martes, 21 de mayo de 2013

Naturaleza ‘encantada’: lagartijas de lava

La lagartija de lava de Galápagos es depredadora por excelencia y de vez en cuando come flores, hojas; es oportunistamente herbívora.
Desde Las Encantadas
Paula Tagle Saad
Estos animalitos son únicos en estas islas. Se han diversificado en nueve especies diferentes y tienen estrategias de supervivencia bastante interesantes.
Conocemos bien el cuento de que al cortarle la cola, el animalito sigue vivo, sale corriendo y eventualmente regenera un nuevo apéndice. Esto no ocurre con las iguanas mayores, como la iguana verde o la marina, parientes de las lagartijas (misma familia, guanidae, pero subfamilias distintas).
Cabe anotar que es una muy útil estrategia. Ante la presencia de un depredador, la lagartija sacrifica un pedazo de sí misma para salvar la mayoría de su integridad. La cola que regenera nunca va a ser igual, siempre más corta, y ya no de hueso, sino de cartílago (con terminaciones óseas para lograr movilidad), pero es una privación que vale la pena.
¿Y qué del ingenio de algunas lagartijas machos? Cuando son jóvenes aprenden a caminar como hembras, a hacer  flexiones de pecho típicas de las féminas, confundiendo a los machos dominantes y evitando convertirse en su almuerzo. Porque una lagartija macho  ingiere lo que sea, plantas, animales y también, para de paso eliminar competencia, cualquier otro macho joven que pudiera en el futuro causarle problemas.
Cada una de las nueve especies de lagartijas es única a su isla específica, y tiene su forma particular de comunicarse. Las flexiones de pecho sirven para delimitar territorio, enviar mensajes amorosos y quién sabe qué cosas que jamás entenderemos.
Es una ingeniosa estrategia de los machos aprender ambos estilos, así minimizan los malos ratos. Eso sí, llegado el momento preciso, con el tamaño debido, se declaran machos dominantes y ya no tienen nada que temer. La naturaleza no deja de sorprenderme con la creatividad y artimañas de sus criaturas; no fuimos los humanos quienes inventáramos el “aparentar ser”, eso ya ocurre en el planeta desde hace millones de años.
¿Y cómo así tantos tipos de lagartijas en un solo archipiélago? Se cree que el ancestro de las mismas llegó en dos ocasiones espaciadas en el tiempo. Una primera vez arribaría a las islas del sur, y una segunda, a las islas del centro y norte. Luego, en aislamiento, en hábitats ligeramente distintos, evolucionaron de manera única hasta que hoy hablamos de nueve especies completamente diferentes en su ADN, todas a partir del mismo ancestro del género microlophus.
No hay que confundir iguanas con lagartijas, a pesar de ser de la misma familia. Las lagartijas casi no tienen espinas, contrario a lo que ocurre con las iguanas. Las iguanas se valen de las uñas para obtener ventajas de alimentación o escape, mientras que para las lagartijas las uñas de las extremidades  sirven para la cacería, dándoles habilidades motrices para obtener su alimento.
Las iguanas propiamente dichas son omnívoras, y eventualmente se alimentan de presas animales, como insectos, por ejemplo, es decir, son oportunistamente carnívoras si se da la posibilidad. En cambio, las lagartijas son depredadoras por excelencia,  de vez en cuando comen flores, hojas; oportunistamente herbívoras si la vegetación abunda. Tenemos suerte de que las lagartijas de lava sean pequeñas. Qué pasaría de contar con criaturas tan grandes como el dragón de Komodo que es, por sus características, una lagartija, no una iguana.
Las caminatas por las islas no serían tan placenteras, con el riesgo de ser devorados por lagartijas monstruosas, que no dudo nos contemplarían como apetitoso plato de mesa.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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