martes, 30 de marzo de 2010

Nacen nuevas crías de aves en extinción

Los biólogos hacen un llamado para preservar a esta especie, símbolo de Guayaquil.

Los padres no permitieron observar al polluelo, el cual nació hace dos semanas.

Sus padres, Uña blanca y Ministra, dos papagayos de Guayaquil que nacieron en la Fundación de Rescate de Vida Silvestre Jambelí, estaban nerviosos por la presencia de personas ajenas a su hábitat.

“Ellos defienden agresivamente a sus crías y sin querer pueden llegar a matar a sus propios hijos”, refiere la bióloga Dolores Soto, quien colabora en la fundación hace tres años.

En este sitio, considerado único en el mundo en reproducir en cautiverio a la especie científica Ara ambiguus guayaquilensis, nacieron también otros dos polluelos el pasado 4 y 7 de enero.

Son 27 crías nacidas en cautiverio. En el centro de rescate existen 39 individuos, 18 machos, 12 hembras y 9 a los que aún no se les ha determinado el sexo.

Según la bióloga Soto, este lo determina una prueba de ADN que es analizada en un zoológico de Francia, a donde se envían los resultados.

Además, a casi todos los papagayos se les instala un microchip en forma de cápsula en la pechuga para tener un control estricto de cada animal.

Un pequeño ejemplar de tres meses es hijo de los papagayos Solitario y Shyri. Ellos formaron pareja casi de inmediato porque lograron “muy buena química”, según sus cuidadores.

CORTEJO
Lograr la reproducción de las aves no es tarea sencilla. Geovanny Montoya, zoo-cuidador del centro de rescate, refiere que muchos de ellos no logran hacer “química”, es entonces cuando deben retirar a uno de los miembros de la pareja.

“Nos ocurrió hace poco. La hembra no aceptaba al macho y tuvimos que cambiarla. Le pusimos otra, y a las dos días, ya había comenzado el cortejo”.

En un año, estos animales puede reproducirse dos y tres veces. El periodo de incubación es de 28 días. Pero los polluelos no nacen de inmediato: deben pasar unos dos días, hasta conocer al que será su hermano.

Hace poco, el centro –con 12 años de creación– recibió un aporte de 1.950 euros (que en dólares son 2.910 ), con los cuales se construyeron cinco jaulas. Y esperan recibir un aporte más adelante.

La Fundación de Rescate de Vida Silvestre Jambelí se financia con aportes voluntarios y brinda asesoría a otros entes de vida silvestre como el Parque Histórico de Guayaquil.

La Fundación tiene el propósito de reproducir animales en peligro de extinción como el papagayo de Guayaquil, el mono araña de la Costa, el cocodrilo de la Costa, entre otros, con el objeto de hacer reintroducción de esas especies.

También alberga otras especies como mamíferos, entre ellos el oso de anteojos, el tigrillo, cada uno de ellos con varios programas de reproducción.

Otro sitio de observación de estas aves se encuentra en el aviario de Cerro Blanco de la fundación Pro Bosque.

Las personas que deseen información sobre las actividades del centro o para visitas pueden llamar a los teléfonos 220-2652 y (09) 204-8762.

Dolores Soto
Bióloga

“Quienes tengan animales de vida silvestre deben traerlos al centro para que tengan mejores cuidados”.

Fuente: eluniverso.com

lunes, 29 de marzo de 2010

Monitoreo de petrel patapegada en Santiago

Los petreles cada año regresan al mismo nido a poner un solo huevo. Están presentes en Santiago, Santa Cruz, San Cristóbal, Isabela y Floreana.

Esta ave marina endémica de Galápagos, habita en las zonas altas, en los agujeros de lava protegidos por la vegetación.

Durante nueve días, Kléber Aguilar, Wilman Valle, Manuel Masaquiza y Lorgio Vaca, guardaparques de la unidad de Conservación y Restauración de Ecosistemas Insulares de la Dirección del Parque Nacional Galápagos, monitorearon la zona de anidación del petrel “pata pegada”, en la isla Santiago, con el fin de conocer el estado actual de los nidos de las tres colonias que habitan en esta isla.

En el recorrido se monitorearon 300 nidos de las colonias Jaboncillo, Central y Puntudo – Cinco Cerros, ubicadas en la parte alta de la isla. Los resultados evidenciaron que la mayoría de los nidos estaban vacíos por lo que la temporada de anidación está finalizando; 40 nidos tenían pichones y setenta y dos petreles juveniles abandonaron el nido.

Se identificaron a 15 petreles juveniles colocándoles una banda seriada. En posteriores recapturas, se podrá determinar si existe intercambio entre nidos.

Adicionalmente, los guardaparques realizaron control de roedores en la zona de anidación. Se instalaron 465 estaciones con cebo tóxico para ratas, el cual fue consumido en su totalidad. Periódicamente se ejecutará esta actividad para diezmar la cantidad de roedores, principal amenaza de los huevos y pichones de petrel “pata pegada”.

sábado, 27 de marzo de 2010

Se identifican sitios de crianza de tiburones en la Reserva Marina de Galápagos

En cada sitio donde se encontraron tiburones, se tomaron datos biológicos de cada tiburón.
Estos lugares ofrecen alimento y refugio para los escualos recién nacidos y juveniles.

La Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG), está desarrollando un monitoreo para identificar potenciales áreas de crianza de tiburones en la Reserva Marina de Galápagos, que permitan establecer medidas de manejo que procuren la conservación de esta especie de vital importancia en los ecosistemas marinos, así como mejorar el sistema de zonificación del área costera de la RMG, en la que se permite diferentes actividades de acuerdo a sus características.

Esta actividad se la está realizando a través del componente de Investigaciones Marinas Aplicadas del Proceso de Conservación y Uso Racional de Ecosistemas Marinos de la DPNG, con el apoyo de Conservación Internacional (CI), Fundación Charles Darwin, y el conocimiento del Sector Pesquero Artesanal de las islas. Hasta el momento se han identificado cuatros sitios en Santa Cruz: Tortuga Bay, Garrapatero, Saca Calzón y Punta Rocafuerte.

Se encontraron por primera vez, sitios de crianza natural de tiburón martillo (Sphyrna lewini), además de otras especies como tiburón de Galápagos. Estudios complementarios servirán para definir patrones de migración, conectividad entre los sitios, zonas y épocas de reproducción de la especie, etc.

Tiburones martillos. Foto: Alex Hearn
Los tiburones martillos son especies altamente especializadas y muy delicadas, su ecología de reproducción lo hace altamente vulnerable, tienen un tiempo de gestación de 9 a 10 meses y pueden tener entre 15 y 30 crías por vez.

En cada sitio donde se encontraron tiburones, se tomaron datos biológicos de cada uno (talla, peso, etc.) para analizar su dinámica poblacional. Asimismo, los resultados preliminares sugieren que existen sitios de reproducción de tiburones martillo - Punta Rocafuerte, en Santa Cruz y Puerto Grande, en San Cristóbal - y que su actividad reproductiva aumenta durante el invierno.

Los sitios de crianza brindan refugio para tiburones recién nacidos y algunas especies de peces e invertebrados en estado juvenil, para protegerse de diferentes depredadores, poseen una gran biodiversidad que permite a los tiburones juveniles obtener alimento y desarrollarse hasta alcanzar mayores tallas.

jueves, 25 de marzo de 2010

Ruta del Spondylus

Foto: Valva de una concha spondylus con una figura manabita.
Texto: Moisés Pinchevsky

La Costa ecuatoriana está repleta de tesoros para viajeros. Sin embargo, este proyecto aún debe recorrer un largo camino para desarrollar turísticamente la antigua ruta de comercio de las conchas marinas.

La vida puede definirse en ocasiones como una suma de coincidencias. Un día antes de que Patricio Tamariz me conversara que la empresa consultora con la cual labora (Seproyco) tenía buenas posibilidades de ganar la licitación para ejecutar el proyecto de la Ruta del Spondylus, yo respiraba en el estómago lúgubre y fresco de uno de los cientos de silos o graneros subterráneos de la llamada Ciudad Perdida del cerro Jaboncillo, que se asoma entre la maleza más espesa a 11 kilómetros de Portoviejo (Manabí).

La coincidencia fue absoluta: este sitio arqueológico sería el principal atractivo cultural dentro de ese plan de desarrollo turístico presentado originalmente en el 2002 por Tamariz mientras se desempeñaba como gerente de la Subsecretaría de Turismo del Litoral (2000-2003).

Desde entonces, su perseverancia buscó el apoyo del Ministerio de Turismo para la ejecución de esta iniciativa que, seis años después, ya tiene la luz verde del Gobierno gracias a la promesa de una inversión aproximada de $ 2 millones anuales hasta el 2010, con miras para que al año siguiente (2011) las cinco provincias de la Costa ecuatoriana reciban 200 mil visitantes extranjeros que reemplacen a los 12 mil que llegan a esta región cada año, mayormente para los tours de avistamiento de ballenas jorobadas (de junio a septiembre). “Este incremento de visitantes dejaría $ 200 millones anuales”, según Tamariz, nativo de Bahía de Caráquez y también ex director-gerente del Fondo Mixto de Promoción Turística del Ecuador (2004-2007).


José Gregorio (12), hijo del guía, dentro de un silo subterráneo.

En un pozo profundo
Un salto casi a oscuras me permitió explorar las entrañas de este silo que funcionó como alacena para los antiguos pobladores de la Ciudad Perdida del cerro Jaboncillo: los manteños (600-1535 dC.). Esta civilización, que se cree desapareció con la fundación de Portoviejo, guardaba sus granos durante semanas o meses apilados en el ambiente fresco –casi frío– de este agujero de casi tres metros de profundidad y dos de diámetro. Me acompañan una araña que se exhibe en el muro a pocos centímetros del suelo y dos murciélagos que cuelgan a la altura de mis ojos en uno de los resquicios de este agujero olvidado de la civilización.

En el mundo de los viajes de ensueño no puede haber algo mejor que adentrarse en los escenarios de un mundo perdido, penetrar una selva densa que cede solo a golpe de machete.

Aunque el brazo de Miguel Rodríguez comienza a asomarse en la boca del silo para, tras un jalón firme, recordarme en la superficie que este sitio no está tan perdido. Él lo encontró cuando era niño.

Un día, mientras recorría el bosque con su padre, dice que escuchó la voz de sus “abuelos”. Se sintió tan subyugado por el llamado que comenzó a adentrarse solitariamente en el cerro. Allí encontró un pozo de agua, aún con líquido, sumergido en la maleza más espesa (nosotros bebimos agua de ahí), luego algunos silos y después unas piedras que formaban pequeños muros estrangulados por la maleza.

“Sentí que mis antepasados me querían de regreso. Que yo en una vida anterior había habitado en la ciudad. Allí juré que viviría para proteger la cuna de mis antiguos abuelos”, señala Rodríguez, mejor conocido como el “guardián del cerro”, porque su devoción ha provocado que los visite de domingo a jueves, dejando su actividad como comerciante de legumbres para el viernes y sábado.

De niño, su madre lo recriminaba porque sus escapadas lo ponían en riesgo de perderse o lastimarse en el bosque. Hoy, a sus 32 años, su esposa no termina de comprender que casi a diario Rodríguez recorra diez minutos en carretera desde su casa en el pueblo de Picoazá y una hora a pie montaña arriba para limpiar los muros de la maleza y ahuyentar a los ladrones de piezas arqueológicas (llamados huaqueros) con gritos, exhibiendo con violencia su machete o disparando algún tiro al aire con su vieja escopeta.

Los pedazos de antiguas vasijas asomándose en el suelo son la tarjeta de presentación de los huaqueros. “Solo se llevan las cerámicas completas para venderlas a los turistas”, explica Rodríguez, señalando los trozos cubiertos de tierra y olvido. Aun así la huella del hombre es superficial. Aquí manda el bosque. Caminamos hacia una pequeña planicie en la montaña por senderos serpenteantes, saltando troncos caídos y sujetando firmemente ramas colgantes para evitar resbalar por las pendientes. De esta forma llegamos a una planicie rodeada de rocas, llamada corral por los arqueólogos, algo así como el terreno donde se asentaba una residencia antigua.


El guía Miguel Rodríguez saca agua del primer pozo manteño que encontró cuando niño.

Descubrimientos
En diciembre anterior, el arqueólogo Telmo López y un equipo del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), tras 27 días de investigaciones, hallaron 113 de estos corrales, además de 153 terrazas con probables fines agrícolas, 3 pozos de agua, 30 silos, una escalera de 35 gradas excavada en la matriz rocosa y 2 tumbas, entre otras muestras de la antigua ingeniería manteña.

“Es ciertamente el sitio arqueológico más importante del país”, me indicaría López en una entrevista posterior. “El arqueólogo Emilio Estrada calculaba en 30 mil los habitantes de esta ciudad, pero después de los últimos hallazgos creo que podemos hablar de dos o tres veces esa cifra”, agregó.

Pero la historia va más atrás. En 1905, el arqueólogo estadounidense Marshall Saville fue uno de los primeros en pisar y estudiar el cerro Jaboncillo para otorgarle valor histórico. Sin embargo, también fue el primer huaquero del lugar, ya que se llevó muchas piezas a su país, las cuales hoy reposan en el Museo del Indio Americano en Washington. El guayaquileño Héctor Villagrán, mientras se desempeñaba como ministro de Transporte y Obras Públicas, solicitó a la embajada de EE.UU. que se devuelvan las piezas. No hay una respuesta oficial sobre ese patrimonio que incluye un centenar de sillas manteñas (con forma de U).

“Muchas de ellas se encontraron en semicírculos, como para atender reuniones importantes de los jefes de las poblaciones de la región. Ciertamente esta era la capital de la cultura manteña”, me indicó después Alberto Miranda, dirigente de la Fundación Fortaleza de Identidad Manabita, uno de los portovejenses que más ha luchado en los últimos tres años para proteger esta zona de los huaqueros y de las canteras de roca que operan en el cerro, destrozando con maquinaria espacios por donde se extendía esta civilización.


Miguel y su hijo mayor en su “mirador” favorito en el cerro.

De la rica fruta al platillo delicioso
Como mencioné al inicio, nuestra visita a Jaboncillo fue apenas un día antes de que Patricio Tamariz me anunciara su aspiración de ganar la licitación del Ministerio de Turismo para ejecutar la Ruta del Spondylus, la cual es “una marca de productos y destinos de excelencia, sostenibilidad, solidaridad y cultura a lo largo de la travesía histórica para comercializar las conchas o mullus (los prehispánicos llamaban así a las spondylus) de la Costa de Ecuador hasta Perú”.

Pocos días después su voz al teléfono me informaba que, efectivamente, había obtenido la licitación, y el 19 de julio ya estaba sentado en el auditorio del local del Museo del Banco Central en Bahía de Caráquez atendiendo a un seminario dictado por varios de los expertos nacionales y extranjeros que trabajarían en el proyecto.

Estos profesionales iniciaban su análisis para convertir los atractivos naturales, culturales y culinarios de la Costa ecuatoriana en productos turísticos individuales, en paquetes o rutas que se combinarán con otros de los Andes, Amazonía, Galápagos y Perú.

Esta metamorfosis es compleja. Al alabar el potencial turístico del Ecuador suele destacarse su amplia cantidad de atractivos naturales salpicados en sus cuatro regiones muy distintas entre sí. Sin embargo, los productos turísticos elaborados funcionan mucho mejor que los atractivos en solitario. Para que un “atractivo” se convierta en “producto” hay que sumarle los “servicios” al viajero (hotel, restaurante, baños, transporte) y las “actividades” (caminatas, visita a un museo, vuelo en parapente).

Un atractivo en solitario es como una fruta colgando del árbol. Por muy rica que sea, no puede competir con un delicioso platillo elaborado con varios ingredientes (incluyendo quizás esa fruta) bajo la técnica de un cocinero experto.

La Ruta del Spondylus busca preparar un banquete turístico a lo largo de la franja costera, destacándose los sabores patrimoniales. El arqueólogo inglés Richard Lunniss es un chef importante en esa tarea. Su misión es levantar la información para concretar museos y centros de interpretación en sitios arqueológicos como La Tolita (Esmeraldas), Japotó, Picoazá, Salango, Agua Blanca (Manabí) y Valdivia (Santa Elena), los cuales serán obra del Ministerio de Coordinación de Patrimonio Cultural y Natural, y otras entidades.

Al preguntarle sobre sus expectativas, Lunniss menciona: “Espero ver el desarrollo de una visión integral de la arqueología de la Costa que coordine la prehistoria ecuatoriana con la peruana, espero ver el desarrollo de un sentido de conexión con la tierra a través de los sitios precolombinos y paisajes sagrados, espero ver que se reconozca la importancia del papel de los arqueólogos en el desarrollo de la identidad nacional, espero ver el desarrollo de estrategias para las comunidades en cuanto al manejo, conservación, estudio y difusión de sus patrimonios precolombinos”.

Lunniss espera mucho. Habla con claridad y timidez a los casi cuarenta asistentes de la sala. Su fama trasciende por haber trabajado con el arqueólogo guayaquileño Presley Norton en el sitio de Salango, al cual le ha dedicado más de veinte años de actividad profesional. Por ello conoce bien los graves problemas que afronta la arqueología ecuatoriana por proteger el patrimonio y dejar un registro de sus hallazgos. La razón: falta de recursos económicos.


Ruta del Spondylus

Sigue el banquete
La gastronomía es también parte importante de la Ruta del Spondylus. El experto argentino Ernesto Barrera está a cargo de ese aspecto: “Una ruta alimentaria involucra la creación de una asociación que reúna a productores agropecuarios con industriales, restauranteros, hoteleros, agentes de viajes, en fin, todos con un objetivo común que da gran prioridad al alimento. Hoy no existen rutas alimentarias en Ecuador”, indica este ingeniero agrónomo que actualmente trabaja en rutas del vino y de la manzana en la Patagonia (su tierra natal), en la Ruta de la Yerba Mate (ambas en Argentina), y en la Ruta de la Sal, en Puebla (México).

¿Ruta del Camarón? ¿Ruta del Coco? ¿Ruta del Plátano Verde? Aún no está definido oficialmente el producto o los productos gastronómicos que funcionarán dentro de la Ruta del Spondylus. Pero tras reuniones con la ministra de Turismo, Verónica Sión, gran impulsora de este proyecto, “sacamos como la conclusión más importante que la temática va de la mano no solo con la estrategia de desarrollo local y territorial que impulsa el Ministerio de Turismo, sino también con las estrategias del Ministerio de Agricultura”, señala Barrera.

El proyecto va sumando entidades. También personas. Una invitación de la directora de Turismo de Esmeraldas, Katia Limones, me permitió escuchar sus impresiones sobre el tema: “Nosotros estamos muy entusiasmados. Hoy trabajamos para entrelazar algunos atractivos de Esmeraldas en la Ruta (del Spondylus). Actualmente nos concentramos en el sector gastronómico en la isla de Muisne y en Atacames. También queremos rescatar el sitio arqueológico de La Tolita (hoy se lo considera casi abandonado), construyendo un museo de sitio y brindando opciones de trabajo. Allí hay mucha gente hábil para hacer artesanías, con lo cual esperamos reducir el huaquerismo”.

Inmenso potencial
Pocos días después ya estábamos con Francisco Parrales, guía turístico y líder comunitario en la comuna Cauchiche, en la isla Puná. “Justo hace dos días (31 de julio) llegaron personas del Ministerio (de Turismo) para hablarnos de la Ruta del Spondylus. Lo que nosotros pedimos fue capacitación para 45 guías nativos. Nos ofrecieron que los cursos serían un hecho”, señala mientras degusta un pescado frito en una de la docena de cabañas anidadas frente a la playa de su comunidad. Sus palabras se levantan en el aire salino.

Cualquiera que haya recorrido alguna parte de la Costa ecuatoriana puede imaginarse el potencial de la naciente Ruta del Spondylus, que cubre diversos puntos playeros e interiores de las provincias costeras.

Este artículo comenzó alabando el poder de las coincidencias. ¿Acaso no es también una feliz coincidencia que este pequeño territorio costero reúna una gran cantidad de vestigios patrimoniales junto con la alegre cultura afroecuatoriana de Esmeraldas, la naturaleza y gastronomía de Manabí, la oferta de las comunidades pesqueras de Santa Elena, la modernidad del
Guayas y los paisajes benditos de El Oro?

La lista continúa: sumemos la autenticidad de la cultura indígena Saraguro, en Loja, la única provincia de la Sierra dentro del proyecto por ser un territorio crucial para la integración con Perú.

El potencial es inmenso, pero también lo son las complicaciones que deben afrontar: una semana antes del cierre de esta edición me enteré que el arqueólogo Richard Lunniss (recordemos: líder del área cultural en este proyecto) tenía problemas para obtener recursos del Gobierno para levantar un museo digno en Salango.

Una de las frutas tiene problemas para convertirse en un platillo. “Solo es cuestión de tiempo para que aparezcan los cambios. Pero sí llegarán; hay que tener paciencia”, intentó explicarme el manabita Patricio Tamariz.

Esos cambios deberían darle un museo respetable a Salango, para después aspirar a concretar el inmenso trabajo de rescate del cerro Jaboncillo, el cual hoy solo depende del entusiasmo del nativo Miguel Rodríguez para librarlo de la maleza, el huaquerismo y los cazadores ilegales de venados.

Sin embargo, el arqueólogo Jorge Marcos, subsecretario de Patrimonio Cultural, está optimista: “Richard (Lunniss) tiene nuestro apoyo y obtendrá sus recursos; daremos gran impulso a la arqueología”. Marcos es considerado un apoyo vital para la Ruta del Spondylus y el rescate de Jaboncillo.

Asumo que los sabores dulces y amargos deben combinarse en la preparación de un banquete tan complejo como este.

Fuente:

Otos enlaces:

El Telégrafo - La Ruta del Spondylud: Un nuevo destino

Más fotos _ La Revista


martes, 23 de marzo de 2010

Galápagos también apagará sus luces una hora

Flamingo Considerado el ave más hermosa de Galápagos, pero
también la más arisca. Vive en colonias formadas en lagunas y pozas
saladas de las islas Floreana, Isabela, San Salvador y Rábida.

La DPNG se suma esta iniciativa y se integra a la organización de “La Hora del Planeta”

Con el slogan “Apaga tu luz, enciende el planeta”, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) con el apoyo de múltiples organizaciones, empresas, autoridades, etc., desarrollará “La Hora del Planeta”, una iniciativa que busca crear conciencia sobre el cambio climático y sus efectos, pero sobretodo, motivar a la práctica de acciones personales en beneficio del planeta.

La Dirección del Parque Nacional Galápagos, se suma a esta iniciativa y está colaborando en la organización de este acto simbólico, en Puerto Ayora, que se desarrollará el sábado 27 de marzo, desde las 20h30 (hora local); en las oficinas técnicas se apagarán las luces de las instalaciones durante este periodo.

FOTO ARCHIVO DPNG: Atardecer en Galápagos
Por el lapso de una hora, se apagarán las luces del malecón y las calles principales de la zona, hasta el muelle de pescadores, en Pelicanbay. Durante este tiempo, este sector será iluminado con lámparas artesanales elaboradas con papel y velas. También se realizarán otras actividades como la proyección de videos a los asistentes.

Actos similares se llevarán a cabo en todos los países; en ellos participarán más de mil millones de personas, quienes demostrarán que con actitudes tan simples como ahorrar energía eléctrica se puede contribuir con la salud del planeta.

lunes, 22 de marzo de 2010

Colambo-Yacuri, reserva de agua, estrena título de Parque Nacional

LOJA. Los atardeceres en el páramo Yacuri ofrecen imponentes paisajes. La declaratoria de zona de reserva permitirá fomentar el turismo, para lo que se elaborarán programas.
Erdwin Cueva | LOJA

Grandes cascadas que caen de los páramos y bosques nublados, una diversidad de flora y fauna son, entre otros, los recursos que guarda el Parque Nacional Colambo-Yacuri, que desde la primera semana de febrero se constituyó en la zona protegida Nº 42 del Ecuador.

La declaratoria es el resultado de un trabajo continuo durante dos años de técnicos del Ministerio del Ambiente, Conservación Internacional Ecuador y la Fundación Arcoiris. El plan de manejo del nuevo parque tiene un fondo disponible de 144 mil dólares, para estudios de carácter técnico, ambiental y social.

Uno de los principales motivos para la creación de la zona protegida, de 43.049 hectáreas, es el cuidado del agua, en un territorio que ha soportado duras épocas de escasez. El Colambo-Yacuri se localiza en el extremo suroriental de los Andes de Ecuador, al sureste de la ciudad de Loja, en las provincias de Loja y Zamora Chinchipe.

Según Santos Calderón, director del Ministerio del Ambiente en Loja, la reserva siempre ha estado en su lugar, sin embargo, nunca se le había dado el manejo adecuado. Agrega que es muy difícil en la actualidad que un terreno se declare como protegido, sin embargo, la gran cantidad de biodiversidad que existe en el Colambo-Yacuri lo ha hecho posible.

En el parque se cuenta con recursos naturales y servicios ambientales que permitirán la protección de las fuentes de agua, además de su fauna y flora, “aves, venados, anfibios, reptiles, aunque no en la misma cantidad del Parque Podocarpus”, dice el funcionario. También existen lagunas que llaman la atención y que se sitúan a seis horas de la capital lojana.

Se espera que en unos dos años mejoren la vialidad, capacitación de la población y promoción, para que el acceso al parque sea más continuo. Por ahora, el Ministerio de Ambiente destinó $ 144 mil para completar la delimitación y mantenimiento, que administrará la Fundación Arcoiris junto a dicha cartera de Estado.

Técnicos de Arcoiris destacan que Colambo-Yacuri es una zona de fuertes vientos, neblina y lluvia. “Alberga páramos arbustivos y bosques nublados altoandinos y achaparrados, aún extensos y en buen estado de conservación”, cita un informe de esa organización.

LOJA. El páramo y bosque nublado del nuevo Parque Nacional Colambo-Yacuri es una importante fuente de recursos hídricos. Los ríos forman varias imponentes cascadas.
La mayor parte del área no está siendo explotada. La estribación occidental de esta cordillera es relativamente seca y ha sido alterada en mayor proporción, mientras que la ladera oriental, más húmeda, todavía mantiene bosques inalterados entre los 2.500 y 3.000 metros sobre el nivel del mar. Bajo los 2.500 metros hay áreas deforestadas por la expansión de la frontera agrícola y ganadera.

La conservación del recurso hídrico favorece también al noroccidente de Perú, pues la zona protegida conecta el Parque Nacional Podocarpus de Ecuador con el santuario natural Tabaconas-Namballe de ese país.

Arcoiris destaca que las potencialidades del área de conservación Colambo-Yacuri son inmensas: da servicio ambiental hídrico, biodiversidad en corredores de conservación, turismo alternativo, investigación científica, aprovechamiento de productos no maderables en bosques y páramos, con alternativas participativas de la población local.

En la zona hay presencia del oso de anteojos, del tapir y el chonto. La flora es muy variada porque es una zona de convergencia de las corrientes cálidas del oeste, así como seca y cálido-húmeda de Oriente.

Detalles: Inventario de recursos

Vegetales
Cedro, pino romerón, árbol de la cruz, planta del tabaco, sacha capulí, laurel de cera, encino blanco, zarzo franjado, caraño, corzuela, mora silvestre, morochillo guayaba, cucharillo, huagra manzana, encenillo.

Mamíferos
Danta, raposa, zorro, ardillas de diverso tipo, conejo silvestre, murciélago.

Aves
Paloma, colibrí, tordo, chilalo, pava de monte, garrapatero, gavilán, perico, colibrí y lapo.



sábado, 20 de marzo de 2010

40 cámaras reflejan la vida en la selva de jaguares, aves...

Perro de orejas cortas. Fotografía de Santiago Espinosa
Redacción Sociedad

En medio de la Amazonia, un sistema auspiciado por National Geographic monitoreo las especies. El objetivo es determinar su densidad poblacional.

Ante el mínimo signo de movimiento o de calor corporal, una luz fosforescente ilumina el verdor de la selva. Es que un dispositivo acciona automáticamente una cámara para captar la imagen de un tapir, capibara, pava u otro animal o ave que cruza por el sitio.

Protegidas dentro de un pequeño cajetín metálico, permanecen semiocultas entre la vegetación. Son 40 cámaras, entre digitales y semiautomáticas y están ubicadas en zonas estratégicas: senderos y saladeros dentro de los 6 km2 que comprende el bosque protector Tiputini, en el límite norte del
Parque Nacional Yasuní.

Pues se trata de un sistema de cámaras, mediante el cual pretende monitorear la densidad poblacional de las especies de fauna de la zona. Es decir, documentar el tipo de animales de la zona y generar información que eventualmente permita protegerlos, mediante acciones de manejo.

Surgió hace tres años por iniciativa de John Blake, un investigador de la Universidad de Misuri, EE.UU., que visitó esta parte de la Amazonia ecuatoriana.

Junto al ecuatoriano Jaime Guerra, Blake armó una propuesta para enviarla a diferentes lugares en busca de financiamiento. La organización
National Geographic la acogió y financió la compra de cámaras, rollos, baterías…

Diego Mosquera es quien tomó la posta hace algo más de un año. Desde entonces, cada dos o tres semanas, emprende un recorrido desde la Estación de Biodiversidad Tiputini por cada uno de los sitios. Va carganda una pequeña mochila, en cuyo interior lleva rollos fotográficos y pilas de repuesto y el infaltable cuaderno de apuntes, una suerte de bitácora.

Antes de retirar el rollo y reemplazarlo por otro, desactiva el sensor valiéndose de un pedazo de imán que cuelga del cajetín. Luego, con un lápiz en mano, Mosquera realiza apuntes sobre el sitio de visita, la fecha y la hora, el número de captaciones...

Las primeras fotografías fueron tomadas en el 2005 y durante estos años se han registrado más de 20 000 captaciones. En la mayoría aparecen venados, pecarí de labio blanco y de collar, pavas, murciélagos, caimanes, tapires, guantas, guatusas, murciélagos...

Jaguar. Fotografía de Santiago Espinosa
También se registraron otras raras en la región como el ave curasao nocturno y hasta el perro de orejas cortas (Atelocines microtis). David Romo, codirector de la Estación Tiputini, indica que es uno de los animales más difícil de localizar en la Amazonia.

Al principio, el entusiasmo crecía ya que cada vez se captaban más especies nuevas. Un día aparecía un tapir, otro día un sahino y hasta los monos..., animales comiendo o copulando.

No obstante, según recuerda Mayer Rodríguez, uno de los guías de la estación que casi se conoce de memoria los senderos y saladeros, lo más sorprendente fue cuando empezaron a aparecer uno y otro jaguar.

Mosquera calcula que en este bosque protector habitan al menos siete jaguares, a parte de 11 tigrillos. A esa conclusión se llegó tras analizar las fotos captadas de esta especie en diferentes lugares, y épocas. Pero lo más determinante es la fisonomía, ya que sobre todo las manchas en cada uno son únicas (son como una suerte de huellas digitales).

Aún más, por lo general la densidad es de un jaguar por cada 25 a 30 km2. Pero en la Estación Tiputini es más de uno por km2.

El responsable actual de este proyecto tiene dos teorías que pudieran explicar aquella densidad: “una porque aquí disponen de un montón de alimento. Otra porque los jaguares se sienten presionados por estar rodeados ante las actividades en la ex zona de la Oxi, de los huaroani, quichuas y la exploración petrolera en el norte del Yasuní. Entonces se concentran aquí porque nadie les molesta”.

Estas y otras conclusiones empiezan a surgir basándose en la información que es recopilada mediante este sistema de cámaras.
Pues cada uno de los datos es registrado en un archivo que Diego Mosquera guarda en la Estación. Hasta este sitio se llega después de navegar por los ríos Napo y Tiputini y trasladarse en carro durante siete horas desde Coca, capital de la amazónica Orellana.

Allí, en medio del bullicio de grillos, monos, guacamayos... Diego Mosquera y sus compañeros están pendientes cada día de encontrarse con alguna nueva especie.

Pecaríes
. Fotografía de Santiago Espinosa
En busca de recursos

Cada fotografía es codificada y debidamente archivada. Luego de procesar los datos, el siguiente paso es la interpretación de la información.

La mayoría de las cámaras funcionan con película de 4.1 megapixeles. Se piensa en la necesidad de reemplazarlas por digitales.

John Blake gestiona ante la National Science Fundation, de EE.UU, un aporte de USD 15 000. Con eso se compraría algunas cámaras digitales y de video.

Las cámaras están en senderos y saladeros con mayor presencia de animales, de acuerdo con un sondeo a los guías de la zona.

Los saladeros ubicados en las márgenes de los ríos son más visitados por guacamayos, loros y otras aves más pequeñas. A los del interior de los bosques acuden capibaras, tapires, monos… estos últimos bajan y busca de algún nutriente entre la arena.

Fuente:

jueves, 18 de marzo de 2010

Al cóndor le quedan cinco años de vuelo

Cóndor macho en estado silvestre. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
Redacción Sociedad

Un censo de fotoidentificación detectó solo 20 individuos; otro seguimiento registró a siete más. Aquello revela el estado crítico de esta especie en el país.

Ya no encuentra suficiente alimento con facilidad y el páramo, su hábitat natural, se reduce. Eso hace que el cóndor andino en Ecuador se reproduzca cada vez en menor cantidad y su existencia esté en grave peligro.

Apenas 20 individuos, cuatro de ellos juveniles, fueron detectados durante ocho meses -a partir de enero de 2008- de un censo de fotoidentificación en las áreas de reserva del centro y norte de la Sierra ecuatoriana.

Otro censo reciente -registro simultáneo, efectuado del 3 al 7 de febrero de este año en los mismos sitios- llegó a registrar 27 ejemplares, de ellos cuatro o cinco serían juveniles.

“Así, en unos cinco años desaparecerá”, sentencia Paúl Tufiño, miembro de la Sociedad para la Investigación y Monitoreo de la Biodiversidad Ecuatoriana (Simbioe). Esta corporación estudia a las aves de rapiña.

Cóndor hembra. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
El zoólogo Friedemann Koester considera que no todos los cóndores en estado silvestre estarían registrados. Pero “así el número se duplique, igual la situación es muy crítica”.

Además apenas hay 18 ejemplares en cautiverio: tres en el zoológico de Guayllabamba e igual número en el de Baños, ocho en el comedero de Zuleta y cuatro en el Parque Cóndor.

Según los expertos, para que estas aves tengan una población en estado viable, la proporción debe ser de un juvenil por cada adulto. Pero con su situación actual -asegura Tufiño- es como una población humana adulta sin bebés que garanticen la continuidad de las generaciones.

Un censo hecho en 2002 por Aves&Conservación ya anticipó la reducción de cóndores en los Andes ecuatorianos. En ese entonces se calculó la presencia de apenas 60 ó 70 individuos.

Cóndor macho en estado silvestre. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
Esa alerta hizo que el año pasado Simbioe inicie un monitoreo. Los biólogos Patricio Meza y Andrea Calispa recorrieron durante ocho meses las reservas naturales desde el Parque Nacional Llanganates, en el centro del país, hasta El Ángel, en Carchi. Alrededor de 1 000 fotografías de cóndores, páramos y más parajes andinos son la principal evidencia de esa travesía.

Con el apoyo de guardaparques y campesinos de cada zona, armaron refugios en los páramos para realizar monitoreos por 15 días seguidos cada mes. Usaron cámaras, teleobjetivos y brújulas satelitales para el rastreo.

A eso se sumó el censo simultáneo emprendido junto con el Ministerio del Ambiente (MAE). En febrero pasado, 108 personas se adentraron en los páramos tras las huellas del ave voladora más grande del planeta. Participaron biólogos, guardaparques y estudiantes de biología y ecoturismo de las universidades Central, de Cuenca, Cristiana Latinoamericana, PUCE y Politécnica Salesiana.

Para esta misión se establecieron 30 estaciones de campo y cada detalle observado fue anotado en un registro especial. El objetivo fue recopilar la mayor cantidad de datos para que sean la base en la preparación de programas de conservación.

Cóndor macho en estado silvestre. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
Al mismo tiempo Simbioe, Parque Cóndor, Hacienda Zuleta, Zoológico de Guayllabamba y Koester iniciaron una cruzada. Su primer pedido es que el MAE declare al cóndor como prioridad nacional para la conservación. En respuesta, esa Cartera de Estado prevé lanzar una estrategia de conservación que venía preparando desde 2003.

Tufiño cree que una acción inmediata es iniciar un programa para la crianza en cautiverio y posterior reintroducción. “Debiera ser para al menos 10 años y se requerirá al menos de USD 100 000 anuales. EE.UU., por ejemplo, ha invertido más de USD 20 millones desde 1987 en su afán de conservar al cóndor californiano en estado silvestre”.

Se incluirá una campaña de concienciación para evitar la cacería. Esto, la escasez de alimentos y la reducción del hábitat son las causas para el exterminio del cóndor en estado silvestre.

Cóndor macho en estado silvestre. Foto: cortesía de los biólogos Andrea Calispa y Patricio Meza
Testimonio. Andrea Calispa / Bióloga

‘No verlos causa frustración’

Cuando uno va al campo en busca de cóndores debe ser muy paciente. Aunque también hay veces que se corre con suerte.

La primera vez que yo vi a estas aves fue después de caminar apenas cinco horas en los páramos en El Morro, Cotopaxi. Vimos a tres ejemplares que comían juntos y un cuarto, un juvenil, se acercó a alimentarse. Son imponentes por su tamaño.

Resulta hermoso verlos, pero también es frustrante cuando no se vuelve a mirarlos por varios días. Uno se da cuenta que algo ocurre con esta especie y empieza a hacer hipótesis: no hay suficiente alimento y el hábitat tampoco es el adecuado para su existencia. Se siente impotencia frente a su situación.

Investigar la realidad de estas aves demandó mucho sacrificio físico. Subir al páramo no es cosa fácil, ya que es un hábitat superespecial, al que se debe respetar. Si no se está con alguien que conozca la zona, se puede perder entre tantas montañas parecidas. Además, hay que estar siempre con buen estado de ánimo para resistir las largas caminatas y estar mojado casi todo el tiempo.

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