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jueves, 5 de febrero de 2015

Principio del ‘handicap’: Conservación y riesgo

El llamativo saco o bolsa roja de la garganta de la fragata macho es empleado en rituales de cortejo.
Desde Las Encantadas 
Paula Tagle

“La hipótesis fue planteada en 1975 por el biólogo Amotz Zahavi y propone que la evolución de ciertas características iría en contra del principio Darwiniano de evolución”.
¿Por qué ciertas especies muestran características que son aparentemente inservibles, e incluso parecieran un obstáculo para su supervivencia? Me refiero, por ejemplo, al buche rojo e inflado de la fragata macho en época de cortejo. ¿De qué le sirve? No puede volar con semejante peso pendiendo de su garganta, es decir, está incapacitado de salir a pescar, a robar polluelos, o a perseguir aves para en el aire despojarlas de su comida. El macho permanece condenado a un arbusto por días interminables, bajo el sol, hasta que, si tiene suerte, una hembra finalmente se apiada de él y lo elige como pareja.
Este proceder extravagante, así como muchos otros, incluso humanos, se explica con el principio del handicap. La hipótesis fue planteada en 1975 por el biólogo Amotz Zahavi y propone que la evolución de ciertas características iría en contra del principio Darwiniano de evolución; en lugar de servir para la conservación del individuo, lo ponen en riesgo, pero de alguna manera le confieren ventajas en el momento de la selección sexual. Simplificando la ecuación: el principio del handicap depende de la asunción de que los que lo utilizan negocian costo a favor de beneficio de una manera creativa.
A pesar de estar sentado en el mismo arbusto por varias semanas, deshidratándose, en ayunas, el macho ha sobrevivido; el mensaje que transmite es que es tan apto que puede darse el lujo de excentricidades, es decir, un candidato perfecto para la cópula.
Con su gigantesca y colorida cola un pavo real ha logrado subsistir, a pesar de ser presa vulnerable de cualquier depredador; publica de esta manera que es un buen partido para producir saludables y bellos pavitos.
Si a pesar de fumar como loco, o de tener tatuajes que envenenan la piel, un hombre está vivo aún, anuncia que es un individuo interesante para la reproducción (o así lo entienden algunas, o asume él que ese es el mensaje que difunde con sus procederes absurdos y autodestructivos). Jared Diamond utiliza el handicap para explicar ciertos comportamientos humanos que implican alto riesgo. Son expresiones de instintos que han evolucionado a partir de este principio. Esto aclararía incluso el uso de joyas, o la invención del humor, o de los objetos de lujo.
Con carros de precios exorbitantes, o últimos modelos iPad y iPhone, el hombre anuncia que es tan óptimo proveedor como para gastar en excesos. Y a veces, mientras menos tiene, más ostenta, incluso poniendo en riesgo cosas importantes, como alimentación y salud. No en vano existe el dicho “El que carece presume”.
La señal indica calidad, porque aquellos con inferior eficacia biológica no podrían darse el lujo de caprichosos derroches.
Los comportamientos de handicap también pueden estar dirigidos a depredadores. Los saltos que ciertas gacelas hacen al momento en que detectan un león sería un buen ejemplo. El brincar delante del depredador, en lugar de salir corriendo, podría entenderse como un desperdicio de recursos. Pero si lo interpretamos a través del handicap, lo que la gacela estaría haciendo es mostrar al león que es tan rápida y fornida que puede darse el lujo de no escapar al instante. Así, con suerte y por el uso de este ingenioso mecanismo, puede ser que se salve del carnívoro que seguramente elegirá otra presa que salte menos, mostrando menos seguridad en sus propias capacidades.
Es muy interesante caminar por las islas e ir encontrando ejemplos del handicap. También es bastante seductor aplicarlo en el comportamiento humano, ya que, después de todo, el reflejo de los instintos antiguos está enraizado en nuestros más íntimos genes.
 
 
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

lunes, 2 de febrero de 2015

La nolana de Galápagos: Única en el mundo

La nolana es un arbusto que crece en varias islas de Galápagos.
Desde Las Encantadas 
Paula Tagle

“Es un hermoso arbusto de 1,5 metros de alto con numerosas ramas laterales. Las hojas tienen la forma de un bate de béisbol y se encuentran en agregados ceñidos, sencillos”.
Muchas plantas de la zona litoral de Galápagos son reconocibles en el continente. Son especies que se han adaptado a sobrevivir en un ambiente salino, que en marea alta, o durante los aguajes, pueden incluso llegar a cubrirse de mar, y que pasan también largos periodos no expuestos, ni al agua del océano, ni de ningún tipo, durante la estación seca.
Estas especies, en su mayoría, son dispersadas por corrientes marinas lo que explica que se encuentren en playas a lo largo del mundo y que por tanto, casi en su totalidad, no sean endémicas. Recordemos que endémico significa único a un lugar específico, y el requisito fundamental para que una especie evolucione a algo único es el aislamiento. Si se dispersa con facilidad, no hay tal.
Caminando por el litoral de Manabí, Guayas o Santa Elena nos topamos con los mismos mangles de Galápagos, el de botón, el rojo, el blanco y el negro. Cada uno tiene una adaptación especial que le permite sobrevivir en condiciones adversas y extremas. El mangle negro (Avicennia germinans), por ejemplo, posee extensiones de sus raíces, conocidas como pneumatophores, que llegan hasta la superficie y lo ayudan a respirar oxígeno del aire. El mangle requiere de estas estructuras porque pasa sumergido en suelos lodosos, saturados de agua. Además las hojas cuentan con glándulas especializadas que le permiten eliminar el exceso de sal.
Otra especie que crece tanto en Galápagos como en la costa ecuatoriana es la Ipomoea pes-caprae, que lastimosamente ya casi no existe en Punta Carnero porque se asume que una playa libre de rastreras luce mejor, cuando son ellas justamente las que retienen la arena y han sido responsables de la edificación de la misma playa. Otro ejemplo es el Sesuvium, con hojas suculentas entre verde y rojo, más rojizas en la época seca en que la planta guarda la clorofila en su interior. Está la Maytenus octogona (rompe ollas), de hojas gruesas, con la aspereza del cuero, que crecen paralelas a los rayos del sol, para evitar el exceso de pérdida de agua por evapotranspiración.
Sin embargo hay una planta de la zona litoral de las islas que no existe en ningún otro lugar del mundo, la Nolana galapagoensis. Es un hermoso arbusto de 1,5 metros de alto con numerosas ramas laterales. Las hojas tienen la forma de un bate de béisbol y se encuentran en agregados ceñidos, sencillos. Sus flores son solitarias, de blanca corola, en forma de embudo y con cinco lóbulos.
El nombre del género proviene del latín nola que significa pequeña campana. Se considera rara. La he visto en Punta Cormorán, en la isla Floreana; en Puerto Villamil, Isabela, donde incluso la utilizan como planta ornamental, y en Punta Pitt, isla San Cristóbal. En este último sitio sirve como arbusto ideal para la anidación de piqueros patas rojas.
A lo largo de los acantilados de la zona es una delicia observar el contraste de colores entre la verde nolana con el rojo intenso de las patas de los piqueros. Imagino que los polluelos crecerán contentos en tan acolchonada mata y que habrá intensa competencia por construir nidos en la mencionada planta, en lugar de hacerlo en las desnudas ramas de los palos santos, o en un debilucho crotón. Fantaseo en lo maravilloso y delicado que sería un ramillete de flores de nolana, pequeñitas, blancas, como campanitas del mejor cristal de Bohemia.
 
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

lunes, 15 de septiembre de 2014

Danza de cortejo: Cormoranes no voladores

Desde Las Encantadas 
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

“Deseo que la gente aprenda a observar, a deducir por sí misma. Que entienda que verdades absolutas no existen, en ningún reino o dominio... Es más importante tener claros los principios generales que explican su evolución”.
Diez turistas y yo observamos cada movimiento. Entiendo que cuando un guía está a cargo, surgen preguntas con la certeza de que él (o ella) tendrá el dominio sobre la totalidad de las respuestas. Pero no existen absolutos, en nada en la vida, y menos en el comportamiento animal.
Podemos albergar ciertas nociones sobre el tiempo de incubación de los huevos, la poliandria de la hembra cormorán, sin embargo, una descripción orquestada del mínimo detalle es imposible.
¿Cuántos minutos cortejan en el agua? ¿Hasta qué profundidad se sumergen durante la danza? ¿Qué es lo que impresiona a la hembra para hacer su elección final? Y es para volverse loco, no precisamente porque no me pueda inventar una respuesta, deducirla con base en lo que he leído o en mi propia experiencia.
Me frustro porque lo que realmente quiero transmitir a los visitantes es que no hay absolutos y que solo a través de largas y detalladas observaciones, de hipótesis probadas o refutadas se puede llegar a una conclusión, y ni siquiera entonces se logrará un dictamen definitivo, porque ciencia es justamente todo lo opuesto a dogma. Además, muchos detalles tampoco tienen relevancia alguna; si incuba un huevo 35 o 36 días, ¿qué diferencia hace?
Importa más bien entender que son los únicos cormoranes no voladores en el mundo, un ejemplo de cómo en aislamiento han perdido su capacidad de volar, tal como ha ocurrido en muchas otras islas, con muchas otras aves. Usando al cormorán áptero como ejemplo, podemos entender los diferentes pasos en el largo camino de la evolución de una especie: los ancestros arribaron hace millones de años, se trataba seguramente de una población pequeña no necesariamente representativa de la población original, eso es el efecto “cuello de botella”.
Si ocurrió una mutación, esta se dispersó rápidamente entre los pocos individuos; si los cambios aportaron ventajas para su supervivencia, se reprodujeron, pasaron sus genes a la siguiente generación, y así sucesivamente la naturaleza fue favoreciendo a aquellos que eran mejores buzos, más pesados, de patas grandes. Pudieron “sacrificar” su capacidad de volar gracias a que en Galápagos su único posible depredador, el gavilán, es poco abundante.
Admito que es tentador improvisar historias: son 17 minutos de danza en el agua. Forman círculos cada vez más cerrados, el macho tras la hembra, la hembra frente al macho, aunque en cierto punto ya no se diferencia quién va atrás de quién.
Componen un corazón con sus largos cuellos casi enlazados, pero de pronto la hembra se zambulle a 12,3 metros, el macho la sigue. Aparecen otra vez a 32 metros del punto original. El círculo empieza a cerrarse. Luego de 13 minutos salen del agua y hacen exactamente lo mismo en tierra, y así sucesivamente durante 6 horas y 22 minutos.
Entonces el macho trae “obsequios”: algas, estrellas marinas, erizos muertos. Ella los acomoda, forma un nido, copulan...”. No es difícil decorar un testimonio basada en mis observaciones de veinte años en las islas. Pero no quiero mentir, dar la impresión de dominar a la naturaleza.
Deseo que la gente aprenda a observar, a deducir por sí misma. Que entienda que verdades absolutas no existen, en ningún reino o dominio, y que si bien es importante instruirse sobre una especie específica, es tanto o más importante tener claros los principios generales que explican su evolución.
¡Es mi absoluta palabra!
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

viernes, 5 de septiembre de 2014

Iguanas voladoras: ¿Es posible que lo hagan?

Las iguanas marinas de Galápagos son especies endémicas del Archipiélago.
Desde Las Encantadas 
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

“Son las únicas en el mundo que se alimentan en el océano. Como la mayoría de las demás iguanas, son también herbívoras, pero nutriéndose de plantas marinas, es decir, algas, en especial del genero ulva”.
Supe de ellas gracias a mi amigo Bolívar Sánchez. Él las había visto en Española, es más, solamente allí se han reportado. Pensaba yo que se trataba de un chiste de Don Bolo para ganarse el corazón de los turistas, pero en efecto un día, mientras observaba el hueco soplador de Punta Suárez la vi, una iguana voladora, a más de 5 metros de la roca, elevada por la fuerza del agua que pasa a través de una fisura. Siendo las criaturas que son, impávidas ante cualquier fenómeno, es obvio que a pesar de que la marea fuera creciendo, la iguana, inmutable, seguía en su misma locación, hasta que en cierto punto la presión de las olas fue tal que la lanzó a volar por los aires. Volvió a tierra en pocos segundos, y sin aparente sobresalto, retomó su posición sobre las rocas.
Para mí las iguanas marinas son especies fascinantes. Y también lo fueron para Darwin. Él descubrió que se alimentaban de algas marinas, y dedujo, por la poca cantidad visible en la zona litoral, que las iguanas seguramente buceaban para alimentarse. Así ocurre en efecto, las iguanas más pequeñas se sustentan en el área de entre mareas, mientras que los machos pueden llegar hasta a 15 metros bajo la superficie.
En su tenacidad y curiosidad imparables, Darwin decidió también probar si las iguanas se sentían más “cómodas” en tierra o en el mar. Tomó por la cola un ejemplar de tamaño significativo y lo lanzó al agua. La iguana retornó inmediatamente a la costa, en lugar de escapar de este joven obstinado, que otra vez la enviaría al mar. La iguana insistió en volver a las rocas, a pesar de la presencia de Darwin.
El naturalista anotó en su diario: “a lo mejor esta pieza singular de aparente estupidez se explique debido a las circunstancias, que este reptil no tiene ningún enemigo en tierra, mientras que en el océano seguramente es frecuente presa de los numerosos tiburones. Por tanto, probablemente urgida por un fijo y hereditario instinto de que las costas son un lugar seguro, cualquiera que sea la emergencia, toma refugio allí”.
Las iguanas marinas de Galápagos, Amblyrhynchus cristatus, son las únicas en el mundo que se alimentan en el océano. Como la mayoría de las demás iguanas, son también herbívoras, pero nutriéndose de plantas marinas, es decir, algas, en especial del genero ulva. Se ha determinado que esta es una adaptación más bien de comportamiento, y no enteramente fisiológica. Como ejemplo esta la iguana marina de Seymour norte que en años de El Niño, completa su dieta con una planta costera (Batis marítima).
Son pocos los lagartos que exploren el ambiente marino. En las Filipinas vive una especie de gecko que se ha reportado cazando cangrejos; en la isla de Cerralvo, fuera de las costas de California, hay un tipo de lagartija que ocasionalmente hace lo mismo. En la isla de Malpelo, Colombia, existe un escinco (o eslizón) que se alimenta de crustáceos en la zona de entre mareas, igual ocurre en una pequeña isla cerca de Madagascar, Nosy Bé. Pero nuestra iguana marina de Galápagos es la única que se clava en el mar para obtener su alimento. Y la iguana de Punta Suárez además, es la insólita iguana voladora de la que he escuchado hablar.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

sábado, 25 de mayo de 2013

Pájaros ostreros

El ostrero americano tiene un pico largo y rojo anaranjado.

Desde Las Encantadas
Paula Tagle Saad

La pareja de Galápagos

“A través de los pájaros entendemos y apreciamos el medio ambiente. Los ostreros fueron mi primera especie favorita. Un par de ostreros se robaron mi corazón”.

Una de las aves que más me impresionó cuando descubrí mi pasión por los seres alados fue el ostrero americano.

Para mí, veinte años atrás, el observar pájaros era tarea de locos. No entendía la obsesión de andar con binoculares tratando de identificar los colores de la panza o del cuello de un pajarito fugaz. Había tantas otras cosas que descubrir, que me parecía un antojo neurótico ese de querer tachar todas las especies de una lista de aves.

Poco a poco le fui cogiendo el gusto, y hoy me parece una afición encantadora. Desarrolla el sentido de observación al máximo, además, qué puede ser más inofensivo para la naturaleza que un humano mirando hacia la copa de los árboles; peligroso eso sí para el humano, que suele tropezarse por no fijarse por dónde pisa. Sobre todo, a través de los pájaros entendemos y apreciamos el medio ambiente.

Así que, volviendo a los ostreros, ellos fueron mi primera especie favorita. No así los piqueros patas azules, que cubrían bulliciosos los senderos, o los de Nazca, con sus comportamientos fratricidas, también abundantes; a mí me atrajeron los colores sencillos y contundentes del ostrero, pancita blanca, cuello y alas negros y pico extremadamente rojo. Fueron un par de ostreros los que se robaron mi corazón. Nunca les di nombre, pero sí a sus sucesivos polluelos que me tocó ver desarrollarse desde que fueran huevos.

Los ostreros son monógamos, así que por tres años seguí de cerca la vida de esta misma pareja que habitaba Puerto Egas, en la isla Santiago. Cuando descubrimos su primer nido, lo rodeamos de una pequeña muralla de lava, para que nadie se confundiera caminando sobre los huevitos; un nido de ostrero está conformado simplemente por unas cuantas piedritas amontonadas, sin mayor orden, y los huevos son blancos salpicados de puntitos negros, que así están camuflados contra predadores, pero no a prueba de despistados.

Del primer nido nacieron Christian y Tavito, así los llamé y así los quise por más de seis meses, en que cada semana los encontraba a lo largo de la costa de Puerto Egas junto con sus padres. Al principio tanto el macho como la hembra les traían pedacitos de erizo, pero luego se iba la familia entera a buscar sayapas o cualquier criatura de entre mareas. Tienen el pico tan fuerte que pueden incluso abrir ostras, pero en Galápagos su dieta consiste básicamente en cangrejos y erizos.

Y así, en mi primer año de guía en las islas, gasté cientos de rollos (porque era época de rollos) en la evolución de Christian y Tavito. Una preciosura de pequeños, que nacieron ya con plumón y patas fuertes para caminar, y se convirtieron en hermosos adultos, que un día no estuvieron más.

Al año siguiente, la misma pareja tuvo a Ramita, y en su tercer año, a pesar de haber puesto dos huevos, solo sobrevivió Tavito II. Luego me fui de las Encantadas por un tiempo y me perdí de seguir esta historia de amor. Sin embargo, como los ostreros pueden vivir hasta veinte años y suelen ser fieles a su territorio, tengo la ligera sospecha de que aquella pareja que sigo observando en las costas de Santiago se trata de mis viejos amigos, aquellos que despertaron en mí el cariño por las aves.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

martes, 21 de mayo de 2013

Naturaleza ‘encantada’: lagartijas de lava

La lagartija de lava de Galápagos es depredadora por excelencia y de vez en cuando come flores, hojas; es oportunistamente herbívora.
Desde Las Encantadas
Paula Tagle Saad
Estos animalitos son únicos en estas islas. Se han diversificado en nueve especies diferentes y tienen estrategias de supervivencia bastante interesantes.
Conocemos bien el cuento de que al cortarle la cola, el animalito sigue vivo, sale corriendo y eventualmente regenera un nuevo apéndice. Esto no ocurre con las iguanas mayores, como la iguana verde o la marina, parientes de las lagartijas (misma familia, guanidae, pero subfamilias distintas).
Cabe anotar que es una muy útil estrategia. Ante la presencia de un depredador, la lagartija sacrifica un pedazo de sí misma para salvar la mayoría de su integridad. La cola que regenera nunca va a ser igual, siempre más corta, y ya no de hueso, sino de cartílago (con terminaciones óseas para lograr movilidad), pero es una privación que vale la pena.
¿Y qué del ingenio de algunas lagartijas machos? Cuando son jóvenes aprenden a caminar como hembras, a hacer  flexiones de pecho típicas de las féminas, confundiendo a los machos dominantes y evitando convertirse en su almuerzo. Porque una lagartija macho  ingiere lo que sea, plantas, animales y también, para de paso eliminar competencia, cualquier otro macho joven que pudiera en el futuro causarle problemas.
Cada una de las nueve especies de lagartijas es única a su isla específica, y tiene su forma particular de comunicarse. Las flexiones de pecho sirven para delimitar territorio, enviar mensajes amorosos y quién sabe qué cosas que jamás entenderemos.
Es una ingeniosa estrategia de los machos aprender ambos estilos, así minimizan los malos ratos. Eso sí, llegado el momento preciso, con el tamaño debido, se declaran machos dominantes y ya no tienen nada que temer. La naturaleza no deja de sorprenderme con la creatividad y artimañas de sus criaturas; no fuimos los humanos quienes inventáramos el “aparentar ser”, eso ya ocurre en el planeta desde hace millones de años.
¿Y cómo así tantos tipos de lagartijas en un solo archipiélago? Se cree que el ancestro de las mismas llegó en dos ocasiones espaciadas en el tiempo. Una primera vez arribaría a las islas del sur, y una segunda, a las islas del centro y norte. Luego, en aislamiento, en hábitats ligeramente distintos, evolucionaron de manera única hasta que hoy hablamos de nueve especies completamente diferentes en su ADN, todas a partir del mismo ancestro del género microlophus.
No hay que confundir iguanas con lagartijas, a pesar de ser de la misma familia. Las lagartijas casi no tienen espinas, contrario a lo que ocurre con las iguanas. Las iguanas se valen de las uñas para obtener ventajas de alimentación o escape, mientras que para las lagartijas las uñas de las extremidades  sirven para la cacería, dándoles habilidades motrices para obtener su alimento.
Las iguanas propiamente dichas son omnívoras, y eventualmente se alimentan de presas animales, como insectos, por ejemplo, es decir, son oportunistamente carnívoras si se da la posibilidad. En cambio, las lagartijas son depredadoras por excelencia,  de vez en cuando comen flores, hojas; oportunistamente herbívoras si la vegetación abunda. Tenemos suerte de que las lagartijas de lava sean pequeñas. Qué pasaría de contar con criaturas tan grandes como el dragón de Komodo que es, por sus características, una lagartija, no una iguana.
Las caminatas por las islas no serían tan placenteras, con el riesgo de ser devorados por lagartijas monstruosas, que no dudo nos contemplarían como apetitoso plato de mesa.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

domingo, 5 de mayo de 2013

Azuay verde


El Parque Nacional Cajas no  es la única zona natural importante de la provincia del Azuay. Aquí les presentamos tres áreas más que sorprenden al viajero.

Bosque protector Aguarongo
Fuente de vida para el austro

Unos 45 minutos toma cubrir los 50 kilómetros que separan a Cuenca del Centro de Gestión e Interpretación de esta reserva natural embellecida por la vegetación y el canto de los mirlos, los colibríes y las ranas.
Vista desde uno de los miradores naturales de esta reserva.
Administrada por la fundación ecológica Rikcharina y las comunidades de Santa Ana, Zhidmad, Jadán, San Juan, San Bartolomé y Gualaceo, el complejo de cabañas redondas puede alojar hasta a 30 visitantes que –por $ 10 la noche– pueden compenetrarse de manera más cercana con este bosque considerado el “protector” de la vida local, además que es el principal abastecedor de agua de la zona.
Los visitantes estarán rodeados de diferentes plantas, entre ellas, la que da nombre al lugar, el aguarongo, una especie de penco que antes servía de alimento a los osos de anteojos.
El restaurante sirve el locro de papas, habas con queso, tortillas y cuy asado, entre otros platos, los cuales se preparan con productos adquiridos a los agricultores locales para beneficiar sus economías.
Los guías nativos lideran las caminatas por tres senderos, que brindan de una a tres horas de paseo en medio de todo tipo de plantas medicinales y ornamentales, identificadas cada una con letreros. Rikcharina maneja un programa de turismo educativo y  rural dirigido a la población nacional e internacional.
Contacto: Adrián Aguirre (09) 151-8593, aguarongo.com

Chorro de Girón
En el cerro de las cascadas

La tradición religiosa azuaya asegura que allí se produjo una aparición de la imagen de Cristo (El Señor de Girón o Señor de las Aguas), a quien se le suele rogar para que envíe la lluvia que detenga las frecuentes sequías en la Sierra Austral.
La primera caída de agua es de fácil acceso.
En estos meses de invierno, este conjunto de caídas de agua ruge vigorosamente a  unos 10 kilómetros de la cabecera cantonal de Girón, cuyo paisaje andino es una extensión del Parque Nacional Cajas, por lo que siempre vale ir con ropa abrigada para combatir las bajas temperaturas.
El acceso es por un camino carrozable hasta llegar a un  parador turístico, el cual cuenta con parqueo,  canchas deportivas, paseos a caballo, alojamiento ($ 5 por noche) y restaurante.
Desde el refugio empieza una corta caminata en el cerro hasta llegar a una primera cascada, de unos 40 metros de altura, la cual premia a los excursionistas con una piscina natural que invita a chapuzones en un agua que, según dicen algunos, tiene  poderes medicinales.  El ascenso por el cerro resulta mucho más exigido para llegar a la segunda y tercera caída de agua, por ello son menos visitadas por los turistas. Las tres precipitaciones conforman una misma cascada.
En el sector existen lugares en donde se crían y expenden truchas a los turistas.

Valle de Yunguilla
Cuna de hosterías y buen clima

Diversas hosterías y quintas vacacionales han aprovechado este escenario natural para brindar atención a los cientos de vacacionistas que semanalmente buscan relajarse en la zona. Este valle es una extensa depresión al suroccidente de la provincia, aproximadamente a 55 kilómetros de Cuenca, tomando la vía Cuenca-Girón-Pasaje.
Hostería Los Faiques de Caledonia.
El valle de Yunguilla,  destacado por su abundante flora y fauna, posee un clima cálido que fluctúa entre 20° y 25° y es propicio para el cultivo de tomate, cebolla, naranja y, especialmente, caña de azúcar. La caña es materia prima para que las moliendas locales elaboren el tradicional guarapo, que es una combinación de licor con  jugo de caña de azúcar (guarapo) y un poco de jugo de limón.
El valle está a una altura de 1.360 m.s.n.m. y se extiende hacia otras jurisdicciones cantonales del Austro ecuatoriano, como son Girón (Azuay) y Saraguro (Loja), pero básicamente se encuentra dentro del cantón Santa Isabel.
En las primeras décadas del siglo pasado, cuando el Gobierno había declarado ilegal la venta de licor (era considerado como una droga), desde esta región partían las caravanas de traficantes que viajaban hacia la Costa cargando el precioso líquido en burros o caballos.
En esos tiempos, una gran roca con forma de orangután protegía a los viajeros contrabandistas, quienes le dejaban al gran primate de piedra una bolsa llena de bebida como recompensa por haberlos dejado cruzar sin los problemas que les habrían causado las autoridades.
Esa es una historia a menudo comentada por los guías o empleados de las hosterías de la zona. Cuatro de ellas son: Sol y Agua, Los Cisnes, La Molienda y Los Faiques de Caledonia; cada una dispone de cabañas, restaurante con platos criollos y hasta piscinas con toboganes.
Contactos:  Los Faiques de Caledonia, km  47 vía Girón-Pasaje, (07) 301-3818, losfaiques@hotmail.com, www.losfaiquesdecaledonia.com. Hostería Sol y Agua, km  72 vía Girón Pasaje, (07) 227-0436, 227-0596, www.hosteriasolyagua.cuencanos.com. Hostería La Molienda, km 61 vía Girón-Pasaje, (07) 226-2217. Hostería Los Cisnes, a 300 metros hacia el sur del redondel de La Unión, en la vía Girón-Pasaje, (07) 226-2514.
Fuentes: visitaecuador.com, nuestrogiron.com/chorro.htm, viajandox.com, revistacuenca.com, latarde.com.ec, explored.com.ec
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador






viernes, 26 de abril de 2013

En las profundidades. Primeros habitantes

Estrella de sol (Heliaster cumingii).
Desde Las Encantadas
Paula Tagle
“En Galápagos se han descrito aproximadamente doscientas especies (...). Hay una en particular que me ha causado curiosidad en los últimos meses, se trata de la estrella de sol (Heliaster cumingii)”.
La zona de entre mareas está llena de misterios; un mundo poblado por criaturas antiguas, que habitan el planeta desde antes que cualquier ancestro de anfibio se atreviera a pisar tierra.
Sus formas, anatomías, estrategias de supervivencia siguen siendo las mismas que hace cientos de millones de años. Seres “matusalémicos” que, obviamente, han encontrado prácticas exitosas para seguir habitando el planeta.
Están las esponjas, sí, las mismas con que enjuagamos los platos, primeros organismos multicelulares, primeros animales propiamente dichos. Se especializaron en bombear; toneladas de agua pasan a través de sus cuerpos y así, no solo se alimentan, sino que clarifican el mar, la luz penetra mejor a los arrecifes, y la vida puede seguir su curso.
Luego están los nidarios, que fueron los primeros en juntar nervios y músculos, lo que les permitió combinar movimiento y comportamiento a la vez. Un buen ejemplo son las aguamalas, que se desplazan y alimentan al mismo tiempo.
Después aparecieron los platelmintos (gusanos planos), y con ellos se “inventó” la cacería; organismos simples pero con simetría bilateral, una ventaja para el movimiento dirigido en una sola dirección.
De ahí evolucionaron los gusanos con cuerpos anillados, que hace 530 millones de años empezaron a escarbar en el fondo marino, liberando CO2 a la atmósfera. Esto contribuyó a la formación del escudo que permitiera el desarrollo de nueva vida en la tierra.
Siguieron los moluscos, con un solo pie pegajoso; desarrollaron boca, con dientes, en lugar del orificio único (para todas las funciones) de los organismos anteriores.
Finalmente llegamos a los equinodermos, criaturas con simetría radial, filtradoras, de esqueleto interno. Constituyen el más grande phylum sin representantes terrestres o en agua dulce. Tienen el poder de restaurar tejidos, órganos, patas y logran incluso la completa regeneración a partir de una sola extremidad.
En Galápagos se han descrito aproximadamente 200 especies, la mayoría de ellas a profundidades mayores de cien metros.
Dentro de este grupo se consideran erizos, pepinos y estrellas marinas. Hay una en particular que me ha causado curiosidad en los últimos meses, se trata de la estrella de sol (Heliaster cumingii). Abundaba antes de El Niño 1982-83, luego sus avistamientos escasearon.
En mis veinte años en las islas, la había observado en contadas ocasiones. Pero en los últimos meses, por algún motivo, han sido bastante conspicuas. Su cuerpo es rojizo, de un radio de 9 centímetros y con 32 hasta 40 rayos (o patas). Los rayos están libres solo en un 25%, por lo que parece más bien un erizo sin espinas.
Se alimenta de bálanos y otros invertebrados sésiles, y es endémica. ¿Cuál será el motivo de su reciente relativa abundancia? Tal vez se deba a que las aguas en Galápagos no terminan de enfriarse, presentando temperaturas de 2 a 3 grados centígrados más elevadas que lo normal para esta época del año. ¿Será que ha disminuido su depredador? Muchas preguntas se me cruzan por la cabeza. Una relativa abundancia no es casualidad, nada en el planeta lo es. Cuando una cosa cambia, todo se afecta.
Habrá que seguir observando, investigando, y gozando con la diversidad de la zona de entre mareas.
Después de los equinodermos, los mares se poblaron de artrópodos, hasta que aparecieron los cordados, grupo al cual pertenecemos, pero eso es otra historia.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

domingo, 28 de octubre de 2012

Volcanes, fauna y comunidades, redescubiertos con rutas férreas

URBINA, Chimborazo. Gregorio Ushca, hermano del último hielero del Chimborazo, vende helados con hielo del nevado.
Robert Salazar | RIOBAMBA-URBINA-COLTA
Una espesa neblina inunda los campos. Llovizna. Los vidrios de un autoferro se empañan y el frío entumece las manos. El clima no resulta favorable ese miércoles 24 de octubre. Así sucede; es cuestión de suerte, dicen. Si todo estuviera despejado, un imponente Chimborazo deslumbraría a las personas.

Los más de 35 pasajeros, en su mayoría niños, están emocionados. Es su primera vez en un tren. Y van bien abrigados con suéteres, gorros de lana, bufandas y guantes. Es que el frío es intenso. Hace honor a la denominación de la ruta que recorre el autoferro: Tren del Hielo.

Esta es una de las dos nuevas rutas inauguradas el 3 de octubre pasado por Ferrocarriles del Ecuador y que son una opción para el feriado que se iniciará este viernes. El tren incluye diez rutas, una en la Costa y las restantes en la Sierra.

En esta ruta, entre esos 8° y 4° de temperatura, por estar a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), se pueden encontrar recuas de alpacas, llamas, ovejas, mulas. Diversidad de aves. También poblados cuyos habitantes contemplan con fervor el paso del tren.
RIOBAMBA, Chimborazo. Desde esta ciudad parte el tren que lleva a Colta, en una ruta de 88 km denominada Sendero de los Ancestros. Se la recorre en un viaje de una hora diez minutos.
Para ellos, se les ha devuelto su identidad, parte de su historia. Magaly Villacrés, de Ferrocarriles del Ecuador, afirma que en Chimborazo no existen familias cuyos ascendientes no se hayan visto ligados al tren.

Esta ruta parte a las 08:00 desde Riobamba (2.750 msnm). Bastan $ 11 para viajar, ida y vuelta, en el autoferro que hace recorridos de viernes a domingos y en días feriados. A 38 kilómetros de la estación se llega a Urbina, una parroquia de Guano a 3.609 msnm, en las faldas del nevado Chimborazo.
URBINA, Chimborazo. La estación de esta parroquia está a 3.609 metros sobre el nivel del mar. Es la más alta de la línea férrea.
Ahí, comedores y una sala con chimenea reciben a los visitantes. Para calmar el frío viene bien un morocho con empanadas de viento, a $ 1,50. Pero también hay quimbolitos, una especie de torta tradicional de los pobladores de Urbina.

“La idea es que conozcan nuestra cultura y prueben lo nuestro”, dice Manuel Pacheco, coordinador de la estación en la que también hay un refugio para hospedar a turistas que llegan a escalar el Chimborazo.
A unos metros de la estación está el Museo del Agua y el Páramo, donde se exponen piezas para tejer. También está Gregorio Ushca, hermano de Baltazar, el último hielero del Chimborazo. Por $ 0,50 ofrece a los turistas sus helados hechos con hielo picado del nevado, producto que es bien vendido, pese a las bajas temperaturas.

También se venden bufandas, guantes y gorros, cuyos costos van desde los $ 2, valor asequible gracias a que los artesanos y comerciantes no pagan alquiler de local. Ferrocarriles del Ecuador les da gratis el espacio a los emprendedores, dice Villacrés. “Esto ayuda a que la comunidad sea productiva”, relata la funcionaria, quien asegura que el propósito es que se creen al menos 10 empleos por cada kilómetro por donde pasa el tren.
La empresa pública también contempla el programa Tren Social, que consiste en llevar gratis los miércoles en tren a grupos de escasos recursos del sector, como a escolares. Patricia Tapia, profesora de la escuela fiscal Juan de Velasco, viajó con sus alumnos en esta ruta.

“El tren es prioritario en nuestras vidas; es valorar lo que tiene el Ecuador”, manifiesta.

Una hora después se emprende el viaje de regreso a Riobamba. La llovizna ha terminado y el sol comienza a cubrir los campos, pero la neblina aún oculta al Chimborazo.

Al mediodía, ya en Riobamba, parte la siguiente nueva ruta, denominada Sendero de los Ancestros. El viaje ahora es hacia Colta, esta vez en tren y a un costo de $ 15 ida y vuelta, de jueves a domingos y feriados. Desde el asiento es posible divisar, a lo lejos, varios volcanes, como el Chimborazo, Tungurahua, El Altar y el Carihuairazo.

Además de la zona montañosa, el paisaje también incluye ríos, sembríos de maíz y cebada, ganado, antiguas edificaciones y, de pasada, la planta de la Cemento Chimborazo.

Después de que el tren recorre los 44 km se llega a Colta, donde está la iglesia de Balbanera, la más antigua del país. Otro atractivo de la ruta es la laguna que lleva el nombre del cantón y en la que se puede navegar por un costo adicional.

El fuerte de esta ruta es el centro de sanación ancestral, donde el turista puede acceder a un baño a vapor, apiterapia o tratamiento psicológico al aire libre. También hay presentaciones de danza tradicional, en las cuales un grupo de nativos ataviados con sombreros, ponchos y alpargatas muestran el folclore de su tierra.

Detalles: Reservaciones
Información
Se deben reservar los pasajes con 24 horas de anticipación. Compras en cualquier oficina del país o llamando al 1800-873637. Más información en http://www.trenecuador.com.

Fuente: EL UNIVERSO Guayaquil, Ecuador

martes, 16 de octubre de 2012

Moisés, el elefante huérfano que fue adoptado por una mamá humana

AP | LILONGWE, MALAWI
Muchas madres se despiertan en medio de la noche para alimentar a sus bebés, pero no muchas lo harían para dar de comer a un pequeño elefante.

Jenny Webb adoptó un bebé elefante que tenía sólo unas semanas de nacido en febrero. El huérfano fue llamado Moses, el nombre en inglés para Moisés,debido a que fue encontrado por guardabosques sobre el pasto en el lecho de un río en la Reserva Silvestre Vwazi, en el norte de Malawi.
Los funcionarios trataron de encontrar a su familia durante dos días sin éxito, dijo Webb, de 48 años, quien supone que la madre posiblemente fue asesinada por cazadores.

La caza ilegal de elefantes es una práctica extendida en África y los defensores de animales dicen que decenas de miles son asesinados cada año por sus colmillos de marfil.

Moses pesa 100 kilos (220 libras) y a diario bebe 24 litros (6,3 galones) de leche de una fórmula infantil adicionada con leche de coco y otros 14 ingredientes. El bebé elefante vive en la Fundación Jumbo que Webb abrió para dar refugio a grandes animales.
"Los elefantes son extremadamente sensibles", explica Webb. "Me ha maravillado. Pensamos en los elefantes como criaturas grandes, fuertes, pero son muy afectivos. Moses se da cuenta de mis sentimientos. Si estoy triste, me da cariño; si me enojo, se altera rápidamente".

Webb colocó un colchón en la sala del comedor donde duermen ella y el elefante. Moses se levanta cada dos horas y da vueltas alrededor de la habitación hasta que su "mamá" se levanta y le da su biberón.

En las mañanas, cuando Webb toma café y mira la televisión, Moses pone su trompa sobre su hombro y frota su cabeza con la de ella. Y al igual que muchos niños pequeños, a Moses le gusta salir a pasear todos los días con los perros de la familia.

Fuente: EL UNIVERSO Guayaquil, Ecuador

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