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domingo, 5 de mayo de 2013

Azuay verde


El Parque Nacional Cajas no  es la única zona natural importante de la provincia del Azuay. Aquí les presentamos tres áreas más que sorprenden al viajero.

Bosque protector Aguarongo
Fuente de vida para el austro

Unos 45 minutos toma cubrir los 50 kilómetros que separan a Cuenca del Centro de Gestión e Interpretación de esta reserva natural embellecida por la vegetación y el canto de los mirlos, los colibríes y las ranas.
Vista desde uno de los miradores naturales de esta reserva.
Administrada por la fundación ecológica Rikcharina y las comunidades de Santa Ana, Zhidmad, Jadán, San Juan, San Bartolomé y Gualaceo, el complejo de cabañas redondas puede alojar hasta a 30 visitantes que –por $ 10 la noche– pueden compenetrarse de manera más cercana con este bosque considerado el “protector” de la vida local, además que es el principal abastecedor de agua de la zona.
Los visitantes estarán rodeados de diferentes plantas, entre ellas, la que da nombre al lugar, el aguarongo, una especie de penco que antes servía de alimento a los osos de anteojos.
El restaurante sirve el locro de papas, habas con queso, tortillas y cuy asado, entre otros platos, los cuales se preparan con productos adquiridos a los agricultores locales para beneficiar sus economías.
Los guías nativos lideran las caminatas por tres senderos, que brindan de una a tres horas de paseo en medio de todo tipo de plantas medicinales y ornamentales, identificadas cada una con letreros. Rikcharina maneja un programa de turismo educativo y  rural dirigido a la población nacional e internacional.
Contacto: Adrián Aguirre (09) 151-8593, aguarongo.com

Chorro de Girón
En el cerro de las cascadas

La tradición religiosa azuaya asegura que allí se produjo una aparición de la imagen de Cristo (El Señor de Girón o Señor de las Aguas), a quien se le suele rogar para que envíe la lluvia que detenga las frecuentes sequías en la Sierra Austral.
La primera caída de agua es de fácil acceso.
En estos meses de invierno, este conjunto de caídas de agua ruge vigorosamente a  unos 10 kilómetros de la cabecera cantonal de Girón, cuyo paisaje andino es una extensión del Parque Nacional Cajas, por lo que siempre vale ir con ropa abrigada para combatir las bajas temperaturas.
El acceso es por un camino carrozable hasta llegar a un  parador turístico, el cual cuenta con parqueo,  canchas deportivas, paseos a caballo, alojamiento ($ 5 por noche) y restaurante.
Desde el refugio empieza una corta caminata en el cerro hasta llegar a una primera cascada, de unos 40 metros de altura, la cual premia a los excursionistas con una piscina natural que invita a chapuzones en un agua que, según dicen algunos, tiene  poderes medicinales.  El ascenso por el cerro resulta mucho más exigido para llegar a la segunda y tercera caída de agua, por ello son menos visitadas por los turistas. Las tres precipitaciones conforman una misma cascada.
En el sector existen lugares en donde se crían y expenden truchas a los turistas.

Valle de Yunguilla
Cuna de hosterías y buen clima

Diversas hosterías y quintas vacacionales han aprovechado este escenario natural para brindar atención a los cientos de vacacionistas que semanalmente buscan relajarse en la zona. Este valle es una extensa depresión al suroccidente de la provincia, aproximadamente a 55 kilómetros de Cuenca, tomando la vía Cuenca-Girón-Pasaje.
Hostería Los Faiques de Caledonia.
El valle de Yunguilla,  destacado por su abundante flora y fauna, posee un clima cálido que fluctúa entre 20° y 25° y es propicio para el cultivo de tomate, cebolla, naranja y, especialmente, caña de azúcar. La caña es materia prima para que las moliendas locales elaboren el tradicional guarapo, que es una combinación de licor con  jugo de caña de azúcar (guarapo) y un poco de jugo de limón.
El valle está a una altura de 1.360 m.s.n.m. y se extiende hacia otras jurisdicciones cantonales del Austro ecuatoriano, como son Girón (Azuay) y Saraguro (Loja), pero básicamente se encuentra dentro del cantón Santa Isabel.
En las primeras décadas del siglo pasado, cuando el Gobierno había declarado ilegal la venta de licor (era considerado como una droga), desde esta región partían las caravanas de traficantes que viajaban hacia la Costa cargando el precioso líquido en burros o caballos.
En esos tiempos, una gran roca con forma de orangután protegía a los viajeros contrabandistas, quienes le dejaban al gran primate de piedra una bolsa llena de bebida como recompensa por haberlos dejado cruzar sin los problemas que les habrían causado las autoridades.
Esa es una historia a menudo comentada por los guías o empleados de las hosterías de la zona. Cuatro de ellas son: Sol y Agua, Los Cisnes, La Molienda y Los Faiques de Caledonia; cada una dispone de cabañas, restaurante con platos criollos y hasta piscinas con toboganes.
Contactos:  Los Faiques de Caledonia, km  47 vía Girón-Pasaje, (07) 301-3818, losfaiques@hotmail.com, www.losfaiquesdecaledonia.com. Hostería Sol y Agua, km  72 vía Girón Pasaje, (07) 227-0436, 227-0596, www.hosteriasolyagua.cuencanos.com. Hostería La Molienda, km 61 vía Girón-Pasaje, (07) 226-2217. Hostería Los Cisnes, a 300 metros hacia el sur del redondel de La Unión, en la vía Girón-Pasaje, (07) 226-2514.
Fuentes: visitaecuador.com, nuestrogiron.com/chorro.htm, viajandox.com, revistacuenca.com, latarde.com.ec, explored.com.ec
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador






miércoles, 3 de octubre de 2012

Una reserva en Mindo alberga especies nuevas y amenazadas

La Pristimantis eremitus es una de las nueve especies de anfibios amenazadas que se registran en la reserva Las Gralarias.
La serie de puntos anaranjados sobre su espalda oscura la distinguen del resto. Su vientre es bicolor: blanco con negro.

Es la rana críptica, de nombre científico Hyloscirtus críptico. Se la encontró en la reserva privada Las Gralarias, en el sector de Mindo (provincia de Pichincha), creada para la conservación, la investigación y el turismo ecológico.

Ahí se refugia también otra nueva especie de rana de cristal, llamada Las Gralarias, cuyo nombre científico es Nymphargus lasgralarias.

Ambas clases de anfibios son nuevas. Sus características científicas se dieron a conocer al mundo en la revista especializada Zootaxa. En esta publicación, Juan Guayasamín, biólogo ecuatoriano con un doctorado en Ecología y Biología Evolutiva, y Carl Hutter, científico de la Universidad Stony Brook (EE.UU.), explicaron la biología de las ranas.

Guayasamín explica que a la críptica se la identificó por su tonalidad, mientras que a la de cristal, por su canto, que se emite en serie y pulsado. Se trata de un sonido de una menor duración, a diferencia del que emite la del género Nymphargus.

Estos hallazgos se conocieron también en un reportaje publicado esta semana en el sitio BBCMUNDO.COM sobre la reserva Las Gralarias, que alberga a decenas de especies de aves y de anfibios diferentes, que sirven para el estudio científico.

Guayasamín es parte de un proyecto cofinanciado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y por la Universidad Tecnológica Indoamérica, dedicado, entre otras actividades, al monitoreo de especies amenazadas en la zona de Mindo, en el noroccidente del país.

Esta área andina registra una mayor concentración de animales en peligro de extinción por la alteración de su hábitat y por las poblaciones restringidas que tienen algunas especies, comenta Guayasamín.

Él y los especialistas Elisa Bonaccorso, de la Universidad Indoamérica, y Jane Lyons, de la reserva Las Gralarias, lideran este tipo de investigaciones.

Solo en Las Gralarias se han registrado como amenazadas nueve especies de anfibios y una de colibrí.

Los investigadores trabajan en conjunto desde hace más de tres años en esta reserva. Han realizado varios muestreos en los riachuelos y bosques de Las Gralarias. Eso les ha permitido identificar las nuevas especies de anfibios. 

Veinticuatro meses atrás observaron por primera vez a la rana críptica y a la rana cristal. Esta última lleva el nombre de la reserva, ya que solo se la ha visto ahí. No hay registro literario de la aparición de esta clase de anfibio en otro territorio, según Guayasamín.

Es un tipo de rana de cristal porque, como las de su género, tiene el vientre parcialmente transparente, y ahí se aprecian algunos de sus órganos. Esta clase de anfibio es pequeña y de color verde. Es de menor tamaño que la críptica, a la cual se la asocia con los riachuelos.
 
La rana críptica es arbórea. Se la encuentra en los bosques primarios. Los científicos solo han registrado dos individuos de esta clase, probablemente porque se mimetizan o porque en realidad su población es limitada. A esta especie de anfibio se la ha observado también en la cordillera de Toisán (ubicada más arriba de Mindo), en una zona con presión minera.

Pero nadie conocía que la críptica era una clase nueva de anfibio ni tampoco se sabía de su naturaleza biológica. A los científicos que trabajan en esta reserva les tomó dos años investigar y describir a las dos especies nuevas.

En Mindo hay también especies de aves y de hongos endémicas y en peligro.
El colibrí zamarrito pechinegro está entre las especies amenazadas. En la reserva Las Gralarias se trabaja en su conservación.
El colibrí amenazado en Las Gralarias es el llamado zamarrito pechinegro, de nombre científico Eriocnemis nigrivestis.

La destrucción del hábitat en Mindo se ha dado en parte por una mayor presencia de la actividad ganadera y agrícola, que deforesta hectáreas de terrenos que sirven de refugios naturales de las especies, menciona Guayasamín.

“Ambas actividades contaminan (también) los ríos a través de pesticidas y plaguicidas. Y se contaminan las aguas en donde están los renacuajos”, indica.

Otro de los factores que han afectado al entorno natural es la introducción de especies exóticas, como las truchas, dice el científico, pues estas devoran todo lo que encuentran a su paso, en los riachuelos.

“Acaban con peces nativos, con los renacuajos, con los huevos de ranas, con peces recién nacidos, con algas”, agrega el investigador ecuatoriano.

Por eso, indica, se debe trabajar más en la conservación. En Mindo, las reservas dedicadas al cuidado de las especies son privadas. Una es Las Gralarias. 

Su fundadora, Jane Lyons, experta en políticas ambientales, se radicó en Ecuador en 1996 cuando trabajaba como jefa de la División para América de la ONG Birdlife International. De ahí compró un terreno en Mindo (en ese mismo año) para destinarlo a la conservación. 

El nombre Las Gralarias se lo puso en homenaje a las aves nativas de esta región, Grallaria gigantea, de las que existen unas cuatro especies en la reserva, relata Lyons a BBCMUNDO.COM.

En esta reserva se registran 24 clases de aves endémicas, 27 especies de colibríes y 114 variedades de mariposas. Algunas están amenazadas y otras aún no han sido identificadas ni descritas por la ciencia.
34 
Especies de mamíferos
registra la reserva Las Gralarias, ubicada en el sector de Mindo, en la provincia de Pichincha. Se creó en 1996 y hoy tiene 425 hectáreas de bosque.

Fuente: EL UNIVERSO Guayaquil, Ecuador

sábado, 13 de agosto de 2011

Cutín de bambú, nueva especie hallada en Ecuador

El cutín de bambú mide entre 20 y 25 milímetros.
Su cuerpo café claro le había permitido camuflarse entre la abundante hojarasca de la Reserva de Vida Silvestre Mazar, ubicada en Cañar, en los alrededores del Parque Nacional Sangay. Sin embargo, sus resplandecientes pintas rojas y amarillas ¬entre el abdomen y las patas¬ la delataron ante los ojos de Alejandro Arteaga, estudiante de segundo año de Biología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).

Se trata de una nueva especie de rana, de entre 20 y 25 milímetros de longitud, que, según lo que se conoce hasta ahora, se encuentra exclusivamente en esta zona de Ecuador. 

Arteaga, un venezolano de 19 años que reside en Ecuador desde hace cuatro, visitó por primera vez la Reserva de Vida Silvestre Mazar a mediados del 2009. Fue “por simple curiosidad”. Pero cuando ingresó a esta zona ¬1.800 hectáreas manejadas por la Fundación Cordillera Tropical¬ asegura haber pensado que, en aquel denso bosque, seguramente habitaban especies aún no descubiertas. Este amante de los anfibios no se equivocó.

Un año más tarde, aproximadamente, Arteaga concretó una visita con propósitos investigativos. Apoyado por la Fundación Cordillera Tropical y la PUCE, hizo un estudio de tres semanas en el que identificó a la especie denominada cutín de bambú (Pristimantis bambu). Cutín, por el género de anfibios al que pertenece; y bambú, por el bosque donde habita, lleno de esta especie vegetal.

El cutín de bambú es una de las más de 400 ranas del género pristimantis, el más numeroso del mundo. Las especies de este grupo viven generalmente en los bosques tropicales de América Latina y la cutín de bambú es exclusiva de los parches de bambú dentro de los bosques montanos (de altura), en la Reserva de Vida Silvestre Mazar, según especifica una publicación de Cordillera Tropical. 

Entre las particularidades de este anfibio se destaca su forma de reproducción. Estos no presentan el estado de renacuajo, como generalmente sucede en estas especies. En su lugar emergen de los huevos que han sido depositados en el bosque con la forma de una pequeña rana.

Los bosques y páramos que alberga la Reserva de Vida Silvestre Mazar están ubicados entre los 2.800 y 3.600 metros sobre el nivel del mar, donde ya se ha identificado a otras especies de anfibios. En el 2008, los biólogos Martín Bustamante y Joseph Mendelson, también de la PUCE, descubrieron y nombraron a la rana cutín de Mazar (Pristimantis gagliardoi), referida en investigaciones como “cachuda” por las pequeñas puntas en su cabeza y espalda. 
A inicios del 2010 se encontró la especie ahora denominada cutín de bambú en la Reserva de Mazar, en Cañar.
Después, en el 2009, Arteaga encontró tres individuos de la rana venenosa andina (Hyloxalus anthracines) en un pequeño arroyo de montaña, en una altitud cercana a los 3.000 metros. Se creía que la especie estaba extinta y ahora se la considera en peligro crítico.
 
Para nombrar formalmente a la rana cutín de bambú, Arteaga y Juan Guayasamín, doctor en Biología y catedrático de la Universidad Tecnológica Indoamérica, estudiaron sus rasgos físicos, cantos y preferencias de hábitat. Pero para tener la certeza de haber identificado realmente una nueva especie, se necesitaron análisis genéticos. 

Estos se realizaron en Estados Unidos, desde donde les confirmaron que no se había registrado antes el ADN de una rana con pintas rojas y amarillas entre el abdomen y patas.

Con esa certificación, Arteaga y Guayasamín difundieron la descripción de la especie en la revista científica Zootaxa, una publicación de circulación internacional que se especializa en animales. El artículo fue incluido en la edición de mayo. 

Aunque Arteaga reconoce que hace falta investigar más sobre la población, la alimentación y los hábitos de esta rana, él espera que este descubrimiento incentive a diferentes organizaciones a aportar económicamente en proyectos de exploración científica, ya que hasta ahora solo se puede especificar que esta especie es nocturna porque es más activa durante la noche. 

Encontrar a la rana cutín de bambú en esta área muestra que las tierras ubicadas en la parte sur del Ecuador, tanto públicas como privadas, son sitios críticos para la conservación de la biodiversidad, debido a la presencia de especies vulnerables y amenazadas de plantas y animales. Así lo alertan los comunicados de la Fundación Cordillera Tropical, 

“La promesa de futuros descubrimientos en la zona es una opción tentadora a ser contemplada por los investigadores y sirve como una motivación para que grupos de conservación apoyen y colaboren con la administración privada de tierras”, comenta Catherine Schloegel, directora ejecutiva de esta organización. 

Después de la publicación internacional en la revista Zootaxa, reconocida por la comunidad científica, Arteaga es optimista y espera que sea el inicio de muchas exploraciones y estudios en esta zona de Ecuador, donde cree aún queda mucho más por descubrir.

viernes, 11 de febrero de 2011

Del cautiverio al bosque, posibilidad aún incierta

Esta especie de rana arlequín, en Ecuador conocida como jambato de las tres cruces, iniciará el proceso de reproducción en cautiverio en los próximos meses, dentro de La Balsa de los Sapos.

Limón y Elegants son dos pequeñas ranitas que se creyeron extintas en el Ecuador, pues gran parte de los bosques donde vivían fueron reemplazados por carreteras o dañados por la explotación minera, o porque muchos de sus familiares no soportaron el alza de la temperatura, los cambios climáticos y una terrible plaga de hongos. 

De esto ya hace al menos dos décadas. Pero mientras Limón y Elegants luchaban por sobrevivir y darle continuidad a su especie, unos amantes de las ranas decidieron emprender un viaje. A la travesía la llamaron La Balsa de los Sapos, un proyecto de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) financiado, entre otros, por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología y la Corporación Financiera Nacional. 

Esta balsa, que lleva seis años navegando, encontró a Limón y Elegants a fines del año pasado, en Morona Santiago y entre Esmeraldas y Cotopaxi, respectivamente.

Andrés Merino, actual responsable del proyecto La Balsa de los Sapos, explica que el programa se inició, liderado por Luis Coloma, porque se dieron cuenta de que para algunas especies no existía otra opción que la reproducción en cautiverio, mientras se intenta solucionar o al menos apaciguar los problemas de sus hábitats.

Cuando Limón y Elegants llegaron al laboratorio, los científicos probaron muchas técnicas para lograr que se reproduzcan; sin embargo, la que dio resultados fue la inyección de hormonas estimulantes.

En la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, todos los días se monitorea el estado de las 600 ranas nacidas en cautiverio.
Las hembras de ambas especies se reproducen cada mes, aproximadamente, y dejan entre 700 y 1.000 huevos. Estos, en estado natural, serían depositados en un río y apenas el 2% sobreviviría, explica Merino; mientras, en el laboratorio se ocupan de que casi el 80% de los huevos se desarrollen como renacuajos y emprendan el camino hacia la adultez. 

Por primera vez en Ecuador, desde que se inició el proceso de reproducción en cautiverio, las especies casi extintas Limón y Elegants tienen descendencia, una numerosa generación que ya alcanza los 600 individuos en etapa juvenil. 

Estas ranas adolescentes permanecen en las instalaciones del recinto universitario, cada una en su respectivo cajón y con un simulador de temperatura que les hace creer que están en su bosque.

Merino explica que no se puede colocar dos ranas dentro de la misma caja por varias razones: solo se puede identificar el sexo de la especie en su etapa adulta; si se colocan dos machos en la misma caja, pueden llegar a matarse; y si una rana contrae alguna enfermedad, enseguida se la contagiaría a las demás. “No podemos arriesgarnos a que se enfermen y mueran, por eso mantenemos estándares de bioseguridad muy elevados”, comenta el experto.

Sin embargo, pese a los cuidados que La Balsa de los Sapos proporciona a estas especies, la segunda etapa del proceso, la reinserción de las ranitas a su entorno natural, no está asegurada, pues su ecosistema no está apto para recibirlas, comenta Santiago Ron, especialista del equipo que trabaja con los anfibios en cautiverio.
Una de las ranas juveniles. En este periodo aún no adquieren las formas y colores intensos que las caracteriza en su adultez.
En Morona Santiago, describe Ron, la vegetación natural está destruida, hay poco bosque y las ranas no tendrían a dónde migrar, y por eso cuando se dio la ampliación de la carretera, gran parte de la población anfibia desapareció. Además, cuando los ríos se llenaron de sedimentos, producto de los desechos de la explotación minera, las arlequines, o ranas jambato, desaparecieron, excepto unas cuantas, añade. 

En el noroeste del país, entre Esmeraldas y Cotopaxi, la situación es más crítica, opina Ron, pues ahí no hay ninguna mejora en su hábitat.

Las ranas arlequines, en Ecuador conocidas también como ranas jambato, son propias de Centro y Sudamérica, pero cerca del 70% de ellas desaparecieron entre las décadas del ochenta y noventa, y en 1988 se dieron por extintas en los páramos ecuatorianos, según investigaciones de la PUCE.

Limón y Elegants son representantes de la gran diversidad anfibia que habita Ecuador, una característica que Merino y Ron destacan y también comparten en programas de educación ambiental. “Queremos frenar las extinciones de anfibios, que ellos puedan volver a la naturaleza y continúen cumpliendo su rol en la cadena alimenticia, en el control de plagas y como bioindicadores del ambiente”, concluye Ron.

Ecuador: Diversidad
443
Especies de ranas y sapos. Ecuador ocupa el tercer lugar en el mundo en diversidad de ranas y sapos, por debajo de Colombia y Brasil. Pero si se considera la extensión territorial, es el país con mayor número de especies por kilómetro cuadrado. 

139
Especies en peligro. Se estima como número mínimo en riesgo de extinción, y de este se presume que 25 ya están extintas.

domingo, 4 de julio de 2010

Cinco ranas se suman a la numerosa familia anfibia ecuatoriana

Rana arborícola. Encontrada en el Parque Nacional Yasuní, sus patas largas le permiten saltar varios metros entre los árboles.
Gabriela Jiménez
Estamos rodeados de ranas. En el día, en la noche, en todo el territorio nacional, en el agua, en la tierra, en los árboles y en las lluvias, ahí están. Los machos, solos o en grupos, respiran profundo y croan, croan y croan... son serenatas de conquista, mientras las hembras agudizan sus oídos para reconocer el canto de su especie, es un momento para encontrar a su pareja de ocasión.

Cinco nuevos cantos se oficializaron en el amplio repertorio anfibio del país, registrados y descritos por investigadores de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), dentro del proyecto Inventario y caracterización genética y morfológica de la diversidad de anfibios, reptiles y aves de los Andes del Ecuador, que emprendió en noviembre del 2008, financiado por la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt) y ejecutado por el Museo de Zoología de la PUCE.
La rana termitera habita en la hojarasca de los bosques, su color le permite escapar de las serpientes, su principal depredador.
El proyecto tiene tres años de duración y en la primera fase, la exploración de campo, ejecutada en 30 puntos antes no explorados de los Andes ecuatorianos y otras áreas consideradas abundantes en fauna anfibia, desde febrero del 2009 hasta marzo del 2010, se identificaron cerca de 30 posibles nuevas ranas.

Con el apoyo de expertos de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, y estudios genéticos especializados se confirmó, hasta ahora, la presencia de cinco ranas antes desconocidas, y continúan explorando en el ADN de otros pequeños en busca de más.

En nombres comunes, las nuevas integrantes son las ranas arborícola, termitera, nodriza, bullanguera y diminuta, esta última además identificada como el vertebrado más pequeño del país, con 13 milímetros de longitud, en promedio.

Las ranas nodrizas no comparten su espacio con otro anfibio de la misma especie; si llega un invasor, pelearán hasta alejarlo.
La arborícola mide de cuatro a seis centímetros de largo, no existe mayor diferencia de tamaño entre macho y hembra, tiene patas largas y cuerpo estilizado que le permite saltar de árbol en árbol para alcanzar grillos y mariposas, sus alimentos favoritos, y ojos grandes que amplían su campo de visión en sus paseos nocturnos.

La termitera, una nueva variedad, se la identifica por su canto. Y como su nombre lo indica, come termitas, además de hormigas y otros insectos pequeños, en relación con sus 3,3 centímetros (cm) de longitud. Vive entre la hojarasca del bosque y su color café la ayuda a camuflarse y escapar de los depredadores. Pero esta especie protege a sus crías desde su nacimiento. Los biólogos denominan “abrazo nupcial” al acto sexual de las ranas, el macho sobre la hembra, durante el cual esta especie tiene un comportamiento particular. Mientras la mayoría de ranas deposita sus huevos en hojas o agua, esta hembra pone sus huevos durante la copulación, en tanto que el macho mueve sus patas traseras convirtiendo la yema de los huevos en una especie de ‘rompope’, y dentro de esta capa están los renacuajos. El abrazo nupcial termina, la rana se va y el macho queda al cuidado de los huevos, estos eclosionan y el padre lleva a los recién nacidos al charco más cercano.
Las ranas bullangueras, cuyo canto, similar a un gemido de gato, atrae a las hembras de su especie.
Las bullangueras realizan el mismo rito reproductivo. Su principal diferencia está en el canto y las serenatas. Estas ranas, que pueden llegar a medir hasta 3 cm, habitan principalmente en el Bosque Petrificado de Puyango, entre El Oro y Loja, y según Santiago Ron, especializado en biología evolutiva y parte del proyecto de la PUCE, las bullangueras se reúnen en grupos, que pueden alcanzar hasta los cien individuos, para empezar su serenata, y precisamente por este don bullicioso no son muy queridas por las personas con quienes comparten espacio, ya que también habitan en las ciudades.

La nodriza del Yasuní es de color café verdoso y si se la mira de muy cerca parece que tuviera ojos sobre su espalda, pero no lo son, estos puntos son sus renacuajos. Su nombre proviene de esta característica. Después de la serenata y el abrazo nupcial llegan las crías. La hembra se va, pero el macho espera hasta que aparecen los renacuajos, que ágilmente trepan hasta la espalda del padre. Este los lleva a un charco y se va a preparar el siguiente canto.

Se la encontró a lo largo de los arroyos rocosos del Parque Nacional Yasuní. Mónica Páez, encargada de la descripción de la nodriza del Yasuní, explica que cada individuo, que llega a medir hasta 2,5 cm, se apropia de un área donde no acepta compartir con otro de su especie.

La rana diminuta de la cordillera del Cóndor, que máximo alcanza 19 milímetros.
Si las nuevas se colocan por orden de estatura, de grande a pequeña, definitivamente la rana diminuta del Cóndor estaría al final de la fila. Juan Guayasamín, director del proyecto de la PUCE y encargado de la descripción de esta especie, explica que mientras observaban las hojas del bosque enano de la Reserva Ecológica Cordillera del Cóndor, se encontraron con una especie diminuta, pensaron que era una rana juvenil, pero de pronto llegó otra de la misma especie y presenciaron un abrazo nupcial en miniatura. Era una nueva especie, y se lo comprobó con estudios genéticos, donde además confirmaron que su esqueleto y demás órganos estaban completamente formados.

La segunda sorpresa que se llevaron los biólogos fue al encontrar sus nidos. A diferencia de la mayoría de las ranas, estas no ponen numerosos huevos, máximo cinco por cada nido, y de estos no nacen renacuajos, sino ranitas ya formadas, que no pasan de los 10 milímetros.

Con estas cinco nuevas ranas Ecuador sigue en primer lugar como país con mayor número de especies anfibias por kilómetro cuadrado, con 479 descritas formalmente, cifra superada solo por Colombia y Brasil, de acuerdo con publicaciones de Luis Coloma, director del proyecto de la PUCE, autor de varios libros sobre anfibios.

Con el estudio genético de las otras especies encontradas se plantea también establecer las relaciones de parentesco entre ellas y armar un árbol genealógico anfibio, donde ningún canto se repite.
Variedad de rana arlequín, antes conocida como jambato.
Arlequín, ranas termómetro
Las ranas arlequín son nombradas así por su diversidad de colores. Los científicos dicen que en la década del ochenta era muy común ver a numerosos grupos de ranas de este tipo, pero que en los últimos años su población se ha visto drásticamente reducida. Luis Coloma, estudioso de la especie, la describe como indicadora del cambio climático, pues esta rana respira a través de la piel y el mínimo cambio la afecta. Junto con su equipo de investigación prepara un informe sobre el estado actual de la especie y las implicaciones climáticas.

jueves, 10 de junio de 2010

Un nuevo anfibio se descubre en el país

FOTO: ALEJANDRO REINOSO / El Telégrafo

El tamaño de la nueva especie no supera los 19 milímetros en la hembra y los 13 en el macho.

María Augusta Sandoval
msandoval@telegrafo.com.ec
Reportera Sociedad
La especie habita en la cordillera del Cóndor y es el vertebrado más pequeño del Ecuador.
Su tamaño no supera los 19 milímetros, su vientre es casi translúcido, posee un iris de color rojo intenso y habita en la cordillera del Cóndor. Esas son las características principales del vertebrado más pequeño del Ecuador, descubierto por científicos de la Universidad Católica de Quito.

El nombre científico del pequeño anfibio es Pristimantis minimus, que también significa “la rana más pequeña de las montañas”, habita en hojas, en zonas de bosques cuya altura está entre 1.200 y 1.400 metros sobre el nivel del mar, explica Juan Manuel Guayasamín, director del proyecto.

Inicialmente, Guayasamín junto a su compañera de trabajo, Andrea Terán, pensaron que se trataba de una especie en etapa juvenil, esto se descartó cuando a través de un estudio acerca de su estructura ósea se determinó que sus características son iguales a las de cualquier rana.
1’800.000 dólares destinó la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología para el proyecto.
Su proceso de reproducción es terrestre, la hembra puede poner hasta cinco huevos, seguramente por su tamaño, de los cuales nacerán las crías con su forma original, es decir que no atraviesan por la fase de renacuajos.

La zona en donde fueron encontradas estas ranas es San Miguel de las Orquídeas, en la cuenca alta del Río Nangaritza, en Zamora Chinchipe, una de las de mayor diversidad y menos explorada del Ecuador.

Luis Suárez, director ejecutivo de Conservación Internacional, asegura que además se encontró otra especie de anfibio que al momento está sometida a estudio, que pueden representar la única población sana.

“Las ranas tienden a desarrollar un hongo en la piel, muchas veces por el cambio climático, que termina por matarlas; en esta población no se detectó la enfermedad”, señala.

En ese sentido, Suárez explica que el nuevo anfibio será una importante herramienta, incluso, para investigar acerca de ese mal.

Este hallazgo, como el del Pristimantis minimus, son una representación de la riqueza natural que existe en el país que debe ser descubierta e investigada.

En cuanto al rol ecológico es el mismo que el del resto de anfibios y comen insectos, pero al mismo tiempo hay muchos otros animales que se alimentan de ranas, especialmente por el tamaño que tienen estas.

Pese a que la especie aún no ha sido censada, no estaría en peligro de extinción por causas naturales, ya que en la zona donde se encontraron se evidenció una población abundante del anfibio, indica Guayasamín; sin embargo, advierte de otros factores de riesgo, como la explotación minera.

“La amenaza viene de las modificaciones causadas por el ser humano”, enfatiza.

Esto porque los habitantes de la zona se dedican a la agricultura y el cuidado del ganado, para lo cual deben talar bosques, afectando de esta manera el hábitat de esta y otras especies.

En un segundo aspecto, dice Guayasamín, estaría la actividad minera, “si se decide iniciar con la explotación de cobre y oro en el país, significaría grandes modificaciones en zonas que aún son aisladas”.

Suárez manifiesta que las autoridades nacionales, las comunidades aledañas y gobiernos locales tienen un rol fundamental. “Saben que esta zona es importante, entonces la pregunta es: ¿cómo los municipios se comprometerán a protegerla y que reciba un grado de protección mayor?”.

Guayasamín coincide con este criterio y asegura que el futuro de ese sector está en manos de las prioridades que establezcan las comunidades, “cuando se les consulte deberán pesar si es más importante la calidad del agua y la biodiversidad que la extracción minera y los réditos económicos que se pueden dar”.

Frente a este panorama, el biólogo insiste en que tanto el Estado como los mismos ciudadanos deben considerar la importancia de estos espacios, “en cada ecosistema hay animales y plantas con un potencial uso para los seres humanos”.

Por tal razón, es importante invertir en ese campo porque se trata de un recurso renovable e ilimitado, contrario a la extracción petrolera, minera y otros, opina.

En este caso, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, Senacyt, financió el 90% de la investigación y destinó 1'800.000 dólares que son entregados en tres pagos anuales no reembolsables que iniciaron en noviembre del 2008 y se extenderán hasta noviembre del 2011.

El monto asignado cubrirá lo relacionado a la compra de equipos de logística, laboratorios para la descripción de especies, así como su estudio molecular y genético, entre otros; creación de una base bioinformática que servirá para la toma de decisiones y generación de conocimientos, explica Juan Carlos Moreno, analista de proyectos de la entidad.

El objetivo es extraer información de nuevas especies, así como de las ya conocidas para crear un banco informativo que permita un mejor manejo y conservación de áreas sensibles, pero también divulgar nacional e internacionalmente los avances que se dan en ese campo.

Este es uno de los 68 proyectos que al momento se encuentra apoyando la Secretaría luego de la convocatoria lanzada en el 2008 y el rubro para este proyecto representa el 4% del total de inversión, que es de 60 millones de dólares.

Los fondos que deberán ser utilizados en un plazo de tres años se deberán destinar para dar continuidad a los estudios, indica Moreno, quien manifiesta que hasta el momento los resultados obtenidos justifican la inversión.

El financiamiento es posible luego de la firma de un convenio en donde las partes se comprometan a cumplir con los objetivos, caso contrario, la Senacyt se reserva el derecho de detener los pagos.

Guayasamín sostiene que de este nuevo anuro aún no se conoce lo suficiente, por lo que se deberá continuar con la investigación de esta especie que hasta el momento es endémica; así como de otras descubiertas en la misma expedición.

Los fondos para los proyectos provienen del 0,44% del Producto Interno Bruto.

ANTECEDENTES


En Ecuador hay más de 400 especies de anfibios, de las cuales el 40% está en peligro de extinción.

La última investigación que se realizó en la
cordillera del Cóndor fue en 1999, en esa ocasión se encontró una nueva especie de ratón marsupial.

La cordillera del Cóndor tiene una extensión de más de 1.1 millones de hectáreas que se extiende 150 kilómetros en Ecuador y Perú.

Al norte, en 200 mil hectáreas, hay una comunidad Shuar con aproximadamente 10 mil habitantes, mientras que en las 300 mil hectáreas al sur el bosque primario está intacto en un 90%.

Descubren especies en Ecuador Multimedia Diario el Telégrafo

Fuente: El Telégrafo
Guayaquil, Ecuador.

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