lunes, 27 de diciembre de 2010

Achuar S.A.

Foto: Kapawi Ecolodge & Reserve
Por Moisés Pinchevsky 
Fotos: Víctor Álvarez
Kapawi

Se sienten impulsados por su cultura, su naturaleza, su entusiasmo y hasta por sus premoniciones y las de sus ancestros. El pueblo achuar labora así en su papel como empresarios del Kapawi Ecolodge & Reserve, cuyas acciones poseen desde el 2008. Ahora buscan afianzar al hotel como valioso tesoro de la selva amazónica.

El achuar Antonio Shakai se siente muy motivado al hablar de su experiencia, a finales de febrero, como expositor en una feria turística de Bogotá. “Empresarios de varios países se sorprendieron cuando les explicábamos que el ecolodge Kapawi es propiedad de los indígenas para impulsar el desarrollo comunitario y la protección de la selva. Tanto así que un empresario de Colombia nos invitó para viajar en pocas semanas a la Amazonía de ese país y así compartir nuestras vivencias con los indígenas locales, ya que allá también planean un proyecto turístico similar”, señala el administrador de Kapawi, quien junto a Andrés Ordóñez, gerente general en Quito de ese emprendimiento turístico, difundió los servicios de ese resort emplazado en el extremo oriental de la provincia de Pastaza.

Shakai habla con entusiasmo sobre sus vivencias en la moderna Bogotá. Pero luego calla. Su elocuencia se convierte en silencio cuando se le pregunta sobre un tema que no puede compartir. 

“Es algo muy personal. Ningún achuar revela las visiones que tenemos cuando, a los quince años, vamos al bosque para cumplir por primera vez tres noches de meditación en solitario”, explica.
Kuji Uyunkar (i) y Luis Callera (extremo derecho) junto a cinco de los empleados achuar que laboran en el  Kapawi Ecolodge & Reserve.

Es una añeja costumbre de los nativos al ingresar a la madurez. Para ello, ya dentro del bosque, construyen tres chocitas próximas una de la otra. Tras pernoctar en la primera deben abandonarla dejando allí mucho de su espíritu oscuro. En la segunda continuarán ese proceso, que concluye, ya con el corazón limpio, recibiendo el tercer amanecer en la tercera choza. 

Son días de meditación y sueños mágicos infringidos por una infusión con floripondio, poderosa planta alucinógena. Es entonces cuando Arutan, espíritu que gobierna la selva, les revela parte de su futuro a través de visiones místicas. Por ejemplo, si observan una tortuga tendrán una larga vida, si se encuentran con un jaguar su destino es volverse líderes, mientras que las imágenes de pájaros caciques o el mono cuchucho les advierte que tendrán varios hijos.

Antonio Shakai no puede compartir tales revelaciones personales, pero sugiere que coinciden con aquellas que tuvo su padre hace varios años, cuando tras haber cazado una perdiz descansaba sobre un tronco caído. Allí sintió que el gran madero se movía. “¡Es Arutan!”, pensó, para luego caer en un sueño profundo donde observó cómo sus cuatro hijos (Antonio es el segundo) estudiaban para convertirse en profesionales relacionados con las grandes ciudades de cemento, lo cual era casi impensado entonces, ya que apenas a mediados del siglo anterior los achuar comenzaron a tener contacto con la civilización fuera de su territorio selvático.
Antonio Shakai (d) y Andrés Ordóñez, administrador y gerente de Kapawi, respectivamente, expusieron en una feria turística en Bogotá.
Visiones empresariales
Los sueños resultan recurrentes en la historia del ecolodge Kapawi. Antonio Shakai se anima a compartir uno de los suyos: que la cultura achuar sea mejor conocida entre los ecuatorianos, y que cada vez más visitantes lleguen a su territorio.

Ese anhelo es compartido por los achuar propietarios del ecolodge más famoso del país, gracias al traspaso que les hiciera la empresa guayaquileña Canodros, conforme al acuerdo que establecieron en 1993: Canodros ocuparía por arriendo parte del territorio achuar para construir y manejar el ecolodge, para luego cederlo a ese pueblo indígena.

El 1 de enero del 2008, tras once años de operación de Canodros, el ecolodge Kapawi se convirtió en el primer emprendimiento de lujo en la selva de propiedad absoluta de un conglomerado nativo, representado por la Nacionalidad Achuar del Ecuador (NAE). 
Antonio es pieza fundamental de esta nueva faceta de los achuar como empresarios del turismo, ya que desde octubre anterior es el administrador del ecolodge, cargo que obtuvo tras haber estudiado por dos años en la Universidad de Especialidades Turísticas, en Quito, junto con cuatro compañeros nativos que ocupan otros cargos en la operación: Kuji Uyunkar (30 años, administrador asistente y jefe de bodega), Juan Callera (28, jefe de bar y comedor), Ángel Etsaa (24, jefe de logística) y Timoteo Etzamaren (31, jefe de compras). 
Foto: Kapawi Ecolodge & Reserve
Realidad diaria
Antonio comienza labores cada mañana desde las 06:00 para revisar en la cocina que el desayuno de los huéspedes esté preparado, y media hora más tarde cumple su reunión diaria con los jefes de cada área: cocina, bar-restaurante, bodega, housekeeping (aseo de las habitaciones), mantenimiento, motoristas (canoas) y guías.
La llegada de los turistas a Wachirpas se cumple en avionetas que despegan desde Shell, aunque se planea iniciar vuelos desde Quito.
Luego enciende la computadora de su oficina para mantener un contacto continuo con las sedes de Kapawi en Quito y en la población de Shell (Pastaza), este último sitio vital de las operaciones del hotel, ya que cada lunes y viernes (únicos días de ingreso y salida de viajeros) llegan allí los turistas desde Quito (4 horas por carretera) para despegar en avioneta en un vuelo de 50 minutos sobre el verde infinito de la selva hacia la pista de tierra en la comuna de Wachirpas, desde donde parten en canoa hacia el hotel (20 minutos por los ríos Pastaza y Capahuari).

Es la única manera de arribar a Kapawi, adonde nunca ha llegado una carretera, un automóvil, una moto, ni siquiera una bicicleta, lo cual acentúa el atractivo de este hotel como punto recóndito de la Amazonía. Sin embargo, esta situación también provoca que el traslado de los pasajeros sea una operación compleja.

Pero cualquier situación es resuelta con prestancia, señala Kuji Uyunkar, administrador asistente y jefe de bodega, quien agrega que sus compañeros y él estudiaron en Quito hasta octubre del año anterior, tras lo cual poco a poco ocuparon los puestos de mayor importancia dentro de la operación del resort, según lo establecido desde el inicio del proyecto.
Foto: Kapawi Ecolodge & Reserve
“Lo más difícil ha sido el inglés; hablar con los pasajeros aún se nos hace complicado”, señala Kuji, quien junto con el resto del personal recibe clases de la profesora Kate Krumrei (25 años), voluntaria de Texas (EE.UU.), que califica a los achuar como buenos alumnos, pero que deben vencer la timidez para comunicarse con mayor fluidez con los extranjeros.

Durante su formación académica, Kuji disfrutó particularmente de las clases de contabilidad y costos. “Lo más importante en el negocio es establecer cuánto gastas y cuánto recibes, para así conocer tu ganancia”, indica.

Gracias a esos cálculos, los achuar conocen que deben atender semanalmente a quince pasajeros. Con menos registran pérdidas y superar esa cifra significa ganancias. 

Hay semanas buenas y malas. Por ejemplo, el feriado de Semana Santa (operación del viernes 2 al lunes 5 de abril) Kapawi estaba desierto de huéspedes, muestra de que los viajeros nacionales aún conocen poco de esta opción de viajes, pero para mediados de este mes recibirían 44 pasajeros, todos extranjeros, lo cual es su máximo de ocupación.

Ellos llegarían para alojarse en los 19 cuartos emplazados en cabañas dobles y sencillas conectadas por un camino entablado que termina (o comienza) en un muelle de madera. Desde allí parten los tours fluviales en canoa para avistar aves (a las 06:30), realizar paseos en kayak o para cruzar a la ribera opuesta, donde los turistas reciben un recorrido de dos a tres horas por el bosque primario para conocer curiosidades de la vegetación local, como la planta conocida como belladona, que segrega un líquido que al aplicarse bajo los ojos parece brindarles mayor expresividad (por eso se la llama el botox de la selva) y el árbol de cinchona, del cual se extrae la quinina, substancia utilizada para tratar la malaria.
Foto: Kapawi Ecolodge & Reserve
Convicción de un pueblo
Todos los tours están incluidos en el programa de ecolodge. Uno de ellos suele llevar a los viajeros a la aldea Kapawi, cuyo nombre adquirió el resort por encontrarse muy próximo a él (40 minutos a pie o 10 en canoa). Allí reside Patricio Gualinga (33 años), presidente del directorio de Ceksa (Centro Ecoturístico Kapawi S.A.), empresa que maneja el ecolodge, y que rinde cuentas a la NAE, organización qe reúne a las 64 comunidades achuar de las provincias de Pastaza y Morona Santiago.

“Antes no entendíamos qué era una empresa, pero ahora sí. Por eso nos estamos preparando para ser mejores empresarios y mejores anfitriones. Una prueba de ello es la zonificación que implantamos, que ahora señala que el 80% de las 52 mil hectáreas del territorio achuar próximas al lodge están protegidas de la cacería. Gracias a ello ahora vemos más animales”, indica.

El dirigente achuar agrega que los jóvenes son los más comprometidos con la operación del ecolodge, porque consideran que gracias al turismo tendrán ingresos para que cada vez más nativos puedan terminar el bachillerato, estudiar la universidad y convertirse en profesionales.

Allí está el progreso, confía, sin embargo, por ahora extrañan el aporte mensual que Canodros les entregaba puntualmente hasta el 2007, por el arriendo de su territorio. Ahora de ellos depende el ingreso económico que reciban. De su habilidad como hoteleros y administradores. “Estamos aprendiendo cómo manejar una empresa así. Nuestros mayores ya lo veían en sus sueños. Veían que teníamos cabañas para recibir visitantes; veían que sus hijos estudiarían para convertirse en empresarios; veían que los jóvenes serían líderes de una nueva generación. Es la visión de la selva. Es el designio de Arutan. Son nuestros sueños”. Y saben que de ellos depende volverlos realidad.
Foto: Kapawi Ecolodge & Reserve
Sueño compartido
Kapawi Ecolodge & Reserve surgió del sueño del guayaquileño Carlos Pérez Perasso (1935-2002), ex director del diario EL UNIVERSO y fundador de la operadora turística Canodros. Su hijo César Pérez Barriga, actual presidente de Canodros y subdirector del matutino porteño, señala a su padre como “un soñador, a pesar de que tenía siempre los pies muy bien puestos en la tierra”.

En 1987, don Carlos fundó Canodros con otros socios para establecer un turismo socialmente responsable. Galápagos fue su primer campo de acción, aunque luego se propuso establecer un resort en la selva que promulgue la conservación y que a largo plazo sea una fuente de desarrollo que favorezca a los nativos.

Lo ayudó el cuencano Daniel Koupermann, con quien recorrió las provincias de la Amazonía buscando un sitio adecuado para el resort. En diciembre de 1993 firmaron un acuerdo con los indígenas, representados por Luis Vargas, presidente de la organización achuar, tras lo cual el ecolodge fue construido en un recodo de aguas del río Capahuari.

La construcción duró dos años con técnicas y materiales achuar. El ecolodge fue abierto en abril de 1996 como un hotel que utiliza paneles solares y otros procesos ambientalmente amigables. 
Foto: Kapawi Ecolodge & Reserve
Kapawi, que ha recibido el apoyo de la fundación Pachamama, ha merecido varios premios internacionales, como Tourism for Tomorrow (1998), mención de honor en el Ecotourism Excellence Award de la ONG Conservación Internacional (2000), mención de la revista Travel & Leisure como uno de los 50 lugares más románticos (2001) y uno de los 25 mejores ecolodges (2003), primer premio de ecoturismo de la asociación Skal (2002), premio José Tobar del Ministerio de Turismo como operación turística limpia (2002), segundo lugar del premio entregado por la Sustainable Tourism Award for Conservation (2004) y en el año anterior fue designado uno de los 50 mejores ecolodges por la revista National Geographic Adventure.

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

lunes, 20 de diciembre de 2010

Gigantes glamourosos

En los océanos de nuestro planeta vive esta colosal criatura emparentada con los tiburones.

Desde Las Encantadas
Paula Tagle 
nalutagle@eluniverso.com

Mantarrayas


“Su espalda negra se confunde con el azul oscuro del mar profundo. Pez diablo la llaman algunos, por las protuberancias en la cabeza, que lucen como cuernos”.


Compartí el mar con una mantarraya (Manta birostris), y lo de femenino se aplica doblemente, uno porque manta era; dos, porque se trataba de una hembra. Nadaba dócilmente de un extremo a otro de la pared de la pequeña isla Guy Fawkes ubicada frente a la isla Santa Cruz. Espera pacientemente un afloramiento de plancton, y mientras tanto, dejándose limpiar de parásitos y piel muerta, por peces ángel y viejas.

Desde el bote llamado Zodiac, un “bicho” de estos asusta, y una vez en el agua, asusta aún más. ¿Pero que podía hacernos un pez con dientes vestigiales apenas en la mandíbula inferior y casi por completo escondidos por su piel? Y a pesar de que poseen cola como las rayas sartén, carecen de aguijón, por lo que son completamente inofensivas. Igual, impresiona su envergadura de alas, porque alas parecen aquellas aletas pectorales con las que surca los mares, solitaria y gentil.

El panguero que me acompaña, Álex Medina, originario de Salango, me dice que en la costa del Ecuador caen comúnmente en las redes de pesca; que se le da uso a su carne y que a veces le cortan las “alas” para hacerlas pasar por aletas de tiburón, después de todo ambos son peces cartilaginosos; de sus espinas se hacen espuelas para peleas de gallo. La miro una vez más, tan grácil y elegante, y el corazón se me encoge imaginándola retorciéndose desesperada entre mallas de pesca.

Nado sobre ella, su espalda negra se confunde con el azul oscuro del mar profundo. Pez diablo la llaman algunos, por las protuberancias en la cabeza, que lucen como cuernos. Casi que llego a acostumbrarme a su silenciosa presencia, y de pronto gira, se da la vuelta por completo exhibiendo el blanco impecable de su parte ventral; siento que me mira, se acerca. 

Me da un breve ataque de pánico, recuerdo que estoy junto a un gigante de 5 metros de envergadura de ala y que no soy más que una mortal flotando en lo más superficial del mar, apenas vislumbrando un pedacito de lo que ocurre en ese otro medio que conforma las tres cuartas partes del planeta que habitamos, para el que no estoy diseñada y del que conozco muy poco.

Un lobito marino pasa distraído y no alcanza a entender por qué la gente lo ignora, cuando él se sabe tan regio. Luego mira hacia abajo y la descubre, y siento que el lobo también se estremece ante su majestuosidad. Pero el asombro no le dura mucho tiempo, el lobo quiere jugar y si estos humanos no le van a hacer caso por mirar a una mantarraya, él prefiere retirarse a buscar criaturas más divertidas.

La mantarraya es la especie con el cerebro más grande en comparación al tamaño de su cuerpo, de entre todos los Elasmobranchii (clase para rayas y tiburones). El espécimen más grande reportado medía 7,6 metros con un peso de 2.300 kilogramos. Son vivíparos, es decir “dan a luz” a uno, máximo dos pequeños, luego de una gestación que dura de 10 a 14 meses.

Es una criatura de aguas tropicales y subtropicales y desde el 2006 entró a la lista de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) como especie “casi amenazada”, porque en muchos países del mundo se la pesca indiscriminadamente.

Sin embargo, en Galápagos nada protegida, y yo, por una feliz casualidad, pude compartir varios minutos con un ejemplar hembra, inmenso y glamouroso.

Las islas, GALÁPAGOS  
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

viernes, 17 de diciembre de 2010

Uzhupud, rincón de historia azuaya

El pasado y el presente confluyen en un encantador paraje de descanso ubicado entre Cuenca y Paute
Ambientes donde se unen la paz de un templo y la algarabía del chapoteo en una piscina se encuentran en la Hostería Uzhupud, en Paute, un sitio perfecto para descansar del trajín diario, reunirse con los amigos o pasar la luna de miel.

Uzhupud, en lengua quichua y vocablo de los cañaris significa "pampa de ají" .

La hostería, levantada en la hacienda donde creció el Santo Hermano Miguel, puede hospedar a 180 personas y está ubicada en el kilómetro 32 de la vía Cuenca  Paute.
Es de estilo colonial y campestre, aunque armoniza con lo moderno. Su centro de convenciones fue usado en el pasado para elaborar salsa de tomate. Allí nació la fabrica de alimentos Los Andes.

El locro de papas con aguacate y mote es el abrebocas de una amplia variedad de comidas típicas. El más destacado es el "plato pauteño", que incluye lomo de cerdo a la plancha, mote pillo, ensalada fresca, llapingachos, morcilla negra, blanca y empanada de viento. Los costos en los menús oscilan desde $9,50, para estudiantes, y $38,00 por servicio estilo gourmet.

La piscina es un lugar atractivo, en medio de árboles, montañas y el cálido sol del cantón azuayo. Este servicio tiene un costo de $6,00 para adultos y $4,00 para niños, que incluye el uso del turco y el sauna.

Junto a la piscina está el bar, donde se ofrecen hamburguesas, hot dogs y salchipapas por $3,00.

El contacto con la naturaleza se puede realizar a lomo de caballo, recorriendo todas las áreas de la hostería por $6,00. Estos paseos duran una hora y transcurren a orillas del río Paute.

Canchas de tenis, voleibol, fútbol, juegos infantiles, mesas de ping pong, complementan las actividades que Uzhupud ofrece.

Además, en la Capilla Santo Hermano Miguel se pueden celebrar bodas y bautizos. Está ubicada en el poblado Don Cornelio, llamado así en honor a uno de sus propietarios. Es el sector preferido por los turistas extranjeros, por el rústico diseño de sus habitaciones.
La industria licorera de Paute nació allí, con la marca Pauteñito, elaborada por Cornelio Vintimilla. Posteriormente se hizo famoso el ron San Miguel 5, bebida con cinco años de añejamiento.

Los galpones donde se destilaba el licor hoy son zonas de albergue, utilizadas especialmente para estudiantes. Cuenta con camas literas y su capacidad es de 87 personas.

La tranquilidad que emana del Paute hacia este lugar lo ha convertido en el sitio preferido de personas con agendas apretadas.

Una de ellas es el presidente Rafael Correa, quien, según los administradores, suele acudir a Uzhupud cuando visita el Austro.

Los costos de alojamiento son: para habitaciones sencillas $48,00, para habitaciones dobles $66,00, para habitaciones triples $83,00 y para suites matrimoniales $89,00. (XPA)

Fotos: del Blog RichAndNancy 
Fuente: hoy.com.ec

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El Cajas busca reconocimiento entre amenazas ambientales

El Cajas, donde hay 19 guardaparques, cuenta con un presupuesto aproximado de $ 1,5 millones, y según el responsable del área, Juan Martínez, se espera que en el 2011 aumente $ 800 mil.
Sandra Ochoa | CUENCA
Áreas protegidas
Que proviene de la palabra quichua “caxas”, que quiere decir frío, o que se debe a su formación geológica, de “cajas” donde se encuentran las lagunas, son las dos teorías que se manejan sobre el origen del nombre Parque Nacional El Cajas (PNC).

Las dos acepciones cobran sentido en esta área protegida, porque a 4.500 metros sobre el nivel del mar es imposible no sentir frío entre los valles cubiertos de agua, sea por las esponjas húmedas o por las 235 lagunas, con un espejo de agua de más de una hectárea y casi mil de menor tamaño, de diversas formas, que dan lugar a los ríos Yanuncay y Tomebamba, que cruzan por el Centro Histórico de Cuenca.

Dentro del inventario de los paisajes lacustres conocidos en el mundo, el de El Cajas es uno de los más importantes debido a su variedad, que se asocia con una gran biodiversidad. Según un estudio geológico del PNC, el 90,6% de las 28.544 hectáreas protegidas corresponde al ecosistema de páramo herbáceo, excepto al sureste del Parque, donde se halla el bosque de Mazán. Mientras, en el oeste, el sector de Canoas se distingue por presentar alturas inferiores a los 3.600 metros, con características de bosque andino.

El Parque Nacional El Cajas se creó el 6 de junio de 1977 como Área Nacional de Recreación y el 26 de julio de 1979 se establecieron sus límites. Pero el 5 de noviembre de 1996 cambió a la categoría actual debido a las características de importancia arqueológicas y con el objetivo de reforzar las medidas de conservación y protección a esta zona austral que es parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador. 

En el área se encuentra el único reducto de bosque nublado del Austro, conocido como el bosque pluvial Montado, ubicado entre las lagunas Llaviuco y Taitachugo. En este especial ecosistema se hallan rodales, conjuntos de plantas que son diferentes de las colindantes, del árbol quinua o de papel (Polylepis), por su frágil corteza.

En abril del 2002, el Concejo Municipal delegó a la Empresa Municipal de Teléfonos, Agua Potable y Saneamiento Ambiental de Cuenca (Etapa) la administración, manejo, regulación y control, y creó la Corporación Municipal Parque Nacional El Cajas, gestión en función de principios y derechos de protección ambiental de los centros poblados de Cuenca, según Franklin Buchelli, primer director de la entidad.
La carretera Azuay-Guayas cruza por el Parque Nacional El Cajas y su construcción afectó la hidrología de la zona norte del área protegida, convirtiéndola en una de las partes más sensibles.
Impacto del hombre
La biodiversidad del PNC está en riesgo por las actividades turísticas, dice Buchelli, actual director de la Unidad de Gestión Ambiental de la Municipalidad, quien además explica que uno de los principales atentados contra este ecosistema es la vía interprovincial que conecta Azuay con Guayas, que, según un informe de los guardabosques, hasta hace un par de años tenía un flujo de tránsito menor a los 400 vehículos por día y ahora esa cifra es cinco veces mayor.

El problema es que la combustión de los vehículos genera una atmósfera caliente, que se transporta con el viento y choca con la roca, esto provoca “la meteorización”, es decir, el desprendimiento en partículas que contienen material orgánico que cae en las lagunas y se vuelve sólido nuevamente, lo que reduce el nivel de agua.

Otro de los problemas se evidencia en el kilómetro 35 de la vía, en El Jardín de la Virgen. En 200 hectáreas de la zona de amortiguamiento del Parque hay sembríos de pinos, que luego usa la industria maderera, pero la amenaza radica en las hojas de este árbol, pues contienen ácido que, al caer, contribuye a la erosión del suelo y esteriliza toda su capa orgánica, evitando que la vegetación de páramo retenga la humedad. 
El árbol de papel, que crece de 5 a 10 centímetros por año, es una de las especies vegetales representativas del Parque Nacional.
Más de treinta casas se construyeron en los últimos años en la zona de amortiguamiento, a los lados de la carretera, considerada área de bosque y vegetación protectora del Guabidula que, según acuerdo ministerial, impide intervenciones en 500 metros desde la margen del río, pero la mayoría están incluso a 10 metros de Quinuas.

Además, hay piscinas para promocionar la pesca deportiva que se construyeron incluso junto a la carretera, y para llenarlas se utilizaron tuberías que cambiaron el cauce de los ríos. Estas obras ni siquiera cuentan con permisos municipales. Asimismo, existe una plaza de toros construida en una de las cordilleras.

El actual responsable del Parque Nacional El Cajas, Juan Alfredo Martínez, destaca que su competencia está dentro de los límites del área protegida y no en la zona de amortiguamiento; sin embargo, reconoce el daño que generó la construcción de la carretera Azuay-Guayas. “Esta obra prácticamente destruyó el sistema hidrológico del norte de El Cajas y ahora es una zona extremadamente sensible”, indica. Pero añade que para contrarrestar en algo los impactos ambientales se ha restringido el paso del transporte de hidrocarburos y químicos considerados de riesgo, y expone también que en cuatro meses contarán con un programa completo sobre el manejo de los recursos hídricos.

Con respecto a los daños que generan las visitas, el funcionario asegura también que en los próximos días estará listo un estudio de impacto ambiental y de capacidad de carga turística para cada zona del Parque. 
El futuro
Si intervenciones como las mencionadas continúan, los técnicos del área protegida advierten que se perderán las fuentes de agua. Un ejemplo de esto ocurrió hace quince días, aproximadamente, cuando por dos semanas no llovió y el río Tomebamba, que nace en las lagunas de El Cajas, redujo su caudal a menos de 30 litros por segundo, cuando, por lo general, registra 700 litros. 

El Cajas rezume 56 millones de metros cúbicos de agua y genera una corriente para un caudal ecológico de 6’200.000 metros cúbicos por año, que representan alrededor del 60% del agua que requiere Cuenca, y por ello es reconocido internacionalmente como humedal Ramsar y como sitio de importancia mundial para la conservación de aves. 

Además, el responsable del Parque dice que la aplicación para que El Cajas sea declarado Patrimonio Mundial está listo y será entregado la próxima semana al Instituto de Patrimonio Cultural del Ecuador. Este nuevo propósito radica dentro del proyecto de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para Educación, Ciencia y Cultur) para establecer el Camino del Inca o Kapakñan, en el que participan seis países andinos, donde se destacan los restos arqueológicos.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Eco relax

Kaony Lodge
Por Moisés Pinchevsky
La actual moda turística apunta a lo ‘eco’, es decir, a la implementación de buenas prácticas para que la llegada de los viajeros no perjudique al hábitat natural y que, a la vez, brinde apoyo a las comunidades aledañas para incentivar su desarrollo sostenible. Aquí cuatro ejemplos de ‘ecohoteles’ en el país.

Kaony Lodge
Este ecolodge está emplazado en el noroeste de la provincia de Pichincha, entre las poblaciones de Puerto Quito y Pedro Vicente Maldonado, a 140 kilómetros al oeste de Quito. El carácter responsable de este hospedaje se muestra en el sistema de irrigación de sus tres hectáreas de jardines, cuya agua proviene de la utilizada en las duchas de los huéspedes, tras haber sido tratada adecuadamente por un sistema de purificación. 

Su programa de reciclaje clasifica la basura en orgánica e inorgánica. La primera es utilizada como abono de los jardines, mientras que la inorgánica ingresa a un sistema de reutilización de tales recursos. Para la construcción de sus once cabañas se emplearon elementos propios de la zona, como cañas y paja, lo cual provoca que el cemento sea casi inexistente en los edificios que componen el complejo.

El Kaony Lodge posee 40 hectáreas de bosque protegido, por donde cruza el río Caoní, considerado uno de los más limpios del país. Por ello es escenario adecuado para el tubing y el rafting. 

Informes: (02) 255 6719, (09) 951-0515, www.kaonylodge.com.
Las Cascadas Jungle Lodge
Las Cascadas Jungle Lodge
Esta propiedad de 300 hectáreas de bosque primario y secundario está ubicada en la comunidad Cajabamba II, en el cantón Santa Clara, en la provincia de Pastaza. Las Cascadas recibe este nombre por dos magníficos saltos dentro de la propiedad, en donde puede disfrutarse de un baño relajante y energético en medio del bosque primario.

Ofrece alojamiento para 16 personas en 8 habitaciones dobles con baño privado, así como amplias terrazas que permiten tener un contacto más directo con la selva tropical. 

Recibió la certificación Smart Voyager en marzo del 2009 y ha sido renovado en febrero anterior. Sus compromisos con el ambiente incluyen diagnosticar los consumos de electricidad y utilizar equipos ahorradores (bombillas de bajo consumo, iluminación con velas), utilizar con responsabilidad el agua, reciclar los residuos, emplear energías alternativas y artefactos ecoamigables, por ejemplo, ventiladores impulsados por el viento para las cabañas. 

También utiliza productos de limpieza biodegradables, privilegia modos de transporte respetuosos del medio ambiente, implementa acciones de compensación de CO2 por proyectos de reforestación y de conservación de la Amazonía, y prioriza la compra de productos locales para ayudar a la economía de las comunidades.

Informes: (02) 222-9385, 222-8673, www.surtrek.com.
Arena Blanca
Arena Blanca
Este ecohotel fue inaugurado hace poco más de un mes en San Cristóbal, a pocos kilómetros del aeropuerto de esta isla al este del archipiélago de Galápagos. Este hospedaje se construyó bajo estrictos parámetros que apuntan a la protección de la naturaleza local, por ello cuenta, por ejemplo, con un sistema de ventilación natural que permite aprovechar las corrientes de viento que atraviesan la zona, lo cual apunta a que los huéspedes coincidan en que resulta innecesario encender los acondicionadores de aire de las habitaciones para disfrutar de un ambiente fresco y ventilado.

También aprovechan la recirculación del agua lluvia y de las duchas para que sean reutilizadas en los inodoros, y han instalado sistemas de ahorro de agua en los lavamanos y áreas sociales, con lo cual protegen ese elemento vital tan valioso en el archipiélago.
Además, emplean productos alimenticios de la zona, prefieren los elementos biodegradables para reducir el impacto del turismo, manejan un programa de reciclaje de desechos y han capacitado a sus empleados sobre el uso responsable del agua, el empleo de focos ahorradores y demás temas relacionados con la responsabilidad con el ambiente. 

Informes: (02) 225-7250, 224-3087,  www.islasdefuego.com.
Hacienda Manteles
Hacienda Manteles
Ubicada a 20 kilómetros de Baños de Agua Santa y a 30 kilómetros del mercado Salacaca (provincia de Tungurahua), esta tradicional hacienda que data de 1965 consta de una casa principal y cabañas. Está rodeada por jardines que son parte de un área de 200 hectáreas de bosque primario protegido, el cual colinda con el ingreso al Parque Nacional Llanganates y el Parque Nacional Sangay.

Este valle repleto de orquídeas y aves es el escenario de actividades como el ciclismo de montaña, cabalgatas y senderismo, generalmente teniendo como testigo la presencia del volcán Tungurahua. 

La hacienda ha sido remodelada para ofrecer 16 habitaciones para el turismo desde 1992 y en noviembre del 2007 recibió el sello conservacionista Smart Voyager por su compromiso a la protección a la naturaleza, que incluye el trabajo con agricultura orgánica para productos que luego se consumen en la hacienda, el impulso a pequeños negocios de las comunidades locales, la iniciativa de un completo programa de reciclaje para reutilizar materiales como el papel, el vidrio y el plástico, la capacitación a la comunidad a través de una campaña de educación ambiental y el registro de los tipos de flora y fauna locales.

Informes: (02) 223-3484, (09) 461-4275,  www.haciendamanteles.com.

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Turismo pone en peligro la diversidad entre Costa y Sierra

La laguna de Piñán es, además de la laguna de Cuicocha, uno de los principales atractivos de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas. Sus alrededores representan la vegetación propia de los páramos, suelos muy sensibles a las actividades humanas.
Áreas protegidas
Una laguna en la cima de un volcán, lagos de hasta 2,5 kilómetros de largo a 4.000 metros sobre el nivel del mar y aguas termales de origen volcánico son solo algunos de los atractivos de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas (RECC), en el norte del país, entre Esmeraldas e Imbabura. 

Las 243.638 hectáreas de la Reserva se encuentran en las eco-regiones terrestres Tumbes-Chocó-Magdalena y Andes Tropicales, 2 de las 34 regiones de mayor endemismo y más amenazadas del planeta, según el Plan de Manejo (2007), además de estar reconocida internacionalmente, desde el 2005, como uno de los 34 principales hotspots o área crítica para la biodiversidad por la Usaid (siglas en inglés de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional).
Dentro del área se encuentran dos puntos volcánicos: el Cotacachi (foto), a 4.939 msnm, el punto más alto de la reserva; y el cerro Yanahúrco, un volcán apagado de 4.538 metros.
Según el Plan de Manejo de esta Reserva, el 34% de la vegetación existente está intacto, mientras que el resto es una zona altamente fragmentada, pero aun así esta área, junto con la Reserva Étnica Forestal Awá, son dos de las últimas zonas protegidas relativamente intactas que representan los ecosistemas naturales de la región.

Una zona donde el rango altitudinal va de 30 a 4.939 metros sobre el nivel del mar, y entre estos desniveles la vegetación va desde el bosque húmedo piemontano, en las cuencas de los ríos San Miguel, Santiago, Bravo, entre otros, hasta el páramo pajonal, en la parte alta del volcán Cotacachi.
En la zona alta se observan verdes paisajes donde se encuentra el árbol de piñón (foto), también una atracción turística.
El accidentado terreno y los diferentes climas y suelos explican la biodiversidad de la zona, según científicos, con 2.017 especies de plantas vasculares, reportadas hasta el 2007, dentro de la Reserva y en su zona de amortiguamiento, es decir, el 13,8% de total reportado en el Catálogo de plantas vasculares del Ecuador. Y en el Libro rojo de las plantas endémicas del Ecuador se incluyen 78 especies de flora endémica, aunque se estima la presencia de 320 más.

También se reportan 139 especies de mamíferos, entre ellos el tigrillo, jaguar, puma y el mono araña. Y se estima la presencia de casi 700 especies de aves, entre ellas, la más rapaz y fuerte del mundo, el águila arpía, cuya especie está siendo estudiada en la zona de influencia de la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno.
El mirlo es un ave común en los alrededores de la laguna de Cuicocha.
Las cifras que destaca el Plan de Manejo han sido obtenidas de las escasas investigaciones generales realizadas, pues la mayoría de ellas se concentra en los alrededores de la laguna de Cuicocha, uno de sus principales atractivos, donde la huella del turismo descontrolado ya se está haciendo presente en el deterioro de la cobertura vegetal. Según los registros del puesto de control de ingreso a la parte alta del sitio, entre 7.500 y 8.000 personas la visita mensualmente.

Plutarco Méndez, uno de los guardaparques del lugar, reconoce que pese a que las caminatas son por senderos autoguiados y señalizados, las personas no respetan los caminos y se apartan de ellos, destruyendo la flora del entorno.
Según el Plan de Manejo, en el área se reportan 111 especies de reptiles.
“En 10 kilómetros que tiene el sendero no se puede controlar a todos los caminantes y las dos personas que permanecen en el control no se abastecen para cumplir con la vigilancia”, comenta el también encargado de guiar a los visitantes en el Centro de Interpretación que se construyó hace más de diez años.

A la laguna de Cuicocha, ubicada en el cráter de un volcán apagado a 3.068 metros sobre el nivel del mar, en la zona alta de la provincia de Imbabura, se llega por una vía asfaltada de 12 kilómetros, partiendo desde la ciudad de Cotacachi y tras caminar un sendero autoguiado de 10 kilómetros, donde ciertos caminantes irrespetan la señalética transitando por la vegetación circundante. 
La abundancia de flora promueve la presencia de abejas y grandes panales.
Una vez que el visitante cancela el precio de la entrada ($ 2), no tiene ningún control. Ante esto, Segundo Fuentes, director provincial de Medio Ambiente en Imbabura, refiere que los once guardaparques de la zona no se abastecen para controlar la cantidad de turistas.

Para el control de la zona de Imbabura –el 20% del área–, Fuentes informa que se reciben de $25 a $ 30 mil del Ministerio del Ambiente (MAE), y aproximadamente $ 170 mil de autogestión con diferentes ONG. Sin embargo, dice también que esto alcanza para la parte operativa, es decir, capacitación al personal y campañas de promoción turística.

Mientras, Fernando Morcillo, responsable de la Reserva, en Esmeraldas, provincia donde se asienta el 80% del área, informa que recibe $ 10.300 de parte del MAE y $ 19.000 por el Fondo Ambiental Nacional del MAE. Sin contar los $ 325 mil que dona un proyecto estadounidense para las reservas Cotacachi-Cayapas y para Cayapas-Mataje, porque dicho presupuesto es manejado por la Escuela de Biología Aplicada de la Universidad San Francisco de Quito, y, dice, no conoce los detalles. 

“El presupuesto es irrisorio para la gran cantidad de necesidades que tenemos”, comenta este biólogo que lleva dos años en el cargo. 
En la zona baja de las reserva no hay habitantes, pero las presiones por invadir el área protegida son intensas, añade el funcionario, quien explica que a los traficantes de tierras no les importa caminar largas distancias para posicionarse de los terrenos y por ello considera prioritario delimitar el sector.

Por ahora, Morcillo dice que los esfuerzos están concentrados en capacitar al personal de los comités de ayuda, conformados por los habitantes de la zona de amortiguamiento, para que colaboren con el control y vigilancia de la zona.

Aunque en el Plan de Manejo de la Reserva se informa que la tala de madera y la industria minera son las principales amenazas, Morcillo asegura que estos factores están presentes en la zona de influencia, pero no dentro del área protegida. 

Los ocho guardaparques que trabajan en esta zona tienen asignados 37 kilómetros lineales cada uno, distancia que no alcanzan a vigilar y controlar con eficiencia.

“El presupuesto se va en combustible y fortalecimiento al Comité de Gestión, que incluye el pago de personal de apoyo a las labores de guardaparques”, explica el funcionario. 

Pero pese a las perspectivas de deterioro ecológico, los proyectos futuros se basan en el turismo: en el primer trimestre del 2011 está prevista la construcción del Proyecto Cuichi Concha (Arco Iris de la laguna), cuyo eje principal será una ruta sagrada en la cual participarán las comunidades indígenas de la zona de Imbabura, y en el transcurso del año la construcción de un camino ancestral en el contorno de la laguna de Cuicocha.

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