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sábado, 25 de junio de 2011

Más que playas

El humedal  La Segua está ubicado en la parte alta del estuario, tal como se llama a la parte más ancha de la desembocadura de un río

Manabí

Esta provincia es famosa por sus balnearios, pero el turista puede encontrar allí mucho más: islas, zonas naturales y rutas internas que también lucen encantadoras. 
Estuario del río Chone: Isla Corazón y La Segua
Desde el muelle de Bahía de Caráquez parten las embarcaciones que llevan a las comunas de Portovelo y Puerto Portovelo, y, desde allí, en pequeñas canoas hacia el nido de amor de una inmensa colonia de fragatas y otras aves.

Las 60 hectáreas de la isla Corazón están cubiertas de tupidos manglares, muchos reforestados y en pleno estuario del río Chone, que invitan al visitante a bordear su perfil bajo la conducción de pescadores que, capacitados para brindar guianza, explican que la isla es hogar de más de 60 especies de aves nativas y migratorias, como ibis, garzas, cormoranes y martines pescadores.
Cangrejo en el manglar de la isla Corazón.
Iguanas, boas constrictores, murciélagos blancos, crustáceos, moluscos y curiosos insectos son también habitantes de esta isla que brinda una experiencia más intensa cuando la canoa toma alguno de los canales internos para penetrar en los fascinantes túneles de enredados manglares. 

La parte alta del estuario del río Chone acoge el humedal de agua dulce La Segua, conformado por un pantano central y una extensa llanura que se inunda en los meses de invierno.

A pie y navegando es posible aproximarse a esta zona ubicada en el cantón Chone y que es hogar de las comunidades de La Segua, San Antonio y La Sabana. Este exuberante ecosistema de 1.835 hectáreas es el hábitat de más de 160 especies de aves, y el escenario para la actividad ecoturística y la pesca artesanal del chame (pez nativo) y la tilapia (especie introducida). La zona, que desde abril anterior cuenta con una torre de observación de aves, un muelle parqueadero y un sendero para observar caimanes, es considerada humedal de importancia internacional, por incluirse en la lista de la Convención Ramsar. 

Los escenarios cafetaleros de Jipijapa son parte de la Ruta del Café.
Rutas por recorrer
La Ruta del Spondylus cubre la zona costera del Ecuador, en cuyo tramo manabita incluye algunas de las mejores playas del país. Pero Manabí también tiene sus propias rutas. El proyecto turístico Ruta del Café abarca seis cantones de la zona sur de Manabí (Santa Ana, Jipijapa, Paján, Olmedo, 24 de Mayo y Puerto López) para el rescate de las costumbres que forman parte del patrimonio cultural.

La Ruta del Cacao exhibe los atractivos agroturísticos de los cantones Junín, Bolívar, Chone y Flavio Alfaro, en la zona norte de la provincia, donde el visitante recorre las plantaciones para aprender sobre la producción de este importante cultivo del país. Mientras que la Ruta del Encanto rescata los escenarios rurales en la vía desde Portoviejo hacia el este (Pichincha), destacándose los balnearios de agua dulce El Romántico, La Mocorita, La Playita, Caña Brava, los centros turísticos comunitarios Bamboo y Ciudad Turismo, y la hacienda Las Delicias.

La Ruta de los Abuelos destaca las tradiciones orales montubias del cantón Santa Ana; así, el amorfino es uno de los acompañantes en este paseo que se inicia en bicicleta hacia el recinto Río Caña, bastión de la cultura local, y también contempla recorridos en fincas, cascadas y, finalmente, una navegación en canoa hacia el poblado Las Guaijas.
Las comunas  brindan paseos a caballo en el bosque manabita.
COMUNAS UNIDAS: Salango, Las Tunas, El Pital y Agua Blanca
El Proyecto de Fortalecimiento Ecoturístico en Comunidades de Puerto López (Proecotur) abarca las comunas de Salango, Las Tunas, El Pital y Agua Blanca, y tiene el apoyo del Centro de Promoción Rural (Guayaquil), Ayuda en Acción (Quito) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Madrid).


Salango se destaca por sus paseos náuticos en una moderna embarcación hacia los islotes de Salango y Los Ahorcados, mientras que La Tunas, además de sus tours costeros, brinda caminatas en el bosque de manglar o a la zona de los llamados Huecos encantados, que son unas cuevas donde, según una leyenda local, habita un misterioso guardián de las especies del bosque.

La cabalgata más popular de la comuna El Pital, a media hora de Puerto López, apunta al sendero Bola de Oro, a 800 metros sobre el nivel del mar (msnm), en un bosque protegido con bromelias, plantas medicinales y árboles frutales, además de fauna silvestre. La comuna de Agua Blanca, a 15 minutos de Puerto López, es la precursora del turismo comunitario en el país, hace 23 años. Su oferta abarca hospedaje en cabañas, campamentos, paseos en bosques a alturas que van desde los 400 hasta los 800 msnm, una laguna natural de azufre, y recorridos en un museo y cementerio con vestigios de la cultura Manteña.

Proecotur: Javier Pincay (09) 768-0446; Salango: Ligia González (09) 960-5205, www.salangotours.com; Las Tunas: Javier Holguín (09) 282-1149, (08) 474-7014, cenalastunas@ hotmail. com; El Pital: Carlos Manrique (09) 418-8343. Agua Blanca: Paúl Martínez (09) 300-7710. Paseos cuestan entre $ 20 y $ 35. Tour náutico: Desde $ 15. Alojamiento comunitario: Desde $ 10.

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

miércoles, 23 de diciembre de 2009

De Bahía El corazón

Sendero pedestre.
Habitantes de Portovelo y Puerto Portovelo, cerca de Bahía de Caráquez (provincia de Manabí), reciben turistas en la isla Corazón, un refugio de paz repleto de vida silvestre, paisajes y leyendas.
Navegando en el manglar.

Atentos al cangrejo. Es tan andarín escabulléndose en el laberinto de ramas apretadas del manglar, que los pobladores de la cercana comunidad de Portovelo tienen una creencia. Cuando un niño llega al año de edad y aún no camina, la madre puede decidir aplicarle en las articulaciones de las piernas el viscoso contenido del carapacho de este pequeño crustáceo correlón.

Con eso, dice Luciano Moreira, conductor de la canoa, el pequeño adquiere parte de los poderes del cangrejito (como en las historietas de superhéroes). Pero hay una advertencia: ¡Cuidado le aplican mucho de ese líquido! Porque la madre corre el riesgo de que su niño, con el paso de los años, se vuelva demasiado andarín, vago, brinquillo, vacilón o trotamundos. ¡Así de poderoso es el cangrejo!

También es así de andarín, porque en su única aparición sus patas le ganaron en velocidad a las manos de nuestro fotógrafo.

Con esa experiencia seguimos navegando en el callejón de manglares que ha sido adecuado por los propios pobladores de Portovelo, un caserío de un centenar de familias dedicadas a la siembra de maíz y maracuyá, la pesca y, desde 1999, al turismo como una opción de supervivencia.

Este sendero náutico permite al turista conocer el manglar desde dentro, desde su médula, ofreciendo el bullicio de las fragatas, el olor salobre de las aguas, el sacudir de la marea y un calor que se percibe como una tibia caricia tropical.

Las fragatas macho inflan una bolsa roja en el cuello para atraer a las hembras.
La excursión dura aproximadamente tres horas irrumpiendo en la vegetación de esta isla que antes tuvo forma de corazón. “La deforestación provocó que mucho del manglar se pierda, pero en la última década se ha emprendido una gran campaña de recuperación”, señala Patricio Tamariz, gerente de Bahía Dolphin Tours, compañía de Bahía de Caráquez que impulsa el desarrollo y capacitación en turismo de los pobladores de Portovelo.

El guía nativo Francisco Reyes siente que su comunidad está cada vez más preparada para recibir visitantes. “Sabemos hablarle, atenderlo, explicarle las leyendas, como la del duende Felipe, que cuida el bosque de la isla Corazón”, indica este habitante de Portovelo que, al igual que los demás guías, comparte con los turistas sesiones de pesca con trasmallo (red larga), atarraya (red circular) o con caña para atrapar corvinas, lisas o camarones, que después son preparados en Puerto Portovelo, sitio donde residen diez familias y opera el centro de interpretación, un rústico restaurante y, próximamente, un museo.
Grace Moreira y otras mujeres estampan y comercializan camisetas de la isla Corazón.

Un duende con corazón
El duende Felipe protege la biodiversidad de esta isla que despunta en el estuario del río Chone, a unos 30 minutos del muelle principal de Bahía de Caráquez. Las mujeres jóvenes son sus más queridas visitantes (busca seducirlas con sus ojos brillantes). “Una vez lo vi entre los árboles”, dice Luciano.

Mientras que los taladores del manglar son sus principales enemigos, agrega, por eso produce un alarido que busca alejarlos de este territorio que es hábitat de una de las colonias de fragatas más grande del Pacífico Sudamericano, con unos 5.000 individuos que comparten el territorio con pelícanos, ibis blancos, guacos, martines pescadores y especies migratorias, albergando un total de 50 especies de aves, las cuales a veces deben levantar vuelo de manera acelerada cuando se topan con alguna boa constrictor, otra huésped del tupido manglar.

Las iguanas también son parte de un panorama que se hace más intenso a medida que la canoa sigue penetrando por el laberinto de manglares, e incluso esta actividad puede ser complementada con una caminata por un sendero pedestre que aproxima al visitante en la estructura de estos árboles, que tienen la característica de multiplicarse rápidamente en un ambiente protegido.

Después de tales actividades, los visitantes son llevados a Puerto Portovelo, en donde encontramos a una veintena de guías nativos recibiendo una charla de capacitación ofrecidas por los ministerios del Ambiente y de Turismo. Diógenes Moreira, presidente de Asomanglar, motiva a los presentes para seguir trabajando por la isla Corazón. “El turismo es nuestro futuro”, afirma, pero para ello agrega que deben seguir unidos y capacitándose. Así llegarán más visitantes a esta isla habitada por miles de aves, cangrejos andarines y un duende enamorador con conciencia ecológica. (M.P.)

Fuente: La Revista

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