martes, 6 de julio de 2010

Un pichón de cóndor crea esperanza

Con vigilancia maternal. Causay Anti cuida a su cría, de dos semanas de nacida; ahora tiene dos meses.
Foto: Murray Cooper
BIODIVERSIDAD |
Tres pedazos grandes de roca, colocadas una sobre otra, aparentan una cueva. Ese espacio agreste y con piso de tierra sirvió para que una pareja de cóndores, que viven en cautiverio, construyera el nido para su cría Huaira Anti (Viento de los Andes , en quichua).

El pichón nació el 10 de mayo pasado. En estos días es el centro de atención en el Quito Zoo de Guayllabamba.

Al polluelo de plumaje grisáceo, apenas se lo puede mirar desde una improvisada plataforma, al costado sur de la jaula que comparte con sus padres.

Es vigilado celosamente por sus progenitores Causay Anti (Vida de los Andes, madre) y Auki Anti (Príncipe de los Andes, padre). Este último se mueve de un lado a otro y de rato en rato despliega sus alas como si quisiera volar o como si advirtiera que son sus dominios, aunque se trate de una jaula.

Huaira Anti es el cuarto nacimiento de un cóndor -el primer macho- en cautiverio en este zoológico. No obstante, a esta cría le cobija una especial importancia, ya que constituye el punto de partida de un proyecto integral que pretende ayudar a salvar de la extinción a esta especie.

Un censo fotográfico hecho en el 2009 por la Corporación Simbioe registró a 27 ejemplares en el centro-norte de la Sierra ecuatoriana. En cambio, el Proyecto Cóndor, un colectivo a favor de esta especie en el país, calcula que aún quedan unos 50.

Ximena Pazmiño, directora de Proyectos del Quito Zoo, y Paúl Tufiño, coordinador del Proyecto Cóndor, identifican las amenazas para esta especie. Se trata de la expansión de cultivos hacia los páramos y la escasez de alimento (carroña de animales muertos: ganado o camélidos en estado salvaje). Son las causas para una drástica disminución de la especie emblemática de Ecuador.

Los expertos advierten que el envenenamiento y la cacería son los peligros mayores para el ‘Rey de los Andes’. Los exámenes de rayos X que se hicieron a los 19 cóndores que viven en cautiverio, por iniciativa de la Fundación Zoológica del Ecuador (FZE) y del Proyecto Cóndor, revelaron que una de las aves vive con 53 perdigones en su cuerpo y otra con tres balas calibre 22.

Las radiografías revelan puntos y manchas en alas, piernas y pecho. Son las huellas de los impactos. Sin embargo, sobrevivieron y hoy permanecen en diferentes centros de cuidado.

Mario García, director ejecutivo de la FZE, tiene la certeza de que los cóndores son atacados por cazadores o por gente que considera que son una amenaza para su ganado. “La falta de alimento hace que cada vez busquen en sitios más cercanos a las poblaciones, lo que les vuelve más vulnerables”.

A dos meses de nacido, Huaira Anti no abandona el nido. Y parece perezoso, pues en más de una hora solo realiza un pequeño movimiento para acomodarse.

Pero el polluelo es una suerte de estandarte del proceso para liberar a cóndores que nazcan en cautiverio a partir de ahora. Los restantes 19, por ser dependientes de la atención humana, no sobrevivirían en estado silvestre.

Pazmiño anticipa que el proceso tomará mínimo cinco años. Será necesario formar una colonia de al menos tres o cóndores para luego ser liberados en alguna zona hoy despoblada de esas aves.

Con ese propósito, hace dos años a los 19 cóndores que viven en cautiverio se aplicaron pruebas genéticas. Además, se busca formar parejas reproductivas para obtener más crías. Puesto que es una especie monogámica, es decir, escoge una pareja para toda la vida, resulta una tarea complicada. La otra opción es obtener cóndores juveniles en cooperación con algún país andino.

Un buen ejemplo es el Programa argentino chileno de Conservación del Cóndor Andino. Ya liberó a 70 en la Patagonia.

Huaira Anti y los demás polluelos que nacieran en cautiverio crecerán en sitios aislados, libres de contacto con seres humanos. Esto para que sean independientes y puedan adaptarse con facilidad a la vida silvestre.

A la par se impulsará una campaña de educación con las comunidades. Se concienciará sobre la protección de esta especie.

Hasta tanto, el polluelo seguirá por lo menos un mes más sin salir de su nido. Pero seguirá en el centro de la atención del equipo de veterinarios y personal como Paulina Andrade, quien prepara una alimentación balanceada para los padres de Huaira Anti.

El Proyecto Cóndor
  • El 7 de julio es el Día Nacional del Cóndor. Como parte de la celebración, Simbioe instalará el primer comedero artificial en la cima del volcán Imbabura. Allí se colocará alimento para los ejemplares que viven en la zona.
  • Cada uno de los cóndores (12 machos y 7 hembras) en cautiverio tiene un chip de identificación. Este, además de registrar la identidad, permite hacer un seguimiento de su estado de salud y de comportamiento.
  • Hace un año y medio se consolidó el Proyecto Cóndor. Es impulsado por el Ministerio de Ambiente, Parque Cóndor, las haciendas Zuleta y Ilitío, Quito Zoo y el Zoológico de Baños.
  • Si bien Huaira Anti nació hace dos meses, los funcionarios del Zoológico de Guayllabamba decidieron mantener en reserva este acontecimiento. Incluso el área de cóndores, ubicada al costado oeste del sitio, permaneció restringida para el público.
El Condor

Fuente:

domingo, 4 de julio de 2010

Cinco ranas se suman a la numerosa familia anfibia ecuatoriana

Rana arborícola. Encontrada en el Parque Nacional Yasuní, sus patas largas le permiten saltar varios metros entre los árboles.
Gabriela Jiménez
Estamos rodeados de ranas. En el día, en la noche, en todo el territorio nacional, en el agua, en la tierra, en los árboles y en las lluvias, ahí están. Los machos, solos o en grupos, respiran profundo y croan, croan y croan... son serenatas de conquista, mientras las hembras agudizan sus oídos para reconocer el canto de su especie, es un momento para encontrar a su pareja de ocasión.

Cinco nuevos cantos se oficializaron en el amplio repertorio anfibio del país, registrados y descritos por investigadores de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), dentro del proyecto Inventario y caracterización genética y morfológica de la diversidad de anfibios, reptiles y aves de los Andes del Ecuador, que emprendió en noviembre del 2008, financiado por la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt) y ejecutado por el Museo de Zoología de la PUCE.
La rana termitera habita en la hojarasca de los bosques, su color le permite escapar de las serpientes, su principal depredador.
El proyecto tiene tres años de duración y en la primera fase, la exploración de campo, ejecutada en 30 puntos antes no explorados de los Andes ecuatorianos y otras áreas consideradas abundantes en fauna anfibia, desde febrero del 2009 hasta marzo del 2010, se identificaron cerca de 30 posibles nuevas ranas.

Con el apoyo de expertos de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, y estudios genéticos especializados se confirmó, hasta ahora, la presencia de cinco ranas antes desconocidas, y continúan explorando en el ADN de otros pequeños en busca de más.

En nombres comunes, las nuevas integrantes son las ranas arborícola, termitera, nodriza, bullanguera y diminuta, esta última además identificada como el vertebrado más pequeño del país, con 13 milímetros de longitud, en promedio.

Las ranas nodrizas no comparten su espacio con otro anfibio de la misma especie; si llega un invasor, pelearán hasta alejarlo.
La arborícola mide de cuatro a seis centímetros de largo, no existe mayor diferencia de tamaño entre macho y hembra, tiene patas largas y cuerpo estilizado que le permite saltar de árbol en árbol para alcanzar grillos y mariposas, sus alimentos favoritos, y ojos grandes que amplían su campo de visión en sus paseos nocturnos.

La termitera, una nueva variedad, se la identifica por su canto. Y como su nombre lo indica, come termitas, además de hormigas y otros insectos pequeños, en relación con sus 3,3 centímetros (cm) de longitud. Vive entre la hojarasca del bosque y su color café la ayuda a camuflarse y escapar de los depredadores. Pero esta especie protege a sus crías desde su nacimiento. Los biólogos denominan “abrazo nupcial” al acto sexual de las ranas, el macho sobre la hembra, durante el cual esta especie tiene un comportamiento particular. Mientras la mayoría de ranas deposita sus huevos en hojas o agua, esta hembra pone sus huevos durante la copulación, en tanto que el macho mueve sus patas traseras convirtiendo la yema de los huevos en una especie de ‘rompope’, y dentro de esta capa están los renacuajos. El abrazo nupcial termina, la rana se va y el macho queda al cuidado de los huevos, estos eclosionan y el padre lleva a los recién nacidos al charco más cercano.
Las ranas bullangueras, cuyo canto, similar a un gemido de gato, atrae a las hembras de su especie.
Las bullangueras realizan el mismo rito reproductivo. Su principal diferencia está en el canto y las serenatas. Estas ranas, que pueden llegar a medir hasta 3 cm, habitan principalmente en el Bosque Petrificado de Puyango, entre El Oro y Loja, y según Santiago Ron, especializado en biología evolutiva y parte del proyecto de la PUCE, las bullangueras se reúnen en grupos, que pueden alcanzar hasta los cien individuos, para empezar su serenata, y precisamente por este don bullicioso no son muy queridas por las personas con quienes comparten espacio, ya que también habitan en las ciudades.

La nodriza del Yasuní es de color café verdoso y si se la mira de muy cerca parece que tuviera ojos sobre su espalda, pero no lo son, estos puntos son sus renacuajos. Su nombre proviene de esta característica. Después de la serenata y el abrazo nupcial llegan las crías. La hembra se va, pero el macho espera hasta que aparecen los renacuajos, que ágilmente trepan hasta la espalda del padre. Este los lleva a un charco y se va a preparar el siguiente canto.

Se la encontró a lo largo de los arroyos rocosos del Parque Nacional Yasuní. Mónica Páez, encargada de la descripción de la nodriza del Yasuní, explica que cada individuo, que llega a medir hasta 2,5 cm, se apropia de un área donde no acepta compartir con otro de su especie.

La rana diminuta de la cordillera del Cóndor, que máximo alcanza 19 milímetros.
Si las nuevas se colocan por orden de estatura, de grande a pequeña, definitivamente la rana diminuta del Cóndor estaría al final de la fila. Juan Guayasamín, director del proyecto de la PUCE y encargado de la descripción de esta especie, explica que mientras observaban las hojas del bosque enano de la Reserva Ecológica Cordillera del Cóndor, se encontraron con una especie diminuta, pensaron que era una rana juvenil, pero de pronto llegó otra de la misma especie y presenciaron un abrazo nupcial en miniatura. Era una nueva especie, y se lo comprobó con estudios genéticos, donde además confirmaron que su esqueleto y demás órganos estaban completamente formados.

La segunda sorpresa que se llevaron los biólogos fue al encontrar sus nidos. A diferencia de la mayoría de las ranas, estas no ponen numerosos huevos, máximo cinco por cada nido, y de estos no nacen renacuajos, sino ranitas ya formadas, que no pasan de los 10 milímetros.

Con estas cinco nuevas ranas Ecuador sigue en primer lugar como país con mayor número de especies anfibias por kilómetro cuadrado, con 479 descritas formalmente, cifra superada solo por Colombia y Brasil, de acuerdo con publicaciones de Luis Coloma, director del proyecto de la PUCE, autor de varios libros sobre anfibios.

Con el estudio genético de las otras especies encontradas se plantea también establecer las relaciones de parentesco entre ellas y armar un árbol genealógico anfibio, donde ningún canto se repite.
Variedad de rana arlequín, antes conocida como jambato.
Arlequín, ranas termómetro
Las ranas arlequín son nombradas así por su diversidad de colores. Los científicos dicen que en la década del ochenta era muy común ver a numerosos grupos de ranas de este tipo, pero que en los últimos años su población se ha visto drásticamente reducida. Luis Coloma, estudioso de la especie, la describe como indicadora del cambio climático, pues esta rana respira a través de la piel y el mínimo cambio la afecta. Junto con su equipo de investigación prepara un informe sobre el estado actual de la especie y las implicaciones climáticas.

jueves, 1 de julio de 2010

Polémica en revistas

Scalesia affinis, una planta endémica de Santa Cruz.
Desde Las Encantadas
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

Supervivencia en Galápagos

Publicaciones internacionales hacen una alerta sobre los peligros ocasionados en las islas por varias razones, incluyendo el turismo desmedido.

En junio 5 del 2010 se publicó en la revista The Economist: Sobre la extinción de las especies. El turismo está amenazando un paraíso de vida silvestre. En un contexto parecido, también apareció otro reportaje en TIME de mayo 31.

En The Economist se narra cada aspecto negativo de las islas, y se lo relaciona con el turismo, pero sin mayor evidencia (a mi parecer). Sin embargo, mi intención no es expresar mi particular opinión sino la de los turistas, venidos en su mayoría de los EE.UU., con quienes se organizó un fórum para tratar el artículo en mención.

The Economist hace referencia, por ejemplo, a los cientos de miles de pollos que llegan del continente para el consumo humano en las islas y que pueden haber introducido enfermedades aviares a las especies de Galápagos. Asegura que solo quedan 71 especímenes de Scalesia affinis, una planta endémica a Santa Cruz, que aproximadamente 40 botes pequeños realizan actividades no reguladas por el Parque Nacional, entre otras cosas. Concluye afirmando que, paradójicamente, la información sobre el deterioro de las islas incentiva la visita de mayor número de turistas; viajan con la intención de verlas antes de que desaparezcan.

Participaron del fórum aproximadamente cuarenta personas. Estaban en su sexto día en las Galápagos, habiendo recorrido casi 500 millas, visitado 8 islas y un sitio poblado. Es decir, habían vivido ya su propia experiencia.

El fórum arrancó con la pregunta de por qué debíamos mantener las islas intactas, cuando todo en el planeta está en constante cambio; que sería el equivalente a Disney Land, un mundo falso aislado de la realidad.

Se explicó que no se trata de custodiar un ecosistema congelado en el tiempo, porque el cambio es justamente parte de lo natural, no en vano las islas son conocidas como Laboratorio de Evolución. Que lo que se intenta es restaurar los ecosistemas como fueron antes de la llegada del hombre; las especies que arribaron a las islas por intervención humana, jamás lo habrían logrado naturalmente.

Un joven de 14 expuso que Galápagos es el lugar donde ha comprendido que los sistemas están interconectados, y cómo un solo ser humano puede afectar el curso del planeta, para bien o para mal. Nos sorprendió con la frase: "Entendiendo las conexiones que existen, podemos tomar conciencia y luego tomar acción".

Un pasajero expuso que le había sorprendido ver tantas tiendas, que en pocos años las islas podrían convertirse en Cancún, con un turismo más invasivo.

Otro dijo que en cualquier lugar del mundo donde se hable de “ecoturismo”, siempre habrá cierto tipo de impacto. Que lo óptimo es concentrar negocios y población en sitios específicos. Que con el interés por mantener su trabajo, los habitantes se inclinarán a conservar los ecosistemas naturales, que son los que atraen a los visitantes que generan las fuentes de empleo. Lo que hay que cuidar es el tipo de turismo que se realice, que esté bien regulado.

Se habló que lo adecuado es crear un balance entre turismo y naturaleza. Que el turismo es un medio para mantener las islas, financiar programas de crianza y restauración y que es necesario incluir a la población local en la ecuación total.

Muchos coincidieron en que el artículo solo enfoca una parte de la realidad, y no el cuadro completo. Al fin y al cabo, las malas noticias siempre venden mejor que las buenas.

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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