miércoles, 27 de agosto de 2014

Batalla marina: ¿Quién es el ganador?

Una damisela (i) protege su ‘cultivo’ de algas contra una iguana marina de Galápagos.
Desde Las Encantadas 
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

Las iguanas se alimentan también de algas. Para ello bucean, y dependiendo del tamaño o edad del individuo, irán a mayores profundidades o se alejaran más de la costa. La única criatura que se dedica a cuidar y cosechar su propia parcela es la damisela.
Les presento a Goliat y David, o más bien Godzilla versus una aparentemente inofensiva criatura. Se trata de la iguana marina de Galápagos enfrentada a la persistencia del pez damisela de cola amarilla. Este pequeño animalito compensa su tamaño con obstinación y audacia, y ferozmente intenta por cualquier medio librarse del reptil que invade su reducido feudo.
Recuerdo a Nemo y su pertinaz padre que recorriera el océano para rescatarlo. Pues las damiselas y los peces payaso son de la misma familia, Pomacentridae, y una de las características de comportamiento en la que coinciden es su territorialidad. Mientras que los peces payaso pasan la vida entera a pocos centímetros de la anémona que han elegido como hogar, las damiselas protegen incansables su minúsculo campo de algas que literalmente cultivan.
En efecto, el pez damisela y el garibaldi, también de la misma familia, son las únicas especies conocidas hasta el momento que ‘pastorean’ su propia comida. Patrullan bravamente un pedazo de arrecife para impedir que ningún otro herbívoro se acerque. Además, algunos se concentran en una especie de alga específica, desarraigando cualquier otra intrusa; es decir, practican el monocultivo bajo el mar.
Hay damiselas de variados colores y tamaños. Están las gigantes, que cuando juveniles presentan puntitos azules iridiscentes que son el encanto y la sorpresa de quienes hacen buceo de superficie. Están las damiselas cabeza chichón o la jaquea rabo blanco. La de la foto es la damisela de cola amarilla, conocida también como castañeta coliamarillo (Stegastes arcifrons), a la que Cindy Manning filmó luchando incansable por librarse de una iguana marina.
Las iguanas se alimentan también de algas. Su alga favorita es del género ulva, alga verde, y aparentemente deliciosa, porque también la prefieren cangrejos sayapas, erizos lapiceros, peces chanchos, y por supuesto, las damiselas.
Sin embargo, la única criatura de las mencionadas, que se dedica a cuidar y cosechar su propia parcela, es la damisela. Agita sus diminutas aletas pectorales, ondulando de vez en cuando la cola para ir de una esquina a la otra, rápida o lentamente, según lo que ocurra a su alrededor. Un experimento que hacía cuando recién vine a las islas era justamente probar la territorialidad de este pececito. Ponía piedritas en pleno centro del afanado jardín. Y apenas la había colocado, la damisela embestía furiosa, casi siempre valiéndose de su boca, de voluminosos labios color naranja, y con toda la fuerza de su pequeño cuerpo se libraba del estático intruso. Así ocurre con lo que aparezca en su espacio.
En ocasiones algún cardumen considerable de pez chancho invade un arrecife para devorar vorazmente cuanta alga encuentre. Entonces, frenéticas, las damiselas empujan, muerden, aletean y del esfuerzo, o el coraje, hasta cambian de color, su rostro palidece.
La batalla que Cindy capturó en imágenes duró varios minutos. La damisela mordía a la iguana en el hocico, en las patas, la empujaba con la boca, mientras el reptil, inmutable, continuaba alimentándose, esto a cuatro metros bajo la superficie del mar. Si eventualmente la iguana decidió moverse, no fue precisamente por la persistencia de la damisela, que produciría meras cosquillas en la piel escamosa del reptil. Se mudaría a buscar un nuevo jardín, tal vez de otra agraviada damisela, para continuar con el festín.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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