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viernes, 11 de febrero de 2011

Del cautiverio al bosque, posibilidad aún incierta

Esta especie de rana arlequín, en Ecuador conocida como jambato de las tres cruces, iniciará el proceso de reproducción en cautiverio en los próximos meses, dentro de La Balsa de los Sapos.

Limón y Elegants son dos pequeñas ranitas que se creyeron extintas en el Ecuador, pues gran parte de los bosques donde vivían fueron reemplazados por carreteras o dañados por la explotación minera, o porque muchos de sus familiares no soportaron el alza de la temperatura, los cambios climáticos y una terrible plaga de hongos. 

De esto ya hace al menos dos décadas. Pero mientras Limón y Elegants luchaban por sobrevivir y darle continuidad a su especie, unos amantes de las ranas decidieron emprender un viaje. A la travesía la llamaron La Balsa de los Sapos, un proyecto de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) financiado, entre otros, por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología y la Corporación Financiera Nacional. 

Esta balsa, que lleva seis años navegando, encontró a Limón y Elegants a fines del año pasado, en Morona Santiago y entre Esmeraldas y Cotopaxi, respectivamente.

Andrés Merino, actual responsable del proyecto La Balsa de los Sapos, explica que el programa se inició, liderado por Luis Coloma, porque se dieron cuenta de que para algunas especies no existía otra opción que la reproducción en cautiverio, mientras se intenta solucionar o al menos apaciguar los problemas de sus hábitats.

Cuando Limón y Elegants llegaron al laboratorio, los científicos probaron muchas técnicas para lograr que se reproduzcan; sin embargo, la que dio resultados fue la inyección de hormonas estimulantes.

En la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, todos los días se monitorea el estado de las 600 ranas nacidas en cautiverio.
Las hembras de ambas especies se reproducen cada mes, aproximadamente, y dejan entre 700 y 1.000 huevos. Estos, en estado natural, serían depositados en un río y apenas el 2% sobreviviría, explica Merino; mientras, en el laboratorio se ocupan de que casi el 80% de los huevos se desarrollen como renacuajos y emprendan el camino hacia la adultez. 

Por primera vez en Ecuador, desde que se inició el proceso de reproducción en cautiverio, las especies casi extintas Limón y Elegants tienen descendencia, una numerosa generación que ya alcanza los 600 individuos en etapa juvenil. 

Estas ranas adolescentes permanecen en las instalaciones del recinto universitario, cada una en su respectivo cajón y con un simulador de temperatura que les hace creer que están en su bosque.

Merino explica que no se puede colocar dos ranas dentro de la misma caja por varias razones: solo se puede identificar el sexo de la especie en su etapa adulta; si se colocan dos machos en la misma caja, pueden llegar a matarse; y si una rana contrae alguna enfermedad, enseguida se la contagiaría a las demás. “No podemos arriesgarnos a que se enfermen y mueran, por eso mantenemos estándares de bioseguridad muy elevados”, comenta el experto.

Sin embargo, pese a los cuidados que La Balsa de los Sapos proporciona a estas especies, la segunda etapa del proceso, la reinserción de las ranitas a su entorno natural, no está asegurada, pues su ecosistema no está apto para recibirlas, comenta Santiago Ron, especialista del equipo que trabaja con los anfibios en cautiverio.
Una de las ranas juveniles. En este periodo aún no adquieren las formas y colores intensos que las caracteriza en su adultez.
En Morona Santiago, describe Ron, la vegetación natural está destruida, hay poco bosque y las ranas no tendrían a dónde migrar, y por eso cuando se dio la ampliación de la carretera, gran parte de la población anfibia desapareció. Además, cuando los ríos se llenaron de sedimentos, producto de los desechos de la explotación minera, las arlequines, o ranas jambato, desaparecieron, excepto unas cuantas, añade. 

En el noroeste del país, entre Esmeraldas y Cotopaxi, la situación es más crítica, opina Ron, pues ahí no hay ninguna mejora en su hábitat.

Las ranas arlequines, en Ecuador conocidas también como ranas jambato, son propias de Centro y Sudamérica, pero cerca del 70% de ellas desaparecieron entre las décadas del ochenta y noventa, y en 1988 se dieron por extintas en los páramos ecuatorianos, según investigaciones de la PUCE.

Limón y Elegants son representantes de la gran diversidad anfibia que habita Ecuador, una característica que Merino y Ron destacan y también comparten en programas de educación ambiental. “Queremos frenar las extinciones de anfibios, que ellos puedan volver a la naturaleza y continúen cumpliendo su rol en la cadena alimenticia, en el control de plagas y como bioindicadores del ambiente”, concluye Ron.

Ecuador: Diversidad
443
Especies de ranas y sapos. Ecuador ocupa el tercer lugar en el mundo en diversidad de ranas y sapos, por debajo de Colombia y Brasil. Pero si se considera la extensión territorial, es el país con mayor número de especies por kilómetro cuadrado. 

139
Especies en peligro. Se estima como número mínimo en riesgo de extinción, y de este se presume que 25 ya están extintas.

martes, 1 de febrero de 2011

Humedales andinos, delicados defensores de la contaminación

La Laguna de Cube, dentro de la Reserva Ecológica Mache Chindul, es considerada un Humedal Ramsar desde el 2002.

Extensiones de marismas cuya profundidad en marea baja no exceda los seis metros, pantanos, superficies cubiertas de agua natural o artificial, permanente o temporal, estancada o corriente, dulce o salada, estos son los humedales. Así lo define el Convenio sobre Humedales o Ramsar, firmado el 2 de febrero de 1971 a orillas del Mar Caspio, en la ciudad iraní de Ramsar.

Desde entonces, el 2 de febrero de cada año se recuerda como el Día Internacional de los Humedales. Ecosistemas que actúan como reguladores de agua, fuente de suministro para grandes poblaciones y actividades agrícolas; como regulación del cambio climático global, a través del almacenamiento de una gran proporción del carbono fijado en la biosfera, gracias a que la vegetación predominante, los bofedales, actúan como almohadillas absorbentes, entre otras funciones primordiales en la estabilidad ecosistémica del planeta.

A fines de diciembre pasado, Fundación Eco Ciencia publicó el informe final de su Proyecto de valoración económica de humedales altoandinos, una investigación de siete meses en la que se establece la función de los humedales como un servicio ambiental, y a este se le atribuye un valor económico.

Adriana Flachier, responsable del proyecto, explica que es bastante difícil asignarles una cifra a los “servicios” que presta la naturaleza, pero lo hicieron para concienciar sobre el importante trabajo que estos ecosistemas brindan.

En esa investigación se toman como puntos de estudio el sistema Oña-Nabón-Saraguro- Yacuambi, entre Azuay, Loja y Zamora Chinchipe, y el frente suroccidental de Tungurahua. 

En la primera zona de estudio, de 218 hectáreas, ¿cuánto costaría una construcción artificial (reservorio) que regule el agua de los ríos? El documento informa que el costo sería de $ 696,9 miles por año, es decir, $ 3.196,8 por hectárea. Pero este es un trabajo que los humedales de páramo lo brindan gratis.

En el mismo espacio, ¿cuánto costaría atrapar la misma cantidad de carbono que atrapan los suelos de almohadillas? Costaría $ 13.340,62 por hectárea, es decir, $ 2,9 millones. Servicio ambiental que estas sábanas verdes proporcionan también sin costos. 
El musgo es una de las especies predominantes en los humedales de páramo, así como las almohadillas que se forman en las superficies de suelos y pantanos.
En la segunda área de estudio, de 1.971 hectáreas, en la provincia de Tungurahua, el valor económico del servicio ambiental de provisión de agua asciende a $ 196,4 miles por año; mientras que el servicio de almacenamiento del líquido llega a $ 6,5 millones, es decir, a $ 3.299,2 por hectárea.

En casi 2.000 hectáreas de bofedales, ¿cuánto costaría igualar la retención de carbono? Ese servicio hasta ahora brindado por la naturaleza costaría $ 7.787,3 por hectárea. Un total de $ 15,3 millones, según el Proyecto de Fundación Eco Ciencia, que también realizó la comparación de la capacidad de absorción de agua y carbono de los humedales intervenidos y no intervenidos.

En las 11 provincias de la región Sierra se ubican 59 humedales altoandinos, 36 grandes sistemas y 23 asilados. Entre todos suman 661.309 hectáreas, considerando sus microcuencas de alimentación de agua. 

Con tal cantidad de humedales y las óptimas funciones que poseen podría decirse que la cantidad de agua en los ríos es la indicada y que los niveles de dióxido de carbono son bastante bajos; sin embargo, estos ecosistemas altamente sensibles son más vulnerables a la degradación ambiental y a los efectos del cambio climático.

Flachier explica que estos ambientes sufren presiones a través de actividades invasivas como la ganadería, que compacta el suelo; la expansión de la frontera agrícola, que incluye drenajes, contaminación por químicos y la eliminación de desechos; la construcción de carreteras y represas, que influye en las funciones ecosistémicas y sociales de los humedales, entre otros factores.

La investigación también compara la eficiencia de los entornos intervenidos y no intervenidos. El sistema no intervenido de Oña-Nabón-Saraguro- Yacuambi, en Loja, reflejó retener el 87,45% de humedad, en promedio. Mientras, un sitio intervenido por la ganadería, del frente suroccidental de Tungurahua, solo mantiene el 60,8% de humedad, en promedio, perdiéndose la capacidad de almacenamiento de agua.

Con la intención de llegar a las autoridades, reflejando el valor ambiental en dólares, Fundación Eco Ciencia, con el apoyo del Ministerio del Ambiente, la Universidad Técnica Particular de Loja y la Fundación Wetland International, exaltan estos complejos, diversos e importantes ecosistemas húmedos.
Reconocimiento
Según el sitio web del Ministerio del Ambiente, Ecuador tiene trece humedales reconocidos como Ramsar, es decir, de importancia internacional, entre estos están el Parque Nacional Cajas, en Azuay; el Parque Nacional Machalilla, en Manabí; la isla Santay, en Guayas; la Laguna de Cube, en Esmeraldas, entre otros.

Esta última, ubicada dentro de la Reserva Ecológica Mache Chindul, recibió el Premio Internacional de Humedales 2010 en la categoría Globo Verde: por mejores prácticas de restauración de humedales.

Este premio es un reconocimiento a la gestión de la Laguna de Cube y a sus pobladores, quienes llevan a cabo varias iniciativas para conservar este lugar tanto por sus características ecológicas como por sus valores hidrológicos. 

La Laguna de Cube fue declarada como Sitio Ramsar en el año 2002, en el marco de la Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional, y en sus alrededores habita una gran diversidad de plantas, aves, anfibios y reptiles. Además, en el área se constituye un reservorio natural de agua que permite controlar las inundaciones en tierras bajas. 

En el sitio, las fundaciones Conservación Internacional, El Kaimán y Jatun Sacha, mediante la ejecución de varios proyectos de reforestación, educación, saneamiento ambiental y actividades de ecoturismo comunitario, intentan fortalecer la capacidad de organización de los habitantes de la zona.

Fuente: eluniverso.com

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Turismo pone en peligro la diversidad entre Costa y Sierra

La laguna de Piñán es, además de la laguna de Cuicocha, uno de los principales atractivos de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas. Sus alrededores representan la vegetación propia de los páramos, suelos muy sensibles a las actividades humanas.
Áreas protegidas
Una laguna en la cima de un volcán, lagos de hasta 2,5 kilómetros de largo a 4.000 metros sobre el nivel del mar y aguas termales de origen volcánico son solo algunos de los atractivos de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas (RECC), en el norte del país, entre Esmeraldas e Imbabura. 

Las 243.638 hectáreas de la Reserva se encuentran en las eco-regiones terrestres Tumbes-Chocó-Magdalena y Andes Tropicales, 2 de las 34 regiones de mayor endemismo y más amenazadas del planeta, según el Plan de Manejo (2007), además de estar reconocida internacionalmente, desde el 2005, como uno de los 34 principales hotspots o área crítica para la biodiversidad por la Usaid (siglas en inglés de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional).
Dentro del área se encuentran dos puntos volcánicos: el Cotacachi (foto), a 4.939 msnm, el punto más alto de la reserva; y el cerro Yanahúrco, un volcán apagado de 4.538 metros.
Según el Plan de Manejo de esta Reserva, el 34% de la vegetación existente está intacto, mientras que el resto es una zona altamente fragmentada, pero aun así esta área, junto con la Reserva Étnica Forestal Awá, son dos de las últimas zonas protegidas relativamente intactas que representan los ecosistemas naturales de la región.

Una zona donde el rango altitudinal va de 30 a 4.939 metros sobre el nivel del mar, y entre estos desniveles la vegetación va desde el bosque húmedo piemontano, en las cuencas de los ríos San Miguel, Santiago, Bravo, entre otros, hasta el páramo pajonal, en la parte alta del volcán Cotacachi.
En la zona alta se observan verdes paisajes donde se encuentra el árbol de piñón (foto), también una atracción turística.
El accidentado terreno y los diferentes climas y suelos explican la biodiversidad de la zona, según científicos, con 2.017 especies de plantas vasculares, reportadas hasta el 2007, dentro de la Reserva y en su zona de amortiguamiento, es decir, el 13,8% de total reportado en el Catálogo de plantas vasculares del Ecuador. Y en el Libro rojo de las plantas endémicas del Ecuador se incluyen 78 especies de flora endémica, aunque se estima la presencia de 320 más.

También se reportan 139 especies de mamíferos, entre ellos el tigrillo, jaguar, puma y el mono araña. Y se estima la presencia de casi 700 especies de aves, entre ellas, la más rapaz y fuerte del mundo, el águila arpía, cuya especie está siendo estudiada en la zona de influencia de la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno.
El mirlo es un ave común en los alrededores de la laguna de Cuicocha.
Las cifras que destaca el Plan de Manejo han sido obtenidas de las escasas investigaciones generales realizadas, pues la mayoría de ellas se concentra en los alrededores de la laguna de Cuicocha, uno de sus principales atractivos, donde la huella del turismo descontrolado ya se está haciendo presente en el deterioro de la cobertura vegetal. Según los registros del puesto de control de ingreso a la parte alta del sitio, entre 7.500 y 8.000 personas la visita mensualmente.

Plutarco Méndez, uno de los guardaparques del lugar, reconoce que pese a que las caminatas son por senderos autoguiados y señalizados, las personas no respetan los caminos y se apartan de ellos, destruyendo la flora del entorno.
Según el Plan de Manejo, en el área se reportan 111 especies de reptiles.
“En 10 kilómetros que tiene el sendero no se puede controlar a todos los caminantes y las dos personas que permanecen en el control no se abastecen para cumplir con la vigilancia”, comenta el también encargado de guiar a los visitantes en el Centro de Interpretación que se construyó hace más de diez años.

A la laguna de Cuicocha, ubicada en el cráter de un volcán apagado a 3.068 metros sobre el nivel del mar, en la zona alta de la provincia de Imbabura, se llega por una vía asfaltada de 12 kilómetros, partiendo desde la ciudad de Cotacachi y tras caminar un sendero autoguiado de 10 kilómetros, donde ciertos caminantes irrespetan la señalética transitando por la vegetación circundante. 
La abundancia de flora promueve la presencia de abejas y grandes panales.
Una vez que el visitante cancela el precio de la entrada ($ 2), no tiene ningún control. Ante esto, Segundo Fuentes, director provincial de Medio Ambiente en Imbabura, refiere que los once guardaparques de la zona no se abastecen para controlar la cantidad de turistas.

Para el control de la zona de Imbabura –el 20% del área–, Fuentes informa que se reciben de $25 a $ 30 mil del Ministerio del Ambiente (MAE), y aproximadamente $ 170 mil de autogestión con diferentes ONG. Sin embargo, dice también que esto alcanza para la parte operativa, es decir, capacitación al personal y campañas de promoción turística.

Mientras, Fernando Morcillo, responsable de la Reserva, en Esmeraldas, provincia donde se asienta el 80% del área, informa que recibe $ 10.300 de parte del MAE y $ 19.000 por el Fondo Ambiental Nacional del MAE. Sin contar los $ 325 mil que dona un proyecto estadounidense para las reservas Cotacachi-Cayapas y para Cayapas-Mataje, porque dicho presupuesto es manejado por la Escuela de Biología Aplicada de la Universidad San Francisco de Quito, y, dice, no conoce los detalles. 

“El presupuesto es irrisorio para la gran cantidad de necesidades que tenemos”, comenta este biólogo que lleva dos años en el cargo. 
En la zona baja de las reserva no hay habitantes, pero las presiones por invadir el área protegida son intensas, añade el funcionario, quien explica que a los traficantes de tierras no les importa caminar largas distancias para posicionarse de los terrenos y por ello considera prioritario delimitar el sector.

Por ahora, Morcillo dice que los esfuerzos están concentrados en capacitar al personal de los comités de ayuda, conformados por los habitantes de la zona de amortiguamiento, para que colaboren con el control y vigilancia de la zona.

Aunque en el Plan de Manejo de la Reserva se informa que la tala de madera y la industria minera son las principales amenazas, Morcillo asegura que estos factores están presentes en la zona de influencia, pero no dentro del área protegida. 

Los ocho guardaparques que trabajan en esta zona tienen asignados 37 kilómetros lineales cada uno, distancia que no alcanzan a vigilar y controlar con eficiencia.

“El presupuesto se va en combustible y fortalecimiento al Comité de Gestión, que incluye el pago de personal de apoyo a las labores de guardaparques”, explica el funcionario. 

Pero pese a las perspectivas de deterioro ecológico, los proyectos futuros se basan en el turismo: en el primer trimestre del 2011 está prevista la construcción del Proyecto Cuichi Concha (Arco Iris de la laguna), cuyo eje principal será una ruta sagrada en la cual participarán las comunidades indígenas de la zona de Imbabura, y en el transcurso del año la construcción de un camino ancestral en el contorno de la laguna de Cuicocha.

lunes, 18 de octubre de 2010

Mache Chindul, una exuberante reserva tropical amenazada

La Reserva Ecológica Mache Chindul protege uno de los ecosistemas
 más escasos a nivel mundial, los bosques tropicales.
 Áreas protegidas
Entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico está la Reserva Ecológica Mache Chindul (Remach), ocupando una pequeña parte de territorio manabita y una amplia porción, el 90%, de tierras esmeraldeñas. En este territorio ecuatoriano está una de las zonas con más biodiversidad y endemismo de plantas vasculares (retienen agua y minerales) del mundo. 

La Remach es uno de los últimos remanentes de bosques húmedos y secos tropicales del país y uno de los pocos del mundo. Un área protegida donde se han contabilizado 1.436 especies de plantas, 136 clases de mamíferos, 491 de aves, 54 de anfibios y 38 de reptiles, según el Plan de Manejo elaborado en el 2005, pero donde se presume existe mucha más variedad.
Existen casi 500 especies de aves.
En la reserva de 119.172 hectáreas predomina el verdor de los bosques alimentados por las abundantes lluvias, y el sonido de las caudalosas cascadas contrasta con la calma de la Laguna de Cube, un espacio de más de 100 hectáreas reconocido por la Convención de Humedales de Importancia Internacional como sitio Ramsar, con el respaldo de la Unesco, en el 2002. 

Hábitat donde, según el Libro rojo de especies endémicas del Ecuador, el 7,7% de sus especies vegetales es endémico, pero donde también 64 especies tienen potencial de explotación comercial. 

La belleza que atrae a científicos y turistas atrae, asimismo, a depredadores que han reducido significativamente la presencia de los árboles de tagua, palma real, paja toquilla, bejuco de mimbre, entre otros.
Se registran 54 especies anfibias.
Hogar de tucanes, loros, colibríes, carpinteros y más, donde 28 especies son endémicas, según la organización especializada en avifauna Bird Life International, que mantiene a 35 especies dentro de las diferentes categorías de peligro a nivel nacional, y refiere que las aves de mayor tamaño son las más afectadas por el comercio ilegal de especies. 

En el mismo escenario, deambulan libremente el mono araña y aullador, el oso perezoso. el tigrillo, entre otros, aunque no estén seguros de cazadores que trafican con la riqueza natural del país. El área protegida alberga el 37% del total de mamíferos del Ecuador y según la lista de control comercial de fauna de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (Cites, por sus siglas en inglés), 38 especies están en peligro de extinción, entre ellos el jaguar y la nutria. 
Oso perezoso, casi en extinción.
Un paisaje exuberante amenazado por la depredación humana. De acuerdo con el mismo Plan de Manejo, la Remach es una de las áreas con mayor deforestación del país, debido a conflictos de tenencia de tierras y a la ampliación de la frontera agrícola. Hasta el 2005 se registraron más de 6.000 habitantes dentro del área y el único remanente continuo de bosque natural se encontró dentro del territorio Challin.

Riqueza natural a la que se le asignan al año $ 10.700, aproximadamente, provenientes del fondo fiscal; y $ 50.000 del Fondo para Áreas Protegidas, que según detalla Wellington Montenegro, responsable de la Remach, solo alcanza para cubrir los gastos de movilización y algunos talleres de concienciación ambiental. 
Cazadores amenazan al tucán.
Montenegro, de la Dirección Provincial del Ambiente de Esmeraldas, cuenta con seis guardaparques y tres técnicos para proteger la reserva ecológica de la tala de árboles madereros, la deforestación para la expansión agrícola, la cacería de especies en peligro de extinción y cualquier otra amenaza que altere el exuberante ecosistema de la Costa ecuatoriana. 

Él reconoce que la falta de personal, presupuesto y conciencia ambiental son las principales falencias que enfrenta en su administración. Ante la promesa del Plan de Manejo, Montenegro expone que cumplir este enunciado es imposible, pues desde el 2005 se han dedicado a crear conciencia ambiental en las familias que habitan dentro de la reserva, porque casi ninguna estaba de acuerdo en reconocer al lugar como área protegida. 

“Ahora se puede decir que el 90% ha aceptado que debe cuidar el área. Antes ni siquiera se podía ir a las zonas habitadas porque los pobladores nos daban problemas (impedían realizar los talleres)”, afirma el responsable de la Remach. “Desalojarlos no es una solución que se pueda tomar como inmediata, debemos realizar charlas de concienciación para que ellos también se conviertan en protectores”, añade.
Tigrillo, una especie representativa.
Con respecto a la tenencia de tierras dentro del área protegida, Christian Crusati, abogado de la Dirección Provincial de Medio Ambiente, explica que aunque la ley permite la posesión ancestral dentro de la zona, esto no significa que ellos sean los propietarios de los terrenos, pues la clasificación como área protegida está por encima de cualquier documento.

Pero para cumplir las disposiciones escritas, cuya ejecución sobrepasa los $ 3 millones, de acuerdo con el Plan de Manejo, Montenegro aclara que es fundamental aumentar las partidas para guardaparques, el incremento presupuestario para equipos de control y vigilancia, investigaciones científicas y el apoyo de las comunidades que viven en el interior del área protegida.
La Laguna de Cube (112,67 hectáreas) fue reconocida, en el 2002,
como sitio Ramsar, un humedal de importancia internacional.
Laguna de Cube
Extensa, pacífica y rodeada de vegetación, la Laguna de Cube ocupa 112,67 hectáreas de la Remach. Su importancia dentro del ecosistema está reconocida internacionalmente por la Convención Ramsar. 

Este ecosistema lacustre, ubicado dentro de la Reserva, en el cantón Quinindé, Esmeraldas, es una de las zonas más importantes de la reserva, pues sus características biológicas son fundamentales para mantener el equilibrio de las áreas circundantes. 

Pero la salud del único humedal continental de la Costa ecuatoriana está en peligro. El mismo informe de Ramsar detalla que la tala de árboles maderos, los cultivos y pastizales acelera el proceso de erosión del suelo y reduce la zona ribereña del humedal. 
Ante la reducción de la cobertura vegetal, los pobladores de los alrededores de la Laguna de Cube formaron la Fundación El Kaimán y junto con la Fundación Jatun Sacha crearon, en el 2007, un proyecto de conservación enfocado al fortalecimiento de la reforestación del área que rodea al humedal, con énfasis en sitios claves como los esteros y las laderas adyacentes. Esta iniciativa solo duró un año; sin embargo, Fundación El Kaimán, integrada por las comunidades nativas, mantiene programas de ecoturismo comunitario con los que busca promover el uso sustentable del ecosistema en el que habitan. 
Estación Bilza
La diversidad biológica de la Reserva Ecológica Mache Chindul atrae la atención de la comunidad científica extranjera, y la Fundación Jatun Sacha, administradora de 3.500 hectáreas de la zona protegida, acoge a voluntarios de diferentes nacionalidades en la Estación Biológica Bilza, en Quinindé, para generar conocimientos que ayuden a la protección de los bosques tropicales del país.

Dentro de esta estación se encuentra el Centro para la Conservación de Plantas del Bosque Occidental, que desde 1996 hace énfasis en educación ambiental y el desarrollo de planes de manejo de la comunidad. Además de producir 100.000 árboles, cada año, para programas de reforestación. 

Patricio Alvarado, coordinador general del voluntariado, detalla que cuentan con siete guardabosques para el territorio que tienen bajo su cargo, pero explica también que la deforestación y explotación maderera dentro de la reserva es bastante agresiva, y por ello al momento están dedicados por completo a la reforestación de especies nativas y a la búsqueda de nuevos apoyos económicos que les permitan extender su estación científica.

Expectativas
Mache Chindul es una de las pocas áreas protegidas que cuenta con un Plan de Manejo actualizado. Sin embargo, al igual que los demás sitios miembros del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador, los objetivos ahí planteados no se han cumplido. 

Ya sea por la falta de asignaciones presupuestarias, carencia de sistemas de control y vigilancia, falta de personal y casi nula conciencia ambiental de los habitantes cercanos, esta Reserva Ecológica continúa perdiendo sus características biológicas únicas que la convierten en un referente de biodiversidad mundial.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Mompiche internacional

Por Moisés Pinchevsky
Este relajado pueblo del sur de Esmeraldas incrementará su carácter de destino de playa con la llegada de un flamante complejo turístico.
Hace dos semanas, Cristóbal Emery y su esposa Cheryl llegaron a las calles polvorientas de Mompiche (Esmeraldas) por las recomendaciones que leyeron en la guía Lonely Planet Ecuador y en páginas de internet. “Nos gusta el surf”, indica él, “buscábamos un lugar con buenas olas”. Con el rostro sonriente conversa haber viajado desde su nativa isla de Nantucket, en el estado de Massachusetts, noreste de Estados Unidos, para navegar con su tabla en el océano de este rústico destino que considera agradable, muy tranquilo, con gente amable y comida deliciosa (la noche anterior comieron langostinos apanados), aunque recomienda se debería limpiar mejor la playa para librarla totalmente de desperdicios. “Estamos contentos de haber venido”, indica.
El moderno resort  de esta cadena elevará el carácter de destino de esta deprimida zona que ahora espera prosperar más con el turismo.
Cristóbal y Cheryl aún no lo saben, por eso ponen cara de sorpresa cuando se enteran de que a unos cuatro kilómetros de este pequeño poblado se están dando los toques finales a la construcción de un megacomplejo turístico estilo resort con 282 habitaciones (90% con vista al mar), tres restaurantes especializados, uno tipo bufé, siete bares, discoteca, cinco piscinas, spa, cine, anfiteatro para 700 personas, business center y un centro de convenciones con capacidad para 600 personas, todo esto propiedad de la cadena multinacional Decameron, con sede en Cartagena (Colombia), que posee más de una treintena de establecimientos en nueve países. Este complejo esmeraldeño se llamará Mompiche Beach Resort, Spa & Convention Center, y será inaugurado el 20 de diciembre 2009 con una gran celebración.
Esmeraldas para el mundo
La marca Decameron no es nueva para el mercado ecuatoriano. Lleva cuatro años operando semanalmente vuelos chárters (fletados) transportando turistas ecuatorianos a sus resorts de playa a través de programas todo incluido. Es decir, que por una misma tarifa el pasajero adquiere el boleto aéreo, el hospedaje, todas las comidas, los programas de entretenimiento diurno y nocturno, y deportes náuticos no motorizados, como kayacs y bicicletas acuáticas, por lo que el turista no necesita salir del resort durante los cuatro o cinco días que puede regularmente durar un programa. Hoy comercializan en las agencias de viajes de Ecuador “paquetes” en sus complejos en Panamá, Cartagena, San Andrés, Santa Marta y Panaca, este último en el eje cafetero colombiano.

Inaugurar un resort de playa en Ecuador era un viejo anhelo del presidente de la cadena, el argentino Lucio García, según su compatriota Andrés Duda, quien manejó la operación de Decameron en Ecuador durante estos cinco años. Duda, quien hoy dirige Decameron en Brasil, personalmente recorrió las playas de nuestro país buscando el sitio adecuado para la construcción de este complejo turístico.

¿Por qué Mompiche? Durante esos recorridos, él señala haber encontrado playas maravillosas para el resort, pero finalmente se decidieron por este enclave en Esmeraldas debido a su clima y porque la temperatura del agua se mantiene estable a unos 28 grados.

Al recorrer las instalaciones del resort resulta obvio observar que el escenario también influyó bastante en la selección de Mompiche. El Decameron esmeraldeño se levanta en trece hectáreas sobre un acantilado escénico que domina amplias playas, y junto a la isla de Portete, sembrada de palmeras y donde la cadena adquirió trece hectáreas para que los turistas puedan disfrutar allí de un club de playa con restaurantes de bocadillos y bebidas.

El panorama conspiró para que los restaurantes del resort estén equipados de grandes ventanales que permiten la contemplación del vista oceánica, mientras que su área de piscinas apunta a convertirse en un centro importante de la vida social del hotel. E incluso será el punto clave de una gran fiesta que para el fin de año planea reunir 800 personas, entre huéspedes e invitados especiales, para disfrutar de shows, orquesta y fuegos artificiales.

Para que todo esto ocurra, un total de 450 obreros trabajan en los últimos detalles de este complejo que planea atraer el turismo ecuatoriano y extranjero, principalmente de Canadá, Colombia, Brasil y otros países de la región, quienes serán atendidos por 380 empleados, la mayoría proveniente de Esmeraldas, que han estado recibiendo capacitación del Secap y del Ministerio de Turismo.

Para los programas nacionales, Decameron ha suscrito una alianza con TAME que le permitirá comercializar sus programas con salidas desde Quito y Guayaquil.

Enrique Ponce de León, gerente general de Decameron en Ecuador, indica que planean tener una ocupación anual superior del 90%, para lo cual cuentan con oficinas comerciales en Quito y Guayaquil, aunque las agencias de viajes serán las principales comercializadoras de tales programas.

Esa gran ola avanza con los días para impactar en este destino esmeraldeño. Pero por ahora, la brisa acompaña el pausado caminar de Cristóbal Emery y su esposa Cheryl, esta agradable pareja de surfistas de unos cincuenta años, que llegaron a Mompiche desconociendo este inmenso proyecto turístico de trascendencia internacional. Ellos viajaron a Esmeraldas sencillamente buscando olas y tranquilidad. Y eso es lo que encontraron en Mompiche.
Cristóbal Emery y su esposa Cheryl, de Estados Unidos, son atendidos por Yadira Estacio en el tranquilo poblado de Mompiche.
Pueblo busca desarrollo
La apertura del Decameron Mompiche llena de expectativas a esta población esmeraldeña porque aspiran a que les traiga el progreso que les ha sido negado por décadas. No tienen agua potable (la sacan de pozos y la compran en bidones), pero sí han tenido racionamientos de energía eléctrica desde siempre, generalmente de dos horas diarias, pero hoy puede abarcar desde las 07:00 hasta la medianoche. Es decir, todo el día.

Así lo cuenta Ema Camacho, quien nació hace 52 años en Esmeraldas pero vivió 30 años en Sucumbíos. Hace seis años opera su hotel Marena, en la calle principal de Mompiche. “Carecemos de todos los servicios básicos. Lo vital es que este desarrollo nos traiga agua potable. No tenemos. También que las autoridades nos arreglen la vía de acceso, porque es de tierra”, indica ella, quien es miembro de la Asociación de Hoteles, Bares y Restaurantes de esta localidad, que agrupa a 49 negocios.

Yeovany Solórzano ha sido pescador toda su vida, al igual que gran parte de los pobladores de este lugar, donde nació hace 38 años. “Confiamos que con el turismo también lleguen los beneficios a la comunidad. Queremos ver más gente caminando por aquí, comprando, creando más trabajo”, señala este poblador cuya esposa tiene un pequeño restaurante que atiende a los visitantes.

Ellos y demás pobladores aspiran que el turismo también impacte positivamente en esta población que le da el nombre al nuevo y moderno resort: Decameron ecuatoriano.
Domingo, 29 de Noviembre de 2009
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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