miércoles, 29 de septiembre de 2010

Los codiciados paja toquilla

Destreza y dolor. Manuel Alarcón, emplea un mes elaborando un fino, cuando otros tardan tres meses, gracias a la destreza que desarrolló desde los 10 años por iniciativa de su padre, quien aplicó severos métodos para que aprendiera a trenzar con las largas uñas de los pulgares.
Es un accesorio terso y liviano conocido mundialmente como Panama hat (sombrero Panamá), debido a que miles fueron importados desde Ecuador para obreros que construyeron el Canal de Panamá a comienzos del siglo XX.

Las exportaciones de este producto aumentan sostenidamente. Entre enero y julio del 2010 sumaron 5,4 millones de dólares, en el 2009 fueron 6,9 millones y 4,8 millones en el 2008.
Experiencia. Pastor Mero es uno de los más antiguos artesanos de los talleres en La Pila, cerca de Montecristi, en la compleja confección de los paja toquilla.
Los sombreros de paja toquilla de mejor calidad se confeccionan en el apacible cantón Montecristi, en Manabí y los principales mercados son Estados Unidos, Brasil, México, la Unión Europea y Japón, aunque comercializadores como la estadounidense Brent Black aseguran tener clientes en medio centenar de países.

La prenda ganó relevancia cuando el presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, la usó durante una visita a la construcción del Canal. “La gente se quedó admirada y lo convirtió en moda”, cuenta Rosendo Delgado, uno de los más reputados tejedores del sombrero.

Dedicación. Mero se encarga de prensar la paja que, previamente, ha sido cocinada, secada, sahumada con azufre para blanquearla y escogida cuidando que el color sea idéntico.
Delgado, de 85 años y dedicado a este arte desde los 17, no oculta la molestia por la equivocada denominación que, a su juicio, merecería una ‘protesta’ oficial, porque “se están robando una industria”.

En su modesto taller y almacén, este hombre, cuya familia teje desde hace dos siglos, evoca con orgullo que el sombrero Montecristi ha sido usado por personalidades como el primer ministro británico Winston Churchill y el mandatario estadounidense Harry Truman.
Minuciosidad a la hora de elaborar los ‘finos’. Victoria Pachay, artesana de Montecristi, recuerda que el brasileño João Havelange, cuando fue presidente de la FIFA, fue hasta su tienda para comprar un superfino.
Las manos de estos artesanos humildes tejen el glamour de ricos y famosos dispuestos a pagar hasta 35.000 dólares por una de sus joyas, como el Fedora Clásico, entre los más apreciados.

“Los gringos compran sumamente barato”, reflexiona Delgado sin amargura sobre el abismo entre precios, que en casos más moderados van de los 80 a los 1.200 dólares para una pieza adquirida en su tienda.
Selección de los más finos. En la tienda de Rosendo Delgado, donde se emplean las fibras más delgadas, un sombrero cuesta $ 800, pero en Estados Unidos la cifra se multiplica por 44.
La brecha es todavía más amplia con respecto a Manuel Alarcón, un artesano de 76 años que provee a Delgado y recibe $ 200 por un fino y $ 300 por un superfino, que en el estante de su amigo –dedicado ahora a la difícil tarea de curar los accesorios– suben a $ 500 u $ 800.

Alarcón lamenta que la tradición se esté perdiendo entre los jóvenes, muchos de los cuales han emigrado porque con lo que se gana al mes “no alcanza”.

Fuente: eluniverso.com

lunes, 27 de septiembre de 2010

Para un chapuzón manabita

El océano del norte de Manabí (y de Esmeraldas) mantiene una agradable temperatura todo el año. Estos balnearios resultan muy adecuados para disfrutarlos en pareja, familia o amigos.
Por Moisés Pinchevsky
Cojimíes del amor
El mundo tiene maravillas. Muchas están en el Ecuador. Una de ellas es una perla que brinda orgullo a Cojimíes. Esa afirmación es parte del interesante monólogo del guía Amado Baeza mientras conduce su bote desde el malecón hacia una de las playas más hermosas del país, en la llamada Isla del Amor.
Amado Baeza
Veinte minutos atravesando el estuario del río Cojimíes, cuyas aguas son muy apreciadas para la pesca, nos llevan a lo que comienza a asomarse como un inmenso banco de arena blanca y fina en cuyo interior anida una laguna de baja profundidad y habitada por pequeñas lisas que saltan como dándonos la bienvenida. “Le dicen la Isla del Amor porque a menudo llegan parejas, aunque también vienen familias”, indica Baeza sobre este destino que recibe los botes con los turistas en las horas de la mañana, mientras que en la tarde las embarcaciones llegan a recogerlos.
El estuario posee una abundante vida marina aprovechada por los
 pescadores, quienes además ofrecen ese tipo de experiencia a turistas.
La marea alta renueva a diario el agua de la laguna, por lo que “está viva, en constante comunicación con el mar”, señala el guía. Otra ventaja: posee un pozo de agua dulce. Nadie se explica de dónde sale esa agua, porque el sitio está rodeado de agua salada, explica.

También hay quienes han llegado para acampar por una noche, aunque no resulta lo recomendable porque no existe seguridad. “Nunca ha pasado nada malo, es un lugar muy tranquilo, pero es mejor evitar el riesgo”, recomienda Baeza sobre este atractivo de la parroquia del cantón Pedernales, ubicada a 36 kilómetros al norte de la cabecera cantonal. (M.P.)

La cascada de Chindul  brinda entretenimiento a los visitantes.
Pedernales de día y de noche
El malecón de la cabecera cantonal de Pedernales parece una versión manabita de la esmeraldeña Atacames, debido principalmente a la variedad de bares-cabañas, restaurantes y hoteles que agitan el ambiente turístico. Durante la mañana, la actividad recreativa apunta hacia los 53 kilómetros de playa que orgullosamente posee el cantón, entre ellas, La Chorrera, cuya forma de ensenada se encuentra a 1,5 kilómetros de la cabecera cantonal (10 minutos caminando por la playa), y Los Frailes (Machalilla tiene otra playa famosa de igual nombre), que está situada a 4,1 kilómetros del pueblo (cinco minutos en carro) para exhibirse solo con la marea baja, ya que así se puede caminar en una zona de playa frente a un peñasco que sobresale hacia el océano.

Los recorridos diurnos pueden dirigirse hacia una variedad de sitios, como la reserva Mache Chindul, que contiene uno de los últimos remanentes de bosque muy húmedo tropical de la Costa ecuatoriana, caracterizado por su altísima biodiversidad y sorprendentes niveles de endemismo. La zona provee de agua a los ríos Muisne, Atacames y Teaone, en Esmeraldas, y Coaque, Cojimíes y Cheve, en Manabí, a la vez que ha sembrado una serie de hermosas caídas de agua que le brindan especial atractivo a la reserva natural, siendo una de las más visitadas la cascada Chindul.

La vida nocturna se vuelve intensa en los bares con look de rústicas cabañas de caña y paja que pueblan el malecón, en los cuales los turistas beben cocteles y bailan al ritmo de todo tipo de música junto a la playa y bajo las estrellas.

En la playa de Tasaste hay inmensas rocas que han caído de la montaña.
Tasaste: monumentos en la arena
Inmensas rocas enclavadas en la arena le brindan un ambiente especial a esta playa que no es muy extensa, por lo que resulta especialmente apropiada para fotografías y disfrutar de largas horas de descanso frente al mar.
Una de las más curiosas formaciones rocosas es el denominado Arco del Amor, que se levanta unos diez metros sobre la arena.

Esta playa, que está a unos 16,5 kilómetros de la cabecera cantonal de Jama, posee rústicas cabañas donde se expende comida típica manabita, además existe un estero que le brinda al visitante la posibilidad de zambullirse en el agua dulce.

La zona es hábitat de aves marinas que revolotean ante los visitantes que llegan para disfrutar de hermosos atardeceres que pintan de tonos rojizos el cielo despejado, mientras los pescadores artesanales buscan arrebatarle su sustento al mar.

La playa de Punta Prieta, a poca distancia al sur, también es un lugar recomendable por su amplitud y tranquilidad.
Rodeado por un bosque tropical, este balneario es un destino apropiado para acampar o disfrutar de los servicios de una agradable hostería que opera en este escenario, asaltado por acantilados que funcionan como impresionantes miradores naturales frente al océano.

Estas playas resultan muy atractivas y cercanas para excursiones de los turistas que llegan al poblado de Canoa, algo más al sur, conocido por su ambiente rústico (estilo Montañita) y olas para el surf.

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

viernes, 24 de septiembre de 2010

Educación integrada

Fotos De Los Grados Y Cursos

Desde Las Encantadas
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com
En una sociedad conformada por gente de todo el mundo y del país, que se gana la vida de diversas maneras, los conceptos de desarrollo varían inmensamente; es difícil llegar a un consenso”.
Mi abuela, Isabel Herrería, fue pedagoga, de formación y de corazón. Con ella aprendí a leer y solamente ella celebró mi primer (y único) rojo, porque desestimaba las notas, los rígidos deberes; creía en aprender jugando y explorando, sin imposiciones.

¡Cómo le habría gustado conocer la Escuela Tomás de Berlanga! Con aulas incrustadas en un bosque nativo de las islas Galápagos, con niños corriendo en libertad, y clases llenas de color y pequeños de todos los colores también.

Se trata de una escuela privada piloto creada y financiada por la Fundación Scalesia desde 1994. La escuela busca identificar un modelo que pueda compartirse con otras instituciones educacionales en Galápagos, uno que integre las estructuras tradicionales con un nuevo currículo y metodología que refleje la realidad de estos estudiantes que viven en un Patrimonio Natural de la Humanidad.

Reyna Oleas, directora ad honórem de la fundación, nos guía por el bosque, que es la escuela misma.

Tomás de Berlanga tiene 134 niños que reflejan la diversidad de Galápagos, de cada estrato de la sociedad isleña; cerca del 50% cuenta con algún tipo de beca. La infraestructura es muy básica, porque el 80% de su presupuesto se destina a contratar los mejores educadores.

“La educación ambiental no se aprende en una clase especifica, se trata de crear valores”, dice Reyna “si no tienes respeto por quien está a tu lado, no lo puedes sentir por la naturaleza tampoco. Nosotros enseñamos de una manera práctica, trabajando en la resolución de conflictos con cosas de la vida diaria. Y somos coherentes con los valores que queremos inculcar. Si se trata del lunch, por ejemplo, que los niños sepan qué están comiendo y de dónde viene. Si es la clase de arte, que utilicen materiales reciclados”.

Junto a nosotros pasa un niño ciego, con su mochila al hombro y una gran sonrisa. “Creemos en la inclusión, es una manera de enseñar valores. Los niños aprenden a ser solidarios, respetuosos, responsables”.
Letrero de la fundación donde se señala la escuela privada piloto
creada y financiada por la Fundación Scalesia desde 1994
Galápagos tiene la más alta concentración de PHD’s en América del Sur, y sin embargo apenas el 10% de los estudiantes de las islas elige seguir una carrera universitaria. La Escuela se propone que los jóvenes opten por la educación superior.

En una sociedad conformada por gente de todo el mundo y del país, que se gana la vida de diversas maneras, los conceptos de desarrollo varían inmensamente; es difícil llegar a un consenso. Pero de igual manera, muchas de las decisiones en Galápagos se toman de la forma más democrática. La escuela se propone educar a los niños para que tengan una cosmovisión global, que sean capaces de llegar a resoluciones de común acuerdo.

“Proporcionamos una educación integrada. Por ejemplo, en la clase de computación los estudiantes han creado la página de internet para seguir la vida de Sebastián y Carolina, dos tortugas gigantes. En Galápagos la vida es regida por la ciencia; a través de ella sabemos dónde se pesca y dónde no, qué se puede visitar y qué no. Por eso es importante que los niños entiendan lo que es hacer ciencia, que no le teman, que sea parte de sus vidas, porque de hecho, lo es”.

Y vuelvo a recordar a mi abuela y me lleno otra vez de optimismo por un ser humano nuevo, crítico y tomador de decisiones. Mayor información: www.fundacionscalesia.com

Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

martes, 21 de septiembre de 2010

Qhapaq Ñan: Rastros en el Cañar

Paraderos. A 4 mil metros de altura sobre el nivel del mar están
 las  ruinas de Culebrillas, de vital importancia, según los expertos.

Redacción Semana - semana@granasa.com.ec
Firmes. Muchos de los asentamientos preincaicos e incas del país se mantienen en Cañar como rastro del Qhapaq Ñan.
Los vestigios del pasado se revalorizan y nuevamente cobran vigencia con la ruta emblemática del Qhapaq Ñan. Un camino antiguo, con miles de kilómetros -se estiman 23 mil- que atraviesa gran parte de la cordillera Andina Sudamericana y todo el territorio del Ecuador, donde 471 km. han sido catalogados hábiles para la visita, y de ellos 100,5 km. están siendo postulados para la nominación como Patrimonio Mundial. Dentro de esta ruta, más de 100 sitios arqueológicos y 45 comunidades han sido registrados como parte del Qhapaq Ñan, pero solo 37 "sitios arqueológicos' irán a concurso. Hoy, expondremos 2 de los 4 sitios prehispánicos conexos a esta red vial que les damos a conocer, los que tuvieron diferentes funciones: astronómicas, administrativas, militares y religiosas, ubicados específicamente en la provincia del Cañar, como una pequeña muestra de la gran riqueza arqueológica, natural e histórica que esconde este ancestral camino.


Restos. Uno de los once cadáveres de las doncellas vírgenes
está en exhibición en el museo de las ruinas de Ingapirca. 
Ruinas de Ingapirca. Son símbolo emblema del país, ubicadas
en la población de Ingapirca (Cañar), a 10 minutos del cantón El Tambo. 

INGAPIRCA: PALPANDO LA REALIDAD

A 3.160 metros sobre el nivel del mar, donde el termómetro oscila entre los 2 y 5 grados centígrados, el insoportable frío entumece el cuerpo; el viento y la llovizna se turnan en un vaivén constante durante el día. Estamos en la provincia del Cañar.

Allí, el sol se filtra a ratos por el nuboso cielo que, cual esponja, mantiene atrapada el agua, que a gota fina chispea la ropa.

Son las 15:00 de un sábado "veranero ecuatoriano' y en el exterior de las ruinas, las "huellas' del pasado se desvanecen en el lodazal que se forma en las calles huérfanas de asfalto o adoquín. Kevin, un pequeño de 12 años, de baja estatura, rasgos indígenas, avispado y entusiasta, desafía el frío, y se ofrece como guía en un recorrido de 45 minutos a una hora.

Él es uno de los más de 30 niños del colegio nacional Ingapirca, que acude cada tarde, después de clases, a realizar prácticas de guía para completar sus créditos en el colegio, como parte de un proyecto comunitario local.

El objetivo es prepararlos para que sean los futuros guías de este tramo del Qhapaq Ñan, que por varios años se vio envuelto en una pugna, debido a que durante el gobierno del ex presidente Gustavo Noboa, por decreto ejecutivo, se adjudicó la administración de Ingapirca a una de las instituciones cañaris, dejando fuera al Municipio y demás asociaciones locales.

Al aumentar los desacuerdos, "se entregó el tramo al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, Dirección Regional de Cuenca", asegura María Fernanda Espinosa, ministra coordinadora de Patrimonio, quien reconoce un problema, pero señala que está en vía de solución, la cual estaría en firmar un nuevo decreto que considere la visión e intereses de todos los actores", dice.
Museo
Kevin, muy profesional y sin perder tiempo, empieza la narración en el museo, que en realidad es autoguiado. La muestra concentra vasijas, armamentos, vestimentas, entre otros objetos, de culturas como la Tacalshapa y Cashaloma, de procedencia Cañari, previo al dominio inca. En una urna de vidrio se exhibe uno de los 11 restos óseos encontrados en el sector de Pila Loma (que forma parte del complejo arqueológico). "Debió ser alguien importante, ya que estaban junto al templo", afirma con seguridad el púber, mientras continúa con la breve explicación.

El colorido de las vasijas y artefactos utilitarios de la cultura Tacalshapa, muestra los avances en las técnicas alfareras. Más adelante, uno de los testigos infalibles que ratifican que por el Qhapaq Ñan se conectaron Costa, Sierra y Oriente: la concha spondylus. Varias piezas en joyas y monedas han sido halladas en la zona, evidencia del intercambio comercial entre los pueblos prehispánicos.

A continuación, un pedazo de vestimenta muestra los avances en la elaboración de coloridos textiles con formas geométricas, de animales y personas. Pero, la artesanía no fue la única fortaleza cañari, "se dice que eran tan avanzados que efectuaban operaciones de corazón abierto", relata orgulloso de sus raíces.

Las diferencias entre cañaris e incas es un tema recurrente en su diálogo y, en general, en toda la provincia del Cañar. Es que, para ellos y según estudios arqueológicos, los incas solo aportaron con una parte del avance, ya que casi todo estaba hecho.

Al dejar el museo y recorrer las ruinas, resaltan constantemente las diferencias entre las construcciones de ambas culturas. "Las incas son distintas de las cañaris, porque los primeros elaboraban los edificios con piedra tallada o pulida, mientras que los cañaris hacían sus construcciones con piedra natural. Los incas las construían en forma cuadrada, rectangular o trapezoide, los segundos en forma circular o elíptica.

Los cañaris, pueblo dominado por mujeres, adoraban a la Luna. Los incas, que eran gobernados por varones, adoraban al Sol", afirma.

Según Kevin, ambas culturas aprovechaban eficientemente los derivados de las plantas. Para ejemplo un botón, de la planta del penco se extraía más de 150 variedades de productos como la cabuya, jabón, tequila, puro, bebidas, medicinas, etc.

Al recorrido se unen Willian Pérez y Lourdes Diez, dos guayaquileños que viajaron en familia a Cuenca y aprovecharon la cercanía (a 1 hora u hora y media) para conocer las ruinas, creaciones arquitectónicas indígenas que armonizan perfectamente con un paisaje que la neblina se empaña en no revelarlas en todo su esplendor.

En el trayecto, un monolito señala la intrigante tumba de la sacerdotisa cañari, una mujer devota de la Luna, quien dio su vida por esta, enterrándose junto a sus 10 doncellas, como ofrenda de sacrificio al que consideraba su "creador'.
Artesanías. Los recuerdos de la visita en Ingapirca se pueden
adquirir en la parte exterior del museo, a precios módicos. 
Seguidamente, las colcas, especie de "agujeros' utilizados para guardar los granos secos como la cebada y el trigo, típicos de la región, revelan el espíritu recolector de los aborígenes, quienes además reponían sus fuerzas en una de las secciones del "campamento', donde se evidencian los restos de dos habitaciones, probablemente utilizadas por los líderes de la tribu cañari, que a la llegada de los incas fueron destruidas y readecuadas con la técnica cuadrada y rectangular típica de la arquitectura inca.

Uno de los aspectos dignos de resaltar en Ingapirca son los diversos ángulos que los turistas tenemos para apreciar las estructuras de los altares, habitaciones, bodegas, baños y templos erigidos, lo cual nos trasmite la idea completa de sus amplios conocimientos en ingeniería, debido al detalle, previsión y estrategia concebidos por los antepasados para el deleite de la mirada a través de sus estructuras.

Más arriba, Kevin muestra las evidencias de una de las piedras "sagradas', consideradas por los expertos como un antiguo calendario lunar cañari, provista de 28 agujeros principales y 3 secundarios que multiplicados dan 364 días. Otro pequeño agujero, que al sumarlo a los anteriores, cierra el ciclo de 365 días del año. Sin embargo, se nos avizora un detalle, "para los cañaris, el mes tiene 28 días y el año 13 meses", aclara el bien informado guía.

En otra sección, según datos de Carlos María de la Condamine, quien hizo una de las primeras expediciones a las ruinas, se hallaron armas, por lo que toma el nombre de descanso militar.

Cuando han transcurrido más de 30 minutos de caminata, cercana al templo principal, en el sitio cumbre de las ruinas, se levanta una habitación donde, se dice, dormía el líder inca con sus doce mujeres, siendo las más protegidas e importantes para él su madre y hermana. En el interior del templo y en las habitaciones se observan varios nichos o aberturas, donde se colocaban de espaldas, las imágenes de dioses e inclusive reyes y sacerdotes, para establecer diálogos importantes y secretos, debido a la acústica de las paredes.

En la zona lateral del templo, en una de las laderas, se observan las escalinatas consideradas principales, que conducen al camino del Qhapaq Ñan, rumbo al sur, utilizadas solo por los líderes incas y cañaris. Al bajar y caminar varios kilómetros, ya alejados de las ruinas, se observa la gran cara del inca y la tortuga talladas en roca natural, el Ingachungana (juego del inca) y el Intiguayna. Se piensa que el rostro fue tallado en honor a Atahualpa, antes de la llegada de los españoles.

Experiencias únicas que se viven en Ingapirca, uno de los sitios emblema del Qhapaq Ñan en el Ecuador, que cuenta con hospedajes cercanos en el pueblo o ciudades aledañas, a precios que van de 10 a 45 dólares la noche. La entrada al museo y a las ruinas cuesta 2 dólares por persona.
Lago Culebrillas. Años atrás, en una de las expediciones arqueológicas
se encontraron evidencias de concha spondylus en las profundidades. 
 CULEBRILLAS

Cerca de la población El Tambo se encuentra Culebrillas, de escasas ruinas en roca, pero de vital importancia para entender la cosmovisión andina. Allí la naturaleza y los paisajes se roban el espectáculo, y a ellas se accede por una carretera interna, que conduce a la zona de páramo, a 4.000 metros sobre el nivel del mar, donde la temperatura oscila entre los 2°C y 4°C.

La escasa señalización obliga a detenerse en "la nada' y adivinar el camino a seguir. En el trayecto solo se divisan poquísimas casas de aquellos valientes hombres y mujeres de "montaña', acostumbrados a temperaturas extremadamente bajas durante todo el año, sobre todo en "verano'. Un campesino, con vista al suelo y cargamento a la espalda, a paso lento desciende por los empinados caminos, advierte que vamos en buena dirección. El lodo acumulado en el camino de tierra dificulta el ascenso. Sin duda, el trayecto es más conveniente hacerlo en un vehículo 4x4. Sin embargo, a decir de los pobladores, la situación era peor hace poco. "Ahora al menos han pasado la máquina para aplanar la vía".

Ya en lo alto, está el Parque Nacional Sangay, una de las 3 áreas protegidas atravesadas por el Qhapaq Ñan en Ecuador. Allí, la vegetación se transforma radicalmente y cientos de hectáreas de "pasto' y "césped' natural de pequeña altura, grueso y resistente, adaptado a la región, se abren ante los ojos del turista.

Tras una hora y cuarto de ajetreado y duro viaje, ingresamos a la zona de la laguna Culebrillas. Allí, la carretera desaparece y el acceso en automotor se dificulta, incluso para un "todo terreno'. Era tiempo de ir a pie, y empezar la verdadera aventura extrema. Aún mediaba mucha distancia entre nosotros y la orilla de la fuente natural, con 20 metros de profundidad, y más aún de las ruinas ubicadas al otro extremo, montaña arriba.

Sus aguas esconden misterios sagrados como los hallados a inicios de 2009 por un equipo del INPC, quienes bucearon en la helada fuente para recabar evidencia ancestral, de donde rescataron piezas de concha spondylus, comprobando el paso comercial en el sitio.

Los vientos helados y fuertes, con sus soplidos estremecedores, "arrancan' de la cabeza y rostro los gorros de lana y bufandas mal sujetas de los aventureros, quienes solos y sin guía, nos arriesgamos a vivir la experiencia, debido a que nadie pudo acompañarnos. ¡Grave error! Es que, a diferencia de lo que se llegaría a pensar, como bien dijo la ministra coordinadora de Patrimonio, María Fernanda Espinosa, en algunas zonas del camino aún no hay centros de información, adecuaciones turísticas, ni hoteles para llegar.

Culebrillas es el "ejemplo' de la nula infraestructura turística y señalización en varios tramos del Qhapaq Ñan. Para acceder a las ruinas es necesario prepararse, sobre todo, físicamente, ir bien equipado para vivir las más variadas aventuras naturales extremas, y dispuestos a dormitar en el pueblo más cercano, que en este caso es El Tambo.

Rumbo a la laguna, los charcos de agua inevitablemente nos mojan los zapatos. Aquí se generan los reservorios naturales de agua purificada que luego bajan en forma de ríos para saciar la sed de los pueblos. Es uno de los milagros de la naturaleza.

La meta es conocer la laguna, labrashcarumi, que en kichwa significa lugar para labrar la piedra, y el Tambo de Paredones o Pacarina de Culebrillas. Más adelante nos esperan las ruinas que, a decir de Mónica Bolaños, experta del INPC, son un baluarte preincaico e incaico de extrema importancia e interés arqueológico conexo al Qhapaq Ñan, pero que deben seguir sometiéndose a investigaciones para determinar su función real.

La caminata, pese a todas las dificultades, se convierte en una experiencia agradable, pues va acompañada de impresionantes y cautivadores encantos naturales, entre los que destacan cerros como el Yanahurco y Mama Culebrillas, que imponentes se levantan mostrando su belleza.

El tacto debía disfrutar de este entorno. Así, los guantes de lana saltaron de las manos y disfrutamos de las distintas texturas de la flora: El grueso y resistente "césped'; el agua helada y cristalina que desciende de las cimas de las montañas, revitalizan y mojan las sedientas gargantas.

Más adelante, cerca de la orilla, pequeños vestigios de roca esparcidos se divisan en algunas secciones del suelo. Son los rastros del Qhapaq Ñan que conducen a la "estación arqueológica' de Culebrillas.

Seguimos la pista. El camino tortuoso y disperso empieza a desaparecer, y se corta por completo con el aumento del caudal del río. Un obstáculo natural difícil de superar. Abandonamos la misión que restaba una hora más de camino, aproximadamente. Hay frustración, pero esta se desvanece ante la visita de una peculiar ave negra (especie no identificada), que nos regala su canto y "baile' de vuelo bajo. El espectáculo nos muestra la importancia que los aborígenes le daban a la naturaleza. Ellos construían sus edificaciones en zonas altas y anegadizas como Culebrillas, para sentirse más cerca del cielo y la divinidad. Y en realidad estar allí es sentirse, si no en el cielo, sí en un edén del cual resulta difícil desprenderse. Esta es una parte de los recorridos ancestrales que nos regala el Qhapaq Ñan, dignos de visitar.

La próxima semana, conozca dos sitios arqueológicos más de vital importancia en una pequeña provincia, donde los asentamientos persisten en el tiempo (C.C.C.).

Agradecimientos: Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC). Ministerio de Coordinación de Patrimonios. Para mayor informes comunicarse con las municipalidades de Ingapirca y Cañar. 

viernes, 17 de septiembre de 2010

Mompiche internacional

Por Moisés Pinchevsky
Este relajado pueblo del sur de Esmeraldas incrementará su carácter de destino de playa con la llegada de un flamante complejo turístico.
Hace dos semanas, Cristóbal Emery y su esposa Cheryl llegaron a las calles polvorientas de Mompiche (Esmeraldas) por las recomendaciones que leyeron en la guía Lonely Planet Ecuador y en páginas de internet. “Nos gusta el surf”, indica él, “buscábamos un lugar con buenas olas”. Con el rostro sonriente conversa haber viajado desde su nativa isla de Nantucket, en el estado de Massachusetts, noreste de Estados Unidos, para navegar con su tabla en el océano de este rústico destino que considera agradable, muy tranquilo, con gente amable y comida deliciosa (la noche anterior comieron langostinos apanados), aunque recomienda se debería limpiar mejor la playa para librarla totalmente de desperdicios. “Estamos contentos de haber venido”, indica.
El moderno resort  de esta cadena elevará el carácter de destino de esta deprimida zona que ahora espera prosperar más con el turismo.
Cristóbal y Cheryl aún no lo saben, por eso ponen cara de sorpresa cuando se enteran de que a unos cuatro kilómetros de este pequeño poblado se están dando los toques finales a la construcción de un megacomplejo turístico estilo resort con 282 habitaciones (90% con vista al mar), tres restaurantes especializados, uno tipo bufé, siete bares, discoteca, cinco piscinas, spa, cine, anfiteatro para 700 personas, business center y un centro de convenciones con capacidad para 600 personas, todo esto propiedad de la cadena multinacional Decameron, con sede en Cartagena (Colombia), que posee más de una treintena de establecimientos en nueve países. Este complejo esmeraldeño se llamará Mompiche Beach Resort, Spa & Convention Center, y será inaugurado el 20 de diciembre 2009 con una gran celebración.
Esmeraldas para el mundo
La marca Decameron no es nueva para el mercado ecuatoriano. Lleva cuatro años operando semanalmente vuelos chárters (fletados) transportando turistas ecuatorianos a sus resorts de playa a través de programas todo incluido. Es decir, que por una misma tarifa el pasajero adquiere el boleto aéreo, el hospedaje, todas las comidas, los programas de entretenimiento diurno y nocturno, y deportes náuticos no motorizados, como kayacs y bicicletas acuáticas, por lo que el turista no necesita salir del resort durante los cuatro o cinco días que puede regularmente durar un programa. Hoy comercializan en las agencias de viajes de Ecuador “paquetes” en sus complejos en Panamá, Cartagena, San Andrés, Santa Marta y Panaca, este último en el eje cafetero colombiano.

Inaugurar un resort de playa en Ecuador era un viejo anhelo del presidente de la cadena, el argentino Lucio García, según su compatriota Andrés Duda, quien manejó la operación de Decameron en Ecuador durante estos cinco años. Duda, quien hoy dirige Decameron en Brasil, personalmente recorrió las playas de nuestro país buscando el sitio adecuado para la construcción de este complejo turístico.

¿Por qué Mompiche? Durante esos recorridos, él señala haber encontrado playas maravillosas para el resort, pero finalmente se decidieron por este enclave en Esmeraldas debido a su clima y porque la temperatura del agua se mantiene estable a unos 28 grados.

Al recorrer las instalaciones del resort resulta obvio observar que el escenario también influyó bastante en la selección de Mompiche. El Decameron esmeraldeño se levanta en trece hectáreas sobre un acantilado escénico que domina amplias playas, y junto a la isla de Portete, sembrada de palmeras y donde la cadena adquirió trece hectáreas para que los turistas puedan disfrutar allí de un club de playa con restaurantes de bocadillos y bebidas.

El panorama conspiró para que los restaurantes del resort estén equipados de grandes ventanales que permiten la contemplación del vista oceánica, mientras que su área de piscinas apunta a convertirse en un centro importante de la vida social del hotel. E incluso será el punto clave de una gran fiesta que para el fin de año planea reunir 800 personas, entre huéspedes e invitados especiales, para disfrutar de shows, orquesta y fuegos artificiales.

Para que todo esto ocurra, un total de 450 obreros trabajan en los últimos detalles de este complejo que planea atraer el turismo ecuatoriano y extranjero, principalmente de Canadá, Colombia, Brasil y otros países de la región, quienes serán atendidos por 380 empleados, la mayoría proveniente de Esmeraldas, que han estado recibiendo capacitación del Secap y del Ministerio de Turismo.

Para los programas nacionales, Decameron ha suscrito una alianza con TAME que le permitirá comercializar sus programas con salidas desde Quito y Guayaquil.

Enrique Ponce de León, gerente general de Decameron en Ecuador, indica que planean tener una ocupación anual superior del 90%, para lo cual cuentan con oficinas comerciales en Quito y Guayaquil, aunque las agencias de viajes serán las principales comercializadoras de tales programas.

Esa gran ola avanza con los días para impactar en este destino esmeraldeño. Pero por ahora, la brisa acompaña el pausado caminar de Cristóbal Emery y su esposa Cheryl, esta agradable pareja de surfistas de unos cincuenta años, que llegaron a Mompiche desconociendo este inmenso proyecto turístico de trascendencia internacional. Ellos viajaron a Esmeraldas sencillamente buscando olas y tranquilidad. Y eso es lo que encontraron en Mompiche.
Cristóbal Emery y su esposa Cheryl, de Estados Unidos, son atendidos por Yadira Estacio en el tranquilo poblado de Mompiche.
Pueblo busca desarrollo
La apertura del Decameron Mompiche llena de expectativas a esta población esmeraldeña porque aspiran a que les traiga el progreso que les ha sido negado por décadas. No tienen agua potable (la sacan de pozos y la compran en bidones), pero sí han tenido racionamientos de energía eléctrica desde siempre, generalmente de dos horas diarias, pero hoy puede abarcar desde las 07:00 hasta la medianoche. Es decir, todo el día.

Así lo cuenta Ema Camacho, quien nació hace 52 años en Esmeraldas pero vivió 30 años en Sucumbíos. Hace seis años opera su hotel Marena, en la calle principal de Mompiche. “Carecemos de todos los servicios básicos. Lo vital es que este desarrollo nos traiga agua potable. No tenemos. También que las autoridades nos arreglen la vía de acceso, porque es de tierra”, indica ella, quien es miembro de la Asociación de Hoteles, Bares y Restaurantes de esta localidad, que agrupa a 49 negocios.

Yeovany Solórzano ha sido pescador toda su vida, al igual que gran parte de los pobladores de este lugar, donde nació hace 38 años. “Confiamos que con el turismo también lleguen los beneficios a la comunidad. Queremos ver más gente caminando por aquí, comprando, creando más trabajo”, señala este poblador cuya esposa tiene un pequeño restaurante que atiende a los visitantes.

Ellos y demás pobladores aspiran que el turismo también impacte positivamente en esta población que le da el nombre al nuevo y moderno resort: Decameron ecuatoriano.
Domingo, 29 de Noviembre de 2009
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

jueves, 16 de septiembre de 2010

Cabalgando hacia el Antisana

El volcán Antisana  posee el área nevada más extensa del país.
Por Moisés Pinchevsky
Según la mitología indígena, el Antisana es un volcán macho porque sus laderas están pobladas por achupallas, plantas del páramo cuyas hojas alargadas y puntiagudas se estiran como ramillete de lanzas. Los volcanes hembras, en cambio, expresan su feminidad a través de las hojas de sus frailejones, que también son alargadas pero más anchas, simulando los pétalos de una flor que se abre al romance.


La creencia apunta a que los volcanes comparten historias de amor, todas ellas bajo el ojo protector de sus espíritus guardianes llamados chusalongos, vocablo que viene de dos palabras quichuas: chusa, que significa pequeño, y longo, traducido como hombre joven. Los chusalongos también tienen su carácter cariñoso, porque pueden encender de pasión estos fríos nevados cuando se topan con alguna mujer extraviada que, por cierto, generalmente queda embarazada del imprevisto encuentro.

La leyenda se convierte en buena excusa cuando una joven indígena resulta encinta fuera del matrimonio, y también permite a los guías entretener a sus viajeros mientras a lomo de caballo se abren paso por el páramo andino rumbo al volcán Antisana (5.758 m), el cuarto de mayor altura en el país.

No se juega con el amor ni con la montaña. Pero las historias de ambos encienden el espíritu mientras los jinetes profundizan en este helado escenario salpicado de vida silvestre. “En el camino podemos ver aves como el curiquingue, el cóndor, el colibrí Estrellita del Ecuador, el colibrí gigante y gaviotas de páramo, así como conejos, algunos ratones, zorros (aunque difíciles de ver, por su gran astucia) y pumas (aún más difíciles de encontrar)”, indica Carlos Beate, gerente de operaciones y guía de Jahuapacha, operadora de estos paseos que parten desde Quito en vehículo hacia la hacienda Antisana, a 45 minutos de la capital.

Hace más de 100 años, la hacienda hospedó a Edward Whymper mientras hacía estudios geológicos y botánicos sobre la zona. En su crónica señalaba la existencia de grandes bandadas de cóndores, de hasta 200 individuos, aunque agregaba cómo los chagras de la zona los cazaban por considerarlos perjudiciales. Un estudio actual indica que hoy existen solo 76 de esas aves en todo el país, algunas de las cuales residen en esta zona.


Una excursión sobre el páramo sembrado de colores conduce a este nevado ubicado en la provincia del Napo, junto a la frontera con Pichincha.
Para toda edad
Los viajeros llegan a la histórica hacienda Antisana para recibir los caballos y la recomendación de ponerse abrigos gruesos, bufandas, guantes y gorros de lana que cubran las orejas. Las indicaciones de seguridad se resumen en cabalgar a paso lento y moderado, según la habilidad del visitante, aunque no es necesario ser un jinete experimentado para hacer la excursión.
“La actividad puede realizarse tomando las precauciones necesarias, sin importar la edad o las condiciones físicas. Sin embargo, personas con problemas cardiacos o pulmonares deberían evitar altitudes sobre los 3.500 metros”, advierte Gonzalo Gortaire, guía de montaña y socio de Carlos Beate.

La cabalgata se inicia a los 4.050 metros sobre el nivel del mar (msnm) y tras dos horas alcanza los 4.250 msnm, atravesando coloridos escenarios como la laguna de Santa Lucía, hábitat de patos de páramo y gallaretas; un flujo de lava de doce kilómetros de largo y dos de ancho, conocido como el Antisanilla, y el llamado Valle de los Chusalongos, pequeño cráter de tres picos que abriga un pequeño pantano y nidos de grandes aves, como curinquingues, cóndores, halcones y águilas, todas especies aquí protegidas.

A medida que el coloso del Antisana se muestra más cercano, erguido y brillante en el área glaciar más amplia del país (debido a que su cumbre tiene forma de muela), la reserva natural que lo rodea exhibe con orgullo sus diferentes pisos bioclimáticos: la zona de ceja andina, el páramo, el superpáramo y el pantano. El cambio de vegetación muestra cómo las plantas se reducen para adaptarse al exigente clima de este medio.

Los caballos se aproximan a la zona nevada antes de emprender la marcha de regreso, porque los 1.500 metros que separan a los jinetes de la cima están destinados a los andinistas con experiencia. Pero no es necesario llegar más alto para descubrir que el Antisana, conocido como un volcán solitario y celoso que suele ocultarse en la neblina, se exhibe amigablemente con su manto blanco a quienes se aproximan con humildad para conocerlo, para admirarlo, para entenderlo. Una vivencia que nos enseña que conquistar una montaña también es un acto de amor. (M.P.)
Contacto: (02) 323-8555, carlos.beate@andandotours.com . Tarifa: $ 80 por persona (grupo de cuatro turistas). El programa dura ocho horas e incluye un almuerzo en el restaurante de especialidades Mucki’s, ubicado en la zona de El Tingo.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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