esta área, junto con la Reserva Étnica Forestal Awá, son dos de las últimas zonas protegidas relativamente intactas que representan los ecosistemas naturales de la región.

Una zona donde el rango altitudinal va de 30 a 4.939 metros sobre el nivel del mar, y entre estos desniveles la vegetación va desde el bosque húmedo piemontano, en las cuencas de los ríos San Miguel, Santiago, Bravo, entre otros, hasta el páramo pajonal, en la parte alta del volcán Cotacachi.
En la zona alta se observan verdes paisajes donde se encuentra el árbol de piñón (foto), también una atracción turística.
El accidentado terreno y los diferentes climas y suelos explican la biodiversidad de la zona, según científicos, con 2.017 especies de plantas vasculares, reportadas hasta el 2007, dentro de la Reserva y en su zona de amortiguamiento, es decir, el 13,8% de total reportado en el Catálogo de plantas vasculares del Ecuador. Y en el Libro rojo de las plantas endémicas del Ecuador se incluyen 78 especies de flora endémica, aunque se estima la presencia de 320 más.

También se reportan 139 especies de mamíferos, entre ellos el tigrillo, jaguar, puma y el mono araña. Y se estima la presencia de casi 700 especies de aves, entre ellas, la más rapaz y fuerte del mundo, el águila arpía, cuya especie está siendo estudiada en la zona de influencia de la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno.
El mirlo es un ave común en los alrededores de la laguna de Cuicocha.
Las cifras que destaca el Plan de Manejo han sido obtenidas de las escasas investigaciones generales realizadas, pues la mayoría de ellas se concentra en los alrededores de la laguna de Cuicocha, uno de sus principales atractivos, donde la huella del turismo descontrolado ya se está haciendo presente en el deterioro de la cobertura vegetal. Según los registros del puesto de control de ingreso a la parte alta del sitio, entre 7.500 y 8.000 personas la visita mensualmente.

Plutarco Méndez, uno de los guardaparques del lugar, reconoce que pese a que las caminatas son por senderos autoguiados y señalizados, las personas no respetan los caminos y se apartan de ellos, destruyendo la flora del entorno.
Según el Plan de Manejo, en el área se reportan 111 especies de reptiles.
“En 10 kilómetros que tiene el sendero no se puede controlar a todos los caminantes y las dos personas que permanecen en el control no se abastecen para cumplir con la vigilancia”, comenta el también encargado de guiar a los visitantes en el Centro de Interpretación que se construyó hace más de diez años.

A la laguna de Cuicocha, ubicada en el cráter de un volcán apagado a 3.068 metros sobre el nivel del mar, en la zona alta de la provincia de Imbabura, se llega por una vía asfaltada de 12 kilómetros, partiendo desde la ciudad de Cotacachi y tras caminar un sendero autoguiado de 10 kilómetros, donde ciertos caminantes irrespetan la señalética transitando por la vegetación circundante. 
La abundancia de flora promueve la presencia de abejas y grandes panales.
Una vez que el visitante cancela el precio de la entrada ($ 2), no tiene ningún control. Ante esto, Segundo Fuentes, director provincial de Medio Ambiente en Imbabura, refiere que los once guardaparques de la zona no se abastecen para controlar la cantidad de turistas.

Para el control de la zona de Imbabura –el 20% del área–, Fuentes informa que se reciben de $25 a $ 30 mil del Ministerio del Ambiente (MAE), y aproximadamente $ 170 mil de autogestión con diferentes ONG. Sin embargo, dice también que esto alcanza para la parte operativa, es decir, capacitación al personal y campañas de promoción turística.

Mientras, Fernando Morcillo, responsable de la Reserva, en Esmeraldas, provincia donde se asienta el 80% del área, informa que recibe $ 10.300 de parte del MAE y $ 19.000 por el Fondo Ambiental Nacional del MAE. Sin contar los $ 325 mil que dona un proyecto estadounidense para las reservas Cotacachi-Cayapas y para Cayapas-Mataje, porque dicho presupuesto es manejado por la Escuela de Biología Aplicada de la Universidad San Francisco de Quito, y, dice, no conoce los detalles. 

“El presupuesto es irrisorio para la gran cantidad de necesidades que tenemos”, comenta este biólogo que lleva dos años en el cargo. 
En la zona baja de las reserva no hay habitantes, pero las presiones por invadir el área protegida son intensas, añade el funcionario, quien explica que a los traficantes de tierras no les importa caminar largas distancias para posicionarse de los terrenos y por ello considera prioritario delimitar el sector.

Por ahora, Morcillo dice que los esfuerzos están concentrados en capacitar al personal de los comités de ayuda, conformados por los habitantes de la zona de amortiguamiento, para que colaboren con el control y vigilancia de la zona.

Aunque en el Plan de Manejo de la Reserva se informa que la tala de madera y la industria minera son las principales amenazas, Morcillo asegura que estos factores están presentes en la zona de influencia, pero no dentro del área protegida. 

Los ocho guardaparques que trabajan en esta zona tienen asignados 37 kilómetros lineales cada uno, distancia que no alcanzan a vigilar y controlar con eficiencia.

“El presupuesto se va en combustible y fortalecimiento al Comité de Gestión, que incluye el pago de personal de apoyo a las labores de guardaparques”, explica el funcionario. 

Pero pese a las perspectivas de deterioro ecológico, los proyectos futuros se basan en el turismo: en el primer trimestre del 2011 está prevista la construcción del Proyecto Cuichi Concha (Arco Iris de la laguna), cuyo eje principal será una ruta sagrada en la cual participarán las comunidades indígenas de la zona de Imbabura, y en el transcurso del año la construcción de un camino ancestral en el contorno de la laguna de Cuicocha.

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