sábado, 12 de junio de 2010

Los Bancos al natural

San Miguel de los Bancos

Tangara Lodge

El tour más solicitado en el Tangara Lodge lleva a los turistas a una hora de caminata por senderos en medio de un bosque subtropical repleto de aves para llegar a una cascada de unos cinco metros de altura (foto superior) y, luego, al panorama empedrado del río Blanco, lugar para realizar rafting en los meses de invierno. Tal visita resulta todo un premio a la vista de quienes se alojan en ese hospedaje con cabañas y suites para 30 personas.

San Miguel de los Bancos se asoma a una hora y media de Quito. Dos hosterías muestran el carácter de esta zona a 15 minutos de Mindo.

El Tangara Lodge cuenta con áreas de entretenimiento, pero su mayor
atractivo reposa en sus programas al aire libre en los alrededores.
Nadar y contemplar relajadamente los escenarios acuáticos son las actividades previas a un retorno, también a pie, que culmina con un merecido reposo en las cabañas, las áreas sociales o con una sesión de masaje en el spa. Todas estas áreas tienen una singular vista del río, el bosque y las montañas.

Los viajeros llegan generalmente para cumplir el programa de dos días y una noche ($ 79 en cabaña de lujo por persona; $ 68,93 en estándar, incluido comidas e impuestos), en el cual también pueden disfrutar de paseos en cuadrones ($ 15 la hora), cabalgatas ($ 5 la hora), pesca deportiva, área de juegos infantiles y facilidades para acampar.

Informes y reservas: Tangara Lodge, en el kilómetro 6,5 de la vía a Valle Hermoso, tomando un desvío en la población de San Miguel de los Bancos. (02) 244-6697, T
angara Lodge.
Esta hostería tiene capacidad para hospedar a 55 personas. Sus programas también llevan a los viajeros a recorridos a la cercana Mindo.

Sapos y Ranas

Tres cabañas y once habitaciones rodeadas de huertos y jardines alojan a los turistas en este centro que cuenta con senderos internos que se dirigen a un mirador donde se aprecia toda la exuberante vegetación en los alrededores, en donde habitan más de 160 especies de aves.

Sapos y Ranas está localizado en un lugar privilegiado por la confluencia del bosque nublado y húmedo del Chocó Mindo, rodeado de bosques primarios subtropicales y recuperados en la última década. Un orquideario y huertos de plantas medicinales son parte de esta oferta que consta en el Proyecto de Buenas Prácticas de Manejo Ambiental y Turismo Sostenible de las Américas.

Cabalgatas, rafting, canyoning y ciclopaseos se suman a las actividades que diariamente, a las 10:00, incluye una salida hacia el caudaloso río Macas para que el turista pueda darse un refrescante chapuzón. Los chapoteos en el agua también son habituales en la piscina exterior de relajamiento y la piscina temperada infantil. Tras lo cual vale relajarse en el hidromasaje, sauna, turco y salas de masajes terapéuticos con más de 10 tratamientos corporales con técnicas de relajación, reducción, aromaterapia y belleza.

Siguiendo con la tradición local, la hostería ofrece pan elaborado en horno artesanal de barro y cocido con leña; los participantes aprenden su proceso de preparación para luego deleitarse de su obra con una bebida de chocolate caliente. Los programas de dos días cuestan desde $ 64 por persona.

Informes y reservas: Informes: Vía a las Mercedes, km 15, (02) 224-5871 ext. 109. S
apos y Ranas.com

Hay una colección de 2.000 piezas ornamentales de sapos y ranas de 50 países

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

jueves, 10 de junio de 2010

Un nuevo anfibio se descubre en el país

FOTO: ALEJANDRO REINOSO / El Telégrafo

El tamaño de la nueva especie no supera los 19 milímetros en la hembra y los 13 en el macho.

María Augusta Sandoval
msandoval@telegrafo.com.ec
Reportera Sociedad
La especie habita en la cordillera del Cóndor y es el vertebrado más pequeño del Ecuador.
Su tamaño no supera los 19 milímetros, su vientre es casi translúcido, posee un iris de color rojo intenso y habita en la cordillera del Cóndor. Esas son las características principales del vertebrado más pequeño del Ecuador, descubierto por científicos de la Universidad Católica de Quito.

El nombre científico del pequeño anfibio es Pristimantis minimus, que también significa “la rana más pequeña de las montañas”, habita en hojas, en zonas de bosques cuya altura está entre 1.200 y 1.400 metros sobre el nivel del mar, explica Juan Manuel Guayasamín, director del proyecto.

Inicialmente, Guayasamín junto a su compañera de trabajo, Andrea Terán, pensaron que se trataba de una especie en etapa juvenil, esto se descartó cuando a través de un estudio acerca de su estructura ósea se determinó que sus características son iguales a las de cualquier rana.
1’800.000 dólares destinó la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología para el proyecto.
Su proceso de reproducción es terrestre, la hembra puede poner hasta cinco huevos, seguramente por su tamaño, de los cuales nacerán las crías con su forma original, es decir que no atraviesan por la fase de renacuajos.

La zona en donde fueron encontradas estas ranas es San Miguel de las Orquídeas, en la cuenca alta del Río Nangaritza, en Zamora Chinchipe, una de las de mayor diversidad y menos explorada del Ecuador.

Luis Suárez, director ejecutivo de Conservación Internacional, asegura que además se encontró otra especie de anfibio que al momento está sometida a estudio, que pueden representar la única población sana.

“Las ranas tienden a desarrollar un hongo en la piel, muchas veces por el cambio climático, que termina por matarlas; en esta población no se detectó la enfermedad”, señala.

En ese sentido, Suárez explica que el nuevo anfibio será una importante herramienta, incluso, para investigar acerca de ese mal.

Este hallazgo, como el del Pristimantis minimus, son una representación de la riqueza natural que existe en el país que debe ser descubierta e investigada.

En cuanto al rol ecológico es el mismo que el del resto de anfibios y comen insectos, pero al mismo tiempo hay muchos otros animales que se alimentan de ranas, especialmente por el tamaño que tienen estas.

Pese a que la especie aún no ha sido censada, no estaría en peligro de extinción por causas naturales, ya que en la zona donde se encontraron se evidenció una población abundante del anfibio, indica Guayasamín; sin embargo, advierte de otros factores de riesgo, como la explotación minera.

“La amenaza viene de las modificaciones causadas por el ser humano”, enfatiza.

Esto porque los habitantes de la zona se dedican a la agricultura y el cuidado del ganado, para lo cual deben talar bosques, afectando de esta manera el hábitat de esta y otras especies.

En un segundo aspecto, dice Guayasamín, estaría la actividad minera, “si se decide iniciar con la explotación de cobre y oro en el país, significaría grandes modificaciones en zonas que aún son aisladas”.

Suárez manifiesta que las autoridades nacionales, las comunidades aledañas y gobiernos locales tienen un rol fundamental. “Saben que esta zona es importante, entonces la pregunta es: ¿cómo los municipios se comprometerán a protegerla y que reciba un grado de protección mayor?”.

Guayasamín coincide con este criterio y asegura que el futuro de ese sector está en manos de las prioridades que establezcan las comunidades, “cuando se les consulte deberán pesar si es más importante la calidad del agua y la biodiversidad que la extracción minera y los réditos económicos que se pueden dar”.

Frente a este panorama, el biólogo insiste en que tanto el Estado como los mismos ciudadanos deben considerar la importancia de estos espacios, “en cada ecosistema hay animales y plantas con un potencial uso para los seres humanos”.

Por tal razón, es importante invertir en ese campo porque se trata de un recurso renovable e ilimitado, contrario a la extracción petrolera, minera y otros, opina.

En este caso, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, Senacyt, financió el 90% de la investigación y destinó 1'800.000 dólares que son entregados en tres pagos anuales no reembolsables que iniciaron en noviembre del 2008 y se extenderán hasta noviembre del 2011.

El monto asignado cubrirá lo relacionado a la compra de equipos de logística, laboratorios para la descripción de especies, así como su estudio molecular y genético, entre otros; creación de una base bioinformática que servirá para la toma de decisiones y generación de conocimientos, explica Juan Carlos Moreno, analista de proyectos de la entidad.

El objetivo es extraer información de nuevas especies, así como de las ya conocidas para crear un banco informativo que permita un mejor manejo y conservación de áreas sensibles, pero también divulgar nacional e internacionalmente los avances que se dan en ese campo.

Este es uno de los 68 proyectos que al momento se encuentra apoyando la Secretaría luego de la convocatoria lanzada en el 2008 y el rubro para este proyecto representa el 4% del total de inversión, que es de 60 millones de dólares.

Los fondos que deberán ser utilizados en un plazo de tres años se deberán destinar para dar continuidad a los estudios, indica Moreno, quien manifiesta que hasta el momento los resultados obtenidos justifican la inversión.

El financiamiento es posible luego de la firma de un convenio en donde las partes se comprometan a cumplir con los objetivos, caso contrario, la Senacyt se reserva el derecho de detener los pagos.

Guayasamín sostiene que de este nuevo anuro aún no se conoce lo suficiente, por lo que se deberá continuar con la investigación de esta especie que hasta el momento es endémica; así como de otras descubiertas en la misma expedición.

Los fondos para los proyectos provienen del 0,44% del Producto Interno Bruto.

ANTECEDENTES


En Ecuador hay más de 400 especies de anfibios, de las cuales el 40% está en peligro de extinción.

La última investigación que se realizó en la
cordillera del Cóndor fue en 1999, en esa ocasión se encontró una nueva especie de ratón marsupial.

La cordillera del Cóndor tiene una extensión de más de 1.1 millones de hectáreas que se extiende 150 kilómetros en Ecuador y Perú.

Al norte, en 200 mil hectáreas, hay una comunidad Shuar con aproximadamente 10 mil habitantes, mientras que en las 300 mil hectáreas al sur el bosque primario está intacto en un 90%.

Descubren especies en Ecuador Multimedia Diario el Telégrafo

Fuente: El Telégrafo
Guayaquil, Ecuador.

martes, 8 de junio de 2010

Papagayo de Guayaquil, enfrentada a la extinción

Ejemplares de papagayo de Guayaquil, Ara ambigua guayaquilensis, especies endémicas que habitan en la costa occidental del país y que están en peligro de extinción.
Nuestras especies
Se profesan una especie de amor eterno que cuando uno muere, el otro también no tarda en morir de pena o pierde su capacidad reproductiva. No hay mayores estudios que confirmen esa extrema fidelidad, pero esa vida monógama se suma a las amenazas que ponen en peligro al futuro del papagayo de Guayaquil, especie endémica del país y declarada ave símbolo de la ciudad.

En el Bosque Protector Cerro Blanco se recuerda que años atrás cuando un tigrillo devoró a uno de estos papagayos el otro dejó de alimentarse y a la semana murió.

Con el verde predominante entre las coloridas plumas rojas, azules, blancas, amarillas y naranjas, los papagayos de Guayaquil, Ara Ambigua Guayaquilensis, por su nombre científico, o también conocido como guacamayo Verde Mayor cada vez son menos y según el Libro Rojo está registrado en la sección de peligro crítico y considerada una de las tres especies de aves identificadas como las más propensas a desaparecer en los próximos 5 a 10 años.

Los resultados hablan de esa realidad. Distribuidos en dos poblaciones totalmente separados en Esmeraldas, en el Bosque Tropical Lluvioso, y en Santa Elena y Guayas, en el Bosque Seco Tropical, se estima que actualmente, a base de reportes de avistamientos, hay apenas 30 individuos en estado natural y no los 40 a 60 de Libro Rojo. De ellos 12 en el área de Cerro Blanco, revelan los datos de la Fundación Pro Bosque, organización que maneja Cerro Blanco y desde 1996 lidera la conservación del papagayo de Guayaquil.

Ave fiel y símbolo de la ciudad es el papagayo de Guayaquil.
Los peores escenarios también proyectan una reducción de por los menos el 80% de la población en los próximos 27 años, donde el hombre se presenta como su principal predador con la caza para el tráfico ilegal o alimento, deforestación para la extracción de la madera y la consiguiente destrucción de su hábitat, incendios forestales y la invasión de tierras para asentamientos humanos.

El hogar de los papagayos de Guayaquil, donde surcan el cielo o se mimetizan entre las copas de los árboles de pechiche, cocobolo o pigío para conseguir sus alimentos o posarse para masticar bulbas de orquídeas, está cada vez más pobre de este tipo de plantas. Se ha confirmado que los papagayos en bosque seco se alimentan de por lo menos 9 especies de árboles (frutas y nueces).

En total se ha identificado 36 potenciales plantas alimenticias de bosque seco, mientras en bosque húmedo aún no se han hecho estudios para determinar las fuentes alimenticias.

De su comportamiento se sabe poco a falta de estudios. Cuando comienzan a volar o en señal de alarma emiten los característicos ¡rraaah! Los sonidos se vuelven chirriadores cuando están en grupo. Se vocalizan mucho y disfrutan de acicalarse las plumas entre ellos. Durante el cortejo los gritos desaparecen. Casi no hacen ruido y solo emiten unas vocalizaciones suaves.

Al acercarse el tiempo de nidificación, en verano, se separan en parejas que se forman de por vida. Afuera del nido no dejan acercarse a las personas, una centinela hace la alarma y permanecen alerta para levantar el vuelo en caso de ser necesario, por lo general temerosos de cazadores, quienes buscan robarles los pichones o a veces dispararlos.

Papagayo de Guayaquil. Imágen: FUNDACION PROBOSQUE
Para nidificar buscan árboles de pigío secos o que están en sus últimas etapas de vida y que tienen una cavidad en el tronco formada de manera natural.

Las observaciones en Cerro Blanco revelan que en las parejas, la más grande es la hembra, la que incuba los huevos y empolla los polluelos. Ella a veces sale del nido por ratos, pero nunca se ha visto alejarse más de 60 metros.

El macho sale de la cercanía del nido dos o tres veces al día en búsqueda de comida. En cada salida se demora dos o tres horas. A medida que crece el o los polluelos (en el Papagayo de Guayaquil es común tener dos pichones) la hembra comienza a acompañarlo por periodos prolongados de tiempo.

Dos de ellos, Esperanza y Karlitos, bautizado en honor de Karl Berg, quien lideró los primeros trabajos del campo del Guacamayo Verde Mayor en Cerro Blanco entre 1997 y el 2000, nacieron en octubre del año pasado en los alrededores de Cerro Blanco. Fue el momento más esperado por directivos de Pro Bosque tras más de nueve años de investigaciones para ubicar nidos al natural.

El periodo de invierno ha impedido el acceso y tener avistamientos de Carlitos y Esperanza y se espera continuar con el trabajo de campo en junio próximo, refiere Eric Horstman, director de Pro Bosque.

Los intentos por la conservación de la especie también se han orientado a la reproducción en cautiverio. En la Fundación de Rescate Jambelí con ocho parejas formadas, de las cuales cuatro son reproductivas, se ha logrado reproducir 41 papagayos. Mientras desde los inicios del programa en 1997 se han rescatado a 22 papagayos a través de entregas voluntarias y decomisos.

En cautiverio las parejas son altamente selectivas y agresivas durante la incubación y crianza del pichón. Ponen hasta tres huevos cada cuatro días en un periodo de reproducción. El tiempo de incubación es de 28 días y el porcentaje de supervivencia es del 54%, refiere Rafaela Orrantia, directora de la Fundación Rescate Jambelí.

Plan estratégico avanza, pero hace falta financiamiento

Los esfuerzos para conservar al papagayo de Guayaquil han sido varios, pero los resultados aún no son alentadores. En el 2004 el Ministerio del Ambiente, junto con otras instituciones, estableció la Estrategia Nacional de Conservación In Situ del Papagayo de Guayaquil.

Una de las metas de ese plan refería que en un plazo de diez años las poblaciones silvestres de Ara ambigua guayaquilensis se habrán recuperado a niveles que permiten su viabilidad en su hábitat natural.

A pocos años de esa meta, según la evaluación realizada en octubre del 2009, el plan estratégico se ha implementado en el 40%. “Casi todo el esfuerzo ha recaído en la Fundación Pro Bosque. Hemos avanzado en reforestación, entrenamiento de guardaparque comunitarios, entre otros, pero solo para Cerro Blanco”, dice Eric Horstman, director de Pro Bosque.

Según el balance, en investigación para la conservación, por ejemplo, se ha cumplido en el 35%, áreas de conservación, 20%; educación y comunicación ambiental, 20%, reforestación, 50%; normativas para apuntalar la conservación del papagayo de Guayaquil, 50%.

Hay avances en la reproducción en cautiverio, pero hace falta diseñar e implementar un plan para crear por lo menos una población adicional de papagayos donde actualmente no existen y donde las condiciones son aptas para reintroducirlos, dice Horstman.

Refiere que hace falta investigar para ver si existen sitios que reúnan esas características, ya que en el caso del bosque seco de la Costa, está ‘bastante’ degradado.

“Nuestra meta principal como Pro Bosque es trabajar en la implementación de un corredor biológico que una alrededor de 25.000 ha de hábitat afuera de Cerro Blanco en la Cordillera Chongón-Colonche”, afirma el directivo y advierte la necesidad de apoyo de las autoridades seccionales.

Para lograr la reintroducción se considera necesario reunir una serie de requisitos y lineamientos que manda la UICN (Unión Mundial para la Naturaleza), pero lo más importante es que las causas de reducción de la población natural del papagayo, como la pérdida del hábitat y el tráfico ilegal, sean bien identificadas, eliminadas o controladas, sostiene Rafaela Orrantia, directora de la Fundación Rescate Jambelí. “Se necesita financiamiento para diseñar una estrategia de reintroducción”, agrega.

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