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domingo, 28 de octubre de 2012

Volcanes, fauna y comunidades, redescubiertos con rutas férreas

URBINA, Chimborazo. Gregorio Ushca, hermano del último hielero del Chimborazo, vende helados con hielo del nevado.
Robert Salazar | RIOBAMBA-URBINA-COLTA
Una espesa neblina inunda los campos. Llovizna. Los vidrios de un autoferro se empañan y el frío entumece las manos. El clima no resulta favorable ese miércoles 24 de octubre. Así sucede; es cuestión de suerte, dicen. Si todo estuviera despejado, un imponente Chimborazo deslumbraría a las personas.

Los más de 35 pasajeros, en su mayoría niños, están emocionados. Es su primera vez en un tren. Y van bien abrigados con suéteres, gorros de lana, bufandas y guantes. Es que el frío es intenso. Hace honor a la denominación de la ruta que recorre el autoferro: Tren del Hielo.

Esta es una de las dos nuevas rutas inauguradas el 3 de octubre pasado por Ferrocarriles del Ecuador y que son una opción para el feriado que se iniciará este viernes. El tren incluye diez rutas, una en la Costa y las restantes en la Sierra.

En esta ruta, entre esos 8° y 4° de temperatura, por estar a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), se pueden encontrar recuas de alpacas, llamas, ovejas, mulas. Diversidad de aves. También poblados cuyos habitantes contemplan con fervor el paso del tren.
RIOBAMBA, Chimborazo. Desde esta ciudad parte el tren que lleva a Colta, en una ruta de 88 km denominada Sendero de los Ancestros. Se la recorre en un viaje de una hora diez minutos.
Para ellos, se les ha devuelto su identidad, parte de su historia. Magaly Villacrés, de Ferrocarriles del Ecuador, afirma que en Chimborazo no existen familias cuyos ascendientes no se hayan visto ligados al tren.

Esta ruta parte a las 08:00 desde Riobamba (2.750 msnm). Bastan $ 11 para viajar, ida y vuelta, en el autoferro que hace recorridos de viernes a domingos y en días feriados. A 38 kilómetros de la estación se llega a Urbina, una parroquia de Guano a 3.609 msnm, en las faldas del nevado Chimborazo.
URBINA, Chimborazo. La estación de esta parroquia está a 3.609 metros sobre el nivel del mar. Es la más alta de la línea férrea.
Ahí, comedores y una sala con chimenea reciben a los visitantes. Para calmar el frío viene bien un morocho con empanadas de viento, a $ 1,50. Pero también hay quimbolitos, una especie de torta tradicional de los pobladores de Urbina.

“La idea es que conozcan nuestra cultura y prueben lo nuestro”, dice Manuel Pacheco, coordinador de la estación en la que también hay un refugio para hospedar a turistas que llegan a escalar el Chimborazo.
A unos metros de la estación está el Museo del Agua y el Páramo, donde se exponen piezas para tejer. También está Gregorio Ushca, hermano de Baltazar, el último hielero del Chimborazo. Por $ 0,50 ofrece a los turistas sus helados hechos con hielo picado del nevado, producto que es bien vendido, pese a las bajas temperaturas.

También se venden bufandas, guantes y gorros, cuyos costos van desde los $ 2, valor asequible gracias a que los artesanos y comerciantes no pagan alquiler de local. Ferrocarriles del Ecuador les da gratis el espacio a los emprendedores, dice Villacrés. “Esto ayuda a que la comunidad sea productiva”, relata la funcionaria, quien asegura que el propósito es que se creen al menos 10 empleos por cada kilómetro por donde pasa el tren.
La empresa pública también contempla el programa Tren Social, que consiste en llevar gratis los miércoles en tren a grupos de escasos recursos del sector, como a escolares. Patricia Tapia, profesora de la escuela fiscal Juan de Velasco, viajó con sus alumnos en esta ruta.

“El tren es prioritario en nuestras vidas; es valorar lo que tiene el Ecuador”, manifiesta.

Una hora después se emprende el viaje de regreso a Riobamba. La llovizna ha terminado y el sol comienza a cubrir los campos, pero la neblina aún oculta al Chimborazo.

Al mediodía, ya en Riobamba, parte la siguiente nueva ruta, denominada Sendero de los Ancestros. El viaje ahora es hacia Colta, esta vez en tren y a un costo de $ 15 ida y vuelta, de jueves a domingos y feriados. Desde el asiento es posible divisar, a lo lejos, varios volcanes, como el Chimborazo, Tungurahua, El Altar y el Carihuairazo.

Además de la zona montañosa, el paisaje también incluye ríos, sembríos de maíz y cebada, ganado, antiguas edificaciones y, de pasada, la planta de la Cemento Chimborazo.

Después de que el tren recorre los 44 km se llega a Colta, donde está la iglesia de Balbanera, la más antigua del país. Otro atractivo de la ruta es la laguna que lleva el nombre del cantón y en la que se puede navegar por un costo adicional.

El fuerte de esta ruta es el centro de sanación ancestral, donde el turista puede acceder a un baño a vapor, apiterapia o tratamiento psicológico al aire libre. También hay presentaciones de danza tradicional, en las cuales un grupo de nativos ataviados con sombreros, ponchos y alpargatas muestran el folclore de su tierra.

Detalles: Reservaciones
Información
Se deben reservar los pasajes con 24 horas de anticipación. Compras en cualquier oficina del país o llamando al 1800-873637. Más información en http://www.trenecuador.com.

Fuente: EL UNIVERSO Guayaquil, Ecuador

miércoles, 23 de febrero de 2011

El tren ulula en seis provincias y en la Nariz del Diablo se renueva

El tramo ferroviario Alausí-Estación Palmira (descendiendo por la Nariz del Diablo), que fue inaugurado oficialmente el pasado miércoles, se suma a las siete rutas rehabilitadas en los últimos tres años.
José Olmos | PALMIRA, Chimborazo
El motorista hace sonar la bocina del tren, tres veces seguidas; la última, prolongada. No es el sonido de antaño, profundo, como un soplo agudo, pero su eco rebota en los cerros y se disipa por la neblina, por el río Chanchán, que nace en los páramos del sur de Chimborazo. El sonido en el ambiente, que compite con el gélido viento andino, anuncia que el tren, compuesto por una locomotora y tres vagones con capacidad para cien pasajeros, vuelve a descender y a escalar por un acantilado de una altura de 300 metros hasta las orillas del río. Pasa por un filudo cerro conocido desde hace décadas como la Nariz del Diablo.

El tren vuelve por estos peñascos luego de casi un año de pausa. Regresa al tramo Alausí -Estación Palmira, descendiendo por la Nariz del Diablo, para constituirse en el impulsor de la reactivación económica de esta zona, según Jorge Carrera, gerente de la empresa estatal Ferrocarriles del Ecuador.

Esta ruta, que volvió a operar el 2 de febrero del 2011 y se la inauguró oficialmente el pasado miércoles, se suma a las siete rehabilitadas en los últimos tres años y que están dedicadas exclusivamente al turismo. Son tramos de entre 10 km a 40 km, donde operan trenes o autoferros (tipo bus sobre rieles), localizados en Cañar, Guayas, Chimborazo, Cotopaxi, Pichincha e Imbabura.

Cada tramo tiene un nombre significativo, como “El sendero de los arrozales”, como se denomina al único de la Costa, que va de Durán a Yaguachi. El ministro de Turismo, Freddy Ehlers, dice que se está reviviendo la obra de Eloy Alfaro, que hace un siglo puso a andar el ferrocarril que unía a la Sierra con la Costa. Pero sobre todo, destaca que ahora impulsa el turismo, fuente de ingresos para las comunidades locales.

PALMIRA, Chimborazo. En las orillas del río Chanchán, en medio de dos grandes montañas está la estación Palmira.
Pero en el caso de la reinaugurada ruta hacia la Nariz del Diablo, la promocionada reactivación económica sigue siendo solo ilusión y pasa a convertirse en desengaño para los alauseños. “Rebajen los pasajes, $ 20 es muy caro, por eso no viene mucha gente y de nada nos sirve”, gritó un comerciante de Alausí, el pasado miércoles, justo cuando al inaugurar el tramo intervenía Ehlers.

Lorena Cortez, propietaria del restaurante El Mesón del Tren, ubicado cerca de la estación de este cantón chimboracense, asegura que la reanudación del servicio ferroviario hacia la Nariz del Diablo, a partir del 2 de enero, no ha significado ingresos económicos para su local ni el de sus vecinos. Ella señala que como la tarifa del viaje de $ 20 por persona incluye refrigerio en la estación de Palmira, quienes llegan para hacer el paseo ya no consumen en la cabecera cantonal.

“Para los turistas nacionales, el valor del pasaje es alto”, se queja la mujer, que añora el servicio que hasta hace un año se ofrecía desde Sibambe a la Nariz del Diablo, con un receso en Alausí. El valor del pasaje entonces era de $ 7,80 por persona. Por eso, agrega, hay viajes que el tren con capacidad para cien pasajeros viaja con menos de diez ocupantes.
El gerente de Ferrocarriles del Ecuador dice que los reclamos son válidos pero, acota, que es un proceso que recién empieza. “Hay que ir mejorando, pero no es que en diez días todo mundo va a solucionar su situación”, menciona Carrera. Agrega que, como cantón, Alausí debe ir potenciando el sistema turístico y ofrece llevar adelante un proceso con las autoridades locales y nacionales. Del costo, indica que el autoferro también recorre y cobra $ 6,50.

Quienes se sienten esperanzados son los integrantes de siete comunidades rurales aledañas a la estación Palmira, que han formado grupos para comercializar sus productos y artesanías en esa terminal, ubicada bajo la Nariz del Diablo, en la ribera del río Chanchán.

Aunque los resultados no son visibles. María Margarita Tene está a cargo de un puesto de venta de tejidos de un grupo de la comunidad Tolte. Las mujeres tejen y envían para comercializar en la estación férrea. Tene gana un dólar por cada prenda que comercializa. “Poco he vendido, como unas 10 cosas desde que comenzó a llegar el tren (2 de febrero). Ojalá mejore”, asegura la mujer indígena.

Esa expectativa también tienen sus vecinos de otras comunidades, como Mario Tapay, de la comunidad Nisag, quien invita a hacer paseos a su comunidad, desde la estación.

Un viaje para quien no sufre de vértigo

PALMIRA, Chimborazo. Un museo funciona en esta estación.
PALIMRA, Chimborazo
Desde la ventana del tren, parece que este viaja hasta el precipicio en la Nariz del Diablo. Llega de frente a lo que se diría la punta de la nariz, donde hay una Y de rieles. Detiene su marcha al filo del precipicio; el ayudante mueve una palanca de las rieles y hace una señal.

Entonces, el ferrocarril comienza a retroceder, pero de retro. Así avanza 1,7 km y en menos de cinco minutos ha descendido unos 250 metros de altitud, hasta una minicuenca del Chanchán, en medio de dos gigantescas montañas coronadas por neblina gran parte del año. Allí hay otra Y. La máquina retoma su recorrido de frente. En el retorno hace el mismo proceso, pero al revés.

Aquel viaje, desde Alausí a Palmira, no toma más que 35 minutos, pero está lleno de emociones. Luis Orlando Centeno, uno de los guías, indica que la montaña donde está la Nariz del Diablo es conocida como Chiripungo, “puerta del viento” en español, porque allí hay siempre nubes, por el choque de vientos que provienen de la Costa y de la Sierra.

La Y de rieles. Aquí el tren cambia el sentido del recorrido.

Cuando se construyó el trayecto, hace un siglo, alrededor de 2.000 obreros, entre ellos jamaiquinos, murieron por la rigurosidad de los trabajos y el clima de la zona. Toda la línea férrea (13 km) y sus durmientes se reemplazaron a un valor de 4,6 millones. El tren, movido por una locomotora a electrodiésel y con vagones tipo colonial, tiene asientos cómodos, servicio de guías.

Este tren viaja de martes a domingo, en horarios de 08:00, 11:00 y 15:00. También circula un autoferro en ese mismo horario, pero con pasaje más económico. En la estación de Palmira, comuneros locales venden artesanías, productos de la zona y hasta funciona un museo.

Para ir de Guayaquil se debe tomar la carretera El Triunfo-Huigra-Alausí, cuyo recorrido toma unas tres horas.

jueves, 3 de febrero de 2011

3 turnos diarios para pasear por Nariz del Diablo

ALAUSÍ, Chimborazo. El tramo Nariz del Diablo es uno de los que despierta más interés en los turistas por el paisaje de la zona.
Víctor Hugo Cevallos | ALAUSÍ, Chimborazo
Con paradas especiales en los sitios Chiripungo, Piedra Grande, Zigzag Alto y Nariz del Diablo, y en medio del júbilo de pobladores, se realizó el primer viaje del ferrocarril de la ruta Alausí-Sibambe, el martes pasado, luego de casi un año de suspensión por reparaciones. 

Una hora tomó la locomotora de electro-diésel, de 80 toneladas y provista de tres coches coloniales (con capacidad para 34 pasajeros), para cubrir esa ruta que apunta a consolidarse como atractivo turístico, pues es parte de un plan que incluye oferta turística, cultural y gastronómica en coordinación con las comunidades asentadas en el sector de la línea férrea.

La obra demandó $ 4’697 mil. Entre las tareas ejecutadas consta la recuperación de la estación Sibambe que ahora cuenta con sala de proyecciones, bar, internet, museo; además, incorpora locales de comidas típicas dirigidos por indígenas de Nizac, Tolte y otras organizaciones.
Turistas viajan a bordo del tren cerca de la estación de Alausí.
Para rehabilitar los 13,5 km de vía férrea se emplearon 22 mil durmientes de madera; un promedio de 1.700 por kilómetro, dijo Freddy Cabrera, gerente regional de la Empresa Ferrocarriles del Ecuador (EFE).

Las salidas del tren en la ruta Alausí-Sibambe son de martes a domingo, a las 08:00, 11:00 y 15:00, a un costo de $ 20, dijo Magaly Villacrés, de la EFE.

Está pendiente rehabilitar los tramos férreos Palmira-Riobamba y Riobamba-Ambato, que requieren $ 18 y 24 millones de inversión, en su orden.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Reserva Chimborazo protege belleza entre las nubes y los suelos

El volcán Chimborazo tiene cinco puntas, entre los 6.100 y 6.310 metros
 de altura. Del nevado más alto del país nace una veintena
 de riachuelos que proveen agua a la provincia y zonas cercanas.
Áreas protegidas
Entre los vientos helados del páramo y los suelos esponjosos de los pajonales de la Reserva de Producción Faunística Chimborazo (RPFC) se teje una historia de amor ancestral que intenta explicar la riqueza natural de la zona.


Los habitantes de las 38 comunidades que se asientan dentro de esta zona de 58.560 hectáreas repiten el relato que sus abuelos les contaron: el taita Chimborazo y la mama Tungurahua mantenían un romance de siglos, su amor se manifestaba entre vientos, lloviznas y relámpagos, y fruto de esa relación nacieron los valles, páramos, riachuelos y las lagunas ubicadas hacia el occidente de ambos volcanes. 


Esta riqueza fecundada entre dos grandes de la naturaleza, según la mitología andina, se convirtió en área protegida en octubre de 1987, cuando se establecen programas para la recuperación de la cobertura vegetal que el ganado bovino, principalmente, se había encargado de destruir, y se crean controles para la expansión agrícola. Iniciativas que, según las autoridades locales, están dando resultados, pues las comunidades han entendido que a mayor conservación, mayor turismo y bienestar.


Dentro de la reserva existen tres ecosistemas: los páramos pajonales o bosques alto andinos, con suelos esponjosos que atrapan dióxido de carbono y filtran aguas puras hacia los ríos; los páramos arenales, el único páramo seco que existe en Ecuador; y los pastos naturales, recuperados con la reducción del ganado bovino y la inserción de camélidos como llamas, alpacas y vicuñas, animales con patas blandas y esponjosas que no alteran los suelos andinos. 

La perdiz de páramo es una pequeña ave que se adapta a las
zonas andinas y busca comida en los sitios áridos de la reserva
.
Estos sistemas naturales pueden ser ignorados después de ver al imponente Chimborazo, de 6.310 metros de altura. Los alrededores de la reserva parecen áridos y desolados, pero entre los sistemas que ahí convergen están los bofedales (humedales de altura), de vital importancia para la regulación hídrica de las poblaciones aledañas. Patricio Hermina, responsable de la RPFC, explica que estos ecosistemas almacenan las aguas provenientes de precipitaciones pluviales, deshielo de glaciares y principalmente afloramientos superficiales de aguas subterráneas. 


Estos terrenos llenos de almohadillas verdes absorben los líquidos y los llevan hasta los suelos negros orgánicos, que pueden llegar a medir hasta dos metros de espesor (los bosques tropicales tienen alrededor de diez centímetros), logrando purificar aún más el agua que llega a los ríos, entre ellos el Chagpobio, el primer afluente de las aguas que forman el río Guayas, cumpliendo la composición del Escudo Nacional, comenta. 


Pero no solo el suelo se destaca en esta reserva, el Libro Rojo de las Plantas Endémicas del Ecuador documenta la existencia de 146 especies propias de la zona, un número bajo en comparación con las áreas cercanas, pero alto al considerar que la RPFC es de menor tamaño y su rango altitudinal dificulta la supervivencia de especies, aclara la Guía Interpretativa, donde también se refiere que en esta zona está el 35% de las especies vegetales endémicas de la provincia de Chimborazo, que cuenta con 419 en total. 


Entre la neblina, el grupo faunístico predominante es el de las aves. Los recorridos de diferentes ornitólogos han generado una lista de 60 especies. Entre las que mejor se han adaptado al frío están la perdiz y la agachona de páramo, que prefieren las zonas más desprovistas de vegetación, donde usualmente encuentran rocas cubiertas de líquenes y pocas plantas pequeñas y rastreras, y donde se mimetizan con el fondo pardo arenoso de los páramos secos. Pero, sin duda, el mayor representante plumífero que soporta el frío con la energía desprendida de sus alas en constante movimiento es el colibrí estrella del Chimborazo, una pequeña ave de largo pico y colorida vestimenta que agita los pasivos musgos. 

Las alpacas, además de las llamas y vicuñas, son especies
 camélidas que no dañan la cobertura vegetal de los páramos.
En este ecosistema los anfibios no son un grupo representativo actualmente, pero hace varias décadas la RPFC fue hábitat de las extintas ranas jambato, endémicas del Ecuador, y ahora solo cobija a otras cinco especies, también en peligro de extinción, según investigaciones de la Pontificia Universidad Católica de Quito. 


Mientras, dentro de esta área protegida se registran al menos 17 especies de mamíferos, según el Libro Rojo de Mamíferos del Ecuador, entre ellas, la musaraña, el chucuri, dos tipos de murciélagos, ratones de campo, conejos silvestres, lobo de páramo, entre otros. Pero sin duda los que más se resaltan son los bien cobijados camélidos.


A fines de los años ochenta se inició el Plan de reintroducción y manejo de la vicuña, impulsado por el Ministerio del Ambiente, que introdujo alrededor de 30 vicuñas peruanas que ahora llegan a 3.250 ejemplares que caminan libremente, según el último censo realizado en el 2009, indica el director provincial del Ambiente de Chimborazo, Pablo Fierro.


La vicuña está declarada animal intangible, es decir, ningún ser humano la puede depredar. Sin embargo, la Fundación alemana GTZ contrató a Fundación Eco Ciencia para la elaboración de un Plan de Manejo de la Vicuña, comenta Fierro, quien refiere también que, debido a la ahora considerable población de este animal, se le podría quitar la distinción e impulsar un manejo sustentable de la especie.

Vegetación y fauna atraen a miles de turistas al año, 8.000 en promedio, según el responsable de la Reserva; pero mientras el Plan Gerencial del 2006 detalla como óptima la presencia de catorce guardaparques, solo hay siete, que reparten su tiempo entre las labores de control y las guías turísticas.

En ese escenario, la historia de amor entre gigantes continúa transmitiéndose de generación en generación: después de fecundar a los valles, las lagunas y los páramos, la mama Tungurahua cubrió al Chimborazo con neblina e inició un romance clandestino con el volcán Capac Urcu, pero los vientos dispersaron la neblina y el Chimborazo los descubrió. Este descargó su ira hacia el ahora conocido como Altar, que a partir de ese momento tomó su forma actual: más pequeño y con sus puntas quebradas. La misma suerte tuvo el volcán Carihuairazo, ubicado dentro de la Reserva, por alcahuete. 

Desde entonces, la mama Tungurahua mira hacia el nororiente, evitando la mirada todavía celosa del Chimborazo. Pero, según tradición oral del pueblo Puruhá, el taita Chimborazo “tampoco fue un santo”, pues al ver una doncella sola por el campo, se ataviaba de elegantes trajes y bajaba a poseerla; y por eso, de cuando en cuando, la mama Tungurahua le arrojaba bocanadas de ceniza que dejaban plomizo y deslucido su inmaculado traje blanco.

martes, 12 de octubre de 2010

Sangay, Patrimonio Natural a la espera de protección eficiente

Dentro del Parque Nacional Sangay se levantan tres volcanes: Tungurahua, Altar y Sangay (foto), todos superan los 5.000 metros de altura y son los principales atractivos turísticos del área.
Áreas protegidas
Paolo Catelan, representante de la Fundación Sangay, se arriesga a decir que dentro del Parque Nacional Sangay (PNS) están resumidos todos los ecosistemas del planeta. Aunque la expresión de este italiano dedicado a la conservación del hábitat de la zona resulta una exageración, no se aleja mucho de la realidad.

El PNS, ubicado entre las provincias Tungurahua, Chimborazo, Morona Santiago y Cañar, tiene 16 clasificaciones vegetales que van desde los bosques siempre verdes de montaña hasta los páramos, pasando por las zonas de neblina, herbazales lacustres, matorrales húmedos, entre otros, que recorren la cordillera occidental del Ecuador.

El sistema lacustre de esta área protegida forma ecosistemas de
 humedades que alimentan los principales ríos de la zona andina.
Pero pese a la importancia ecológica del área, que en 1983 motivó a la Unesco a declararlo Patrimonio Natural de la Humanidad, el último Plan de Manejo que define los parámetros para su conservación se realizó en 1998, y aunque en el Plan Gerencial, elaborado en el 2005, se plantea que a fines del presente año este contará con un manejo eficiente de sus recursos naturales, hasta la fecha las amenazas siguen siendo, más o menos, las mismas.

Cacería ilegal, tráfico de especies, sobrepastoreo y tenencia de tierras representan las principales amenazas de una de las áreas protegidas con mayor diversidad biológica del Ecuador, problemas que se enmarcan en la falta de control y vigilancia que limita a los responsables del sitio.

En el Parque Nacional Sangay y en la zona de amortiguamiento
 habitan culturas ancestrales como los Shuar.
 Un ecosistema donde habitan 107 especies de mamíferos, 400 de aves, 20 de anfibios, 11 de reptiles y 8 de peces, según la base de datos de Fundación Natura del 2002. Donde permanecen 327 lagunas, que cubren una superficie de 31.527 kilómetros cuadrados, siendo las de Ozogoche, Altillo y Culebrillas las más representativas. Donde se han encontrado restos arqueológicos aún no estudiados y se levantan los volcanes Altar, Tungurahua y Sangay, estos dos últimos activos. 

Esta área empezó siendo Reserva Ecológica en 1975, y cuatro años después ascendió a la categoría actual, Parque Nacional, con 271.925 hectáreas, que hasta hoy mantiene la designación de la Unesco, título que en el país solo lo iguala el Archipiélago de Galápagos.

De acuerdo con la Ley Forestal, la diferencia entre Reserva Ecológica y Parque Nacional es que la primera contempla áreas donde habitan especies importantes y en peligro de extinción, mientras el segundo debe mantener su condición natural y albergar diversidad de especies importantes para la ciencia, educación y recreación. 

La UICN y otros organismos mantienen el Proyecto
Red de Caminos Ancestrales Andinos, que incluye al PNS.
Sin embargo, el título internacional se declaró en peligro en 1992, cuando se inició la construcción de la carretera Guamote-Macas (hoy conocida como Riobamba-Macas y en etapa de asfaltado), que va desde el altiplano andino hasta la cuenca amazónica, cortando transversalmente el Parque. Pero tras la polémica generada, el mismo año, las autoridades ambientales le duplicaron su extensión, aunque la Unesco no consideró al nuevo territorio dentro de la designación y recién en el 2005 retiró al PNS de la lista de Patrimonios Naturales en Peligro, debido a “una neta reducción de la actividad humana perjudicial para su medio ambiente natural”.

Si bien el organismo internacional consideró que los peligros se habían reducido, los responsables del PNS aún luchan contra la falta de conciencia ambiental de los habitantes de la parte norte del sitio y aquellos asentados en las zonas de amortiguamiento, que aunque legalmente no pertenece al Parque afectan al ecosistema mediante sus formas de vida.

La protección de esta área que alberga más de 140 fuentes de agua, entre cuencas y subcuencas, que alimentan los cuatro grandes subsistemas fluviales de los ríos Pastaza, Santiago, Cañar y Chimbo, está dividida, administrativamente, en tres zonas: Alta, Baja y Sur. Entre ellas no alcanzan a completar 20 guardaparques, aun cuando en el mismo Plan de Manejo se considera como óptima la presencia de 56. 

Áreas protegidas
Víctor León, responsable de biodiversidad de Morona Santiago y de la administración de la Zona Baja, describe que para las 350 mil hectáreas, aproximadamente, que tiene a cargo cuenta con seis guardaparques, incluido él, que no alcanzan para controlar la cacería ilegal de aves, de especies como cacique, perico pechiblanco y loro carirrojo, pues el presupuesto anual se ocupa básicamente en movilización y esporádicos programas de educación ambiental.

Igual situación enfrenta Miguel Acuña, responsable de la Zona Alta, en Cañar, quien también se incluye entre los diez guardaparques disponibles para vigilar 240 mil hectáreas, aproximadamente. Esto aumenta su preocupación, ya que a diferencia de la Zona Baja, esta se constituyó con pobladores que, según sus cálculos, ocupan alrededor de 35 mil hectáreas.

Pero acá el presupuesto con el que cuentan, dice, no alcanza para concienciar a los pobladores y contrarrestar el exceso de ganado vacuno y bovino, que han producido un sobrepastoreo (eliminación de la cobertura vegetal original para generar pasto que sirva de alimento animal), que afecta la fragilidad del páramo. Efecto que intentan restar con la permanencia de dos guardaparques en las cercanías de los humedales de Ozogoche, que se encargan de desviar al ganado que llega en busca de comida.

Isabel Endara, directora nacional de Biodiversidad del Ministerio del Ambiente, reconoce que no contar con un Plan de Manejo actualizado dificulta la conservación del sitio, “pues las necesidades han cambiado a lo largo de los años”. Pero ante la falta de personal y presupuesto para cumplir programas de educación ambiental que refieren los responsables de las zonas Alta y Baja, ella garantiza que esta y otras irregularidades serán evaluadas en el próximo Plan de Manejo, que espera iniciar y completar entre el 2011 y 2012.

Mientras tanto, el PNS espera bajo la protección de su propia geografía, que atrae y al mismo tiempo dificulta el acceso de aquellos que pretenden aprovechar sus recursos en favor de su soledad.

Fuente: eluniverso.com

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