viernes, 11 de febrero de 2011

Del cautiverio al bosque, posibilidad aún incierta

Esta especie de rana arlequín, en Ecuador conocida como jambato de las tres cruces, iniciará el proceso de reproducción en cautiverio en los próximos meses, dentro de La Balsa de los Sapos.

Limón y Elegants son dos pequeñas ranitas que se creyeron extintas en el Ecuador, pues gran parte de los bosques donde vivían fueron reemplazados por carreteras o dañados por la explotación minera, o porque muchos de sus familiares no soportaron el alza de la temperatura, los cambios climáticos y una terrible plaga de hongos. 

De esto ya hace al menos dos décadas. Pero mientras Limón y Elegants luchaban por sobrevivir y darle continuidad a su especie, unos amantes de las ranas decidieron emprender un viaje. A la travesía la llamaron La Balsa de los Sapos, un proyecto de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) financiado, entre otros, por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología y la Corporación Financiera Nacional. 

Esta balsa, que lleva seis años navegando, encontró a Limón y Elegants a fines del año pasado, en Morona Santiago y entre Esmeraldas y Cotopaxi, respectivamente.

Andrés Merino, actual responsable del proyecto La Balsa de los Sapos, explica que el programa se inició, liderado por Luis Coloma, porque se dieron cuenta de que para algunas especies no existía otra opción que la reproducción en cautiverio, mientras se intenta solucionar o al menos apaciguar los problemas de sus hábitats.

Cuando Limón y Elegants llegaron al laboratorio, los científicos probaron muchas técnicas para lograr que se reproduzcan; sin embargo, la que dio resultados fue la inyección de hormonas estimulantes.

En la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, todos los días se monitorea el estado de las 600 ranas nacidas en cautiverio.
Las hembras de ambas especies se reproducen cada mes, aproximadamente, y dejan entre 700 y 1.000 huevos. Estos, en estado natural, serían depositados en un río y apenas el 2% sobreviviría, explica Merino; mientras, en el laboratorio se ocupan de que casi el 80% de los huevos se desarrollen como renacuajos y emprendan el camino hacia la adultez. 

Por primera vez en Ecuador, desde que se inició el proceso de reproducción en cautiverio, las especies casi extintas Limón y Elegants tienen descendencia, una numerosa generación que ya alcanza los 600 individuos en etapa juvenil. 

Estas ranas adolescentes permanecen en las instalaciones del recinto universitario, cada una en su respectivo cajón y con un simulador de temperatura que les hace creer que están en su bosque.

Merino explica que no se puede colocar dos ranas dentro de la misma caja por varias razones: solo se puede identificar el sexo de la especie en su etapa adulta; si se colocan dos machos en la misma caja, pueden llegar a matarse; y si una rana contrae alguna enfermedad, enseguida se la contagiaría a las demás. “No podemos arriesgarnos a que se enfermen y mueran, por eso mantenemos estándares de bioseguridad muy elevados”, comenta el experto.

Sin embargo, pese a los cuidados que La Balsa de los Sapos proporciona a estas especies, la segunda etapa del proceso, la reinserción de las ranitas a su entorno natural, no está asegurada, pues su ecosistema no está apto para recibirlas, comenta Santiago Ron, especialista del equipo que trabaja con los anfibios en cautiverio.
Una de las ranas juveniles. En este periodo aún no adquieren las formas y colores intensos que las caracteriza en su adultez.
En Morona Santiago, describe Ron, la vegetación natural está destruida, hay poco bosque y las ranas no tendrían a dónde migrar, y por eso cuando se dio la ampliación de la carretera, gran parte de la población anfibia desapareció. Además, cuando los ríos se llenaron de sedimentos, producto de los desechos de la explotación minera, las arlequines, o ranas jambato, desaparecieron, excepto unas cuantas, añade. 

En el noroeste del país, entre Esmeraldas y Cotopaxi, la situación es más crítica, opina Ron, pues ahí no hay ninguna mejora en su hábitat.

Las ranas arlequines, en Ecuador conocidas también como ranas jambato, son propias de Centro y Sudamérica, pero cerca del 70% de ellas desaparecieron entre las décadas del ochenta y noventa, y en 1988 se dieron por extintas en los páramos ecuatorianos, según investigaciones de la PUCE.

Limón y Elegants son representantes de la gran diversidad anfibia que habita Ecuador, una característica que Merino y Ron destacan y también comparten en programas de educación ambiental. “Queremos frenar las extinciones de anfibios, que ellos puedan volver a la naturaleza y continúen cumpliendo su rol en la cadena alimenticia, en el control de plagas y como bioindicadores del ambiente”, concluye Ron.

Ecuador: Diversidad
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Especies de ranas y sapos. Ecuador ocupa el tercer lugar en el mundo en diversidad de ranas y sapos, por debajo de Colombia y Brasil. Pero si se considera la extensión territorial, es el país con mayor número de especies por kilómetro cuadrado. 

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Especies en peligro. Se estima como número mínimo en riesgo de extinción, y de este se presume que 25 ya están extintas.

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