domingo, 7 de agosto de 2011

Festín en Galápagos

Desde Las Encantadas 
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

Pingüinos de cacería  

”No quedan más que mil doscientos individuos en las islas, por tanto, el pingüino de Galápagos es una especie en peligro de extinción, y se teme que este año su población se vea aún más afectada”.


Hoy los pingüinos estaban de fiesta, o más bien digamos, hicieron la fiesta con nosotros. Pasó esta mañana, y otra vez, en la tarde. Mientras los turistas hacían buceo de superficie en la isla Bartolomé, un par de pingüinos se acercaron curiosos. No podemos estar seguros si era por la gente en el agua, o por la cantidad de pececitos, la mayoría sardinas pequeñas, que constituyen un manjar en su dieta.


Los huéspedes no se movieron de su sitio, flotando silenciosos para admirar la persecución de estas aves, que vuelan bajo el mar, tras estos peces que se refugiaban en cardúmenes espesos, pues estando en montón el riesgo de convertirse en presa disminuye.


Luego las sardinitas se escabulleron también entre las personas, y como para los pingüinos, como para casi todas las criaturas de Galápagos, los humanos somos simplemente una pieza más del ambiente, sin ninguna pena o consideración, empezaron a picotear a los buzos en busca de su botín.


Son pingüinos chiquitos los de Galápagos, para unos autores los segundos, para otros los terceros más pequeños del planeta, así que sus picotazos nunca pueden ser demasiado dolorosos. La gente estaba fascinada, las sardinas aterradas, y los pingüinos inmutables dedicados a lo suyo, conseguir alimento.


Parece que no ha sido un buen año para los pingüinos de Galápagos. El agua está un poco más caliente que lo normal, disminuyen los afloramientos marinos, por tanto el sustento en el océano escasea. Algunos compañeros guías están seguros de que los pingüinos se ven más delgados (yo, la verdad, no puedo decir que me haya percatado de estas justas diferencias), pero eso sí, han dejado de “cantar”, y si no hay canto es porque no existe interés por reproducirse, y el único motivo para eso, es la falta de comida.


Científicos de la estación Charles Darwin nos han pedido que reportemos cualquier anomalía en su comportamiento. Que si los oímos hacer ese sonido tan particular de la época de reproducción, tal como el gemido de un burro, que si disminuyen los números, si notamos la presencia de juveniles. No es fácil tener control sobre lo que ocurre en este archipiélago.


Las islas son muy distantes unas de otras, se necesitarían recursos increíbles para poder enviar científicos o guardaparques en todas las direcciones a tomar datos. Para eso estamos nosotros, los guías de Galápagos, los ojos del Parque Nacional, tanto como para hacer respetar sus reglas, con la obligación de informar cualquier irregularidad o falta observada, como para ayudar con reportes de comportamiento animal, cambios en la vegetación, avistamientos marinos.


En Sombrero Chino, otro pequeño islote donde existe una diminuta población de pingüinos, los vimos otra vez pescando como locos. Otra vez se mezclaron entre la gente, pero en esta ocasión fueron un poco más avezados, ahora mordiscaban cabellos, prefiriendo largos y rubios, y buscaban dedos, tal vez con la ilusión de que se convirtieran en sardinas, al punto que la gente tuvo que esconder las manos.


Una fiesta para los turistas, no sé qué tanto para los pingüinos, que este rato no están para pasarla bien, su prioridad es buscar alimento. No quedan más que mil doscientos individuos en las islas, por tanto, el pingüino de Galápagos es una especie en peligro de extinción, y se teme que este año su población se vea aún más afectada

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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