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jueves, 5 de febrero de 2015

Principio del ‘handicap’: Conservación y riesgo

El llamativo saco o bolsa roja de la garganta de la fragata macho es empleado en rituales de cortejo.
Desde Las Encantadas 
Paula Tagle

“La hipótesis fue planteada en 1975 por el biólogo Amotz Zahavi y propone que la evolución de ciertas características iría en contra del principio Darwiniano de evolución”.
¿Por qué ciertas especies muestran características que son aparentemente inservibles, e incluso parecieran un obstáculo para su supervivencia? Me refiero, por ejemplo, al buche rojo e inflado de la fragata macho en época de cortejo. ¿De qué le sirve? No puede volar con semejante peso pendiendo de su garganta, es decir, está incapacitado de salir a pescar, a robar polluelos, o a perseguir aves para en el aire despojarlas de su comida. El macho permanece condenado a un arbusto por días interminables, bajo el sol, hasta que, si tiene suerte, una hembra finalmente se apiada de él y lo elige como pareja.
Este proceder extravagante, así como muchos otros, incluso humanos, se explica con el principio del handicap. La hipótesis fue planteada en 1975 por el biólogo Amotz Zahavi y propone que la evolución de ciertas características iría en contra del principio Darwiniano de evolución; en lugar de servir para la conservación del individuo, lo ponen en riesgo, pero de alguna manera le confieren ventajas en el momento de la selección sexual. Simplificando la ecuación: el principio del handicap depende de la asunción de que los que lo utilizan negocian costo a favor de beneficio de una manera creativa.
A pesar de estar sentado en el mismo arbusto por varias semanas, deshidratándose, en ayunas, el macho ha sobrevivido; el mensaje que transmite es que es tan apto que puede darse el lujo de excentricidades, es decir, un candidato perfecto para la cópula.
Con su gigantesca y colorida cola un pavo real ha logrado subsistir, a pesar de ser presa vulnerable de cualquier depredador; publica de esta manera que es un buen partido para producir saludables y bellos pavitos.
Si a pesar de fumar como loco, o de tener tatuajes que envenenan la piel, un hombre está vivo aún, anuncia que es un individuo interesante para la reproducción (o así lo entienden algunas, o asume él que ese es el mensaje que difunde con sus procederes absurdos y autodestructivos). Jared Diamond utiliza el handicap para explicar ciertos comportamientos humanos que implican alto riesgo. Son expresiones de instintos que han evolucionado a partir de este principio. Esto aclararía incluso el uso de joyas, o la invención del humor, o de los objetos de lujo.
Con carros de precios exorbitantes, o últimos modelos iPad y iPhone, el hombre anuncia que es tan óptimo proveedor como para gastar en excesos. Y a veces, mientras menos tiene, más ostenta, incluso poniendo en riesgo cosas importantes, como alimentación y salud. No en vano existe el dicho “El que carece presume”.
La señal indica calidad, porque aquellos con inferior eficacia biológica no podrían darse el lujo de caprichosos derroches.
Los comportamientos de handicap también pueden estar dirigidos a depredadores. Los saltos que ciertas gacelas hacen al momento en que detectan un león sería un buen ejemplo. El brincar delante del depredador, en lugar de salir corriendo, podría entenderse como un desperdicio de recursos. Pero si lo interpretamos a través del handicap, lo que la gacela estaría haciendo es mostrar al león que es tan rápida y fornida que puede darse el lujo de no escapar al instante. Así, con suerte y por el uso de este ingenioso mecanismo, puede ser que se salve del carnívoro que seguramente elegirá otra presa que salte menos, mostrando menos seguridad en sus propias capacidades.
Es muy interesante caminar por las islas e ir encontrando ejemplos del handicap. También es bastante seductor aplicarlo en el comportamiento humano, ya que, después de todo, el reflejo de los instintos antiguos está enraizado en nuestros más íntimos genes.
 
 
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

lunes, 15 de septiembre de 2014

Danza de cortejo: Cormoranes no voladores

Desde Las Encantadas 
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

“Deseo que la gente aprenda a observar, a deducir por sí misma. Que entienda que verdades absolutas no existen, en ningún reino o dominio... Es más importante tener claros los principios generales que explican su evolución”.
Diez turistas y yo observamos cada movimiento. Entiendo que cuando un guía está a cargo, surgen preguntas con la certeza de que él (o ella) tendrá el dominio sobre la totalidad de las respuestas. Pero no existen absolutos, en nada en la vida, y menos en el comportamiento animal.
Podemos albergar ciertas nociones sobre el tiempo de incubación de los huevos, la poliandria de la hembra cormorán, sin embargo, una descripción orquestada del mínimo detalle es imposible.
¿Cuántos minutos cortejan en el agua? ¿Hasta qué profundidad se sumergen durante la danza? ¿Qué es lo que impresiona a la hembra para hacer su elección final? Y es para volverse loco, no precisamente porque no me pueda inventar una respuesta, deducirla con base en lo que he leído o en mi propia experiencia.
Me frustro porque lo que realmente quiero transmitir a los visitantes es que no hay absolutos y que solo a través de largas y detalladas observaciones, de hipótesis probadas o refutadas se puede llegar a una conclusión, y ni siquiera entonces se logrará un dictamen definitivo, porque ciencia es justamente todo lo opuesto a dogma. Además, muchos detalles tampoco tienen relevancia alguna; si incuba un huevo 35 o 36 días, ¿qué diferencia hace?
Importa más bien entender que son los únicos cormoranes no voladores en el mundo, un ejemplo de cómo en aislamiento han perdido su capacidad de volar, tal como ha ocurrido en muchas otras islas, con muchas otras aves. Usando al cormorán áptero como ejemplo, podemos entender los diferentes pasos en el largo camino de la evolución de una especie: los ancestros arribaron hace millones de años, se trataba seguramente de una población pequeña no necesariamente representativa de la población original, eso es el efecto “cuello de botella”.
Si ocurrió una mutación, esta se dispersó rápidamente entre los pocos individuos; si los cambios aportaron ventajas para su supervivencia, se reprodujeron, pasaron sus genes a la siguiente generación, y así sucesivamente la naturaleza fue favoreciendo a aquellos que eran mejores buzos, más pesados, de patas grandes. Pudieron “sacrificar” su capacidad de volar gracias a que en Galápagos su único posible depredador, el gavilán, es poco abundante.
Admito que es tentador improvisar historias: son 17 minutos de danza en el agua. Forman círculos cada vez más cerrados, el macho tras la hembra, la hembra frente al macho, aunque en cierto punto ya no se diferencia quién va atrás de quién.
Componen un corazón con sus largos cuellos casi enlazados, pero de pronto la hembra se zambulle a 12,3 metros, el macho la sigue. Aparecen otra vez a 32 metros del punto original. El círculo empieza a cerrarse. Luego de 13 minutos salen del agua y hacen exactamente lo mismo en tierra, y así sucesivamente durante 6 horas y 22 minutos.
Entonces el macho trae “obsequios”: algas, estrellas marinas, erizos muertos. Ella los acomoda, forma un nido, copulan...”. No es difícil decorar un testimonio basada en mis observaciones de veinte años en las islas. Pero no quiero mentir, dar la impresión de dominar a la naturaleza.
Deseo que la gente aprenda a observar, a deducir por sí misma. Que entienda que verdades absolutas no existen, en ningún reino o dominio, y que si bien es importante instruirse sobre una especie específica, es tanto o más importante tener claros los principios generales que explican su evolución.
¡Es mi absoluta palabra!
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

viernes, 5 de septiembre de 2014

Iguanas voladoras: ¿Es posible que lo hagan?

Las iguanas marinas de Galápagos son especies endémicas del Archipiélago.
Desde Las Encantadas 
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

“Son las únicas en el mundo que se alimentan en el océano. Como la mayoría de las demás iguanas, son también herbívoras, pero nutriéndose de plantas marinas, es decir, algas, en especial del genero ulva”.
Supe de ellas gracias a mi amigo Bolívar Sánchez. Él las había visto en Española, es más, solamente allí se han reportado. Pensaba yo que se trataba de un chiste de Don Bolo para ganarse el corazón de los turistas, pero en efecto un día, mientras observaba el hueco soplador de Punta Suárez la vi, una iguana voladora, a más de 5 metros de la roca, elevada por la fuerza del agua que pasa a través de una fisura. Siendo las criaturas que son, impávidas ante cualquier fenómeno, es obvio que a pesar de que la marea fuera creciendo, la iguana, inmutable, seguía en su misma locación, hasta que en cierto punto la presión de las olas fue tal que la lanzó a volar por los aires. Volvió a tierra en pocos segundos, y sin aparente sobresalto, retomó su posición sobre las rocas.
Para mí las iguanas marinas son especies fascinantes. Y también lo fueron para Darwin. Él descubrió que se alimentaban de algas marinas, y dedujo, por la poca cantidad visible en la zona litoral, que las iguanas seguramente buceaban para alimentarse. Así ocurre en efecto, las iguanas más pequeñas se sustentan en el área de entre mareas, mientras que los machos pueden llegar hasta a 15 metros bajo la superficie.
En su tenacidad y curiosidad imparables, Darwin decidió también probar si las iguanas se sentían más “cómodas” en tierra o en el mar. Tomó por la cola un ejemplar de tamaño significativo y lo lanzó al agua. La iguana retornó inmediatamente a la costa, en lugar de escapar de este joven obstinado, que otra vez la enviaría al mar. La iguana insistió en volver a las rocas, a pesar de la presencia de Darwin.
El naturalista anotó en su diario: “a lo mejor esta pieza singular de aparente estupidez se explique debido a las circunstancias, que este reptil no tiene ningún enemigo en tierra, mientras que en el océano seguramente es frecuente presa de los numerosos tiburones. Por tanto, probablemente urgida por un fijo y hereditario instinto de que las costas son un lugar seguro, cualquiera que sea la emergencia, toma refugio allí”.
Las iguanas marinas de Galápagos, Amblyrhynchus cristatus, son las únicas en el mundo que se alimentan en el océano. Como la mayoría de las demás iguanas, son también herbívoras, pero nutriéndose de plantas marinas, es decir, algas, en especial del genero ulva. Se ha determinado que esta es una adaptación más bien de comportamiento, y no enteramente fisiológica. Como ejemplo esta la iguana marina de Seymour norte que en años de El Niño, completa su dieta con una planta costera (Batis marítima).
Son pocos los lagartos que exploren el ambiente marino. En las Filipinas vive una especie de gecko que se ha reportado cazando cangrejos; en la isla de Cerralvo, fuera de las costas de California, hay un tipo de lagartija que ocasionalmente hace lo mismo. En la isla de Malpelo, Colombia, existe un escinco (o eslizón) que se alimenta de crustáceos en la zona de entre mareas, igual ocurre en una pequeña isla cerca de Madagascar, Nosy Bé. Pero nuestra iguana marina de Galápagos es la única que se clava en el mar para obtener su alimento. Y la iguana de Punta Suárez además, es la insólita iguana voladora de la que he escuchado hablar.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

domingo, 24 de agosto de 2014

El gavilán de Galápagos: Conocer su comportamiento

El número de gavilanes de Galápagos llega a 500 individuos en todo el archipiélago. Su espacio se ha visto reducido.
Desde Las Encantadas 
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

“Son cazadores de campo abierto, sus presas en condiciones normales son roedores, pájaros pequeños, reptiles e insectos. En la época en que los chivos devoraban plantas, los territorios de los gavilanes se extendieron a toda la isla”.
No son abundantes, a lo mucho llegan a 500 individuos. Sin embargo, últimamente, cada vez que vamos a Espumilla, en la isla San Salvador, encontramos hasta una docena de gavilanes de Galápagos, entre adultos y juveniles, que nos miran curiosos desde árboles y rocas del sendero.
Durante el programa de erradicación de chivos, el gavilán de San Salvador contó con alimento extra, y esto seguramente contribuyó a que sus números aumentaran. Porque el Buteo galapagoensis también come carroña. Para el 2006, San Salvador se convertía en la isla más grande del mundo donde se ha logrado la completa erradicación de ungulados introducidos. Desde entonces ya no cuentan con carne de chivo como fuente excedente de sustento. Pero el problema real al que se enfrentan es que la vegetación crece sin control.
Ocurre que en San Salvador los herbívoros naturales eran iguanas y tortugas terrestres. Las iguanas se extinguieron hace más de un siglo, por depredación de parte de cerdos y competencia con los chivos. Casi ocurrió igual con las tortugas, que no pasan de 2.000 individuos, número insuficiente para mantener la vegetación en equilibrio.
Son cazadores de campo abierto, sus presas en condiciones normales son roedores (hay una especie de rata de arroz única en San Salvador), pájaros pequeños, reptiles e incluso insectos. En la época en que los chivos devoraban cualquier tipo de planta, los territorios de los gavilanes se extendieron a toda la isla.
Hoy, en que las partes más elevadas de San Salvador se vuelven a cubrir de denso follaje, los gavilanes seguramente tendrán que redistribuir sus dominios, y básicamente reducirlos.
Mi hipótesis (no soy experta en el tema) es que vemos más gavilanes en Espumilla porque este sitio de visita se encuentra en la zona árida, un hábitat abierto, donde las presas son bastante visibles. A lo mejor los gavilanes que antes cazaban en zonas altas hoy buscan nuevos territorios, habrá mayor competencia, las áreas por familia de gavilanes se verán reducidas, y menor número de crías podrá alcanzar la edad de madurez sexual. Pero existe un grupo haciendo justamente este tipo de investigación. Es el estudio de tesis que se inició en el 2010, para la maestría de una estudiante ecuatoriana, el título: Ecología en la alimentación de gavilanes luego de la erradicación de chivos de San Salvador.
Estamos también aprendiendo sobre el comportamiento de los gavilanes a través del proyecto de restauración de Pinzón, una isla de 1.800 hectáreas de extensión. Aquí, el Parque Nacional Galápagos trabaja con el Centro de Raptores de la Universidad de Minnesota, la Fundación Charles Darwin, Island Conservation y laboratorios Bell.
Julia Ponder, doctora de la Universidad de Minnesota, pasó las últimas semanas del 2012 capturando los 60 gavilanes que habitan la isla. La idea era marcarlos, tomar muestras de ADN a la vez que guardarlos en cautiverio mientras se exterminaban las ratas. Si los roedores introducidos llegan a eliminarse por completo, no habrá ningún impedimento para que las tortugas que eclosionan en la isla Pinzón puedan alcanzar la madurez sexual y repoblar su isla.
Pero los gavilanes se alimentan de ratas, y el veneno utilizado para erradicarlas podría afectarlos. Por eso se los resguardó en alojamientos temporales. Entendiendo cómo funciona su ecología, podremos plantear eficientes programas de conservación.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

martes, 21 de mayo de 2013

Naturaleza ‘encantada’: lagartijas de lava

La lagartija de lava de Galápagos es depredadora por excelencia y de vez en cuando come flores, hojas; es oportunistamente herbívora.
Desde Las Encantadas
Paula Tagle Saad
Estos animalitos son únicos en estas islas. Se han diversificado en nueve especies diferentes y tienen estrategias de supervivencia bastante interesantes.
Conocemos bien el cuento de que al cortarle la cola, el animalito sigue vivo, sale corriendo y eventualmente regenera un nuevo apéndice. Esto no ocurre con las iguanas mayores, como la iguana verde o la marina, parientes de las lagartijas (misma familia, guanidae, pero subfamilias distintas).
Cabe anotar que es una muy útil estrategia. Ante la presencia de un depredador, la lagartija sacrifica un pedazo de sí misma para salvar la mayoría de su integridad. La cola que regenera nunca va a ser igual, siempre más corta, y ya no de hueso, sino de cartílago (con terminaciones óseas para lograr movilidad), pero es una privación que vale la pena.
¿Y qué del ingenio de algunas lagartijas machos? Cuando son jóvenes aprenden a caminar como hembras, a hacer  flexiones de pecho típicas de las féminas, confundiendo a los machos dominantes y evitando convertirse en su almuerzo. Porque una lagartija macho  ingiere lo que sea, plantas, animales y también, para de paso eliminar competencia, cualquier otro macho joven que pudiera en el futuro causarle problemas.
Cada una de las nueve especies de lagartijas es única a su isla específica, y tiene su forma particular de comunicarse. Las flexiones de pecho sirven para delimitar territorio, enviar mensajes amorosos y quién sabe qué cosas que jamás entenderemos.
Es una ingeniosa estrategia de los machos aprender ambos estilos, así minimizan los malos ratos. Eso sí, llegado el momento preciso, con el tamaño debido, se declaran machos dominantes y ya no tienen nada que temer. La naturaleza no deja de sorprenderme con la creatividad y artimañas de sus criaturas; no fuimos los humanos quienes inventáramos el “aparentar ser”, eso ya ocurre en el planeta desde hace millones de años.
¿Y cómo así tantos tipos de lagartijas en un solo archipiélago? Se cree que el ancestro de las mismas llegó en dos ocasiones espaciadas en el tiempo. Una primera vez arribaría a las islas del sur, y una segunda, a las islas del centro y norte. Luego, en aislamiento, en hábitats ligeramente distintos, evolucionaron de manera única hasta que hoy hablamos de nueve especies completamente diferentes en su ADN, todas a partir del mismo ancestro del género microlophus.
No hay que confundir iguanas con lagartijas, a pesar de ser de la misma familia. Las lagartijas casi no tienen espinas, contrario a lo que ocurre con las iguanas. Las iguanas se valen de las uñas para obtener ventajas de alimentación o escape, mientras que para las lagartijas las uñas de las extremidades  sirven para la cacería, dándoles habilidades motrices para obtener su alimento.
Las iguanas propiamente dichas son omnívoras, y eventualmente se alimentan de presas animales, como insectos, por ejemplo, es decir, son oportunistamente carnívoras si se da la posibilidad. En cambio, las lagartijas son depredadoras por excelencia,  de vez en cuando comen flores, hojas; oportunistamente herbívoras si la vegetación abunda. Tenemos suerte de que las lagartijas de lava sean pequeñas. Qué pasaría de contar con criaturas tan grandes como el dragón de Komodo que es, por sus características, una lagartija, no una iguana.
Las caminatas por las islas no serían tan placenteras, con el riesgo de ser devorados por lagartijas monstruosas, que no dudo nos contemplarían como apetitoso plato de mesa.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

domingo, 5 de mayo de 2013

Azuay verde


El Parque Nacional Cajas no  es la única zona natural importante de la provincia del Azuay. Aquí les presentamos tres áreas más que sorprenden al viajero.

Bosque protector Aguarongo
Fuente de vida para el austro

Unos 45 minutos toma cubrir los 50 kilómetros que separan a Cuenca del Centro de Gestión e Interpretación de esta reserva natural embellecida por la vegetación y el canto de los mirlos, los colibríes y las ranas.
Vista desde uno de los miradores naturales de esta reserva.
Administrada por la fundación ecológica Rikcharina y las comunidades de Santa Ana, Zhidmad, Jadán, San Juan, San Bartolomé y Gualaceo, el complejo de cabañas redondas puede alojar hasta a 30 visitantes que –por $ 10 la noche– pueden compenetrarse de manera más cercana con este bosque considerado el “protector” de la vida local, además que es el principal abastecedor de agua de la zona.
Los visitantes estarán rodeados de diferentes plantas, entre ellas, la que da nombre al lugar, el aguarongo, una especie de penco que antes servía de alimento a los osos de anteojos.
El restaurante sirve el locro de papas, habas con queso, tortillas y cuy asado, entre otros platos, los cuales se preparan con productos adquiridos a los agricultores locales para beneficiar sus economías.
Los guías nativos lideran las caminatas por tres senderos, que brindan de una a tres horas de paseo en medio de todo tipo de plantas medicinales y ornamentales, identificadas cada una con letreros. Rikcharina maneja un programa de turismo educativo y  rural dirigido a la población nacional e internacional.
Contacto: Adrián Aguirre (09) 151-8593, aguarongo.com

Chorro de Girón
En el cerro de las cascadas

La tradición religiosa azuaya asegura que allí se produjo una aparición de la imagen de Cristo (El Señor de Girón o Señor de las Aguas), a quien se le suele rogar para que envíe la lluvia que detenga las frecuentes sequías en la Sierra Austral.
La primera caída de agua es de fácil acceso.
En estos meses de invierno, este conjunto de caídas de agua ruge vigorosamente a  unos 10 kilómetros de la cabecera cantonal de Girón, cuyo paisaje andino es una extensión del Parque Nacional Cajas, por lo que siempre vale ir con ropa abrigada para combatir las bajas temperaturas.
El acceso es por un camino carrozable hasta llegar a un  parador turístico, el cual cuenta con parqueo,  canchas deportivas, paseos a caballo, alojamiento ($ 5 por noche) y restaurante.
Desde el refugio empieza una corta caminata en el cerro hasta llegar a una primera cascada, de unos 40 metros de altura, la cual premia a los excursionistas con una piscina natural que invita a chapuzones en un agua que, según dicen algunos, tiene  poderes medicinales.  El ascenso por el cerro resulta mucho más exigido para llegar a la segunda y tercera caída de agua, por ello son menos visitadas por los turistas. Las tres precipitaciones conforman una misma cascada.
En el sector existen lugares en donde se crían y expenden truchas a los turistas.

Valle de Yunguilla
Cuna de hosterías y buen clima

Diversas hosterías y quintas vacacionales han aprovechado este escenario natural para brindar atención a los cientos de vacacionistas que semanalmente buscan relajarse en la zona. Este valle es una extensa depresión al suroccidente de la provincia, aproximadamente a 55 kilómetros de Cuenca, tomando la vía Cuenca-Girón-Pasaje.
Hostería Los Faiques de Caledonia.
El valle de Yunguilla,  destacado por su abundante flora y fauna, posee un clima cálido que fluctúa entre 20° y 25° y es propicio para el cultivo de tomate, cebolla, naranja y, especialmente, caña de azúcar. La caña es materia prima para que las moliendas locales elaboren el tradicional guarapo, que es una combinación de licor con  jugo de caña de azúcar (guarapo) y un poco de jugo de limón.
El valle está a una altura de 1.360 m.s.n.m. y se extiende hacia otras jurisdicciones cantonales del Austro ecuatoriano, como son Girón (Azuay) y Saraguro (Loja), pero básicamente se encuentra dentro del cantón Santa Isabel.
En las primeras décadas del siglo pasado, cuando el Gobierno había declarado ilegal la venta de licor (era considerado como una droga), desde esta región partían las caravanas de traficantes que viajaban hacia la Costa cargando el precioso líquido en burros o caballos.
En esos tiempos, una gran roca con forma de orangután protegía a los viajeros contrabandistas, quienes le dejaban al gran primate de piedra una bolsa llena de bebida como recompensa por haberlos dejado cruzar sin los problemas que les habrían causado las autoridades.
Esa es una historia a menudo comentada por los guías o empleados de las hosterías de la zona. Cuatro de ellas son: Sol y Agua, Los Cisnes, La Molienda y Los Faiques de Caledonia; cada una dispone de cabañas, restaurante con platos criollos y hasta piscinas con toboganes.
Contactos:  Los Faiques de Caledonia, km  47 vía Girón-Pasaje, (07) 301-3818, losfaiques@hotmail.com, www.losfaiquesdecaledonia.com. Hostería Sol y Agua, km  72 vía Girón Pasaje, (07) 227-0436, 227-0596, www.hosteriasolyagua.cuencanos.com. Hostería La Molienda, km 61 vía Girón-Pasaje, (07) 226-2217. Hostería Los Cisnes, a 300 metros hacia el sur del redondel de La Unión, en la vía Girón-Pasaje, (07) 226-2514.
Fuentes: visitaecuador.com, nuestrogiron.com/chorro.htm, viajandox.com, revistacuenca.com, latarde.com.ec, explored.com.ec
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador






sábado, 13 de agosto de 2011

Cutín de bambú, nueva especie hallada en Ecuador

El cutín de bambú mide entre 20 y 25 milímetros.
Su cuerpo café claro le había permitido camuflarse entre la abundante hojarasca de la Reserva de Vida Silvestre Mazar, ubicada en Cañar, en los alrededores del Parque Nacional Sangay. Sin embargo, sus resplandecientes pintas rojas y amarillas ¬entre el abdomen y las patas¬ la delataron ante los ojos de Alejandro Arteaga, estudiante de segundo año de Biología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).

Se trata de una nueva especie de rana, de entre 20 y 25 milímetros de longitud, que, según lo que se conoce hasta ahora, se encuentra exclusivamente en esta zona de Ecuador. 

Arteaga, un venezolano de 19 años que reside en Ecuador desde hace cuatro, visitó por primera vez la Reserva de Vida Silvestre Mazar a mediados del 2009. Fue “por simple curiosidad”. Pero cuando ingresó a esta zona ¬1.800 hectáreas manejadas por la Fundación Cordillera Tropical¬ asegura haber pensado que, en aquel denso bosque, seguramente habitaban especies aún no descubiertas. Este amante de los anfibios no se equivocó.

Un año más tarde, aproximadamente, Arteaga concretó una visita con propósitos investigativos. Apoyado por la Fundación Cordillera Tropical y la PUCE, hizo un estudio de tres semanas en el que identificó a la especie denominada cutín de bambú (Pristimantis bambu). Cutín, por el género de anfibios al que pertenece; y bambú, por el bosque donde habita, lleno de esta especie vegetal.

El cutín de bambú es una de las más de 400 ranas del género pristimantis, el más numeroso del mundo. Las especies de este grupo viven generalmente en los bosques tropicales de América Latina y la cutín de bambú es exclusiva de los parches de bambú dentro de los bosques montanos (de altura), en la Reserva de Vida Silvestre Mazar, según especifica una publicación de Cordillera Tropical. 

Entre las particularidades de este anfibio se destaca su forma de reproducción. Estos no presentan el estado de renacuajo, como generalmente sucede en estas especies. En su lugar emergen de los huevos que han sido depositados en el bosque con la forma de una pequeña rana.

Los bosques y páramos que alberga la Reserva de Vida Silvestre Mazar están ubicados entre los 2.800 y 3.600 metros sobre el nivel del mar, donde ya se ha identificado a otras especies de anfibios. En el 2008, los biólogos Martín Bustamante y Joseph Mendelson, también de la PUCE, descubrieron y nombraron a la rana cutín de Mazar (Pristimantis gagliardoi), referida en investigaciones como “cachuda” por las pequeñas puntas en su cabeza y espalda. 
A inicios del 2010 se encontró la especie ahora denominada cutín de bambú en la Reserva de Mazar, en Cañar.
Después, en el 2009, Arteaga encontró tres individuos de la rana venenosa andina (Hyloxalus anthracines) en un pequeño arroyo de montaña, en una altitud cercana a los 3.000 metros. Se creía que la especie estaba extinta y ahora se la considera en peligro crítico.
 
Para nombrar formalmente a la rana cutín de bambú, Arteaga y Juan Guayasamín, doctor en Biología y catedrático de la Universidad Tecnológica Indoamérica, estudiaron sus rasgos físicos, cantos y preferencias de hábitat. Pero para tener la certeza de haber identificado realmente una nueva especie, se necesitaron análisis genéticos. 

Estos se realizaron en Estados Unidos, desde donde les confirmaron que no se había registrado antes el ADN de una rana con pintas rojas y amarillas entre el abdomen y patas.

Con esa certificación, Arteaga y Guayasamín difundieron la descripción de la especie en la revista científica Zootaxa, una publicación de circulación internacional que se especializa en animales. El artículo fue incluido en la edición de mayo. 

Aunque Arteaga reconoce que hace falta investigar más sobre la población, la alimentación y los hábitos de esta rana, él espera que este descubrimiento incentive a diferentes organizaciones a aportar económicamente en proyectos de exploración científica, ya que hasta ahora solo se puede especificar que esta especie es nocturna porque es más activa durante la noche. 

Encontrar a la rana cutín de bambú en esta área muestra que las tierras ubicadas en la parte sur del Ecuador, tanto públicas como privadas, son sitios críticos para la conservación de la biodiversidad, debido a la presencia de especies vulnerables y amenazadas de plantas y animales. Así lo alertan los comunicados de la Fundación Cordillera Tropical, 

“La promesa de futuros descubrimientos en la zona es una opción tentadora a ser contemplada por los investigadores y sirve como una motivación para que grupos de conservación apoyen y colaboren con la administración privada de tierras”, comenta Catherine Schloegel, directora ejecutiva de esta organización. 

Después de la publicación internacional en la revista Zootaxa, reconocida por la comunidad científica, Arteaga es optimista y espera que sea el inicio de muchas exploraciones y estudios en esta zona de Ecuador, donde cree aún queda mucho más por descubrir.

domingo, 7 de agosto de 2011

Festín en Galápagos

Desde Las Encantadas 
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

Pingüinos de cacería  

”No quedan más que mil doscientos individuos en las islas, por tanto, el pingüino de Galápagos es una especie en peligro de extinción, y se teme que este año su población se vea aún más afectada”.


Hoy los pingüinos estaban de fiesta, o más bien digamos, hicieron la fiesta con nosotros. Pasó esta mañana, y otra vez, en la tarde. Mientras los turistas hacían buceo de superficie en la isla Bartolomé, un par de pingüinos se acercaron curiosos. No podemos estar seguros si era por la gente en el agua, o por la cantidad de pececitos, la mayoría sardinas pequeñas, que constituyen un manjar en su dieta.


Los huéspedes no se movieron de su sitio, flotando silenciosos para admirar la persecución de estas aves, que vuelan bajo el mar, tras estos peces que se refugiaban en cardúmenes espesos, pues estando en montón el riesgo de convertirse en presa disminuye.


Luego las sardinitas se escabulleron también entre las personas, y como para los pingüinos, como para casi todas las criaturas de Galápagos, los humanos somos simplemente una pieza más del ambiente, sin ninguna pena o consideración, empezaron a picotear a los buzos en busca de su botín.


Son pingüinos chiquitos los de Galápagos, para unos autores los segundos, para otros los terceros más pequeños del planeta, así que sus picotazos nunca pueden ser demasiado dolorosos. La gente estaba fascinada, las sardinas aterradas, y los pingüinos inmutables dedicados a lo suyo, conseguir alimento.


Parece que no ha sido un buen año para los pingüinos de Galápagos. El agua está un poco más caliente que lo normal, disminuyen los afloramientos marinos, por tanto el sustento en el océano escasea. Algunos compañeros guías están seguros de que los pingüinos se ven más delgados (yo, la verdad, no puedo decir que me haya percatado de estas justas diferencias), pero eso sí, han dejado de “cantar”, y si no hay canto es porque no existe interés por reproducirse, y el único motivo para eso, es la falta de comida.


Científicos de la estación Charles Darwin nos han pedido que reportemos cualquier anomalía en su comportamiento. Que si los oímos hacer ese sonido tan particular de la época de reproducción, tal como el gemido de un burro, que si disminuyen los números, si notamos la presencia de juveniles. No es fácil tener control sobre lo que ocurre en este archipiélago.


Las islas son muy distantes unas de otras, se necesitarían recursos increíbles para poder enviar científicos o guardaparques en todas las direcciones a tomar datos. Para eso estamos nosotros, los guías de Galápagos, los ojos del Parque Nacional, tanto como para hacer respetar sus reglas, con la obligación de informar cualquier irregularidad o falta observada, como para ayudar con reportes de comportamiento animal, cambios en la vegetación, avistamientos marinos.


En Sombrero Chino, otro pequeño islote donde existe una diminuta población de pingüinos, los vimos otra vez pescando como locos. Otra vez se mezclaron entre la gente, pero en esta ocasión fueron un poco más avezados, ahora mordiscaban cabellos, prefiriendo largos y rubios, y buscaban dedos, tal vez con la ilusión de que se convirtieran en sardinas, al punto que la gente tuvo que esconder las manos.


Una fiesta para los turistas, no sé qué tanto para los pingüinos, que este rato no están para pasarla bien, su prioridad es buscar alimento. No quedan más que mil doscientos individuos en las islas, por tanto, el pingüino de Galápagos es una especie en peligro de extinción, y se teme que este año su población se vea aún más afectada

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

domingo, 15 de mayo de 2011

Súper Diego, padre de más de mil crías que repueblan la isla Española

Diego, de más de 130 años, debe su nombre al Zoológico de San Diego (California, EE.UU.), desde donde retornó hace 14 años.

BBCMUNDO
Súper Diego, como lo llaman por su fama de reproductor, es el padre de más de mil crías de tortugas españolas, convirtiéndose en la esperanza de una especie en peligro de extinción.

Su historia contrasta con la del famoso Solitario George, una tortuga gigante única en su especie que no ha logrado tener descendencia, a pesar de múltiples esfuerzos por parte de investigadores.

Diego corresponde a la especie Geochelone hoodensis (tortuga española), de la isla Española, al suroeste del archipiélago de Galápagos. El centenario animal retornó a las Islas Encantadas en 1977, después de que un grupo de expertos descubrió que una especie nativa del archipiélago de Galápagos se encontraba en el Zoológico de San Diego, en California (Estados Unidos), y agilizó los trámites para que esta retorne a su hábitat natural.

A su arribo, Diego se integró en un grupo de dos tortugas machos y 12 hembras, que al ser los únicos sobrevivientes de su especie, fueron conducidas al Parque Nacional Galápagos (PNG), en la isla Santa Cruz. Esta tortuga de más de 130 años es el menor y más activo de los tres únicos machos de la especie.

Según los investigadores, el programa de reproducción de isla Española hasta el momento ha logrado el nacimiento de más de 1.700 crías, que ya habitan la isla del suroeste. 
Diego, principalmente, y otros dos machos han logrado procrear aproximadamente 1.700 crías que ya habitan la isla Española.
Investigadores ecuatorianos y estadounidenses han seguido de cerca este proceso, en el cual la capacidad reproductiva de Diego ha quedado en evidencia. “Ha estado muy activo y ha sido uno de los pilares fundamentales para la reproducción de su especie”, dijo Sixto Naranjo, responsable de Conservación y Restauración de Ecosistemas Insulares del PNG.

De regreso al entorno natural, Diego será reintroducido en la isla Española a fines de este año, según informó Naranjo, quien enfatizó en que dicha tortuga mantiene su potencial reproductor sobre los otros dos machos, siendo el más joven.

La reinserción de Diego y del resto de tortugas de su especie, hasta ahora mantenidas en cautiverio, contribuirá al desarrollo de nuevas crías en estado natural, con una diversidad genética más amplia, lo cual ha sido un tema de interés para varios investigadores.

“Es importante que los descendientes tengan cuantos padres diferentes sea posible. Así que el hecho de que Diego está llevando a cabo la mayoría de la reproducción no es necesariamente una buena cosa, pues reduce la diversidad genética de las siguientes generaciones, y de esa forma su potencial para evolucionar y responder a los cambios ambientales”, dijo Gisella Caccone, profesora de la universidad estadounidense de Yale.

Caccone considera al programa de reproducción de las tortugas Geochelone hoodensis como una experiencia exitosa que puede ser replicada en otras especies de tortugas gigantes.

“Estamos ayudando al PNG a establecer programas de reproducción adicionales para otras especies de tortugas gigantes de Galápagos que están en peligro extremo de extinción”, señaló.
Este año nacieron 45 tortugas españolas, que permanecerán hasta los cuatro años en el centro de crianza del Parque Nacional Galápagos y luego serán trasladadas a la isla Española.
Extremos opuestos
Mientras se prepara la reinserción de Diego al entorno natural, los técnicos del PNG y de la Universidad de Yale mantienen esperanzas de que el Solitario George y las dos nuevas compañeras que fueron colocadas en su corral hace semanas logren procrear durante la época de apareamiento, entre mayo y octubre próximos, aspirando a que no las rechace, como ha sucedido con las anteriores.

George fue encontrado en la isla Pinta en 1971, e identificado como el único sobreviviente a la invasión de cabras que sufrió el lugar y trasladado a la Estación Científica Charles Darwin, donde la dirección del PNG lo cuida hasta hoy.

Se estima que la edad de George oscila entre los 60 y 90 años, y está en su etapa reproductiva. Sin embargo, durante décadas no ha demostrado el menor interés en la compañía femenina, según el Parque Nacional, que en su web www.galapagospark.org menciona que por ahora la esperanza de la especie de tortugas gigantes de la isla Pinta está en manos de la ciencia.

A decir de la investigadora de Yale, el caso de George se encuentra en el extremo opuesto del espectro en cuanto al éxito reproductivo de Diego.

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