lunes, 18 de abril de 2011

Padrinos de tortugas

Don Michui junto a su horno de lava donde prepara delicias que hacen agua la boca.

Desde Las Encantadas 
Paula Tagle 
nalutagle@eluniverso.com

Campo Duro

“Apenas llego me transformo en niña y pienso en las mil posibilidades que el sitio ofrece para volar con la imaginación a escondrijos encantados, y también para la interpretación de la naturaleza...”.


Diez años atrás el Parque Nacional inauguró el programa piloto Padrinos de las Tortugas en la isla Isabela. Hacendados de la parte alta podían encargarse de la crianza de pequeños galápagos hasta que fueran repatriados a sus sitios respectivos. Uno de los objetivos de esta iniciativa era probar a los habitantes de la isla el valor de las tortugas vivas, como atractivo turístico.

El único que se adhirió a la idea fue Wilfrido Michui, quien con entusiasmo recibió 44 tortugas de tres subespecies diferentes, creando alrededor de ellas un fabuloso complejo que cuenta con varias opciones de visita y que me ha impresionado sobremanera.

De las 44, quedan 12, justamente las que pertenecen al sector de Cazuela, donde se teme por su seguridad a manos de cazadores esporádicos que todavía se reportan en la isla; las demás tortugas ya fueron repatriadas a sus lugares respectivos. Las adolecentes de Cazuela vivirán entonces en Campo Duro por tiempo indefinido. Ahora cuentan con la compañía de un macho que llegó desde Cerro Azul en 1998, cuando varias tortugas fueron evacuadas en helicóptero durante la erupción del volcán.

Campo Duro es un lugar que invita a explorar. No se trata solamente de las tortugas galápagos, hay un ceibo gigante donde habitan un par de lechuzas de campanario que por años han elegido una cavidad en su tronco como hogar. Son varias hectáreas que albergan sorpresas en cada rincón, y todo construido con un gusto exquisito, combinando vegetación nativa, con la lava maravillosa y joven de Isabela, campos de césped perfecto, plantas frutales y vegetales para consumo humano.

Apenas llego me transformo en niña y pienso en las mil posibilidades que el sitio ofrece para volar con la imaginación a escondrijos encantados, y también para la interpretación de la naturaleza y algo muy importante, de la vida humana en una isla de Galápagos.

El huerto orgánico está hecho con senderos muy asequibles; las plantas están bien cuidadas, y de allí mismo don Michui obtiene los ingredientes para los manjares de su cocina. Los pasajeros pueden ver cómo crecen café, piña, plátanos, especies que no viven naturalmente en otras latitudes y los sorprenden por sus formas “exóticas” y su abundancia. Hay un criadero de gallinas, con la casa principal de la que pende un letrero que dice “peligro”, porque la habita un gallo grande y pretencioso.

Rodeadas por jardines, con entraditas casi imperceptibles se encuentran varias duchas a la intemperie, cavadas en la lava unas, rodeadas de helechos otras. El agua cae de la roca, como cascada, o de troncos de madera, y es calentada por paneles solares.

La comida se prepara en un horno de lava y con madera de guayabo. Así don Michui cocina pollo, pescado, carne, y algo que me hace agua la boca, dulce de tres leches.

Este lugar no apareció de la noche a la mañana. Don Michui, originario de Guaranda, llegó a las islas hace 18 años, para laborar en barcos de turismo. Su actividad siempre estuvo relacionada con dar servicio, porque ya trabajaba en turismo en el continente. Esa experiencia de años, junto con un buen gusto en el diseño, su mente creadora y además, el empeño de colaborar con la restauración de las poblaciones de tortugas galápagos, han hecho de Campo Duro un sitio mágico en las islas, que hay que visitar.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

sábado, 9 de abril de 2011

Austro profundo


La laguna de Culebrillas, llamada así por la forma de su afluente, es considerada sagrada para los cañaris.

La Red de Turismo Comunitario Pakariñán, con sede en Cuenca y miembro de la Federación Plurinacional de Turismo Comunitario del Ecuador (Feptce), brinda interesantes recorridos pedestres o a caballo hacia destinos profundos junto con los descendientes de la etnia cañari.

Campamento en Paredones
Este recorrido, que se desarrolla en alturas que van de 2.500 a 4.200 metros sobre el nivel del mar (msnm), sale de Cuenca en vehículo hacia el centro de turismo comunitario del poblado de Zhud (provincia de Cañar). Allí se inicia la ruta a pie o a caballo siguiendo los chaquiñanes cañaris (antiguos caminos pedestres) a través de paisajes únicos, como el bosque primario de quinua en Dikin, con rumbo hacia la laguna sagrada de Culebrillas, considerada un antiguo adoratorio de los cañaris, pero antes de llegar compartirán las tradiciones indígenas mientras disfrutan de una deliciosa pampamesa, una especie de bufé rústico con productos de la zona.

Los excursionistas seguirán hacia el tambo de la fortaleza militar denominada Paredones, donde levantarán las tiendas de campaña y celebrarán una cena comunitaria acompañada de relatos y leyendas.

El segundo día, la caminata por el Qhapaq Ñan (camino andino principal, en quichua) los llevará al poblado azuayo de Chacapamba, para disfrutar de un almuerzo antes de un paseo por los atractivos del lugar. La cena será a las 18:00 y luego un ritual para agradecerle a la Luna por la producción del maíz.
El antiguo tambo Paredones acogerá el campamento en la ruta por los antiguos caminos cañaris.
En la jornada final, el grupo camina hacia los cerros de Ñawpan y Yanaurku, miradores naturales de la laguna de Culebrillas, para disfrutar de los paisajes de los Andes en una ruta que los llevará a la cantera incaica de Labrashcarumi (lugar para labrar la tierra, en quichua), donde yacen centenares de grandes bloques de piedra, muchos de los cuales lucen en proceso de labra.

Después del almuerzo comunitario y un recorrido por la zona, los excursionistas retornarán en carro al centro de turismo comunitario Zhud y luego a Cuenca.

Recomendaciones: llevar ropa abrigada y liviana, guantes de lana, calzado adecuado para caminatas y botas de caucho, sleeping bag, refrigerio, bebidas hidratantes, cámara fotográfica, binoculares, gorras para el sol y gorros de lana, protector solar y poncho de aguas.

Tarifa individual desde $ 223 (más de diez personas). Incluye alimentación, transporte desde Cuenca, guía comunitario, recorridos, carpas con capacidad para tres personas. No incluye alquiler de caballo (solicitarlo con anticipación).

Parroquias tradicionales
Este segundo tour sale desde Cuenca hacia el Centro Ambiental Aguarongo, en la comunidad de El Carmen, que pertenece a la parroquia Jadán, cantón Gualaceo, provincia del Azuay. La ruta de una hora pasa por las parroquias de El Valle y Zhidmad, para observar paisajes de la serranía y el estilo de vida tradicional de las parroquias. 

Hay un refrigerio antes de iniciar, desde Aguarongo, una caminata de una hora y quince minutos a través del bosque húmedo montano, a 3.160 msnm, tras lo cual se disfruta de un almuerzo tradicional. En la tarde se dirigen hacia la ciudad de Gualaceo, pasando por la comunidad de Caguazhum, para luego disfrutar de un recorrido por los alrededores del río Santa Bárbara y una visita a los tejedores de Ikat, en la comunidad de Bulzhum, donde los turistas podrán aprender sobre esta compleja técnica de tejido con hilos teñidos de colores, con la que se elaboran los paños y chales que caracterizan la vestimenta de la chola cuencana. Luego una caminata nocturna por el bosque y hospedaje en el Centro Aguarongo.
Al día siguiente se cumple desde las 06:00 una caminata de dos horas para observación de aves, luego el desayuno y otra caminata de tres horas y media (refrigerio incluido) para observar las fuentes hídricas en el bosque. El regreso a Cuenca es a las 15:00, después del almuerzo en el Centro Aguarongo, en un paseo que incluye visitas al santuario mirador de Uzho y la parroquia de Jadán (cantón Gualaceo, Azuay).

Precios por persona: $ 90 (grupo mínimo de ocho visitantes). Incluye: hospedaje en el Centro Aguarongo, guía nativo, refrigerios (tres), desayuno (uno), almuerzos (dos) y cena (uno). Los paseos de un solo día, sin pernoctación, cuestan $ 60.

Pakariñán también brinda programas de un día hacia la comunidad de Chobshi para conocer la milenaria cultura del Azuay, con visitas a Gualaceo y Chordeleg. 

Precios desde $ 34 (más de diez personas). Otra ruta los lleva al Centro Turístico Kushiwaira, en el cantón azuayo de Tarqui, para conocer senderos naturales y tradiciones cañaris. Precio: $ 51.

Contacto: Red de Turismo Comunitario Pakariñán: calle Sucre 14-96 y Coronel Tálbot (diagonal al Museo de Arte Moderno), Cuenca. (07) 282-0529, 09-578-0027, redpakariaustro@yahoo.com ,gerencia.operaciones@turismocomunitario.ec , www.redpakarinan.com.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

viernes, 1 de abril de 2011

Maravillas que ver


Los gavilanes de Galápagos son en su mayoría de las islas, poliándricos, es decir, la hembra se aparea con varios machos.

Desde Las Encantadas 
Paula Tagle 
nalutagle@eluniverso.com

Fauna juvenil

“Creo que volvemos a ser niños cuando nos topamos con una criatura ‘inmadura’, es decir, que no ha alcanzado la madurez sexual, y que en muchos casos depende todavía de sus progenitores, o de uno de ellos”.

¿Por qué será que siempre nos cautivan los bebés, no importa del animal que se trate? Tal vez nos reconocemos en esos primeros pasos, aleteos o chapuzones, dependiendo de la especie. Sea un lobito marino, o una pequeña tortuga gigante, nos quedamos hipnotizados observando cada movimiento, a veces torpe, a ratos gracioso; sin embargo, sabemos que es inaugural, un primer andar en una vida que empieza.

Creo que volvemos a ser niños cuando nos topamos con una criatura “inmadura”, es decir, que no ha alcanzado la madurez sexual, y que en muchos casos depende todavía de sus progenitores, o de uno de ellos. Reconocemos la ingenuidad al explorar el mundo por primera vez, esa curiosidad por probar hasta dónde llegan las propias fuerzas y destrezas, y de conocer, palpar, descubrir lo que existe alrededor.

Me he quedado extasiada contemplando a cuatro gavilanes juveniles sobrevolando Bahía Gardner, en la isla Española. Primero daban vueltas en círculo, como queriendo rivalizar en majestuosidad, cuando eran ya notables con sus alas de 120 centímetros de envergadura. Pero al momento de la caza, se notaba todavía su inexperiencia. Por eso estaban allí, en viaje de entrenamiento, acompañados de un par de adultos machos, seguramente padres de al menos dos de ellos.

Porque los gavilanes de Galápagos son en la mayoría de las islas, poliándricos, es decir, la hembra se aparea con varios machos, que en la isla Pinta puede llegar a ser incluso con siete. Ella pone hasta tres huevos, por tanto, no todos los machos serán necesariamente progenitores de estos pequeños. Pero como no hay forma de saberlo, igual colaboran en la alimentación y crianza de los polluelos, entonces el éxito de supervivencia será casi del 100%.

Así estos adultos posiblemente estaban pendientes de su entrenamiento como cazadores; sirviendo de ejemplo hasta que se conviertan en buenos representantes de un ave de presa que está al tope de la cadena alimenticia de Galápagos.

Un juvenil se clava entre los arbustos salados, va detrás de un cucuve, pero la pequeña avecilla sale airosa, escabulléndose entre las ramas y armando un barullo que se incrementa con el ruido de sus compañeros de playa. Otro gavilán se posa sobre la lava, escudriña entre las fisuras, parece estar tras una iguana pequeña, que ni loca se atrevería a salir de su escondite, no con aquel jovencito afuera. Sobre un arbusto se posa el juvenil más bello de todos. Este no hace intentos de mostrar ninguna pericia. Con tan solo su presencia, estática y escultural, ave de garras fuertes, pico ganchudo y listo, todos los pinzones y canarios salen ya despavoridos.

Los adultos únicamente contemplan desde las alturas. Sobrevuelan el sitio, advierten, tal vez con orgullo, tal vez con aprobación o cierta decepción los intentos de sus jovencitos. Tal vez los observan con nostalgia, un poco como los miro yo. Nostalgia de la ingenuidad propia a los que recién empiezan, de ese sentirse invencible, conquistador de cualquier empresa, capaz de emprender en innumerables aventuras. Los gavilanes continúan su vuelo, y a mis pies, un lobito de meses empieza a coquetear con la gente. Otra vez me embeleso, ahora más bien con el andar patuleco de este pequeño. Tan vulnerable, y sin embargo, seguro que se siente inmune al peligro, por la gracia que otorga la inocencia.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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