martes, 31 de agosto de 2010

Reserva de Biósfera: Podocarpus. El Cóndor eje de riqueza ecológica

Valor biológico. Es el 4% del territorio nacional y contiene el 50% de aves y 1/3 de mamíferos del país.
Luisa María Heredia - heredial@granasa.com.ec
Endemismo. Por su particular situación geográfica, esta Reserva de Biósfera alberga un 40% de especies únicas de todo el planeta.
Sencilla pero majestuosa. La Reserva de Biósfera Podocarpus -El Cóndor (RBPC), ubicada entre las provincias de Loja y Zamora y con 1'140.000 hectáreas divididas en 3 zonas, no solo es el hogar de millones de especies vulnerables y endémicas, es el punto de concentración de decenas de ecosistemas y una importante fuente de recursos hídricos para grandes comunidades de Ecuador y Perú.
Esta reserva es un significativo centro de conservación de biodiversidad, protección de áreas naturales y desarrollo sostenible entre poblaciones.

Debió ser declarada como Reserva de Biósfera por la Unesco, en septiembre del 2007, para que el país se percatara de las potencialidades de este eje de riqueza ecológica del planeta.

Su nombre es un homenaje al podocarpus o romerillo, un árbol maderable y bastante preciado por su calidad, y a la presencia de la cordillera de El Cóndor, una parte característica de Los Andes.

PARTICULARIDAD GEOLÓGICA
"Si hiciéramos un corte en la cordillera de Los Andes, de Chile a Colombia, justo entre el sur de Azuay y el departamento de Huancabamba en Perú, hay una depresión de la cordillera. Aquí las montañas son más altas que en otros sectores, sobrepasan los 4.000 metros", explica Felipe Serrano, coordinador de Área del Programa RBPC de la Fundación Naturaleza & Cultura Internacional.

Esta particularidad geológica beneficia notablemente el clima, los ecosistemas y a las especies de la localidad. "Estamos hablando de un microclima muy original y diferente al de otros espacios del país y de América Latina. Es por esto que aquí la evolución de las especies es diferente y hay plantas exclusivas", enfatiza Serrano.

Se atribuye al menos un 40% de endemismo en flora a la reserva, además de una inmensa avifauna que resulta atractiva para el turismo ecológico que también se practica en Podocarpus, según acota Santos Calderón, coordinador de Proyectos del Ministerio de Ambiente.
VALOR ECOLÓGICO Y ESPECIAL
En cuanto a flora, la Reserva de Biósfera cuenta con al menos 7.000 especies de plantas. "Esta riqueza tiene mucho que ver con el Parque Nacional Podocarpus, creado en 1982 y considerado como zona núcleo de la reserva", señala Diana Maldonado, docente e investigadora del Instituto de Ecología de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL).

Allí se concentra la mayor cantidad de especies; por ejemplo, 800 tipos de aves de las 1.600 que hay en todo el país, habitan en Podocarpus. Además, un tercio de las especies de mamíferos registradas en Ecuador, han sido documentadas dentro del Parque, afirma Felipe Serrano.

El alto valor biológico y ecológico de este lugar está dado por los elevados porcentajes de especies exclusivas y de otras consideradas en peligro de extinción que presenta. "La danta, el oso de anteojos, el jaguar, son animales que están prácticamente extintos pero que aún viven allí porque es una de las pocas partes en las que aún hay vegetación densa", asegura Santos Calderón.
Flora endémica. Son 7 mil especies. 4 mil vasculares y al menos 400 briófitas.
"ESPONJA' DEL PLANETA
Se trata de un conjunto de 48 ecosistemas que actúan como receptores de corrientes de aire cargadas de humedad. "Los bosques son como esponjas que captan la neblina y la lluvia, y generan grandes cantidades de agua para el consumo de alrededor de 2 millones de personas", remarca Serrano, de Naturaleza & Cultura Internacional.

El agua que se genera dentro de la reserva, alimenta a los ríos Puyango, Jubones, Mayo y Zamora, "cuatro cuencas binacionales que abastecen a más de 800 mil personas de Ecuador y Perú", resalta Diana Maldonado.

Lo más importante es que el norte de Perú, no solo consume el agua que viene del Podocarpus sino que algunos de sus proyectos hidroeléctricos también se abastecen con ella.

Es decir que, esta serie de servicios ecosistémicos aseguran la supervivencia humana y la economía de la región, pues sin ellos no hay agua y sin agua, no hay población.
COMUNIDADES SUSTENTABLES
"Las reservas de biósfera no son solo áreas protegidas con bosques, aves o plantas, sino espacios en los que se trata de armonizar al hombre con la naturaleza y hay pruebas de que se ha podido convivir, por eso es que todavía existen estos bosques y páramos en el país", considera Serrano.

En Podocarpus habitan culturas y pueblos importantes de mestizos, shuaras y saraguros, quienes cuentan con sistemas productivos ecológicos interesantes. "Poseen estrategias novedosas de manejo de recursos con las que se pretenden rescatar los conocimientos ancestrales que por años se han venido transmitiendo", comenta Maldonado.

Son comunidades indígenas que han logrado autoabastecerse sin comprometer los recursos naturales, pues cuentan con varias iniciativas agroecológicas y actividades productivas que son parte del concepto de reserva de biósfera.

"El tema de producción de café orgánico y cacao arbolado son dos claros ejemplos que también tienen que ver con el tema de conservación", concluye Fausto López, coordinador del Programa de Conservación de la RBPC.

Reserva de Biósfera: Podocarpus, una depresión de los Andes...
Declaratoria: 18 de septiembre del 2007.
Ubicación: Zona sur oriental del Ecuador.
Extensión territorial:
1'140.000 hectáreas.
División: Áreas núcleo, de amortiguamiento y de transición o influencia. Provincias: Loja y Zamora Chinchipe.
Cantones Loja: Espíndola,Loja, Saraguro, Catamayo, Quilanga.
Cantones Zamora: Nangaritza, Palanda, Chinchipe, Zamora y Yacuambí.
Habitantes: 272. 619 personas. Etnias y culturas: saraguros, shuaras y mestizos.

Zona Núcleo: La conforma el Parque Nacional Podocarpus, cuyos fines de conservación permiten solo la intervención humana de comunas indígenas.

Zona de Amortiguamiento: Es circundante a la zona núcleo e intervenida parcialmente por el hombre. Sirve como un cinturón para las áreas protegidas.

Zona de Transición: Área urbana, agrupa a los poblados inmersos en la Reserva. Es un sector de mayor producción y de desarrollo económico sostenible.

viernes, 27 de agosto de 2010

Encuentran 25 nuevas especies de árboles en la Amazonia ecuatoriana

Un biólogo trabajando en un sector del Parque Nacional Yasuní (Ecuador). | Efe
EFE | YASUNÍ, Ecuador
Biólogos ecuatorianos han descubierto 25 nuevas especies de árboles, algunos de hasta 30 metros, en un lugar de la Amazonía que, según sus estudios, es el rincón con mayor diversidad biológica del mundo.

El hallazgo es uno de los frutos de 15 años de análisis intensivo de una pequeña parcela del Parque Natural Yasuní, localizado al este del país, fronterizo con Perú.

Aunque el ser humano identifica nuevas especies de forma casi rutinaria, principalmente insectos o ranas, es raro encontrar árboles ignotos.

Fotografía de este 21 de agosto de 2010 que muestra algunas frutas obtenidas en el Parque Nacional Yasuní donde biólogos ecuatorianos han descubierto 25 nuevas especies de árboles.
Cuando uno se topa con la "annona cupria" en las inmediaciones de la base científica de la PUCE en el Parque Natural Yasuní uno se pregunta cómo es posible que hasta hace poco este gran organismo fuera totalmente desconocido.

Se trata de una planta elegante, de corteza fisurada, suave y corchosa, que se eleva más de 20 metros sobre un suelo enrojecido por el color cobre de las hojas caídas, por las cuales el árbol ganó el apelativo de "cupria".

Entre ellas hay dos géneros nuevos, es decir, familias de especies hasta ahora desconocidas para los seres humanos.

El biólogo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Álvaro Pérez trabajando en un sector del Parque Nacional Yasuní (Ecuador).
En total 1.200 especies diferentes de árboles y arbustos viven en una parcela de un kilómetro de largo por 500 metros de ancho en el Yasuní, que Valencia analiza desde 1995.

Ello la convierte en el pedazo de tierra con más biodiversidad del planeta, por encima de las selvas de Malasia, pues en tan sólo esas 50 hectáreas existen más especies de árboles que en Estados Unidos y Canadá juntos.

En el parque, que con casi un millón de hectáreas es la mayor reserva natural de Ecuador, viven más de mil especies de animales.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Tortugas híbridas abren camino para recuperar isla Pinta

Isla Pinta, Galápagos. Las tortugas tienen un equipo de rastreo en la cima de su caparazón. Este registra su recorrido.
Gabriela Jiménez
Hace más de cuatro décadas George era solo George, no un solitario, no el único en su especie, no el sobreviviente en un hábitat afectado por la acelerada reproducción de cabras... solo una más de las tortugas gigantes que dominaban la isla Pinta, en el Archipiélago de Galápagos. Sus compañeros de genes habían muerto en manos de piratas que apetecían su carne o, años después, porque con la introducción de cabras su comida escaseó. Y George se convirtió entonces en el único representante de las Geochelone nigra abingdoni.

En 1972, cuando se creía que en la pequeña isla del noroeste del Archipiélago no quedaban tortugas, el biólogo estadounidense Joseph Vagvolgyi vio una. Rescataron a la gigante de su propio hogar, ya devastado por las 40.000 cabras, aproximadamente, que consumían todo su alimento. Pero ahora, en la cuna del solitario George, 39 gigantes de paso lento trabajan para restaurar la isla de 60 kilómetros cuadrados y 777 metros de altura máxima.

El proyecto no es nuevo, pero ha llegado a uno de los pasos más esperados, expresa Washington Tapia, coordinador técnico del Parque Nacional Galápagos (PNG). Todo comenzó con el exterminio de las cabras, culminado por completo en el 2003.

Las tortugas son rastreadas con equipo de telemetría en la isla Pinta, Galápagos, que tiene 60 km cuadrados de extensión.
Después, ya sin especies introducidas ni nativas, la vegetación inició un proceso de recuperación, pero nada fue igual, pues las cabras habían alterado las propiedades del suelo, y los arbustos leñosos crecieron con mayor rapidez, impidiendo el paso de la luz a las plantas pequeñas y convirtiendo a Pinta en un sitio poco atractivo para la anidación de aves.

Para lograr el equilibrio, en mayo pasado se introdujo a gigantes con caparazón tipo montura, parecidos a George, para que actuaran como ingenieros constructores de caminos naturales.

El proyecto está liderado por el Parque Nacional Galápagos, con financiamiento estatal, privado y la organización no gubernamental Galápagos Conservancy. Además cuenta con el apoyo académico de la Universidad Suny, Estados Unidos, que envió a cuatro estudiantes de posgrado para que realizaran el monitoreo diario, durante dos meses, para lo cual debían permanecer en la isla por dicho periodo.

Tapia informa que la selección y preparación de las tortugas que fueron liberadas tomó dos años. Tres de las 39 tienen un rastreador satelital, que permite registrar sus movimientos, temperatura, masa corporal, entre otros indicadores, de forma inmediata; las demás cuentan con un sistema de monitoreo que registra los mismos datos, pero solo se puede acceder a ellos acercándose a la tortuga y descargando la información, proceso que se estima realizar una vez cada seis meses.

Los cuatro estudiantes de posgrado de la Universidad de Suny, que permanecieron en la isla durante dos meses, iniciaron un blog donde describen las experiencias y avances del proyecto.

En esta bitácora digital se registra, por ejemplo, que una de cada tres tortugas se asocia con el cactus arbóreo, porque a los pocos días de su llegada detienen su paso, generalmente, cuando están a dos metros de uno de estos tradicionales puntiagudos.

En julio registraron que 580 metros es la mayor distancia alcanzada por una de las tortugas, que algunos grandes machos están realizando caminatas en amplios círculos y al final que quedan en el mismo lugar, y que la mayoría de las hembras se mantienen juntas, cerca del área donde se las introdujo.

La última entrada al blog, el 13 de agosto, informa del inicio de la tabulación de la información recogida durante los dos meses de monitoreo, mientras que en el Parque Nacional Galápagos, los registros continúan y los datos preliminares apuntan a afirmar que las tortugas se adaptaron de manera ágil a su nuevo ambiente, pues apenas fueron liberadas empezaron a alimentarse y en tres días ya recorrían cientos de metros.

Tapia expone que hasta ahora los 39 ejemplares híbridos se desplazan en al menos un tercio de la isla, y esto es una buena señal de adaptación.
Además informa que ya se comienzan a hacer evidentes los recorridos de sus anchos caparazones, pues se han abierto camino entre la espesa vegetación, que impedía a la flora pequeña desarrollarse y no resultaba atractiva para que las aves construyeran nidos.

Este deseo de ver convivir tortugas y aves se volvió realidad, según las entradas de la bitácora digital, pues ahí se detalla la observación de tres halcones, dos machos y una hembra (identificados así por la diferencia de tamaño), y se enfocan en el nido de una pareja que, semanas después de permanecer en él, tiene una cría.

“Hay un nido de halcón de Galápagos justo al lado del camino que conduce a nuestro campamento cerca de las tortugas (...). Los adultos se han vuelto muy protectores, y desde entonces hemos sido bombardeados por sobrevuelos, tanto que sentimos sus alas como cepillo en nuestras cabezas. Les gusta flotar alrededor de cinco metros por encima de nosotros”, describen.

El próximo paso, que se espera cumplir en dos meses, es tener cifras exactas sobre el impacto en la vegetación de isla Pinta, detalla el coordinador técnico del PNG, y así, en un futuro aún lejano, introducir especies de tortugas gigantes con capacidad de reproducción, para repoblar el lugar que fue puerto de piratas y casa de cabras, para volver a tener una isla donde no exista ningún solitario George.

domingo, 22 de agosto de 2010

Mundo San Rafael: Pedales, caballos y escenarios

Los visitantes pueden servirse aquí platillos típicos para luego continuar con las actividades.
Por Moisés Pinchevsky
El cantón Bucay comienza a posicionarse como destino de aventura oficial del Guayas. El Consorcio Nobis apuesta por sus atractivos.
Una araña toro en su telaraña salpicada de rocío.
Una araña toro prendida en su red salpicada de gotas de rocío nos anuncia que esta animada aventura turística comienza, minuto a minuto, kilómetro a kilómetro, escenario a escenario, a transformarse en una colorida cacería de imágenes y personajes para regocijo de los ojos (y de las cámaras fotográficas).

El arácnido nos recibe al ingreso del bosque de La Esperanza, en el cantón General Elizalde, mejor conocido como Bucay, recinto silvestre a 170 metros de altura cuyas posibilidades turísticas son poco conocidas por los habitantes de Guayaquil, quienes menos aún saben que allí respira un saludable bosque protegido atravesado por las vertientes que nacen de las siete cascadas que agitan la zona con su tierno estruendo.

Daniel Villamarín (3 años) vive en la pequeña finca del trapiche.
El Consorcio Nobis, dirigido por Isabel Noboa Pontón, apuesta por esta zona para que poco a poco, año a año, turista a turista, compita con los balnearios de Santa Elena y Guayas por la preferencia de los viajeros de Guayaquil. Luis Avellán, ejecutivo de Nobis que desde hace dos años desarrolla este producto, es el guía en esta visita que nos eleva 1.100 metros en la montaña con la potente tracción de un vehículo 4x4, para media hora después transitar por el mismo camino lastrado, pero descendiendo con las dos llantas de modernas bicicletas de montaña valoradas en más de 600 dólares cada una.
Paseo en mansos caballos.
¡Cuesta abajo!
Tras una charla instructiva de seguridad, el descenso comienza junto a una de las cristalinas vertientes para diez metros después enfrentar una curva que intimida al inicio a dos de las ciclistas, pero que luego se recuperan para adentrarse alegremente en un camino de tierra que descubre escenarios sembrados de montañas de verde intenso, tímidas neblinas y erguidas plantaciones de plátano.

Bosque de bambú.

Una hora y media dura este recorrido que cumple estaciones en una finquita con un trapiche para moler caña de azúcar y otras en las límpidas vertientes para probar moras silvestres, aunque también cumplimos improvisadas paradas para atender a dos ciclistas que resbalaron en la ruta (el botiquín estuvo listo para aliviar pequeños raspones en las rodillas).

Con el entusiasmo intacto nos dirigimos luego a la hacienda San Rafael (2.420 hectáreas), en donde los turistas suelen disfrutar del almuerzo para luego cumplir un paseo que me permitió cambiar las dos ruedas de la bicicleta por las cuatro largas patas de Caponero, un caballo color caoba mezcla de paso peruano y criollo que parecía más bueno que el pan y más tranquilo que una fotografía, claro que también demostró obediencia para enrumbar sin ningún reparo hacia una cercana plantación de bambú.

Tal escenario misterioso estilo Señor de los Anillos bien merece varios disparos de cualquier cámara de fotos, la cual seguramente también debería utilizarse sin descanso durante esa cabalgata por los caminos lastrados que atraviesan esta finca que antes era propiedad de la azucarera Valdez, hoy también parte del Consorcio Nobis.

Los caballos permiten un acercamiento emotivo al ambiente rural que se respira en el Mundo San Rafael, que posee además un lago asediado por garzas color nieve.

La ruta está atravesada por siete vertientes naturales.
Ellas son también habitantes de este destino que nace para espíritus aventureros en la rústica Bucay.

Tarifas sin IVA: Bicicleta, $ 25; caballos, $ 17 y $ 5 niños; descenso de cascadas (canyoning), $ 20; transporte desde Guayaquil, $ 120 (once personas). Mundo San Rafael abre los sábados y domingos, y opera de lunes a viernes solo con reserva previa.

Sin embargo, siempre se recomienda reservar al 228-8006, 09-875- 1587,
lavellan@pronobis.com.ec.
Texto y fotos: Moisés Pinchevsky
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

miércoles, 18 de agosto de 2010

No son focas

Los lobos de Galápagos son una especie única de ese archipiélago. Aquí, Paula Tagle junto a uno de ellos. No se pueden tocar.
Desde Las Encantadas
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com
“Ellos habitan zonas rocosas que no suelen ser tan concurridas por turistas, por lo que las oportunidades de conocerlos son escasas. Son robustos, se alimentan en la noche, tienen ojos grandes y redondos...”

No hay guía de Galápagos a quien no le irrite la confusión constante que tienen los pasajeros de todas las nacionalidades del mundo entre lobo marino y foca. Incesantemente repetimos “en Galápagos no hay focas, son todos lobos, dos especies distintas”. Dicho esto, segundos después, no falta el visitante que exclame extasiado “qué linda la foca”.

Yo ya no me altero. Repito la aclaración una, o hasta dos veces; luego, si los descubro felices llamando foca a cada lobo marino que se topan, hago de oídos sordos y no me complico.

Sin embargo, las diferencias son grandes. Tanto focas como lobos pertenecen al mismo orden, Pinnípedos, pero se clasifican en dos familias distintas, la de los lobos es otariidae (que tienen orejas) y de las focas phocidae (sin orejas).

En Galápagos tenemos dos géneros de la familia otariidae: los lobos marinos de Galápagos (Zalophus galapagoenis) y los lobos de dos pelos, o también conocidos como lobos finos (Arctocephalus galapagoenis). Los primeros son más abundantes, además de juguetones, confianzudos, bulliciosos, encantadores, en resumen, las estrellas de las islas, a mi parecer.

Foto: Dirección del Parque Nacional Galápagos
Los lobos finos habitan zonas rocosas que no suelen ser tan concurridas por turistas, por lo que las oportunidades de conocerlos son escasas. Son robustos, se alimentan en la noche, tienen ojos grandes y redondos, y parecen pequeños ositos de mar.

Desde el 2003 existe el Proyecto Lobo Marino, en cooperación con el departamento de comportamiento animal de la Universidad de Bielefeld de Alemania, la Estación Científica Charles Darwin y el Servicio Parque Nacional Galápagos, bajo la dirección del Dr. Fritz Trillmich. Durante dos periodos al año, entre septiembre y enero y entre marzo y mayo, el grupo estudia la demografía, reproducción y comportamiento de buceo de estos animales.

Lobos del Islote Caamaño, de Floreana y de Fernandina han sido marcados con caravanas plásticas de colores en las aletas delanteras para determinar su distribución y migración. Para el estudio del buceo se han colocado registradores de tiempo y profundidad en varios lobos por un periodo de hasta dos semanas. Al recuperar los registradores se descubrieron cosas que jamás hubiéramos sospechado, como que las hembras adultas de lobo marino pueden bucear a una profundidad máxima de 520 metros.

En el caso de las hembras de lobo fino (que pesan 27 kg menos que las hembras de lobo marino) la profundidad máxima registrada ha sido de 131 metros, aunque los métodos de forrajeo y las profundidades a las que llega cada especie varía mucho de isla en isla, y todavía queda bastante por investigar.

Hace poco la Organización Científica para la Conservación de Animales Acuáticos (ORCA) reportó una colonia conformada por hasta 30 lobos finos viviendo en las costas del Perú, en Piura. Parece tratarse de una comunidad reproductiva, con machos dominantes, hembras y bebés. Es decir que el lobo fino, hasta hace poco considerado como único a las islas Galápagos, se ha establecido ahora a 1.500 kilómetros de su antiguo hogar. Esto se puede deber a los cambios climáticos de nuestro planeta que han hecho, entre otras cosas, que las temperaturas del mar se incrementen en los últimos años.

Los lobos marinos son entonces indicadores de los cambios climáticos en el planeta y de la salud de los océanos. Queda mucho por aprender todavía pero, ¡por favor, recuerde que en Galápagos no hay focas, todos son lobos!
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

domingo, 15 de agosto de 2010

Tras las huellas de una ciudad ancestral

PICOAZÁ, Manabí. Miguel Rodríguez alza una estela con una figura atlante en el centro, que se halló en el cerro de Jaboncillo.
En los cerros de Hojas y Jaboncillo, en Manabí, se analizan ruinas, cuyas dimensiones son de 3.500 hectáreas.

Ciento dos años después de que el arqueólogo estadounidense Marshall Saville realizara las primeras investigaciones sobre los cerros de Hojas y de Jaboncillo (en Manabí) sobre otros asentamientos de la civilización manteño-huancavilca, un equipo liderado por el arqueólogo ecuatoriano Jorge Marcos Pino ha iniciado estudios científicos en el sitio, el cual desde mediados del 2009 junto con los cerros Negrita, Bravo y Guayabal, que se extienden desde Portoviejo hasta Montecristi, cerca de Picoazá, son parte del Patrimonio Cultural del país.

Marcos ha tenido varios acercamientos previos con esta elevación. El primero fue en 1998 cuando empezó la escritura del libro Pueblos navegantes de la Costa del Ecuador, en el que narró el proceso histórico del desarrollo prehispánico de la zona Litoral del país y el cual publicó hace cinco años.

El arqueólogo ecuatoriano, quien es coordinador de investigación y patrimonio de la Corporación Ciudad Alfaro (institución pública encargada de promover el desarrollo cultural, educativo, académico, tecnológico, social y turístico de Manabí), sostiene que es esta la que ejecuta el proyecto de investigación en los cerros de Hojas y de Jaboncillo. “Estamos coordinados por el Ministerio Coordinador de Patrimonio y, por supuesto, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) es el que tiene la competencia general sobre todos los yacimientos”, agrega.

PICOAZÁ, Manabí. En la ladera este del cerro de Jaboncillo, entre Portoviejo y Montecristi, se hallaron yacimientos que están siendo estudiados por un equipo a cargo del arqueólogo Jorge Marcos.
Tatiana Hidrovo, presidenta de Ciudad Alfaro, indica que la primera fase posee un presupuesto de 302.000 dólares. En la parte inicial de esta etapa en el bloque A o Camino del Puma (porque estos animales aún habitan en el lugar) y que comprende 57 hectáreas, arrancó en enero pasado y concluyó en julio.

Durante ese tiempo se reunió la documentación que produjeron en el sitio arqueológico especialistas como el estadounidense Saville, el inglés Richard Lunniss (quien vive en Ecuador desde hace 30 años y también forma parte del equipo liderado por Marcos) y los ecuatorianos Emilio Estrada (en los años cincuenta) y Jacinto Jijón y Caamaño (en los años veinte) y Florencio Delgado. Este último fue quien realizó en el 2008 el inventario básico para poder declarar Patrimonio Cultural a la zona de cerros situados entre Portoviejo y Montecristi.

La segunda parte de la primera fase comenzó este mes y culminará en diciembre próximo. En octubre se prevé inaugurar en el sitio tres centros de interpretación, que ayuden a comprender el modo de vida de los manteño-huancavilcas.

Los avances de este mes involucran la limpieza de la maleza en los cerros de Hojas y de Jaboncillo, donde se han descubierto conjuntos de estructuras rectangulares de piedra, cuyos perímetros se delinean con sogas. También se han hallado senderos empedrados que conectan a los conjuntos.

Marcos señala que “son 500 años del ocultamiento de estos yacimientos y eso se da porque la naturaleza se ha encargado de lograrlo”. En el bloque A, las estructuras de piedras alineadas entre sí “pueden pertenecer a viviendas”, dice el arqueólogo inglés Lunniss, mientras que atrás de estas y separadas por montículos de tierra constan terrazas agrícolas, donde se encontraron silos (recipientes para almacenar granos y otros comestibles).

PICOAZÁ, Manabí. El arqueólogo inglés Richard Lunniss revisa varios objetos arqueológicos.
Lunniss, quien trabajó en la zona de Salango, dice que en la ladera Este del cerro Jaboncillo, lugar que él y otros investigadores llaman Zona A, se descubrió una estructura muy grande, de 14 metros de largo por 7 metros de ancho y que está formada por tres muros de piedras y posee una rampa de piedra.

Marcos, Lunniss e Hidrovo coinciden en que es muy pronto para determinar el sistema de vida sociopolítico, religioso y la actividad laboral que tenían los habitantes de estos yacimientos, porque “falta el proceso de excavaciones en el que se logra conocer estos detalles”.

Admiten que puede demorar cien años en establecerse una tesis de cómo se desarrolló la comunidad que allí habitó, “pero hay datos que pueden conocerse antes”, asegura Hidrovo.

Por su experiencia, Marcos explica que se hablaría de un “estado prehispánico”, y Lunniss agrega que “por las grandes dimensiones de algunas estructuras en el centro de cada conjunto se puede determinar que desde ellas se dominaba al resto”.

Entre las piezas halladas constan pedazos de figuras esculpidas, una estela con un atlante (figura de hombre mitológica) en su centro, metates y fragmentos de columnas. El total de las ruinas alcanzan las 3.500 hectáreas, refiere Marcos. Esta dimensión supera a Ingapirca (Cañar), que tiene siete hectáreas; Cochasquí (Pichincha), 83,9 hectáreas; y Agua Blanca (Manabí) 900 hectáreas.

Estudio trata sobre nativos manabitas
Los arqueólogos Jorge Marcos Pino y Richard Lunniss han establecido sus hipótesis sobre los asentamientos encontrados en los cerros de Hojas y Jaboncillo. El primero señala que la razón por la que habitaron esos lugares, situados entre los 200 y 500 metros sobre el nivel del mar, fue “porque con las garúas constantes en esta época del año (verano) se pueden sembrar unas 2 y hasta 3 veces en la parte alta de los cerros y obtienes cosechas a corto plazo”.

Marcos menciona que esto evidencia “una gran planificación para trabajar y controlar los cerros. Los manteños lo que estaban haciendo en este sector era integrarse políticamente; como en ningún otro sitio se ve claramente que las estructuras responden mucho más a un plan de trabajo urbano”.

Considera también que ante ese sistema de planificación urbana cuando llegan los españoles “ya existía una formación estatal interesante en la Costa”.

Explica que “probablemente la capital de ese estado prehispánico formado donde se reunían los diferentes jefes de cada una de las regiones o zonas, estaba aquí”.

En tanto, Lunniss cree que los habitantes de la cultura manteño-huancavilca se trasladaron hasta las elevaciones por razones “ceremoniales, religiosas y cosmológicas. Por estar más cerca de los dioses pueden haber determinado que el lugar era sagrado. Además, desde acá arriba podían controlar mejor el sector, eso les daba poder”.

Sobre estas y otras hipótesis trabajan las 24 personas del equipo que lidera Marcos. Entre ellas constan ciudadanos de Picoazá, entre civiles, arquitectos, conductores y topógrafos. El arqueólogo ecuatoriano afirma que el proyecto, que contendrá una segunda fase el próximo año, comprende también un trabajo etnográfico, ecológico y antropológico.

Miguel Rodríguez, habitante de Picoazá, comanda a los ayudantes de esa localidad en la investigación del sector. A él se lo conoce como el guardián de los cerros, porque desde hace 26 años, cuando sembraba con su padre en las faldas del lugar, se interesó por la historia de la cultura manteño-huancavilca, así que decidió cuidar el sector que ahora es Patrimonio Cultural del país. Dice que ha aprendido mucho de los arqueólogos que llegan al lugar, pero ellos también aprenden de él.

Marcos sostiene que es necesario que se cree una institución que pueda gestionar el manejo del yacimiento arqueológico encontrado. Esa entidad, enfatiza, debe estar adscrita a los ministerios del Ambiente, de Turismo y de Coordinación de Patrimonio.

viernes, 13 de agosto de 2010

Salango mojado

Por Moisés Pinchevsky
El agua está algo fría… Pero no lo suficiente como para impedir que semana tras semana crezca el número de visitantes que llegan al islote frente a Salango, a unas tres horas de Guayaquil por la Ruta del Spondylus, para disfrutar del buceo de superficie (snorkeling) en ese océano de tonos turquesa que besa una playa asaltada por los pelícanos.
Son dos especies las que anidan allí: el pelícano peruano y el café, este último algo más pequeño, según Ivo Gutiérrez, guía nativo de este tour que comienza en el museo de Salango, frente al océano, desde donde una embarcación tipo yate cumple una travesía de unos 15 minutos hasta esta playa, en cuyos alrededores revolotean, además, los piqueros de patas azules.
Cada semana, el barco nuevo cumple entre dos y tres tours al islote.
Este tour ($ 15) se ha vuelto más popular desde hace un mes, cuando los jóvenes que impulsan el turismo comunitario local recibieron como donación este cómodo bote que permite transportar veinte viajeros con seguridad para disfrutar de este paseo y, por una tarifa total de $ 20, de la pesca deportiva.
La demanda tiende a aumentar.
“Es un trabajo de tres años para capacitarnos, crear infraestructura y promocionar la zona”, dice Ligia González, técnica promotora del Proyecto de Fortalecimiento Ecoturístico en Comunidades de Puerto López (Proecotur), que abarca las comunas de Salango, Las Tunas, El Pital y Agua Blanca, gracias al apoyo del Centro de Promoción Rural (Guayaquil), Ayuda en Acción (Quito) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Madrid).

Esta alianza ha encontrado un mar de sosiego y atractivos en el relajado sur de Manabí.

Informes Ligia González, (04) 236-0896, (04) 278-0304, (09) 052-8332, www.salangotours.com
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

martes, 10 de agosto de 2010

Agricultura sostenible

Patricio Román, trabajador galapagueño, y Scott Henderson en la finca de café en la isla Santa Cruz.
Desde Las Encantadas
Paula Tagle
nalutagle@eluniverso.com

Scott Henderson

“Lo que empezó como una afición se ha convertido en ejemplo de trabajo sostenible, donde la intención es reforestar con plantas que pertenecen a las islas y a la vez lograr una producción que financie el proyecto”.
Scott Henderson nos recibe para conducirnos con la mayor cordialidad por sus ocho hectáreas de finca cafetera. Cuando él y su esposa quiteña, María Elena Guerra, compraron la propiedad en el 2003, buscaban un lugar grato donde vivir y poder empezar su propio programa de recuperación de plantas nativas.

La vieja construcción de madera, apolillada y roída, se ha convertido hoy en una preciosa casita que mira desde 180 metros de altura a Bahía Academia; además, las tierras que poco a poco fueron trabajando les revelaron un escondido secreto.

Scott, originario de Ohio, EE.UU., y residente por muchos años en Galápagos, encontró 1.600 plantitas de café entre los árboles de su propiedad; estaban abandonadas y maltrechas, pero decidió conservarlas para experimentar con una producción que alcanzara para el café de las mañanas y las tertulias con amigos.

Lo que empezó como una afición se ha convertido en ejemplo de trabajo sostenible, donde la intención es reforestar con plantas que pertenecen a las islas y a la vez lograr una producción que financie el proyecto.

Las matas, espaciadas a cuatro metros, crecen a la sombra de una especie endémica, Scalesia pedunculata, y producen en estos momentos café de alta calidad.

Scott nos muestra los sembríos, los frutos lucen rojos y tienen un sabor dulce, a garúa fresca. Luego de “pepetear” el café, es decir, de colectar uno a uno los óptimos, se los lleva al “despulpe”, donde un molinillo manual separa la cáscara del grano. Todo se aprovecha, así que la cáscara pasa luego a un depósito donde anaeróbicamente se convierte en humus, que servirá como abono para la siguiente cosecha. Porque la producción es 100% orgánica, no se utilizan herbicidas ni pesticidas.

Con un rozador se mantiene a raya cualquier maleza y el resto queda en manos de la naturaleza.

“Siempre he trabajado en conservación, y la experiencia de mi finca me ha permitido entender lo difícil que es lograr una producción óptima dentro de los parámetros de la conservación. No es fácil, pero es definitivamente posible y sobre todo necesario”.

El café se flota (boyada) para separar los granos que no sirven. Vienen entonces la fermentación, el lavado y el secado. De ahí se obtiene café en pergamino, que luego se tuesta para ser envasado como el famoso Lava Java, de la finca de Scott. Este café ha sido calificado como de excelente sabor y aroma en Mariscal, Pereira (Colombia), y como producto de 1.300 metros de altura (lo óptimo es entre 1.300 y 1.600).

Esta es la maravilla de un ecosistema insular donde las zonas de vegetación están a diferentes niveles que en el continente.

Scott cuenta hoy con 5.000 plantas de café tipo arábiga, de tres variedades. Los réditos le sirven básicamente para mantener la finca y continuar con su proyecto de brindar oxígeno al planeta a través de especies que pertenecen al lugar.

De guía naturalista del Parque Nacional Galápagos a buzo de la reserva marina y a representante de Conservación Internacional para Galápagos, ahora Scott es también cafetero, y junto con su esposa, directora de WWF para Galápagos, aspira a que su finca sea ejemplo de producción sostenible para las islas y, por qué no, para el mundo.
Fuente: La Revista Guayaquil, Ecuador

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