viernes, 15 de junio de 2012

Abundancia: Iguanas en expansión

Actualmente en Galápagos existen las condiciones climáticas propicias para la reproducción de especies, como la iguana terrestre.

Desde Las Encantadas
Paula Tagle
“Como consecuencia de la buena época y las altas temperaturas, pues también se hallan en pleno periodo de reproducción. Así observamos muchas parejitas, la hembra atenta, el macho, cauteloso...”.
Las iguanas terrestres están de fiesta! Las islas lucen verdes, al punto de que pareciera que la geología les ha cambiado de tanta vegetación. No reconozco la costa de Seymour norte, primero apacible, un mar manso como espejo, y luego los colores, muchos, al menos para los estándares de Galápagos esto es un arco iris de tonalidades.
Las plantas han florecido y muestran sus pétalos blancos o amarillos, con una que otra excepción rosadita o púrpura. No hay más que eso, ni debería haberlo. Por el aislamiento del archipiélago, son pocas las especies polinizadoras que lograron arribar, entre ellas abejas y polillas, a quienes les atraen justamente las flores amarillas y blancas, respectivamente; como consecuencia la flora de tales características tuvo mayores posibilidades de establecerse. Pero mi historia intenta ser sobre las iguanas terrestres.
Desembarco en Seymour sin prometerlas, y ni bien avanzo dos metros ya encuentro la primera, empachada de monte salado. Luego hallo un macho gigante y anaranjado, después una pareja observándose, midiendo sus pasos, en fin, iguanas en cada rincón, bajo y sobre los arbustos.
He perdido mi credibilidad ante los pasajeros o pensarán que soy muy prudente; advertí que las iguanas serían una remota posibilidad, y nos topamos con una abundante realidad. Ocurre que no tienen necesidad de esparcirse por lugares remotos y rocosos, buscando con suerte una tuna caída, debido a la prodigalidad de vegetación a lo largo de la costa.
¡Es época de exuberancia y deben aprovecharla! Entre mayo y diciembre, la situación es distinta. Las islas reciben la influencia de la corriente de Humboldt; la temperatura del mar disminuye, no hay lluvias, y las plantas, la mayoría caducifolias, pierden sus hojas y “dormitan”. Es cuando las iguanas terrestres deben contentarse con cactus llenos de espinas, que con sus uñas gruesas logran removerlas.
Para recuperar mi reputación ante los huéspedes les cuento una historia que escuché de algún otro guía. Hace años una iguana terrestre caminó durante largo trecho siempre atrás de la misma turista; la siguió a paso lento el sendero completo.
¿Sería el espíritu reencarnado del esposo? ¿Es que la mujer tenía dones sobrenaturales para comunicarse con los animales? ¿O la iguana había pasado de herbívora a carnívora y deseaba comerse a esta señora? Pues nada de eso, la pasajera llevaba puestas medias amarillas, y en época de sequía, sin muchas opciones de alimento, la iguana seguramente se ilusionó convencida de que se trataba de un par de florecitas apetecibles y jugosas.
Pues hoy las iguanas nos ignoraron. Estaban demasiado ocupadas en engullirse la isla, y como consecuencia de la buena época y las altas temperaturas, pues también se hallan en pleno periodo de reproducción. Así observamos muchas parejitas, la hembra atenta, el macho cauteloso, y de pronto, el salto, la mordida en el cuello y la cópula de lado, rápida y violenta.
Llueve, hace calor, las temperaturas del mar son elevadas, menos nutrientes; las criaturas que dependen del océano no viven su mejor momento. Sin embargo, las iguanas terrestres están en sus papayales, engordando y reproduciéndose. ¡Si es por ellas, que siga lloviendo!
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador 

martes, 5 de junio de 2012

Vida animal: La mosca y los pinzones

Desde Las Encantadas
Paula Tagle
Cada pinzón de Darwin tiene un pico característico, que es su herramienta para alimentarse. También es instrumento de “amor”... ¿Y qué tal si se les tuerce? Los sonidos saldrán tergiversados...”.
¿Qué sabemos nosotros del gusto musical de los pinzones? Los científicos han deducido que pico chueco, tonada distinta, por tanto, menor éxito reproductivo. Y eso es solo un ejemplo de cómo detalles aparentemente insignificantes determinan la vida de una criaturita alada. Además, las hembras de patas largas, eligen machos de patas largas, porque puede estirarse al hacer sus nidos, acomodar las ramas con mejor “vista” y mayor espacio.
Los pinzones de patas cortas construyen nidos más compactos, y las patuchitas pinzonas así los prefieren. Sin embargo parece que los patuchos llevan las de ganar en la guerra contra un nuevo invasor: la mosca Philornis downsii. En nidos densos habrá menos posibilidad de parásitos.
Porque a partir de 1997 se ha observado que el numero de aves terrestres en las islas decrece vertiginosamente; y se cree que una de sus causas es la presencia de Philornis, posiblemente introducida en los años sesenta, pero con impactos devastadores reconocidos a partir de los noventa. Las moscas adultas no son el problema. Comen frutas, y su favorita, la papaya, acompañada con cerveza y leche en polvo.
Al principio no entendíamos por qué científicos de la Estación Darwin apilaban cosas podridas, muy desagradables a la vista y olfato; era para averiguar sobre las preferencias de la mosca, atraerlas y estudiarlas. El problema para las aves terrestres son las larvas de Philornis downsii que tardan hasta 18 días en convertirse en pupas, y durante todo ese tiempo devoran los tejidos, especialmente de las fosas nasales de un total de diecisiete especies reportadas en al menos doce islas.
La mortalidad asociada a infestaciones de Philornis va del 16% al 37% en el estudio del pinzón de tierra de pico mediano y del 40% al 100% en la comparación de otras 6 especies.
Si el pinzón logra sobrevivir a la larva, igual queda marcado para el resto de su vida con un pico torcido, es decir, inhabilitado de cantar su balada de amor.
Algunos padres pinzones han aprendido a desparasitar a sus polluelos, e incluso se alimentan de la larva. No sabemos de qué depende que un nido se salve, si del número de crías, del tamaño del nido o de condiciones ambientales.
Tampoco se ha descubierto cómo erradicar esta plaga. Se propone el control biológico, introduciendo una avispa que se alimenta de Philornis exclusivamente, pero es necesario estudiar los posibles impactos, y esto puede llevar hasta cinco años. Otra opción es sintetizar la feromona del amor de la mosca malvada, que permita capturarlas en masa. Se podría también esterilizar algunos machos y liberarlos de tanto en tanto para poco a poco ir disminuyendo la población. Toma tiempo, dinero, dedicación; mientras tanto, Philornis downsii sigue haciendo de las suyas y cada vez son más raros los pájaros brujos en Santa Cruz, los pinzones de mangle en Fernandina.
Siempre es mejor prevenir que arreglar, ¡si esto lo tuviéramos claro y dejáramos de traer especies del continente! Pero se siguen encontrando animales, plantas y comida camuflada en el equipaje de visitantes a las islas. ¿Qué esperamos para reaccionar?
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador 

miércoles, 30 de mayo de 2012

En los arrecifes: El pequeño habitante


El trambollito percebes de Galápagos, un pez de máximo siete centímetros de largo.

Desde Las Encantadas
Paula Tagle
“Son los trambollitos, siempre pequeños, ojones, de labios grandes, coloridos, solitarios, y muy fieles a su percebe. Su estrategia de supervivencia consiste en refugiarse en la coraza de un crustáceo abandonado...”.
Reciclar no es exclusivo mérito humano. Existen varias especies que practican este buen hábito: diferentes tipos de aves, cangrejos e incluso peces. Y hay uno muy chiquitito, que pasa desapercibido la mayor parte del tiempo, no solo por su tamaño diminuto sino porque se esconde en balanos abandonados, a profundidades que varían entre uno hasta veinticinco metros.
Me refiero al trambollito percebes de Galápagos, un pez de máximo 7 centímetros, del que pocos visitantes conocen su existencia. Porque tenemos fijación con los objetos grandes, es casi obligación de turista en las islas ver tortugas, volcanes, piqueros u otras cosas.
Sin embargo, la vida vibra a otras escalas que no hay que ignorar, cada tamaño cuenta y es importante. Como dijera John Steinbeck (premio Nobel de Literatura) en su libro sobre el mar de Cortez: “...todas las cosas son una, y una sola cosa son todas. plancton, una brillante fluorescencia en el mar, y los planetas en movimiento en un universo en expansión, todos conectados por la elástica banda del tiempo. Es aconsejable mirar desde las piscinas de entre marea a las estrellas, y luego otra vez a las piscinas de entre marea”.
Los balanos (o percebes) cubren casi todas las zonas rocosas de entre marea de Galápagos, y no solamente la costa, también crecen en cascos de barcos, e incluso en el caparazón de tortugas marinas y ballenas. Este es un crustáceo que fascinó a Charles Darwin, al punto de dedicar ocho años de estudio y clasificación. Pero mi intención es referirme a los pececitos que una vez que encuentran un balano abandonado, hacen de él su casa, su nido.
Son los trambollitos, siempre pequeños, ojones, de labios grandes, coloridos, solitarios, y muy fieles a su percebe. Su estrategia de supervivencia consiste en refugiarse en la coraza de un crustáceo abandonado, y desde allí asomar la cabecita de vez en cuando para alimentarse de lo que traiga el mar. También ponen sus huevos dentro del balano, que el macho cuida y protege hasta que eclosionan y se dispersan.
Pertenecen a un grupo conocido en inglés como blennies, o chupapiedras en español, que comparten características como formas alargadas, aletas ventrales delgadas que usan para adherirse al fondo, cuerpos que flexionan para propulsarse en el agua. La mayoría posee unos apéndices carnosos (cilios) que crecen sobre los ojos. Algunos también los tienen en la trompa y la cara. Como consecuencia de su poca dispersión, hay varias especies únicas (endémicas) en Las Encantadas.
Este es el caso del trambollito percebes de Galápagos (Acanthemblemaria castroi) que se distingue del nativo (Borraco Vacilo o Hypsoblennius brevipinnis) por tener varios cilios, cuando el segundo solo posee dos sobre los ojos.
El trambollito endémico es considerado por la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, por sus siglas en inglés) como especie vulnerable. El fenómeno  El Niño (1997-1998) afectó sobremanera su población, que casi desaparece en los años subsiguientes debido a la escasez de alimento. Hoy es más común encontrarlos, solo es cuestión de fijarse muy bien en los balanos del fondo, buscar colores y ver esas caritas serias y concentradas, prestos a esconderse o a alimentarse de plancton.
Últimamente el trambollito se ha convertido en personaje favorito del barco para el cual trabajo; y en cada oportunidad que Jason Heilmann (naturalista y fotógrafo) tiene para ir al agua, regresa con mejores fotos de nuestro amigo. Y del trambollito, volvemos los ojos a buscar otra vez las estrellas.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador 

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